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martes, 24 de noviembre de 2009

JORGE RUBIANI - EL TRATADO SECRETO DE LA TRIPLE ALIANZA / Fuente: VERDADES Y MENTIRAS SOBRE LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA

EL TRATADO SECRETO DE LA TRIPLE ALIANZA
Y SU CONTENIDO

** El Tratado Secreto de la Triple Alianza celebrado entre los gobiernos de la "República Oriental del Uruguay, de-S.M. el Emperador del Brasil y de la República Argentina", tuvo enconados como acerbos críticos. Curiosamente, muchos mas en los países signatarios que en el Paraguay. Ante el detalle y frente a aquel documento, uno llega a pensar que en "la tierra de Francia y de los López", sus pormenores no incomodaron lo suficiente como para que de algún gobierno posterior a la guerra, surgiera al menos algún tímido reclamo sobre sus designios.
** Entre los argentinos, las mas punzantes observaciones, los análisis mas agudos, la crítica mas consistente y certera, estuvo a cargo de Juan Bautista Alberdi. Tucumano, militante contra la dictadura de Rosas, versado en derecho, hurgó con acucioso interés en los ocultos pormenores del tratado. Y fue el encargado de transparentar sus reales motivos y propósitos. "...Delante de este documento -escribía Alberdi en su libro Historia de la Guerra del Paraguay, edición de La Patria Grande, Buenos Aires, 1962- ya no es permitido tener dos opiniones sobre las miras de la Alianza. Sabido es que en todo texto hay dos tratados: uno de parada para el público; otro, latente y oculto, aunque consignado también para servirse de ella cuando la justicia deparada haya dejado de ser necesaria"(1).
** Y sobre las motivaciones de los gobiernos firmantes sentenciaba: "El tratado declara que el fin de la alianza es 'destruir al gobierno actual del Paraguay'. El derecho de destruir gobiernos implica el de imponerlos y equivale, por lo tanto, a la negación del poder soberano, que se aparenta respetar"(2).
** Hubo otras críticas hechas por connacionales y contemporáneos de Mitre. Ya hacia finales de 1866 y apenas conocido el texto del Tratado Secreto, en la Cámara de Diputados de la Argentina se dio lugar a ásperas discusiones sobre su contenido. Durante las mismas, el doctor Manuel Quintana argumentaba: "...sin temor de ser desmentido, puedo asegurar a la Cámara, (que el documento) no ha suscitado sino un grito de reprobación universal" (3).
** Durante la polémica sostenida por la prensa en 1869, el periodista uruguayo Juan Carlos Gómez increpaba al general Mitre: "El tratado es una espantosa contradicción, un mentís dado a sí mismo, una burla audaz del pueblo, de la razón y de la conciencia humana"(4).
** En el mismo año y ya con Domingo Faustino Sarmiento en la presidencia argentina, su ministro de Relaciones Exteriores Mariano Varela le presentaba un memorándum sobre el curso de la guerra y la ocupación de Asunción: "... Casi todas las naciones de la tierra han mostrado horror a la guerra del Paraguay, por desconfianza de nuestras intenciones. No debemos, por tanto, dar pretextos de que tales recelos se confirmen", expresaba un fragmento de dicho documento (5).
** Casi un siglo después, ya en pleno siglo XX pero con el mismo sentido crítico, el poeta, ensayista y diplomático argentino Atilio García Mellid, en su "Proceso a los falsificadores de la Historia del Paraguay" consideró que: "El tratado de la Triple Alianza (...) es uno de los documentos mas injustos, arbitrarios y humillantes de que tenga memoria la historia humana. No es posible desconocerlo ni pretender justificarlo "(6).
** Ya deteniéndose en la exposición de motivos planteada en relación al Uruguay, porque aquel país (el Paraguay), lo mantenía en "...estado de hostilidad y su seguridad interna amenazadas (..) violando su territorio, tratados solemnes y los usos internacionales de las naciones civilizadas", Alberdi afirmaba enfáticamente que la República Oriental del Uruguay "...sólo figura en esta guerra como un anexo del Brasil. Si no hubiese otro motivo para considerarlo como mera prefectura brasilera, bastaría notar que toda la razón que invoca para hacer la guerra al Paraguay, es que el Paraguay ha defendido la independencia oriental contra la aspiración del Brasil a suprimirla" (7).
** Y en cuanto los aliados proclamaran que "...persuadidos de que la paz, seguridad y bienestar de sus respectivas naciones se hacen imposible mientras el actual gobierno del Paraguay exista"; el tucumano descifra la invocación de manera muy distinta: `:..El sentido en que el gobierno actual del Paraguay hace realmente imposible lo que los aliados llaman su 'bienestar' actual y la seguridad tranquila de ese bienestar, no reside ni se refiere al general López. Ridículo sería pretender que la presencia de este general a la cabeza de un modesto país, haga imposible a todo un imperio del Brasil la conservación de su paz y de su seguridad.... Luego el gobierno actual del Paraguay en que los aliados ven y existe una amenaza involuntaria para sus intereses, es el gobierno independiente y soberano del Paraguay, sea quien fuere el hombre que lo desempeñe: es el gobierno futuro lo mismo que el gobierno presente; es el Paraguay constituido en Estado Soberano, dueño y señor absoluto de su propio destino y existiendo de este modo al borde de los grandes afluentes del Plata, cuya libertad es tan esencial a la independencia y riqueza del Paraguay, como amenazante a los monopolios coloniales que hacen el bienestar actual de los aliados" (8).
** Tras las disposiciones organizativas de los primeros artículos, los aliados se imponían en el VI una irreductible posición guerrera. Se obligaban los firmantes "solemnemente a no deponer las armas sino de común acuerdo y mientras no hayan derrocado al Gobierno actual del Paraguay, así como a no tratar separadamente, ni firmar ningún tratado de paz, tregua, armisticio o convención cualquiera que ponga término o suspenda la guerra, sino por perfecta conformidad de todos".
** Puede comentarse respecto de este artículo que todo acontecimiento guerrero -ahora y entonces- era una contingencia grave, traumática y costosa. Países como el Uruguay o la Argentina, consagrados a una permanente lucha por la definición de sus estados o el afianzamiento de sus instituciones, no podían desconocer las vicisitudes y penurias de la guerra pues habían pasado décadas enteras velando sobre las armas. Por lo que la posición enunciada en el Tratado sólo sería comprensible si el objeto fundamental del acuerdo les redituara tantos beneficios que los mismos minimizaran las dificultades, tribulaciones y costos que el desarrollo de la contienda les depararía.
** Aquella determinación -como puede notarse- no contemplaba siquiera que las incidencias de la misma guerra o la disposición de sus jefes, fuera modificada en beneficio de la paz. Deseo éste, contenido o explícito, en cualquier combatiente.
** En cuanto a la participación de "…todos los ciudadanos de esa nación (el Paraguay) que quieran concurrir al derrocamiento de dicho Gobierno", convocatoria realizada en el artículo VII, la disposición sería derivación del exitoso procedimiento argentino y brasileño para el enrolamiento de Venancio Flores a la alianza. Aun sin que éste tuviera motivos contra el Paraguay. De la misma manera que en este caso, los aliados buscarían asegurarse la buena voluntad de los numerosos adversarios que tenía el mariscal López en la Argentina, porque en ellos recaería, de acuerdo a la razonable suposición que fundamentaba este artículo, la responsabilidad del futuro gobierno de aquel país. En el artículo VIII, los aliados se adjudicaban sin embargo el compromiso de "...respetar la independencia y soberanía del Paraguay". Con el siguiente, aclaran el alcance del anterior: "...la independencia, soberanía e identidad territorial de la República del Paraguay serán garantidas colectivamente de conformidad con el artículo precedente, por las Altas Partes Contratantes, por el término de cinco años".
** Alberdi se solaza en la refutación: "…Los aliados no pretenden ejercer ninguna especie de protectorado' en el Paraguay; pero ellos se encargan de garantirle su 'independencia, su soberanía e integridad territorial' sin que el Paraguay solicite semejante seguridad, ni necesite de ella, pues nadie le amenaza sino sus fiadores y garantes" (9).
** Sobre este mismo tema y también en alusión al artículo XI y el Protocolo Anexo, el jurisconsulto tucumano exponía: "... los aliados garantizan al Paraguay su 'independencia"- y en respeto de esa independencia garantida, se encargan de darle un gobierno, de reglamentar la navegación de sus aguas y de arrancarle sus fortificaciones, sus parques, sus armamentos, sus buques de guerra, para evitarle la pena de defender por si mismo su independencia, que los aliados toman generosamente a su cargo" (10).
