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lunes, 14 de noviembre de 2011

JULIO CÉSAR FRUTOS - LA TRIPLE ALIANZA, UNA NUEVA VISIÓN / Fuente: Revista dominical ABC COLOR, 13 de Noviembre de 2011





LA TRIPLE ALIANZA, UNA NUEVA VISIÓN
Artículo de JULIO CÉSAR FRUTOS

La guerra del Uruguay, la Argentina y el Brasil en contra del Paraguay es un tema reiterativo que apasiona y, como tal, tiene sus causas, disculpas y justificaciones, conforme a que el historiador del caso se haya inscripto en el sector de la izquierda, la derecha, el conservadurismo, el lopismo o el antilopismo. Los hay también, en minoría, quienes se esfuerzan por ser objetivos, como exige la historia, que, es necesario recordar, constituye uno de los componentes de la ciencia social.




En nuestra región,  la documentación de la citada guerra, ocultada por el Brasil o Itamaratí, que se apropió de ella como botín de guerra, sigue encerrada en los archivos oficiales, aunque se anuncia su próxima liberación. Un primer lote fue devuelto al Paraguay hace unos años, pero es de lamentar que una fracción menor no ha llegado realmente a nuestros archivos. Existe una profusa lista en este sentido.

La buena noticia, para investigadores y para la historia de la guerra, es que una impresionante cantidad de documentos, cartas, informes, actas y folletos inéditos se han publicado en un reciente libro de Washington Ashwell, con el título: General Patricio Escobar, guerrero, diplomático y estadista.

La base utilizada para la obra son documentos auténticos, un centenar por lo menos, que pertenecen al acervo de la Academia Paraguaya de la Historia, que fuera donada por el desaparecido académico e historiador Manuel Peña Villamil.

Aunque la obra presenta la figura de un actor clave de la guerra, Patricio Escobar, él permanecía en segundo plano. Ello es motivo para exhumar documentos desconocidos, cuya manipulación generó, a su vez, una deturpación lamentable sobre los hechos históricos y crearon prácticamente una antihistoria o una inexistente relación de hechos. La historia de la guerra de la Triple Alianza resulta, en muchos casos, una fabulación maliciosa. Distinto el caso de la obra de María Eugenia Garay, La Patria Vieja, que es novela histórica con datos fidedignos, la más completa que haya salido hasta la fecha.

¿Qué aporta la obra del doctor Ashwell? Mucho, y creo que será polémica. Citemos algunos casos:

1) El intercambio de notas entre Patricio Escobar y Octaviano de Almeida, prominente diplomático del Imperio, uno de los firmantes del Tratado Secreto. Escobar, que actuaba, se supone, con anuencia y encargo del Mariscal López, le sugiere que las cuestiones pendientes de límites se traten en términos diplomáticos y con la guerra inminente que Almeida insinuaba en tono amenazante. En carta del 3 de marzo de 1865, decía Escobar: “¿Cuáles son las diferencias existentes entre el Paraguay y el Imperio? En cuanto a la navegación no hay diferencias, ni en el comercio exterior ni en otra cosa parecida. ¿En los límites? Sí, en los límites, pero ello puede solucionarse diplomáticamente. El Paraguay cuenta con la inteligencia de Berges y el Imperio con la sagacidad de Paranhos para solucionar todos y cada uno de los problemas que nos apartan a todos en este momento, lo que ha de permitir un alivio fundamental”.

En abril de 1865, de nuevo Escobar le remite una nota oficial en la que dice: “Veo que es imposible entendernos, porque el Imperio necesita de la guerra y no conozco los motivos, pero de necesitarla y de quererla veo que sí, que el Imperio necesita la guerra”. En aquella fecha, Escobar ni nadie conocían las razones por las que el Imperio preparaba la guerra, que no era otra que la disminución del colectivo de negros, que ascendía paulatinamente en consideración social y económica. En cartas posteriores, el canciller Pimenta Bueno hará esta confirmación al propio Mariscal López.

2) La entrevista de Yatayty Corá. Este intento de pacificación promovido por el Mariscal López es debidamente dilucidado en la obra comentada. Ella se realizó en la carpa de Mitre con la presencia de los dos mandatarios, y la de Escobar y el general Paunero, como únicos testigos. Realizada el 22 de setiembre de 1866, resultó en un fracaso al exigir Mitre la renuncia previa de López a la presidencia y al mando del ejército como condición para negociar la paz. De las cinco horas que duró la reunión, de lo que menos se habló fue de la paz; Mitre ponía en el tapete temas lingüísticos, sociales, etc., se bebió coñac y se intercambiaron látigos.

