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domingo, 8 de mayo de 2011

VÍCTOR I. FRANCO - LA SANIDAD EN LA GUERRA CONTRA LA TRIPLE ALIANZA / CÍRCULO PARAGUAYO DE MÉDICOS. Asunción - 1976.



LA SANIDAD EN LA GUERRA CONTRA LA TRIPLE ALIANZA
CÍRCULO PARAGUAYO DE MÉDICOS
Asunción – Paraguay
1976

Conferencia pronunciada por el Doctor VÍCTOR I. FRANCO, en el Salón de Actos del CÍRCULO PARAGUAYO DE MÉDICOS, el 4 de diciembre de 1975, en conmemoración de la SEMANA DEL MÉDICO



LA SANIDAD EN LA GUERRA CONTRA LA TRIPLE ALIANZA

         Con pocos o escasos datos se dispone respecto a la Sanidad Militar que actuó en la guerra contra la Triple Alianza. Con relación a este tema escribe el Coronel Arturo Bray: "No hubo tiempo de organizar debidamente este Servicio. Con elementos contratados de Europa, se hubiera podido hacer algo perfecto, si se hubiera dispuesto de tiempo, pero precipitados los sucesos, todo hubo de ser incompleto o deficiente. El Cuerpo Médico se componía de un cirujano mayor (Dr. Stewart), tres médicos de primera clase (doctores Skiner, Fox y Barton), un farmacéutico (Mastermann) y numerosos practicantes paraguayos. Los elementos de curación eran muy escasos, pero la higiene implantada en el ejército era rigurosa, consiguiéndose, gracias a esto, un estado sanitario relativamente bueno. Los hospitales de sangre eran improvisados en los campamentos y el transporte de heridos y enfermos se hacía en carretas".
         "Sabido es que a modo de anexos de los templos, existían los llamados "Campos santos" o cementerios y enterratorios. Una reliquia histórica que hasta hoy se conserva, y por cierto en la parte más valiosa de New York, el Wall Street, es el cementerio adjunto a la Iglesia Trinity Church". En la Asunción podía verse hasta hace poco tiempo el que había al lado del primitivo o templo de la Encarnación, lugar ocupado actualmente por el Estadio Comuneros y el último en desaparecer allá por el año 1926, es el que estuvo anexo a la iglesia de Lambaré.
         Vamos a remontarnos a la época de Don Carlos Antonio López que, por su brillante criterio de mandatario, no escapó a su acción de gobernante la atención de la salud de su pueblo. Así, en su mensaje de 1842, refiriéndose a la formación del cementerio de la Recoleta, dice: "La costumbre – dice - de enterrar muertos en las iglesias era ya diametralmente opuesta a la salubridad pública; bastantes pruebas tenemos de esta verdad. El gobierno proyectó formar un cementerio general en la Recoleta, fuera de la ciudad y lo ha verificado. Ha destinado – agregó - los carros fúnebres necesarios para conducción de los cadáveres, destinando dos a beneficio de los pobres, que sirvan gratis".
         Por decreto del Soberano Congreso, el 24 de noviembre de 1842 se aprobó en todas sus partes el mensaje del Ejecutivo, y decía en su artículo 9º: "Siendo el establecimiento del nuevo cementerio general tan conveniente a la salubridad pública, se aprueba plenamente el decreto de su erección, siendo de esperar que también se suprima el cementerio interno de párvulos del Curato de la Encarnación".
         El cementerio de la Recoleta fue bendecido el mismo año por el Vicario Orué; fue nombrado encargado del Cementerio y administrador de los carros el Juez comisionado y Jefe Urbano de la Recoleta, y, como Capellán Interino, el presbítero Roque Esteban Irala, con la obligación principal de recibir de sobrepelliz y estola a los cadáveres y rezar un oficio de sepultura, como hasta hoy se usa. Las verjas y los portales hechos de hierro forjado - obra artística - fueron adquiridos en Italia, y el templo de la Recoleta fue erigido en el año 1857.