** "... Garantizan al Paraguay su 'soberanía' -remata Alberdi- pero le obligan a abdicar la de sus aguas, de cuya legislación (que los aliados toman a su cargo) depende el comercio, la renta pública, la población y la prosperidad del Paraguay" (11).
** Siguiendo con el análisis del Tratado Secreto, el artículo X determinaba las formas en que serían ejecutadas "...las exenciones, privilegios o concesiones" que obtuvieran los aliados del Gobierno del Paraguay. En el siguiente se estipulaban " :..los arreglos necesarios con la autoridad constituida" en el Paraguay una vez derrocado su gobierno `para asegurar la libre navegación de los ríos Paraná y Paraguay". Esta disposición también consignaba que tomarían los aliados "las garantías convenientes para la efectividad de dichos arreglos". Y mediante el artículo XII los aliados se reservaban el derecho "..a concertar las medidas mas convenientes a fin de garantir la paz con la República del Paraguay después del derrocamiento de su actual Gobierno".
Estas disposiciones, tanto como las anteriores, justifican la decisión de mantener el tratado en estado secreto. La ostensible arbitrariedad obligaba a su disimulo. No sólo se buscaba "liberar" o "civilizar" al Paraguay de su "tiranía" sino que los aliados se anticipaban a concederse la seguridad de contar con todos los privilegios posibles. No ya a costa dé López -que sería derrocado- sino del gobierno a instalarse luego que aquel hubiera desaparecido.
** "...La intención, como se ve, es establecer a perpetuidad el rigor de los vencedores: constituirse en vigilantes permanentes de la 'buena conducta' de los desgraciados paraguayos", escribe García Mellid (12). Del mismo artículo -el XI- resalta también el extraordinario celo con que los estados aliados se aplicarían a garantizar la libre navegación de los ríos interiores, celo que no incluía al Paraguay, único país mediterráneo entre los beligerantes y absolutamente dependiente de la libre navegación. No sólo para su comunicación sino para todo comercio que pudiera establecer fuera de la región del Plata; posibilidad siempre negada -o interferida- por la Argentina.
** El Artículo XIV imponía al Paraguay los gastos de la guerra. Mas allá de los beneficios diversos que los aliados se adjudicaban, más allá de la distensión de sus fronteras; más allá del botín a repartirse en virtud del Protocolo adicional firmado en el mismo día que el Tratado Secreto. Y más allá del altamente cotizado altruismo de "liberar" al Paraguay, los aliados apelaban a este novedoso auto-reconocimiento para -contradictoriamente-gravar el futuro del pueblo al que se pretendía destinar los beneficios de la libertad y del progreso.
** Y como si todo no fuera suficiente para asegurarse la ruina del Paraguay "civilizado y liberado", se le imponía hacerse cargo de "... a reparación e indemnización de los daños y perjuicios causados a sus propiedades públicas y particulares, y a las personas de sus ciudadanos.... en violación de los principios que gobiernan las leyes de la guerra".
** "Repárese... -escribía García Mellid- en la falsedad sustancial de ambos argumentos, incluidos en una convención suscrita cuando la contienda recién comenzaba y quienes se disponían a violar los principios del Derecho Internacional y las Leyes de la Guerra, eran justamente los contratantes" (13).
** Alberdi por su parte, sentenciaba una vez mas: "... Así, la guerra es hecha contra el gobierno actual y no contra el pueblo del Paraguay ; pero no es el general López sino el Paraguay quien tendrá que pagar los cien millones de pesos fuertes, que los aliados harían sufragar a ese país, por los gastos y perjuicios de la guerra" (14).
** Agregado a la aberración, el atropello se remitía a que los mismos beneficios auto-otorgados por la Argentina y Brasil eran igualmente adjudicados al Uruguay con "…una indemnización proporcionada a los daños y perjuicios que le ha causado el Gobierno del Paraguay, por la guerra a que lo ha forzado a entrar en defensa de su seguridad amenazada por aquel Gobierno" (15).
** Por el artículo XVI, los aliados exigirían también a las autoridades a instalarse en el Paraguay la celebración de ":.. tratados definitivos de límites" con los respectivos gobiernos de la alianza sin mas consideraciones ni títulos que las pretensiones que cada uno de ellos tuviera (los de la Alianza). Sobre este punto, Alberdi comenta: '...Garantizan y respetan 'la integridad territorial' del Paraguay, y sin embargo, el Brasil le toma una tercia parte de su territorio por el Norte, y la República Argentina una gran parte por el Sud. Que el territorio que así pretende arrebatar el Brasil, es propiedad del Paraguay, no hay mapa conocido que no lo demuestre. Bastará consultar las cinco cartas mas autorizadas, que son la de Sir Woodbine Parish, la de Mr. Campbell, la de Mr. Dráper, la de M. Mouchez, y por fin la del Dr. Moussy, geógrafo al servicio de la Confederación Argentina, o cuya obra sobre ese país se imprime a expensas de su tesoro, es decir del mismo aliado del Brasil, que coopera, sin embargo, a ese despojo" (16).
** "...No se trataba de aspiraciones destinadas a debatirlas oportunamente con la nación interesada -analizaba por su parte García Mellid- sino de una desposesión brutal de territorios arrebatados a título de botín de guerra. La decisión unilateral y absolutista se adoptaba, a tenor del tratado, para evitar las discusiones y guerras que las cuestiones de límites envuelven" (17). Cualquiera podría terminar conmovido ante tanta consideración. Los aliados quieren evitarse discusiones y guerras sobre cuestiones que no aparecían ni siquiera en la exposición de motivos del Tratado: la sustracción de territorios ajenos.
** El análisis de todo el documento -algunos artículos mas explícitos que otros- permite deducir también, claramente, que la Alianza no concluiría con la "tarea de destruir al gobierno del Paraguay (...) La alianza será perpetua -asegura Alberdi- aún después de aniquilado el Paraguay, seguirá en pleno vigor, para que ninguno de los gobiernos futuros pretenda anular lo que los aliados hayan hecho por las armas vencedoras" (18).
** Esta conclusión surge clara de la lectura del artículo XVII: "Los aliados se garanten recíprocamente el fiel cumplimiento de los acuerdos, arreglos y tratados que hayan de celebrarse con el Gobierno que se establecerá en el Paraguay (..) el que permanecerá siempre en plena fuerza y vigor al efecto de que estas estipulaciones sean respetadas y cumplidas por la República del Paraguay" (19).
** Ya no estaría López pues el objeto de la guerra determinaba su exclusión. Pero el Paraguay -aun "liberado" del "tirano"- no podría liberarse de sus "libertadores". Y si todavía fuera posible la resistencia de un gobierno nacional paraguayo pos lopizta, allí estarían los gobiernos de la Alianza para asegurarse que el Paraguay subiera a grupas del liberalismo vencedor. Por si hubiera dudas, el resto del artículo lo aclara perfectamente: "...A fin de obtener este resultado, ellas (las naciones aliadas) convienen en que, en caso de que una de las Altas Partes Contratantes no pudiese obtener del Gobierno del Paraguay el cumplimiento de lo acordado, o de que este Gobierno intentase anular las estipulaciones ajustadas con los aliados, las otras emplearán activamente sus esfuerzos para que sean respetadas". Y si, de acuerdo a las consideraciones de los tratadistas "... esos esfuerzos fuesen inútiles, los aliados concurrirán con todos sus medios, a fin de hacer efectiva la ejecución de lo estipulado" (20). Es fácil deducir a que se refiere la expresión "con todos sus medios...".
** El artículo XVIII consagraba la calidad de secreto del documento. Ya no sólo se trataba que la alianza fuera perpetua, sino que el tratado se mantuviera en secreto.
** "Este tratado quedará secreto hasta que el objeto principal de la alianza se haya obtenido...", expresaba el artículo. Tan secreto que el ministro Elizalde le negó una copia al propio José Mármol, ministro argentino ante la corte de Río de Janeiro cuando éste reclamaba a su gobierno "...lo regular y necesario" era que "... la legación tuviese conocimiento de ese tratado para mantener con el gobierno imperial, las nuevas relaciones que del pacto se derivasen".
** ¿Y cuál habría podido ser la razón del secreto en tiempos en los que la historia de las naciones del Plata había admitido -tantas veces- acuerdos semejantes? ¿Qué inconvenientes arrojaría su difusión? Es difícil proyectarse a la época y aun mas atisbar en la mente de los mentores, actores y signatarios para comprender las razones. Y si se admitiera la estrategia del misterio para desorientar al futuro adversario, es imposible imaginar la reserva del documento y su proceso de concertación, junto a tantas casualidades concertadas y concretadas para que la guerra resultara un hecho.