Sin embargo, con la habilidad de un diplomático consumado, Escobar continuó en días posteriores el diálogo con el presidente Mitre.

La relación detallada de las reuniones está transcripta en la obra, de puño y letra de Escobar, aporte novedoso para las futuras investigaciones históricas. El diálogo entre Mitre y Escobar es una buena pieza para hacerlo. Se transcriben algunos:


PRIMER DIÁLOGO:


Mitre: La paz que propone el Mariscal es imposible.

Escobar: Señor, ¿qué de imposible tiene esa paz tan fácil de realizar con un poco de buena voluntad?

Mitre: ¿Buena voluntad ha dicho? Eso sobra, Escobar, pero es imposible.

Escobar: Señor, un poco de buena fe y lograremos detener esta sangre que corre, para bien de todos los pueblos.

Mitre: Perdonar a López la vida sería un desatino que la humanidad no me perdonaría.

Escobar: ¿Tanto odio le tiene? ¿Acaso no le deben a él la unificación de la familia argentina?

Mitre: Señor, eso fue un acto que se le agradeció entonces y ya no hay por qué seguir agradeciéndole aquello.


CUARTO DIÁLOGO:

Mitre: He recibido de Elizalde (canciller) un oficio con las condiciones que he de discutirlas con usted para la paz. Y la primera es que el Mariscal se retire del territorio paraguayo.

Escobar: ¡Pero eso es imposible, señor! Él es presidente de la República y todos los paraguayos lo queremos. Si abandonara la presidencia, ¿quién quedaría en su lugar?

Mitre: Eso es lo más fácil. Haremos un triunvirato compuesto de un argentino, un brasileño y un paraguayo.

Escobar: ¿Y cree V. E. que los paraguayos soportaríamos una situación así? ¿Cree que permitiríamos que nuestros peores enemigos nos gobiernen? Es el primer punto imposible de hacer.


NOVENO DIÁLOGO:

Escobar: Vengo a saber si V. E. no ha cambiado de parecer. Es posible que haya sido así y mantengo viva esa esperanza en V. E. y en los jefes de la Alianza.

Mitre: Hablaré con usted, mi querido amigo, por última vez y reconociendo el mismo cariño que le tengo a usted muy especialmente, por su prudencia, su pundonor de militar y su gran conocimiento de la cortesía. No hay paz posible. Yo no la quiero para nada, porque estoy seguro de darme el placer de destruir al Mariscal en sus trincheras y de llevarlo atado a mi caballo como presa rara a Buenos Aires, y allí tenerlo en mis manos. Es lo que hay, pues, Escobar. Es conveniente que lo entienda ya.

3) La vida de Patricio Escobar. Otra documentación desconocida es la breve biografía que hace Bartolomé Mitre de Escobar. Se transcribe parcialmente:

“Infancia y juventud: Estudió las primeras letras que se daban en la escuelita; tuvo que pasar a Asunción, en donde funcionaban las escuelas mayores. En la Asunción pidió orientación educacional a su padrino (el presidente López), quien le recomendó a la Academia de su creación, en la que se formaron brillantes jóvenes.

En el mismo liceo estudiaron: Elizardo Aquino, José María Delgado, Pedro Duarte, Valois Rivarola, Paulino Alén, Francisco Solano López, Patricio Escobar, Vicente Barrios, José María Fariña, Ignacio Mesa, etcétera.

El diplomático: Buscó la paz por nueve días después de la Conferencia de Yatayty Corá. Y a pesar de todos los buenos oficios puestos de mi parte, no he logrado ni conseguido nada de él. Pero había que verlo hablar para saber no solamente el delirio que sentía por su patria, sino lo culto y gran conversador que era. Hablar con él era para mí un regocijo, alegría que solamente encontré en la conversación con Rubén Darío.

El hombre: Era hombre callado, casi diría taciturno, de mirar lejano, de ademanes finos. Grande en su decencia y grande en su cultura. Poseía idiomas, pero jamás se preció ni se vanaglorió de ninguno de sus muchos merecimientos. Alcanzaba algo así como 1,82 metros. Vestía siempre con elegancia y distinción.

Procuró la paz con todos y con nadie la pudo lograr para nada. Grande fue mi amistad con él, y es seguramente el único adversario a quien en verdad quise y estimé como a un hermano”.


13 de Noviembre de 2011
Fuente: Revista dominical ABC COLOR
Fuente digital : www.abc.com.py

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