MEDICOS EXTRANJEROS

         Mencionaremos a continuación los médicos extranjeros contratados por el gobierno del Primer Presidente Constitucional, don Carlos Antonio López:
 
DR. GUILLERMO STEWART: De nacionalidad inglesa, llegó al país en el año 1.856 después de haber actuado en la guerra de Crimea; con un sueldo de 3.000 pesos anuales y manutención. A él le cupo organizar, de acuerdo con las posibilidades, los hospitales y el personal correspondiente. Bajo su dirección se formaron como practicantes médicos jóvenes capitalinos escogidos de la buena sociedad. Estos, que ya eran nacionales y que se mencionarán, se desempeñaron con abnegación y con valor sublime en la lucha contra la Triple Alianza, y algunos fueron obligados a cambiar el "caduceo" por las armas, para defender a la Patria, porque así lo exigía el momento. Unos rindieron tributo a la muerte; otros recibieron heridas y otros cayeron prisioneros con honor y bizarría.
         El Dr. Stewart hubo de ir al Japón, pero en esa época se produjo la contratación de facultativos en el Reino Unido por nuestro gobierno, y prefirió venir a nuestro país. Al comenzar la guerra eligió entre las mejores familias de la Asunción a 140 jóvenes para destinarlos al Servicio de la Sanidad en calidad de practicantes, para lo cual les dio la enseñanza elemental adecuada, y los ejercitó sobre todo en vendajes, de tal modo que mediante eso, los heridos eran prontamente vendados y evacuados de la línea de fuego. Muchos practicantes llegaron a operar y realizaron amputaciones.
         El Dr. Stewart formó parte del séquito de la Comisión Mediadora en la Confederación Argentina presidida por el General Francisco Solano López, designado mediador. Dicha comisión partió de la Asunción a bordo del "Tacuarí" el 27 de setiembre de 1859 con destino a Paraná. La comitiva estaba integrada en la siguiente forma: como secretarios, Benigno López, Paulino Alén y Gregorio Benítez; como edecanes, los coroneles Francisco Isidoro Resquín y Francisco Wisner de Morgenstein, los mayores Antonio de la Cruz Estigarribia, Francisco González, José María Aguiar y Rómulo Yegros; los capitanes Avelino Cabral y Cándido Mora; los Sub-tenientes Pedro Duarte, Manuel Núñez y José Eduvigis Díaz, y como agregados civiles, Carlos Saguier, Ildefonso Bermejo, GUILLERMO STEWART, Ramón Mazó, Claudio Riera y el presbítero José María Núñez. El resultado exitoso de esta mediación se conoce en la historia con el nombre de "Pacto de San José de Flores", firmado el 10 de noviembre de 1859.
         Ya durante la guerra desempeñó el Dr. Stewart el cargo de Jefe de la Sanidad Militar en el Cuartel General de Paso Pucú, y era médico del Mariscal de cuya confianza y estimación gozaba. El 13 de agosto de 1868, cuando el General Vicente Barrios, ex Ministro de Guerra y Marina, cuñado del Mariscal, procesado por supuesta "conspiración", intentó suicidarse, como resultado de las diligencias que hizo el General Resquín; se procedió a la declaración de los cirujanos que habían atendido al herido y testigos presenciales. Previamente se reconoció la navaja utilizada en el atentado, y que fue presentada por el Sub-teniente Jesús María Carrillo, pariente del Mariscal. Era una navaja de barbear de cabo de hueso blanco de tres pulgadas de largo la hoja, y el mango de seis, cubierta de sangre seca y muy fina con la marca de la figura de un ave y escrita la marca "Rameau a Sens". Hallándose el General "con semblante que parecía estar con su entero juicio y acuerdo natural", fue preguntado si era esa la navaja con que se había herido, y asintió con una señal de cabeza, y escribió luego "la he arrojado", dando a entender que la arrojó a un costado luego de herirse con ella".
         El Dr. Stewart refirió como acudió en auxilio del General Vicente Barrios, que manaba abundante sangre, estaba exaltado y privado de su juicio. Le ligaron algunas arterias para detener la hemorragia, para lo cual le tendieron a la fuerza en el suelo, y luego lo trasladaron a su casa, donde se descubrió otra arteria seccionada, que también ligaron. Según el Dr. Stewart, la herida no era precisamente mortal, pero sí de peligro. No parecía haber sido hecha por otra persona, y dijo que: "por la afección cerebral que suele padecer el herido habitualmente desde tiempo atrás, le aplicó fomentaciones refrigerantes en la cabeza con las que va recobrando un tanto su juicio y serenidad. Creía el Dr. Stewart que la causa de la tentativa del suicidio había sido "alguna perturbación mental temporaria". El cirujano Téllez agregó el detalle de que lo encontraron a Barrios de pie y forcejeando con dos o tres soldados, y que los médicos se habían visto obligados a tenderlo por la fuerza en el suelo, para la primera curación"; le parecía también a Téllez "que no estaba en su sano juicio, pero agregó que no le conocía trastorno mental anterior". Todo esto se desarrolló en San Fernando en el mes de agosto de 1868.
         Para el tratamiento de las epidemias, el Dr. Stewart hizo imprimir instrucciones concisas y estrictas medidas de profilaxis. En la campaña de Pikysyry, el Mariscal dispuso que el Dr. Stewart ocupase su puesto en la División que defendía el Paso de Angostura, cerca de Villeta, al sud en el Río Paraguay, pero cuando esta división capituló el 30 de diciembre de 1868, fue conducido a la Asunción por los brasileños, en calidad de prisionero y embarcado a Río de Janeiro juntamente con el Ingeniero George Thompson -su descendiente es el Prof. Dr. Quirno Codas Thompson-, a bordo del vapor "Tycho Brahe". De regreso a la Asunción, ocupó su casa-quinta (Quinta Stewart) en el actual Barrio Mariscal López, en la calle Juan de Salazar entre las de Perú y Washington, que estuvo ocupada por la Embajada de China Nacionalista. Es un "caserón de añejos tiempos" que aún subsiste. Una calle del barrio mucho tiempo llevó el nombre del Dr. Stewart, y posteriormente fue denominada Padre Cardozo, religioso muerto en la contienda chaqueña.
         En los países de la cuenca del Plata se llegó a considerarlo como el decano de los médicos sudamericanos. En la post-guerra fue decano y profesor de nuestra Facultad de Medicina, y formó parte de las autoridades y Nicolás Angulo. Después de mucho tiempo regresó a Comisión Especial a las Exposiciones Internacionales de París y Barcelona, con Ricardo Brugada, Cirilo Solalinde y Nicolás Angulo. Después de mucho tiempo regresó a Inglaterra, estuvo casado con Venancia Triay, y dejó descendientes y bienes raíces en el país.
 