** Al final de cuentas y desmantelada la reserva, por una infidencia son sus propios autores los que intentan explicar lo inexplicable. Pero puede colegirse a partir de las distintas notas, documentos y los resultados prácticos del conflicto, que el Tratado Secreto de la Triple Alianza se remitía básicamente a concretar una guerra de conquista, rápida, segura, sin grandes contratiempos y cuyos resultados económicos y políticos estuvieran mas que garantizados.
** Pero semejantes pretensiones no debían exponerse a la luz pública. Era muy probable que sus patrocinantes no ignorasen las aberraciones del procedimiento como tampoco desconocerían el bajo crédito que obtendrían del mismo, ante la opinión de sus respectivos países y de la del resto del mundo.
** Puede presumirse válidamente entonces que, asumida la perversión del Tratado, los firmantes habrían pretendido mantenerlo en secreto y asegurar su aplicación sobre la infalibilidad de los hechos consumados. Alberdi analizó esta posibilidad de la siguiente manera: "...Así, en vano estipuló el que nos ocupa (el Tratado), que su tenor quedaría secreto hasta que la destrucción del Paraguay, que es su objeto, fuese un hecho consumado (..) Los hechos consumados justifican los tratados injustos y hacen las veces del derecho" (21).
** El secreto pretendía además diluir la precisión de su origen y plantear la acción de las fuerzas aliadas como una emergencia pautada por la legítima defensa ante "la agresión de López". El ocultar los hechos, o negar empecinadamente que estuvieran ocurriendo, ya había dado sus frutos en ocasiones anteriores. ¿Porqué qué cambiar entonces un mecanismo hasta ese momento "exitoso"?:
• Proclamando en todo momento su impoluta neutralidad, el general Mitre había negado que su gobierno tuviera alguna participación en el desembarco del general Flores, y si la tuvo;
• Ante los reclamos del gobierno uruguayo negó que su gobierno estuviera dando asistencia a la rebelión, hecho probado a lo largo de la "cruzada" del caudillo uruguayo;
• Ocultó el acuerdo y los beneficios de los auxilios de guerra brindados al Brasil y a la armada de Tamandaré en todas las acciones beligerantes emprendidas por el Imperio en contra del gobierno constituido en el Uruguay, cuando los mismos beneficiarios del generoso apoyo se lo agradecieron públicamente;
** Por lo apuntado, es evidente que la necesidad de la mentira o del secreto que la oculte, formaba parte de la estrategia para asegurar el éxito de la acción, sin molestas discusiones. El gabinete de Mitre y la corte del Imperio estaban seguros que la victoria diluiría los remilgos de los que se habían tomado la democracia muy en serio y pretendían la vivisección de las acciones de gobierno en todos los debates parlamentarios. Confiarían también en que la apoteosis ocasionada por un triunfo rápido, contundente y sin mayores costos que lamentar, además de la incorporación del Paraguay a la "senda del bien", destruiría cualquier intento de analizar los efectos colaterales del proyecto.
** Finalmente, el tratado se cerraba con el artículo XIX. La disposición no le va en zaga, en cuanto a los despropósitos, a los anteriores: "..Las estipulaciones de este Tratado que no requieran autorización legislativa para su ratificación, empezarán a tener efecto tan pronto como sean aprobadas por los respectivos Gobiernos, y las otras desde el cambio de las ratificaciones, que tendrá lugar dentro del término de cuarenta días contados desde la fecha de dicho Tratado... "(22).
** No es necesario escalar las cimas del Derecho para descubrir que ningún instrumento firmado por Jefes de Estado de tres países, regidos éstos constitucionalmente y propuestos a consagrar sus ideas liberales para llevar la guerra a una cuarta nación, podría ser selectivamente seccionado de manera a determinar cuáles estipulaciones debían requerir autorización legislativa y cuáles no.
** Lo cierto es que el tratado, sustraído del conocimiento de los representantes del pueblo, de las demás autoridades de los respectivos países que concurrieron a su firma, de la prensa y de la opinión pública, tampoco se brindó al "intercambio de ninguna ratificación" (el canje de documentos se completó en dos meses) porque su aplicación ni siquiera había necesitado de las firmas de las personalidades que lo suscribieron.
** Éstas sólo sellaron el compromiso que cada uno de los jefes de Estado había asumido ante sus pares de la Alianza: un "pacto de sangre" -sin opción a la revisión ni a la trasgresión- destinado a la destrucción del Paraguay y de su gobierno. En ese orden. Pero si todavía faltaran elementos que hiciesen mas visible las debilidades jurídicas del tratado, mas allá del “escándalo de haberlo suscrito" al decir de Luís Alberto de Herrera, ingresamos a la lectura del Protocolo. Breve apéndice de cuatro puntos que no desmerece el contenido jurídico de los 19 artículos anteriores. Este Anexo se iniciaba con la demanda de demolición de las "las fortificaciones de Humaitá" sin que se permita al Paraguay, construir "...otras de igual naturaleza".
** Con esta disposición se hacía evidente la intención de los aliados de no permitir la incorporación del Paraguay al concierto de las naciones civilizadas. No se desea su bienestar, no se provee a su seguridad, se niega su prosperidad. Se pretende un Paraguay inerme, desguarnecido, indefenso. A merced de la libre voluntad de los vencedores. Es un castigo. Es la renovación del "silencio perpetuo" impuesto por el gobernador de Buenos Aires Don Bruno Mauricio de Zavala a los habitantes de la Provincia, cuando la sangrienta represión a la rebelión Comunera en 1735.
** Los firmantes del acuerdo se aseguraban a través de este Protocolo, sin ambigüedades ni subterfugios, que los futuros gobernantes del Paraguay liberado no lleguen a perturbar la libre ejecución de todas las estipulaciones del tratado.
** El siguiente punto determinaba no "...dejar salir armas o elementos de guerra" del Paraguay. "...Los que se encuentren -expresaba- serán divididos por partes iguales entre los aliados (..) los trofeos y botín que se tomen al enemigo serán divididos entre los aliados que hagan la captura".
** Concluye el documento y las últimas determinaciones impiden confundir los verdaderos móviles de la alianza. Ya se olvidó al tirano y los fines civilizadores de la gesta. Ya no se pretende la "redención de los salvajes". Ahora se habla de botín. Y al hacerlo, se menta el pillaje. No se lo deja librado -como en casi todas las guerras de la época- a los azares de la situación o al natural descontrol de las hordas victoriosas. No se lamenta su posible emergencia como una de las malformaciones naturales de la guerra. Se consagra el pillaje a la altura de las ideas. Se lo entroniza como objeto mismo del documento. Es una elaboración intelectual, no un accidente remanente del conflicto. Y para que ninguno de los firmantes renuncie a las ventajas del procedimiento o pretenda aprovecharse mejor de él, el protocolo concluye:“... los jefes de los ejércitos aliados concertarán las medidas para llevar a efecto lo aquí acordado”: Aplausos.
** " :..Sin asomo de derecho, ni directo ni indirecto, declárase propio medio país ajeno. Ningún título, ningún antecedente, ninguna posesión se invoca. No se le reivindica: se le quiere y arrebata" sentencia Herrera (23).
** Al conocerse el contenido de aquel documento, el diario "La América" de Buenos Aires, dirigido por Miguel Navarro Viola y Carlos Guido Spano, expresó en una de sus ediciones: "El Tratado es secreto, la sesión es secreta, sólo la ignominia es pública".
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1. Alberdi, J. B., "Historia de la Guerra del Paraguay", pág. 232.