         DR. GEORGE PEGOTTE BARTON: Llegó contratado por el gobierno a bordo del vapor "Ypora", el 15 de abril de 1856. Asistió como partero a Elisa Elicia Lynch, cuando nació la hija del Mariscal: Corina Adelaida. Esta niña enfermó gravemente a la edad de un año. Le prodigó sus solícitas atenciones profesionales, pero no pudo salvarla de la gastroenteritis, pues falleció el 14 de febrero de 1857. Sus restos fueron inhumados en el cementerio de la Recoleta. Vale la pena citar la siguiente anécdota cuando enfermó dicha nena: "En el curso de la enfermedad, una noche al acostarse Isidora Díaz -hermana del General Díaz y dama de compañía de Madama Lynch- avisó que la niña Corina Adelaida se había desvanecido. En seguida acudió el Dr. Barton y con esfuerzo considerable consiguió reanimarla. La comadrona de nombre Canuta Verdoy, que se hallaba presente, protestó y dijo que la niña no necesitaba remedios de botica y que si el General López autorizaba, Canuta formalmente se comprometía a curar a la enfermita que padecía de un desconocido mal que los gringos aunque sean doctores no sabían ni entendían, y explicó que Corina Adelaida padecía del "camby ryrú yeré"; agregó que era un mal común en la primera infancia y que consistía en la retroversión de un órgano que en los lactantes es como un órgano incipiente que, mediante una maniobra volvía a su posición normal y la enfermita se sana; sus miembros inferiores readquieren la misma longitud normal, porque esta afección hace que haya una diferencia de los miembros: una pierna se vuelve más corta que la otra. Obtenido el permiso del general:
         "Canuta desnudó a la niña que se doblaba de un lado a otro como un ave herida. La extendió sobre la mesa, le estiró las piernas y se empeñó en convencer a los padres de que la pierna derecha era más corta que la izquierda, y que había una hinchazón en la región gástrica. Con la mirada fija en los ojos de la pequeña, Canuta murmuró algunas palabras en guaraní, otras en español. Su acento y sus gestos eran tan pronto de apóstrofe, como de ruego. Después de trazar la señal de la cruz sobre el vientre de la paciente, su mano reseca exploró la cintura, ascendió hacia el estómago y hundió los dedos sarmentosos debajo de las costillas, diciendo: -Aquí está el daño. Al instante la niña gimió como un corderillo torturado. Elisa vio el círculo morado en torno de la boquita fruncida, las perlas de sudor en la frente de cera, y ordenó: -¡Basta!-  Me interrumpe en el momento en que tenía el Bazo entre los dedos. Déjeme continuar la mujer se dirigía al general antes que a Elisa-. ¡Basta! no he debido permitir que martirice a mi hija. Por poco me la matas. Elisa disparó al dormitorio con la niña en brazos; Francisco la siguió turbado. -¡Matarla! Eso es lo que ellos intentaron murmuró Canuta, envenada de furia y de rencor. Se refería a los médicos".
         También el Dr. Barton asistió a Francisco Solano López en momento en que era designado por su padre don Carlos para que en compañía de su hermano Benigno, el Dr. Juan Andrés Gelly y Paulino Alén partiese a Río de Janeiro en misión diplomática, y a su vuelta terminada dicha comisión, debía hacerse cargo del Ministerio de Guerra y Marina; pero enfermó gravemente de tifus, y no realizó el viaje. La comitiva lo hizo el 30 de noviembre llevando como jefe a José Berges, como secretario a Félix Egusquiza y como consejero al Dr. Gelly.
         El Dr. Barton acudía puntualmente a los llamados, se mostraba amable con los pacientes, gentil y cauteloso; con su trato inspiraba confianza al enfermo. "La población burguesa de la Asunción se manifestaba satisfecha de sus servicios, porque proporcionaba remedios y atenciones profesionales a precio acomodado". Actuó como cirujano de tropas; fue el primer director de la Sanidad Militar, y vivía en la casa del Coronel Venancio López, edificio situado en la esquina de las calles Colón y Estrella, que ocupó después el hotel "Cosmos" y actualmente el "Palace Asunción". Se retiró del servicio el 6 de junio de 1864.