2. Alberdi, J. B., ob. cit. pág. 235.
3. García Mellid, A., "Proceso a los falsificadores de la Historia del Paraguay', pág. 241.
4. Gómez, J. C., en "Cartas polémicas sobre la Guerra del Paraguay", cit. p/García Mellid,A., ob. cit. pág. 239.
5. Citado por De Herrera, L. A., "El Drama del `65", pág. 47.
6. García Mellid, A., ob.cit., pág. 239.
7. Alberdi, J. B., ob. cit., pág. 235.
8. Alberdi, J. B., ob. cit., pág. 235.
9. Alberdi, J. B., ob. cit., pág. 236.
10. Alberdi, J. B., ob. cit., pág. 236.
11. Alberdi, J. B., ob. cit., pág. 237.
12. García Mellid, A., ob.cit., pág. 239.
13. García Mellid, A., ob. cit. pág. 246.
14. Alberdi, J. B., ob.cit., pág. 236.
15. Tratado Secreto. Artículo XIV. "La Guerra de la Triple Alianza", fascículo 16.
16. Alberdi, J. B., ob. cit., pág. 237.
17. García Mellid, A., ob. cit., pág. 247.
18. Alberdi, J. B., ob.cit., pág. 238.
19. Tratado Secreto, ob.cit., fascículo 16.
20. Tratado Secreto, ob.cit., fascículo 16.
21. Alberdi, J. B., ob. cit., pág. 233.
22. Tratado Secreto, ob.cit., fascículo 16.
23. De Herrera, L. A., ob. cit., pág. 48.
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Fuente: VERDADES Y MENTIRAS SOBRE LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA. Edición del autor: JORGE RUBIANI. Asunción-Paraguay. 213 pp.

JORGE RUBIANI - ARMAMENTISMO O "MILITARIZACIÓN" DEL PARAGUAY / Fuente: VERDADES Y MENTIRAS SOBRE LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA

PRESUNCIONES SOBRE LAS CAUSAS
GENERALES DE LA GUERRA:
Listado de acusaciones / Razones para la guerra / Las causas aparentes
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ARMAMENTISMO O "MILITARIZACIÓN" DEL PARAGUAY
** Gran parte de la fama militar atribuida al Paraguay surgió de hechos e informes que transmitidos de boca en boca, fueron exagerándose hasta ocasionar la consiguiente alarma a miles de kilómetros de distancia. Uno de aquellos, casi trivial, fue el desfile militar realizado en Humaitá el 1° de Enero de 1861 cuando la inauguración de la iglesia consagrada a San Carlos de Borromeo. En aquella ocasión marcharon frente a los invitados, algunos de ellos extranjeros, alrededor de 12.000 hombres "... distribuidos en cuerpos de artillería, rifleros, infantería y escolta de tiradores". La disciplinada disposición de aquel contingente " ...hirió intensamente la imaginación de los asistentes y dio pávulo a versiones, tan antojadizas cuanto fantásticas".
** Pero si diéramos por cierto que el Paraguay era un país militarizado y agresivo al extremo de poner en peligro la estabilidad de la región o la seguridad de sus vecinos, la verificación de su verdadero potencial, permite igualar la situación a la generada recientemente cuando la estrategia guerrera de Estados Unidos y sus aliados, excusara como inevitable y absolutamente indispensable la intervención armada a Irak. Y comprobado que en esta ocasión no hubo tal peligro, como no lo hubo en aquella, el "armamentismo paraguayo" siguió siendo un buen motivo para justificar la prolongación de la Triple Alianza. De la misma manera que la tesis del expansionismo militar del Paraguay fue funcionalmente útil para disfrazar las defecciones militares aliadas.
** Pero ambas excusas, pisan terreno resbaladizo como argumentos que motivaran la guerra.

PARAGUAY NO ERA UNA POTENCIA MILITAR
** El Paraguay "...distaba de ser una potencia militar incontrastable" (2). El detalle puede verificarse en cualquier libro que realice un inventario de los aparatos bélicos de cada protagonista en el conflicto. Y si no se contara con un dato exacto, la población que cada cual tuviera podría darnos una aproximación a su fuerza militar. Debe aclararse no obstante que en el campo de la estadística, las informaciones de ese tiempo tampoco se presentaban muy fidedignas ni exactas.
** El almanaque "El Siglo" de Adolfo Vaillant por ejemplo, adjudicaba al Paraguay una población de 1.337.000 habitantes antes de la guerra y a Asunción, sólo 21.000. La primera cifra significaría que tomando como base los 238.862 habitantes del censo confeccionado en 1846, en menos de 20 años el país aumentó en casi seis veces su población. Algo tan imposible como el dato que le asignaba a la capital solamente el 1,5% de la población total del país (3).
** "La Nación Argentina", diario de Buenos Aires, daba por seguro que al inicio de la lucha el ejército paraguayo no contaría con más de 40.000 combatientes. Dato que coincide con el brindado por el general Francisco Isidoro Resquín y también semejante al aparecido en las memorias del coronel Juan Crisóstomo Centurión. Otorgan más valor a estos testimonios el hecho que ambos oficiales fueron protagonistas del conflicto y miembros del Estado Mayor de López. La cifra mencionada sitúa al Paraguay como menos militarizado que sus enemigos aliados. Sin siquiera dimensionar el armamento, la capacidad logística y la de reposición de armas, municiones y pertrechos de cada ejército.
** De todos estos cotejos, no resultará el Paraguay -en ningún caso- como el mejor armado ni el de efectivos militares mas numeroso. Y si analizamos los niveles de formación entre los y oficiales, las diferencias a favor de los aliados, son aun considerablemente mayores.
** En efecto, es mas que sabido que los oficiales y tropas del ejército paraguayo se hallaban alineadas a las propias características sociales y culturales del país. Careciendo éste de academias militares, todos los oficiales emergían de la tropa. Y a diferencia del campo aliado, no recibieron el aporte de un importante número de extranjeros.
** Aunque de éstos hubo muy pocos y de muchos años de residencia en el país. Como los casos del coronel Francisco Wisner de Morgenstern (austro-húngaro, desde 1845; falleció en la posguerra), el coronel ingeniero Luis Federico Myskowski (polaco, recaló en Paraguay aproximadamente en 1850; fue una de las pocas pérdidas paraguayas en Curupa'yty); el coronel Dionisio Lirio (español, desde 1855; falleció en Cerro Corá) y el Sargento Mayor Sebastián Bullo (italiano, desde "sus años mozos" vivió en Villarrica; murió en el segundo ataque a Tuyutí) (4). Los demás aportes extranjeros fueron el santafesino Telmo López y los porteños Bartolomé Quintanilla y Juan Benítez.
** Algunos mas se presentaron a la hora del combate. Como Pedro Sipitría y los hermanos Pedro y Justiniano Salvagnach, uruguayos, los que junto a otros orientales acompañaron la malograda columna del teniente coronel Antonio de la Cruz Estigarribia.
** Otros alistados se remitieron a los residentes extranjeros contratados durante el gobierno de Carlos Antonio López en la década anterior (1851 en adelante). Salvo el coronel George Thompson, casi todos ellos operaron en la retaguardia o acompañaron al ejército como médicos, farmacéuticos o maquinistas de las naves armadas.
** No sucedía lo mismo con el ejército aliado, especialmente el argentino y brasileño. A saber: el Imperio del Brasil fue un trasplante del Imperio de Portugal en América. Y esto como resultado de la invasión de Napoleón I a la península Ibérica en 1808. Brasileños a partir de 1822 pero todavía Imperio, las huestes de los Pedro, I y II, eran europeos de estirpe y cultura. Ahí no hubo mestizaje como se había dado en todo el Río de la Plata y específicamente en Paraguay, matriz poblacional de la región.
** El traslado de aquella potencia -entonces mundial- no fue sólo el desplazamiento de su población. Se trató de la re instalación de modelos institucionales, culturales y sociales ya vigentes durante siglos en el imperio de origen. Hasta la emergencia de la guerra y aun un poco después (1889), el Brasil fue una nación europea en suelo americano. Por lo que algunos de sus jefes y oficiales, eran nobles o elevados a la nobleza. Y profesionalmente fueron producto de prestigiosas academias y en algunos casos, con experiencias militares en el extranjero. El ejército argentino se hallaba conformado -como el del Brasil- por un numeroso contingente de profesionales con larga experiencia guerrera. Un repaso de los acontecimientos bélicos que afectaron a la región del Plata desde la independencia de las Provincias Unidas, permite verificarlo. Adicionalmente, el gobierno de Mitre realizó una consistente tarea de "enganche" de militares desocupados en Europa para combatir bajo la bandera argentina. Hubo de todas las procedencias. '... españoles, británicos, franceses, polacos y combatientes -surenos y norteños- de la Guerra Civil de los Estados Unidos recién llegados de su patria" (5). A todos ellos se sumaron los jefes uruguayos que habían acompañado al general Bartolomé Mitre durante su largo y sangriento conflicto contra los Federales.
** A propósito de las características y diferencias entre el Estado Mayor Aliado y el paraguayo, el historiador brasileño Fernando Baptista, hace una colorida pintura de la "noche antes" del primer ataque a Tuyuti. Del relato se deduce la siguiente escena: en el centro del campamento de Paso Pucu y en una pequeña casa de adobe con pisos de tierra apisonada, al atardecer del 23 de Mayo de 1866 López y su Estado Mayor se reunían para planear el ataque. Entre los mas viejos y alguna experiencia, estaban los generales Isidoro Resquín y Vicente Barrios, el ya canoso coronel Felipe Toledo, "..aun del tiempo de Don Carlos". Los otros presentes eran jóvenes, debutantes de recién un par de años atrás. Con poca experiencia y algo mas de treinta años: José E. Díaz, Hilarlo Marcó, José María Aguiar, Paulino Além, Francisco Pereira, Pantaleón Balmaceda, el todavía teniente Bernardino Caballero con 26 años, Manuel Antonio "Cala’a" Giménez con 20 "...y De Jesús Martínez, un muchacho de diez y ocho años, grande, valiente y siempre sonriendo" (6).
** ¡Notable diferencia con el Estado Mayor aliado, nutrido de mariscales, condes, barones y generales experimentados! Es cierto que entre los paraguayos ya no estaban Robles, Estigarribia, Meza, Herreros, Duarte; pero todos éstos habían sido de la misma extracción popular y de idéntica formación profesional. Se habrían iniciado inevitablemente como soldados rasos sin asistencia alguna de academias militares...
** ¡Pudo un país de guerreros empíricos, jóvenes e inexpertos, poner en peligro a los poderosos adversarios de la vecindad?.

MEMORIA SECRETA
** En cuanto al armamento, al Paraguay no le iba mejor. El gobierno pretendió anticiparse a las posibles limitaciones de enfrentar la guerra con lo escaso disponible, realizando algunas adquisiciones en Europa. Pero ninguna de ellas llegaron a concretarse antes del bloqueo impuesto por los aliados. El armamentismo paraguayo se fundamentó entonces en lo ya existente, además de algunos pocos fusiles, uniformes y calzados que pasaron el filtro del Río de la Plata antes del inicio de las hostilidades. Los cuerpos de infantería se limitaron a los ya obsoletos "...fusiles de chispa, de ánima lisa y bala esférica, cuya acción era casi ineficaz por su extremada lentitud y por otros mil inconvenientes" (7). Sólo algunas pocas unidades de infantería llegaron a tener "... fusiles rayados de retrocarga, sistemas Witons y Minié" (8).
** Para tener una idea de las dificultades que ofrecía este armamento, debe hacerse notar que el fusil de chispa pesaba unos 4 kilos, medía un metro y cuarenta centímetros de largo; disparaba con escasa precisión un proyectil esférico de plomo a un blanco que no estuviera a mayor distancia que unos 60 u 80 metros. La eficacia del disparo dependía del estado de la pólvora, de la mecha, del terreno y hasta del estado del tiempo. Para realizarlo, el soldado tenía en la cartuchera los saquetes de pólvora y en otro compartimiento, los proyectiles. Adicionalmente, un saquito de cuero con pólvora suelta, pendiente del cinturón. El poner a punto el arma para el disparo implicaban unos 12 pasos u operaciones diferentes con todos los elementos mencionados, en posición de pié y a pecho gentil frente al enemigo. Éste, se hallaba enfrascado entretanto en los mismos operativos aunque en la mayoría de los casos, mucho mejor protegido y con mejores y mas efectivas armas.
** El gobierno paraguayo era conciente de estas dificultades. Durante el Congreso Extraordinario del 16 de Octubre de 1862, el general López presentó a la consideración del plenario una "MEMORIA SECRETA" sobre el grado de preparación y eficiencia militar del Paraguay, producto de una investigación realizada durante el tiempo que ocupó la cartera de Guerra y Marina en el gobierno de Don Carlos, su padre.
** El documento indicaba -sin subterfugios ni afeites- el verdadero potencial militar del Paraguay: "...El armamento del ejército -decía- se halla perfectamente cuidado y atendido, pero siento decir que todo ello pertenece al antiguo sistema (...) Hay algunos cuerpos de artillería armados con fusiles fulminantes como registran los estados; así como algunas compañías con armamento rayado (...) Las artillerías de sitio y campaña se hallan en el mismo caso que el armamento portátil y demanda una reforma, tal vez todavía mas urgente que de las armas portátiles (...) La flota nacional no puede llamarse todavía con propiedad marina de guerra. El cuerpo de oficiales de la marina no se ha elevado a la importancia numérica que le corresponde (...) Considerando los últimos mejoramientos introducidos en el armamento naval, el de nuestra marina, es escaso e imperfecto" (9).
** De esta situación de carencia y precariedad verificada a finales de 1862, hubiera sido difícil pasar en menos de tres años a un espectacular mejoramiento. Tanto que hiciera del Paraguay una potencia militar como dramáticamente se difundiera. Las partidas que pudieron arribar a Asunción antes del bloqueo en ciernes, llegaron en Diciembre de 1864 así como en Febrero y Marzo de 1865.
** El total de estos cargamentos no alcanzó a 500 fusiles de ánima rayada, sables, fulminantes, espoletas y otros accesorios. Y fueron las únicas y las últimas antes del inicio de la guerra (10). Aunque entre estas partidas vino un arma fundamental: el cohete "a la Congreve".
** Frente a los enormes recursos armamentísticos y pertrechos bélicos de los aliados ... ¿podría llamarse armamentismo a esto?...

LA FUERZA NAVAL
** La Marina de Guerra paraguaya, apuntalada con creativos recursos, también era precaria en poder bélico. Sin elementos indispensables para hacer frente a la poderosa escuadra del imperio, tuvo las mismas carencias que las demás fuerzas y tampoco fue ajena a la improvisación.
** Fracasadas las adquisiciones de acorazados y monitores en astilleros de Francia y el Reino Unido, el Paraguay no contaba sino con un buque “armado para la guerra": el "Tacuary", adquirido en 1854. Los demás eran buques mercantes "sin condiciones bélicas de ninguna clase" mas allá de haber admitido la instalación de cañones con cureñas fijas de madera en sus respectivas cubiertas. Los calibres de esta artillería oscilaban entre 2 y 32, todos de ánima lisa. Sólo el "Jejuí”, contaba con una pieza de ánima rayada calibre 12.
** Con el mismo procedimiento llegaron a armarse 21 embarcaciones. Todas ellas, incluida el "Tacuary"; contaban con cascos de madera. Y para hacerlas aun mas vulnerables "..sus máquinas estaban colocadas arriba del nivel de agua, y de consiguiente expuestas a los disparos enemigos" (11). A esta marina se sumaron "...seis lanchones, con un cañón de 68 cada uno" (12). El arma naval así constituida era complementado con la fusilería de la tripulación que "...usaba rifles Witons, con sables bayonetas" (13). Toda esta fuerza naval fue destruida en la batalla de Riachuelo, el 11 de Junio de 1865.
** ¡La armada de la tan mentada "potencia militar ", puesta fuera de combate en un sólo día, en una sola batalla y ni bien comenzada la guerra!

LA ARTILLERÍA
** El Paraguay contaba "...con tres regimientos de artillería volante y una batería de cañones rápidos de acero, de á 12. El resto era de todos los tamaños, formas, peso y metal imaginables, variando su calibre entre 2 y 32. La mayor parte de ellos acababan de ser montados en Asunción" (14).
** En relación a la variada vetustez de algunas piezas, el historiador uruguayo Eduardo Acevedo afirma que aquel parque de artillería "...hubiera podido transformarse en un museo, tal era la diversidad y la antigüedad de algunas de sus piezas. Entre los materiales capturados en Curuzú figuraba un cañón que tenía grabados el nombre de Felipe IV y el año: 1664" (15). Algunos de estos se encuentran también en el Museo de la Historia de Río de Janeiro (Casa do Trem); otra pieza está frente a las ruinas de Humaitá y otro mas, frente al antiguo cuartel del ejército paraguayo en dicha ciudad.
** Este armamento otorgaba a la artillería paraguaya un total de 400 bocas de fuego, aproximadamente. Exiguo número superado ampliamente, sólo por el de los buques de la armada brasileña. Ya ni hablar del potencial de la artillería aliada en su conjunto.

LA CABALLERÍA
** Disponía de 100.000 caballos, de los cuales "... ni la tercera parte eran fuertes y resistentes". En descargo de éstos, debe decirse que estaban perfectamente acostumbrados al forraje natural de los esteros del Ne’émbucu; a diferencia de los del ejército aliado. El que después de Tuyutí había quedado prácticamente sin montados debido a que "...la caballada comprada al caudillo Urquiza había muerto casi toda comiendo mio-mio." (16).