         DR. JOHN JONSTONE: Llegó a la capital el 14 de julio de 1856 a bordo del "Tacuarí". Era de nacionalidad inglesa. Actuó con el grado de Capitán honorario y desempeñándose como médico jefe de los hospitales, y de las guarniciones de la capital. Falleció repentinamente el 9 de octubre de 1857.
 
         DR. JUAN FOX: Fue contratado el 9 de julio de 1857 por intermedio de la casa Blyth de Londres con 1000 pesos de sueldo anual y manutención. En 1859 renovó su contrato con 2.000 pesos anuales y manutención. Antes de la guerra prestó servicios en el Hospital de Humaitá, de donde se retiró en el año 1861 por su salud quebrantada. Cuando se encontraba en el Hospital de Sangre de Humaitá, cayó dentro de ella una bomba que lo hirió en la pierna.
         En 1866 estuvo en la cárcel, "por no haber acudido con presteza a un llamamiento de la madre del Mariscal. Desde entonces su salud fue quebrantándose más y en los últimos tiempos ya no prestaba servicios en la Sanidad Militar. El 22 de julio de 1866 fue condecorado juntamente con Wenceslao Velilla con la Orden Nacional del Mérito" en el grado de Caballero. El 6 de noviembre de 1868 el Gobierno autorizó la salida del Paraguay de este médico, delicado de salud y se embarcó con destino a Londres en la Cañonera "Beacon".
 
         DR. FREDERICK SKINER: Doctor en medicina y Cirujano de tropas, estuvo en nuestro país desde el año 1861. El 15 de abril de 1863 fue enviado en comisión a Pirayú. Actuó en toda la campaña guerrera, y fue el que le amputó la pierna derecha al General José Eduvigis Díaz. Cuando el Dr. Skiner interrogó al héroe de Curupayty, si aceptaría el cloroformo como anestesia para la intervención quirúrgica, el General le interrumpió desdeñosamente, diciéndole con uno voz estentórea, al mismo tiempo que le indicaba con el dedo índice el miembro destrozado: -"Corte Ud. sin temor ni miramientos; lo que deseo es que termine pronto". Seguidamente el cirujano procedió a la amputación hasta el tercio superior del muslo. ¡El héroe se hizo operar sin pronunciar una sola queja! Deseaba el General Díaz conservar íntegramente en su poder la parte del miembro amputado, que fue embalsamada y colocada cuidadosamente en una caja hecha de palo santo, y guardaba en su pieza de enfermo por orden del Mariscal.
         El Dr. Skiner llegó hasta Cerro Corá. Estuvo presente en el desenlace del drama y presenció la muerte del Mariscal. El Dr. Skiner falleció en el Paraguay, ya en la era constitucional.

         Dr. WILLIAM MITCHEL BANKS: Llegó de Inglaterra el 23 de noviembre de 1864 contratado a raíz del retiro del Dr. Barton. Doctor en medicina y cirugía; se desempeñó como cirujano de tropas, igual que el Dr. JAMES C. WILSON, quien arribó a la Capital el 23 de noviembre del mismo año. Se retiraron del servicio de médicos contratados el 19 de febrero del año 1865.

         DR. JUAN FEDERICO MEISTER: Actuó desde el año 1864, desempeñándose como doctor en medicina y cirujano de tropas. Actuó en la Guarnición de Humaitá, y en una época, actuó a su servicio Domingo Antonio Ortiz, con el cargo de boticario. De aquí Ortiz pasó a formar parte de la Armada Nacional, distinguiéndose por su inteligencia valor, y actuando en la Marina de Guerra conquistó el grado de Capitán de Fragata.