** Los jinetes paraguayos que podían contar con armas de fuego tenían carabinas de chispa. Si las dificultades para el uso de este armamento eran ya mas que notorias para la infantería, podemos imaginar aun mayores para quienes equilibrándose sobre un caballo y en combate, debían efectuar todos los complejos operativos para concretar algún disparo.
** Sólo "...la escolta del presidente se componía de 250 hombres de caballería armados con carabinas rayadas, de cargar por la recámara, sistema Turner (..) Como no se batieron hasta los últimos días de la guerra, no pudieron ensayar sus armas" (17).
** Todo lo anterior es afín a las precariedades de los arreos de montar. Éste " ...era sumamente sencillo. Consistía en el clásico recado, riendas, con bocado casi siempre y estribos criollos" (18). Y como los jinetes paraguayos combatían descalzos, las boleadoras colgando a ambos lados del caballo, les permitía prescindir de los estribos. Para esto, enganchaban los dedos de los pies descalzos en las bolas de piedra. Aun así, no dejaban de usar las enormes espuelas nazarenas. Para los arneses primó la misma inventiva pues las riendas no siempre terminaban en los frenos metálicos, sino que los mismos tientos de cueros introducidos en la boca del animal, cumplían dicha función.
** El sobre dimensionamiento del poder bélico paraguayo previo a la guerra, luce como un sarcasmo enfrentado a la admirativa crónica de combatientes argentinos, brasileños o uruguayos. La mayoría destacó la bravura, el temple y la capacidad de sacrificio del soldado paraguayo. Nunca el poder de sus armas. La que sigue, a modo de ejemplo, es una descripción contenida en el libro "Recuerdos de la Guerra del Paraguay", del general argentino José Ignacio Garmendia: "...Ahora atacaba la caballería paraguaya. Pintoresco espectáculo representaban aquellos bravos enemigos vestidos con camisetas rojas y chiripás morteros, jineteando a la criolla en rústicos aperos; colgados del sudado cuello, flameaba al viento de la carrera el grande y suco escapulario.
** Hombres de gran porte, con la tez color cobre y la mirada feroz y aguardentosa; el pesado morrión de cuero tirado hacia atrás, sujeto por la nuez; el brazo musculoso levantado, blandiendo el afilado sable curvo, sacudiendo con entusiasmo sus estandartes embarrados y laureados de agujeros gloriosos; las delgadas piernas, nerviosas y desnudas, oprimiendo los flancos de los potros recién domados, que desenfrenadamente se arrojaban sobre nuestros soldados.
** No se oía sino la voz animosa de sus oficiales gritándoles en guaraní que no vacilaran, y el repicar de aquellas enormes espuelas nazarenas que sangraban los costados de sus torpes redomones. Veloces como el rayo embestían, sucediéndose los unos a los otros, rodando en sangrientas caídas, levantando nubes del agua de los esteros por donde pasaban inmensos en sus escuadrones, pero una disciplina sobrehumana cerraba aquellos horribles claros con una rapidez digna de loor".

"TECNOLOGÍA DE LA CRISIS"
** Sin militares profesionales, sin armamento suficiente y frente a la imposibilidad de renovarlos, el poder militar paraguayo se hubiera resentido casi inmediatamente si el Mariscal y sus hombres no hubiesen tenido capacidad innovadora y, fundamentalmente, espíritu de sacrificio.
** Porque junto a los inconvenientes mencionados, también se sumaron los desgastes que generaba la guerra. La falta de posibilidades de reposición de materiales y pertrechos, obligó a una verdadera carrera de ingenio. Y afloró lo que el historiador brasileño Fernando Baptista llamó acertadamente la "tecnología de la crisis": "En el campo paraguayo escaseaba todo -escribía- excepto la valentía, la disciplina, el mate y el humor" (19).
** Ante la necesidad de paliar la aguda escasez de pólvora, los paraguayos previeron un sistema sencillo y expeditivo. Para la fabricación del fulminante, se extraía el salitre "... de la sal de la orina del personal de la tropa que orinaban en grandes tachos que permanecían al sol para que evaporara el líquido". Las municiones para los cañones y fusiles eran fabricados con los restos de herramientas, ollas y armas ya destruidas.
** Los vapores ya inservibles fueron desarmados y con este metal fundido, se construyeron nuevos cañones. No faltó "...quien inventara un cañón de retrocarga (el cañón rifle, de calibre 24) nuevas especies de bombas (de humo, incendiarias y de iluminación) y coheteras simplificadas”:
** Y hasta las campanas de las iglesias fueron fundidas para la construcción de los únicos cañones de gran porte y ánima rayada que dispuso el Paraguay: el "General Díaz" (destruido durante las pruebas), el "Cristiano" (todavía en el Museo Histórico Nacional de Río de Janeiro) y el "Criollo". Este último junto al “Aca Vera", de hierro, se conservan frente al edificio del Parlamento Nacional en Asunción.
** Se construyeron “puentes portátiles" y hasta nuevos aparatos telegráficos. Saturio Ríos inventó uno "...sencillísimo, mediante el cual podían recibirse los despachos a oído, sin emplear la cinta de papel, que también ya no era abundante" (20).
** Cuando fueron hundidas las cadenas que cerraban el río a la altura de Humaitá, se construyeron otras de madera. Pues estas flotaban a diferencia de las de hierro que necesitaban canoas o boyas para sostenerlas. Estos soportes metálicos eran constantemente tiroteados por los acorazados brasileños, lo que hizo necesario aquel invento.
** En Agosto de 1867 y en medio de absolutas carencias, se daba instrucciones a la población para que iniciaran la producción masiva de fibras de coco y caraguatá; así como experimentar “con otras hojas filamentosas" y nuevos tintes. Fruto de esta indicación, llegaban a los campamentos en el Abril siguiente, los primeros ponchos, chiripás, camisetas y calzoncillos para los soldados. Mientras tanto, proseguían las pruebas con los tintes de manera a obtener un tono firme de rojo destinado a los uniformes. Para este proceso se hacía “una mezcla de azafrán y grana".
** Las restricciones alcanzaban al papel, que desde tiempo atrás también se fabricaba de las fibras del caraguatá y el algodón. Robert von Fisher-Treuenfeld se encargaba de la tarea. Pero aun así, los documentos fueron reducidos de tamaño y los oficiales recibieron órdenes de llenarlos "con letra menuda" para mayor rendimiento del material.
** La tinta -que también se había agotado- "comenzó a obtenerse de las cenizas de una haba negra abundante en el Chaco, de rápido secado".
** Las carencias paraguayas junto a la desaparición de su potencial naval, hizo que la tecnología de la crisis, echara mano a los "brulotes" para combatir a la escuadra aliada. Aquel era el nombre asignado a un "...barco cargado de materiales combustibles e inflamables que se dirigía sobre los buques enemigos para incendiarlos". Aunque fueron escasas las posibilidades que tal cosa ocurriera, bastaba la colocación de "una hilera de damajuanas vacías" para que algún convoy aliado fuera paralizado en el río, dado el temor a la creatividad bélica paraguaya.
** Mas tarde, ya mas prevenida pero siempre en avance, la armada imperial fue atacada también con torpedos. Estos, muy distintos a los de la actualidad, eran preparados por el inglés Guillermo Cruger y el coronel polaco Luís Federico Myzkowski y dirigidos por verdaderos suicidas. Para el efecto se aprovechaba una noche de niebla "...y un individuo" seguía al proyectil flotante "...en una pequeña canoa llevando en la mano una larga soga de caraguatá, y un hilo que correspondía a los gatillos" de aquella máquina infernal (21).
** La tecnología de la crisis, hizo fructificar igualmente otras iniciativas aplicables en todos los terrenos; desde las trincheras á la retaguardia. Y logró finalmente que la guerra perdurara. Pero aun a pesar de las carencias, los paraguayos se empeñaron en cumplir con las formalidades y la disciplina: hasta el día antes del "día final", el general Resquín y Panchito López anotaron en un pequeño pedazo de cuero los partes sobre la tropa con todos sus detalles.
** Por eso pudo saberse que fueron 412 hombres los que hicieron frente a la embestida de los cerca de 18.000 de la alianza que ingresaron a Cerro Corá, para eliminar en aquel 1° de Marzo de 1870, la última resistencia paraguaya.
¡ERA TODO LO QUE QUEDABA DEL "ATILA SUDAMERICANO"
Y DE SU "MILITARIZADA NACIÓN"!

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1. Cárcano, R.J., "Guerra del Paraguay - Orígenes y causas", pág. 489.