         DR. JAMES RHYAND: Actuó desde fines del año 1864, desempeñándose como doctor en medicina y cirujano de tropas junto con el Dr. Fox. El 14 de mayo de 1866 fue condecorado con la "Orden Nacional del Mérito". Actuó hasta fines del año 1866.

         DR. EBERHARD OF ROSEMSCHOLD: Médico naturalista de nacionalidad sueca, actuó como médico del Mariscal hasta la Campaña de las Cordilleras. Merece este facultativo un breve capítulo por la vida azarosa en el escenario de nuestra contienda bélica: "Naturalista sueco, egresado de la Facultad de Medicina de Lund, residió en él hasta 1.844. Llegado al Paraguay se estableció en las Cordilleras, recorrió el país formando colecciones de pájaros, insectos, plantas y maderas destinados al Museo de Suecia. Cuando enfermó el Mariscal, fue llamado a Paso Pucú para atenderlo. Estaba en relaciones con la familia de don Juan Bautista Rivarola, y era amigo del Dr. Domingo Parodi; no formó parte activa de la Sanidad Militar.
         Sus cartas escritas desde el Paraguay a un amigo de Suecia, fueron publicadas por la Biblioteca Nacional de Stokolmo. Fue fusilado por orden del Mariscal en marzo de 1869; la causa no se supo.

FARMACEUTICOS

         GEORGE FEDERICO MASTERMANN: Farmacéutico de nacionalidad inglesa, llegó al país el 23 de diciembre de 1861; actuó como jefe de farmacia mucho tiempo y actuó en el Hospital Militar Central de la Capital. Fue ayudante de cirugía y actuó como Profesor de Materia Médica. Posteriormente fue destinado a la Fortaleza de Humaitá. En el Campamento de Pikysyry fue reducido a prisión, y después de la batalla de Itá Ybaté escapó y pasó a la Asunción. En la ciudad de Grydoo, en agosto de 1869, escribió en inglés la obra titulada: "Siete años de aventuras en el Paraguay", que fue traducida al español y en donde consta la Tabla de Sangre del General Francisco Isidoro Resquín.

         PETER FREDERICK BLISS: de nacionalidad norteamericana llegó al país el 19 de marzo de 1863. Además de actuar como farmacéutico, actuó de médico.

         DR. DOMINGO PARODI: De nacionalidad italiana, llegó al país en el año 1865. Médico, químico y botánico. Es autor de una obra sobre "La Flora Paraguaya". Acompañó al Mariscal en la cruenta campaña de la guerra; era su amigo y colaborador. Además de orador, era un excelente fotógrafo. En el Campamento de Azcurra, cuando llegó herido el entonces Mayor Patricio Escobar después del horrendo pasaje del Ypecuá, insondable estero -le sacó una fotografía, a pedido del Mariscal, y el último retrato del Mariscal se debe a su arte. Su hijo Enrique D. Parodi, también intelectual, fundó y dirigió la "Revista del Paraguay". El Dr. Domingo Parodi fue colaborador de la Revista "Aurora", juntamente con el poeta guaireño y cronista de la guerra, Natalicio de María Talavera.
         Después de la batalla y caída de Piribebuy, el Mariscal López en su retirada, de paso por Caacupé ordenó al Dr. Parodi que los heridos y enfermos que sumaban 1.237, quedasen a su cargo, y que cuando llegasen los aliados tratara de convenir con ellos la manutención de los enfermos hasta que fueran dados de alta, y se retirasen a sus hogares". El Mariscal hizo entrega al Dr. Parodi la suma de 40.000 pesos en moneda de plata y oro, más la cantidad de 100.000 pesos en billetes.

MÉDICOS Y PRACTICANTES NACIONALES

         JUAN VICENTE ESTIGARRIBIA: Oriundo de Villa Rica del Espíritu Santo; que fue médico del Supremo Dictador y a cuyo cuidado falleció el 20 de septiembre de 1840. Actuó como cirujano de tropas antes de la llegada de los médicos ingleses contratados. En el año 1865, prestó valiosos y humanitarios servicios durante la epidemia de sarampión.
         Juan Vicente Estigarribia se retiró del servicio en fecha 18 de agosto de 1865, con una pensión vitalicia que le acordó el gobierno, como "al más antiguo médico y cirujano de tropas". En el año 1858 publicó: "Vocabulario en varios idiomas de algunas plantas medicinales" y "Resumen de una instrucción metódica para curar algunas enfermedades endémicas". Había reingresado en el ejército para prestar nuevamente servicios.
         Cuando el Mariscal enfermó en el Cuartel General de Paso Pucú el 7 de noviembre de 1866, fue llamado este médico desde la Asunción. Se embarcó a bordo del "Olimpo", con destino a Humaitá el 14 del mismo mes para atender la salud del Mariscal, a su especial pedido. Las crónicas no detallan la enfermedad del Mariscal; pero algunos decían que había sufrido del corazón como consecuencia de la inmensa contrariedad que le había producido la solución del incidente de la Cañonera "Shamokin". En cambio el Dr. Stewart recuerda en sus memorias: "Rara vez se hallaba en buena salud por motivo del estado séptico de la boca, que le ocasionaba la autoinfección y continua dispepsia". El 18 de noviembre, el Mariscal se había restablecido completamente, según la crónica de "El Semanario".
         Juan Vicente Estigarribia murió en Ajos en el año 1869 a la avanzada edad de 91 años. Cuando el Mariscal López supo el fallecimiento, desde su Cuartel General de Azcurra, decretó la erección de un monumento a su memoria por sus valiosos y patrióticos servicios prestado a la Patria en la época de paz y de guerra, y por sus relevantes virtudes ciudadanas.
         Antes de fallecer dictó su testamento ante el Juez en lo Civil de la Asunción, dictada el 29 de noviembre de 1850; siendo herederos: hermanos, Juan Antonio, María Dolores, Pedro Pablo, María Mazarena, todos de apellido Estigarribia, y, a su discípulo José Joaquín Estigarribia, José Antonio Bordón, a su sobrino José Gaspar Estigarribia y a otro sobrino José María Estigarribia. Declara y nombra albaceas a su hermano Juan Antonio y a su discípulo José Joaquín Estigarribia; al mismo tiempo declara ser hijo natural de la finada María Bárbara Borja. Firman como testigos: Don Saturnino Haedo, Don Manuel Gómez de la Fuente y Don Guillermo Sosa.
         El Centro de Salud Nº 3 sito en la calle Colón y Humaitá por Resolución del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, lleva su nombre.
         ESTEBAN GOROSTIAGA: Nacido en la Asunción el 3 de agosto de 1844. A los 18 años pasó del Colegio del Seminario al Hospital de Caridad, en carácter de practicante. Se formó al lado del Dr. Stewart, y sentó plaza en las filas del ejército como practicante del Cuerpo de Sanidad Militar. Ocupó el cargo de Director del Hospital de Sangre de la Plaza de Piribebuy, y aquí, el 12 de agosto de 1869, gracias a su heroica actuación, y por su patriotismo y abnegación pudo salvar numerosos heridos y enfermos, como convalecientes, de aquel dantesco incendio del hospital, ordenado por el Conde D'Eu, en represalia de la muerte del General Manuel Mena Barreto. Actuaron también a su lado los médicos Lucas Quevedo y Wenceslao Velilla.
         Esteban Gorostiaga conquistando grados, como premio a sus actuaciones, conquistó el grado de Teniente. En el Hospital de Sangre de Piribebuy, antes de desarrollarse la sangrienta y cruel batalla, llegó con varias heridas el Teniente Guillermo González, compañero del Mayor Patricio Escobar en el pasaje del Ypecuá, y fue atendido por Esteban Gorostiaga, quien junto con el Dr. Skiner y Wenceslao Velilla lo operaron.
         Esteban Gorostiaga sobrevivió a la gran hecatombe gloriosa y en el Segundo Período Constitucional presidido por el Presidente don Juan Bautista Gill recibió su ascenso al grado de Capitán Honorario y Cirujano de Primera Clase, despacho refrendado por el Ministro de Guerra y Marina, General Patricio Escobar, el 22 de diciembre de 1874. Murió en Villarrica en el año 1893 asesinado, era el padre de nuestro distinguido Profesor de Urología de la Facultad de Ciencias Médicas Dr. Rufino Gorostiaga.