2. De Marco, M.A., "La Guerra del Paraguay", pág. 21.
3. Rivas, B.G. de. "Las consecuencias demográficas y sociales de la guerra de la Triple Alianza". Monografía.
4. Franco, V.I., "Un hispano y un italiano en la Guerra contra la Triple Alianza", págs. 17 y 28.
5. De Marco, M.A., "La Guerra del Paraguay", pág. 65.
6. Baptista, F., "Madame Lynch. Mujer de mundo y de guerra", pág. 200.
7. O'Leary, J. E., "Álbum Gráfico del Paraguay", edic. Arsenio López Decoud, pág. 122.
8. Mariotti, R., Informe especial para "La Guerra de la Triple Alianza", de J.Rubiani, tomo 1, pág. 324.
9. García Mellid, A., "Proceso a los falsificadores de la Historia del Paraguay", tomo II, págs. 224 y sigtes.
10. Cardozo, E., "Hace 100 años", tomo 11, págs. 224 y sigtes. Y Centurión, J.C., "Memorias o Reminiscencias Históricas sobre la Guerra del Paraguay", págs. 50 y sigtes.
11. O'Leary, J. E., "Álbum Gráfico del Paraguay", edic. Arsenio López Decoud, pág. 121.
12. O'Leary, J. E., ob. cit., pág. 123. 13. 0, Leary, J. E., ob. cit., pág. 121. 14. Thompson, G., cit.p/O'Leary en ob.cit., pág. 123.
15. Acevedo, E., "Anales históricos del Uruguay", tomo III, pág. 388. 16. Baptista, F., ob.cit., pág. 212.
17. Thompson, G., cit.por Mariotti, R., "Informe Especial". 18. O'Leary, J. E., ob. cit., pág. 123.
19. Baptista, F., ob.cit., pág. 260.
20. O'Leary, J.E., "Nuestra Epopeya", pág. 220.
21. Sin mención de autor: "La Armada Nacional en la Historia", tomo 1, inédito.
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Fuente: VERDADES Y MENTIRAS SOBRE LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA. Edición del autor: JORGE RUBIANI. Asunción-Paraguay. 213 pp.

JORGE RUBIANI - VERDADES Y MENTIRAS SOBRE LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA

VERDADES Y MENTIRAS SOBRE LA
GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA
Edición del autor:
JORGE RUBIANI
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PRESENTACION
** "No queramos escribir y oscurecer el pasado para disculpar el presente. No alteremos la verdad de ayer para desfigurar la verdad de hoy". - JUAN BAUTISTA ALBERDI
** La Historia se debe al rigor. A la necesidad de ser precisa. En lo posible, justa. Pues si incide en la memoria colectiva e inevitablemente ayuda a construir las identidades simbólicas de los pueblos, la responsabilidad de escribirla obliga la inquietud por la verdad. La Historia hace imprescindible abordar los hechos desde la perspectiva más cercana a los fenómenos que les dieron origen. De los que los entornaron. Apegados siempre a consagrar valores y merecimientos sin importar el bando al que pertenecieran los protagonistas.
** Y si enaltecidas algunas gestas, será porque dieron lugar a la conquista de la libertad, a la erradicación de la ignorancia; a la formación de instituciones democráticas o a cualquier otro objetivo logrado en beneficio de un pueblo y en medio de grandes penalidades. O porque sus actores fueran personas altruistas, honorables, que amaron a su gente y sostuvieron elevadas consignas morales. Pero aquel mismo código, debería inducir también a otorgar iguales condenas a pecados similares.
** En ningún otro hecho de la HISTORIA DEL PARAGUAY sin embargo, fue concertada una selección tan cuidadosa de "virtudes" o "pecados" como en la Guerra de la Triple Alianza. Y como en ningún otro, fueron consagrados o condenados sus protagonistas de acuerdo al bando que pertenecieran. Traidores o patriotas según la causa que defendieran. El bronce o el escarnio de acuerdo al criterio de los que escribieran las crónicas. Tanto que la lectura de la inmensa cantidad de impresos sobre la contienda pareciera enfrentarnos a hechos distintos. Ocurridos lejos unos de otros. En el tiempo y en el espacio.
** En algunos de ellos, no hubo defectos o yerros que no fueran exagerados; como virtudes que no se elevaran hasta las "alturas de la gloria". El detalle apuntaló los enconos de cada partido e indujo a casi los mismos vicios en el bando opuesto.
** Es inevitable concluir entonces que, más allá de la guerra misma y sus graves secuelas, la Guerra de la Triple Alianza es un capítulo no resuelto en los países protagonistas de la contienda. Y revela claramente, un tratamiento desfigurado y parcial, muchas veces inexacto del tema. Que no dejó conclusiones claras ni lecciones aprendidas. Prueba de ello es que sigue el debate con el aporte de las mismas contradicciones e imprecisiones que al principio. Siguen vigentes los motivos de aquella insensata confrontación y continúa el reclamo airado de los países de la región y el resto de América, sobre cualquier despojo que sufrieran en el pasado. Pero que encuentran legítimas e innegociables las conquistas exitosas que ellos mismos emprendieron.
** Inmersos en esta incoherencia, repiten el modelo anacrónico que dicen, o dijeron, combatir. Todo en nombre de la patria, de la civilización y en detrimento de las otras patrias que sufrieron la derrota y sus nefastas consecuencias.
(Este trabajo está basado en la obra de Jorge Rubiani: "LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA", publicada por el diario ABC Color -en formato fascículo- a partir del 18 de Marzo de 2000, al 1º de Marzo de 2001).
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SUMARIO – PRESENTACION
I* PRESUNCIONES SOBRE LAS CAUSAS GENERALES DE LA GUERRA: Listado de acusaciones / Razones para la guerra / Las causas aparentes
1. Armamentismo o "militarización" del Paraguay: Paraguay no era una potencia militar / Memoria Secreta / La fuerza naval / La artillería / La caballería / "Tecnología de la crisis"
2. Necesidad de "liberar" al Paraguay
3. Necesidad de "civilizar" al Paraguay
II* CONTRIBUCIÓN QUE CADA SIGNATARIO DEL "TRATADO SECRETO" APORTÓ A LAS CAUSAS DE LA GUERRA
1. Motivos de la Argentina: Eliminar la preponderancia de López / Desorientar -o mentir- a López con la "impecable neutralidad"
2. Motivos del Brasil: La crisis del Uruguay / El "misterioso odio" de Pedro II
3. Motivos del Uruguay
4. ¿Cuál fue el papel de Gran Bretaña? / Los ingleses y el Brasil / Los ingleses y la Argentina / Los ingleses y el Uruguay
5. El Tratado Secreto y su contenido
III. CAUSAS QUE OTORGÓ EL PARAGUAY PARA EL INICIO DE LA GUERRA
1. Las agresiones a Brasil y Argentina "sin declaración de guerra": La captura del "Marqués de Olinda" / La invasión a Corrientes
2. ¿Porqué "se metió" en el conflicto uruguayo?
3. La falta de estructura de Estado
IV. ERRORES DEL MARISCAL FRANCISO SOLANO LÓPEZ DURANTE EL CURSO DE LA GUERRA: El error más grave / El Estado Mayor aliado
1. ¿Porqué no completó la adquisición de pertrechos y armamentos antes del inicio del conflicto?
2. Llevó al Paraguay a una guerra suicida
3. ¿Porqué no accedió a la paz?
4. ¿Porqué no sufrió las mismas penurias que su ejército?
5. ¿Porqué siguió la lucha después de Lomas Valentinas?
6. ¿Porqué hizo pelear a los niños?
7. ¿Porqué fuera de Lomas Valentinas y Cerro Corá, no participó de otras batallas?
8. Que huyó sano aun, de Cerro Corá
V. IMPUTACIONES A LOPEZ SOBRE SU CONDUCTA PERSONAL
1. "Generalito" a los 18 años
2. Tiránico. Mandó a matar y torturar: Los tiranos amigos / Tiránica democracia / Drástica mudanza
3. Menosprecio a la vida de sus soldados: Morir con disciplina / "Planchadas" brasileñas
4. Admitió influencias indebidas de su "querida"
5. Envió fondos del Estado al exterior, consignados a su "querida": Hostilidades en Asunción
6. Regaló a "su querida", 3105 leguas del mismo territorio que decía defender
VI. RESUMEN FINAL
1. Consecuencias
2. Conclusión: La construcción del mito / ¿Valió la pena?
VII. ANEXOS: Distintas opiniones sobre la guerra, sobre el Mariscal, sobre el Paraguay y los aliados.
BIBLIOGRAFIA - SUMARIO
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I. PRESUNCIONES GENERALES
SOBRE LAS CAUSAS DE LA GUERRA
** Las crónicas que señalan las causas de la Guerra de la Triple Alianza han tenido -casi siempre- al mariscal Francisco Solano López, como sujeto de la mayoría de las acusaciones. Aunque el interés de colocarlo en primer plano para enfatizar sus culpas o disculpar sus errores, hizo que se desdibujaran las verdaderas razones del conflicto.