         WENCESLAO VELILLA: Teniente de Cirugía durante el curso de la guerra, llegó hasta el grado de Capitán. El 22 de julio de 1866 fue condecorado con la "Orden Nacional del Mérito" en el grado de Caballero. Se desempeñó en el Hospital de Mujeres, ubicado en Santísima Trinidad. Cuando el Dr. Rhyand enfermó gravemente en la Asunción, fue atendido por orden del Mariscal por Wenceslao Velilla y Domingo Parodi.
         Durante la epidemia de la viruela, Velilla prestó invalorables servicios atendiendo a enfermos y vacunando, con las vacunas que él mismo las preparaba, y decía "la recolección en las ubres de las vacas del grano conocido con el nombre de vacuna, que debía ser remitido, entre vidriecitos".
         Cuando la aparición de la epidemia del cólera, fue nombrada una Comisión Especial, integrada por Wenceslao Velilla, Director General de los Hospitales de la Asunción, y los doctores James Rhyand y Domingo Parodi, que elaboraron un plan para impedir la propagación del flagelo de Ganges, plan que fue elevado a consideración del Sargento Mayor Juan Fernández, Encargado del Despacho del Ministerio de Guerra y Marina. Las cláusulas de dicho plan eran las siguientes:
         1º - Se establecerá un cementerio especial para los que fallezcan de la epidemia.
         2º - Se prohibirá la inhumación de cadáveres en mausoleos.
         3º - Es prudente que los cadáveres permanezcan el menor tiempo posible en las casas particulares, y mientras tanto es importante evitar en las mismas, reuniones puramente oficiosas de personas extrañas a la familia del fallecido.
         4º - Conviene establecer en el cementerio un cuarto de depósito en que se dejarán en observación los cadáveres por doce horas cuando menos.
         5º - Para evitar demoras, conviene establecer un depósito de ataúdes o cajones mortuorios.
         6º - Se transportarán al cementerio de epidemia cadáveres que hubieran sido colocados en los mausoleos del cementerio general, y se señalarán los que hayan sido inhumados en la tierra, porque no sean removidos los restos sino después de seis años.
         7º - Es prudente no permitir que se verifiquen en los templos ceremonias religiosas con cuerpos presentes.
         8º - Es rigurosamente necesario que se entierren en hoyos profundos las materias del vómito y diarrea de los atacados de la epidemia, aconsejando su previa desinfección, por medio del sulfato de hierro o alcanfor verde.
         9º - Se ordenará que los recipientes en que llevan a arrojarse las basuras e inmundicias, vayan cubiertos con una gruesa capa de pastos y arena.
         10º - Conviene insistir en el blanqueo de las casas.
         Durante el Gobierno Provisional presidido por Cirilo Antonio Rivarola, Velilla con el grado de Capitán actuó como segundo jefe del Consejo de Medicina e Higiene, dependiente de la Sanidad Militar, cuya dirección ejercía el Dr. Federico Skiner. Son sus descendientes: el desaparecido historiador y publicista don Benjamín Velilla, la señora Josefina Velilla, viuda de nuestro colega y miembro de Tribunal de Honor del "Círculo Paraguayo de Médicos", Dr. Telmo Aquino, desaparecido, y la Licenciada Julia Velilla de Arréllaga. Así mismo el Director General de la Sanidad Militar de las FF.AA. General médico Dr. Tito Velilla.