** Parangonado a un siniestro `Atila sudamericano", el Mariscal paraguayo se convirtió en la pista más segura para encontrar los hilos que condujeran aquel desastre. La versión se propagó desde las primeras crónicas conocidas tras su conclusión y fueron legitimadas por el eco del bando ausente. Por alguna razón Juan Bautista Alberdi sentenció que "...los triunfadores escribieron la historia y decidieron que iba y que no iba en los textos". Y a cargo de todas las versiones escuchadas y difundidas, se justificaron descalificando al adversario.
** Debe hacerse notar por lo mismo, que toda visión sin contrapesos ni contrastes, inducirá siempre a trasponer el andarivel que delimita la verdad de la fantasía. Porque a nadie pudo haber escapado entonces que no hubo "lopiztas" en la pos guerra. Que la única fuente de información nunca pudo ser contrastada y que mal podrían hacerlo los que, penosamente, se reagrupaban en los poblados devastados con el ilusorio intento de recuperar propiedades y pertenencias.
** Porque si los paraguayos sufrieron la guerra y sus secuelas, en su condición de prisioneros en su propia tierra padecieron también la de derrotados. Esa escala social que se deriva de todo enfrentamiento armado y en la que nunca es posible encontrar quien tenga interés en debatir los detalles de su infortunio.
** Y fue así hasta bien iniciado el siglo XX, más de 30 años después.
LISTADO DE ACUSACIONES
** Compilado de muchas fuentes -paraguayas y extranjeras- el listado de acusaciones a López es extenso y resulta difícil encontrar respuestas a todos los cuestionamientos. Muchos de ellos carecen de sustento lógico ni explicación posible. Los que fueron transmitidos de boca en boca habrían sufrido alteraciones de una generación a otra. La fantasía suplió en otros casos lo que el tiempo sustrajo de la mente. Es evidente también que algunas acusaciones son inexcusablemente certeras y las críticas, absolutamente justificadas y legítimas.
** Pero en el tratamiento de la guerra en general, hubo abundancia de adjetivos y análisis reduccionista. En el caso de los que especularon que todos los paraguayos o residentes en el Paraguay habían seguido a López, no repararon en el hecho que nadie haría lo que el pueblo guaraní sólo por seguir a un caudillo. Los autores de elucubraciones tan simples, nunca pensaron que existirían algún sentido de compromiso colectivo y una clara conciencia de responsabilidad social. Que el Paraguay era una entidad nacional con "orgullo de ser" desde la primera centuria del tiempo colonial. Que sus habitantes ejercitaban sentimientos de pertenencia que no tenían otras naciones del Plata. Y por último, que aquel linaje de "familias descalzas" estaría dispuesto a responder con dignidad a la afrenta que, una vez mas, se le planteaba desde el Sur. A través de los que -desde la colonia- habían sido empecinadamente hostiles a cualquier intento de los paraguayos, de husmear el mundo por sobre sus impedimentos.
** "No en una ocasión sino en varias, en el curso de aquella larga retirada -escribe Arturo Bray- hizo saber el mariscal al pueblo sus deseos y hasta sus órdenes de que mujeres y niños dejaran de marchar en pos de sus ejércitos, intimándoles a que hicieran alto y allí esperaran la llegada de las tropas brasileñas, en cuya generosidad les instaban confiasen... "(1). Y pocas veces y muy pocos, aceptaron la oferta.
** De esto mismo se trató también el reclamo que el periodista uruguayo Juan Carlos Gómez, hizo al -ya ex mandatario argentino- Mitre, durante una polémica de prensa mantenida entre ambos, hacia finales de 1869: "Con el argumento (...) de las crudezas que la guerra feroz desató, no se justifica ni atenúa, el proyectado desmantelamiento de un solar étnico. ¡Ahogar en llanto a una raza, haber intentado extinguir su nombre!... ¡esa es la arista mas bárbara, la mas bárbara, de la Guerra del Paraguay!" (2).
** Muchos de los juicios y condenas al Mariscal se debieron a sus víctimas. Quienes además de sufrir la guerra, fueron implicadas en conspiraciones o acusadas de traición a la patria. O por ser amigos, simples parientes o accidentales interlocutores de los acusados. Y que por cualquiera de estos motivos, fueron vejadas y torturadas.
** Pero apenas finalizada la contienda, aquellas víctimas elevaron sus padecimientos o los de sus familiares, al pedestal de causa nacional. "López fue un tirano porque mató a mi padre". En la simple definición, la sentencia. Aunque también debe señalarse que la gran mayoría de los incidentes que motivaron estas expresiones, sobrevinieron ya bien promediada la guerra y nunca pudieron provocarla.
** No obstante, si justificadas la indignación y anhelos de justicia de aquellos damnificados, no es razonable que la historia de una nación se reduzca a los padecimientos de algunas familias. O que víctimas y descendientes conviertan sus penurias en excusa para promover la "lucha por la libertad" de cuya consecuencia -precisamente- los paraguayos postergaran su conquista por mucho tiempo mas. O como pretexto para el "acceso a la civilización", mientras se rapiñaban y destruían los vestigios del arduo esfuerzo realizado en los años precedentes para radicarla en el país.
** Porque aunque justas aquellas reivindicaciones, no ha sido menos justificado el dolor de quienes arriesgaron la vida en los esteros y en las trincheras para que después fueran testigos de las lisonjas y honores prodigados a los que se habían empeñado en el exterminio del Paraguay. Y que para consumarlo, fueron mucho mas allá de lancear inocentes.
** La prueba es tan contundente como simple: al término de la guerra, con López muerto y la campaña "por la libertad y la civilización" ya concluida, había que aplicarse a cumplimentar el Protocolo Anexo del Tratado Secreto: recoger el botín. En el reparto de aquellos despojos remanentes del pillaje mayor ya consumado, libertarios y liberticidas realizaron una solidaria y provechosa tarea conjunta para completar la devastación.
** Y para colaborar en aquel menester, no importaba que alguno fuera "soldado de López" o de "la libertad".
RAZONES PARA LA GUERRA
** Si fuera posible determinar las verdaderas causas de la guerra, muy pocas serían atribuibles al Paraguay o a su gobierno. Los distintos factores que la provocaron se diluyen en acontecimientos aun anteriores a la Independencia de Mayo de 1811, excediendo por lo tanto las penurias de familias, intereses de grupos o conveniencias de partidos.
** Algunas fueron presentadas como desencadenantes del incendio. Éstas, las llamadas causas aparentes, nunca llevaron tanto combustible como para encender el fuego. Las causas reales SI. Tanto que debieron permanecer ocultas. Secretas como el tratado que iba concertándose también secretamente.
** Porque la guerra obedeció a un plan concebido meticulosamente. Urdido lejos de la luz pública y que como uno de sus componentes esenciales, buscó herir al Mariscal para que efectivamente, él proveyera los motivos. Y logrado este propósito, la ofuscada reacción del Jefe paraguayo, su falta de aplomo, su carencia de alternativas y la ausente capacidad de Estado del Paraguay, fueron evidenciadas por una- continua y persistente tarea de propaganda de sus enemigos. Enredado en este juego, López fue crucificado con las culpas de la guerra.
** Aquel plan fue concebido de esta manera porque ninguno de los aliados habría querido asumir simplemente que el Paraguay, con la excusa de su mal gobierno, era una molestia a eliminar.
LAS CAUSAS APARENTES
** Además de lo que fue calificada como provocación de López: la captura del buque brasilero "Marqués de Olinda" y la invasión a Corrientes, los motivos esgrimidos frecuentemente en los medios aliados para justificar la guerra, fueron básicamente tres:
· Armamentismo o militarización del “Atila de América”.
· Necesidad de "civilizar" al Paraguay; y
· Liberarle de la dictadura.
(1) Bray, A., “Solano López, soldado de la gloria y el infortunio”, pág. 384.
(2) Juan Carlos Gómez al general Bartolomé Mitre, a finales de 1869.
Texto citado por Luis A. de Herrera, en el “Drama del `65”