         FRANCISCO CAMPOS: Nació en San José de los Arroyos en el año 1848, descendiente de las más antiguas y distinguidas familias. Fueron sus padres don José Domingo Campos y doña Juana Antonia Dávalos; ésta era nieta del Dr. José Dávalos y Peralta, criollo paraguayo que formó parte de las expediciones que se realizaron en el siglo XVIII a través del Gran Chaco Paraguayo, y fue a establecerse en la ciudad de los Virreyes (Lima-Perú), en cuya Universidad cursó sus estudios universitarios y donde obtuvo el título de doctor en medicina.
         Regresó al Paraguay a fines del mencionado siglo, con una familia numerosa, después de haber ganado en concurso de méritos una cátedra en el Colegio "Santo Domingo", de Lima. José Dávalos y Peralta fue el primer médico paraguayo. Vale la pena, como conocimiento de la cultura general y médica, transcribir lo que el distinguido publicista desaparecido Carlos R. Centurión dice, en el tomo primero de su obra "Historia de la Cultura Paraguaya" en la página 157; "JOSE DAVALOS y PERALTA, nació en la Asunción en fecha aún no precisada. Cursó estudios de medicina en la Universidad Real y Pontificia de San Marcos de Lima. Egresó con el diploma de Licenciado, juntamente con diez compañeros, en 1689, integrando así el primer grupo de los académicos en medicina laureados en la América meridional. Seis años después, y previos los ejercicios profesionales en el Hospital de Santa Ana, de la capital peruana, se le otorgó el título de doctor, el 8 de octubre de 1695.
         El Dr. Dávalos y Peralta fue posteriormente profesor de la Facultad donde se graduó, cátedra ganada en concurso de oposición. La desempeñó hasta 1708, año en el cual regresó al Paraguay. En la Asunción organizó el Hospital de Santa Lucía, el primero conocido en nuestro país, y fue médico de los conventos de La Merced, San Francisco y Santo Domingo, así como "de gobierno" con Juan Bazán de Pedraza, Diego de los Reyes Balmaceda y José de Antequera y Castro. Este último le concedió una encomienda de indios mitayos, "en mérito" -decía la resolución- de sus largos y relevantes servicios al Rey y al bien público de esta Provincia. Falleció en la Asunción en 1730 o 1731".
         Los esposos Campos-Dávalos tuvieron once hijos: ocho varones y tres mujeres; siete de aquéllos sucumbieron en la guerra grande y el único sobreviviente fue Francisco, el benjamín de la familia. Francisco Campos cursó sus estudios en el Colegio Seminario de la Capital, y cuando estalló la guerra apenas tenía 15 años; sentó plaza en las filas del ejército juntamente con un esclavo de su casa. Fue destinado al Cuerpo de la Sanidad Militar, donde prestó servicios como Practicante de Cirugía. Poco tiempo después ascendió a Teniente de Cirugía, y desde ese momento fue afectado sucesivamente a diversos regimientos. Posteriormente fue ascendido a Cirujano de Tercera, ascenso que recibió de manos del Mariscal en el Campamento de Azcurra.
         El 13 de octubre de 1867 fue designado Practicante Cirujano de la Fundición de Ybycuí, establecimiento que entonces funcionaba a las órdenes del Capitán Julián Insfrán -padre del Dr. Facundo Insfrán y que dejó numerosos descendientes- cito sólo a nuestro ex-profesor de Higiene y Epidemiología Dr. José V. Insfrán. Cuando al asalto a este establecimiento siderúrgico por las tropas del coronel uruguayo Hipólito Coronado; el Capitán Insfrán lo designó a Campos para ir a llevar el parte al Mariscal en Valenzuela, informando de la aproximación del enemigo a ese establecimiento. El Capitán Insfrán fue degollado por las fuerzas atacantes después de haber caído prisionero con los demás oficiales.
         Francisco Campos, hubo de seguir su suerte en el curso de la contienda bélica, y en la sangrienta batalla de Piribebuy, librada el 12 de agosto de 1869, recibió dos lanzazos, uno en la cabeza y el otro en el pecho, ambos de gravedad, y hubo de ser muerto de otro lanzazo que le dirigió un negro, pero se interpuso su fiel esclavo, quien recibió la herida mortal de la lanza. Así, gravemente herido, quedó prisionero en poder de los brasileños. Con pena y lágrimas en los ojos contempló el incendio del Hospital de Sangre de Piribebuy, cuyo director como dijimos era Esteban Gorostiaga. Un soldado brasileño, que vio la extrema gravedad de sus heridas que seguían manando abundante sangre, movido por humana compasión, le entregó su montado, y así le dio escapada. Se presentó al Mariscal, quien inmediatamente ordenó que se le curasen las heridas, pero lo trató de cobarde; Campos pidió permiso a su Jefe Máximo para hablar y concedido, le dijo: -"Porque no soy cobarde, herido me escapé, y me presento para seguir matando a los camba". Dicho esto, el Mariscal sonriente, le invitó a sentarse a su mesa, departió con él amablemente y la concedió el ascenso a Cirujano Mayor. Desde aquel momento acompañó al resto del glorioso ejército, hasta el Sagrado Altar del Sacrificio Supremo: CERRO CORA.
         Terminada la lucha Francisco Campos bajó a la Capital, como prisionero de guerra. En la era constitucional llegó a ocupar cargos en la Administración Pública, fue Senador de la Nación, Convencional del 70, por su pueblo natal San José de los Arroyos, y vivía en la casa que hasta hoy se conserva en la esquina de las Calles Villarrica (hoy Presidente Franco) y 25 de Noviembre (hoy Nuestra Señora de la Asunción). Don Francisco falleció en la Asunción el 12 de marzo de 1931 a la edad de 85 años, y sus descendientes honran su prosapia y su apellido. El Senador Nacional y Profesor Dr. Rafael Eladio Velázquez es su nieto, hijo de doña Elsa Campos Vda. de Velásquez que aún vive.
 
         CIRILO SOLALINDE: Es el más interesante de los médicos nacionales. Nació en la Asunción el 28 de enero de 1832. En el año 1855 fue enrolado en el ejército, contaba apenas 22 años. Prestó servicios en el Cuerpo de la Sanidad de Humaitá como farmacéutico, y, en 1858 fue trasladado con la designación de Practicante de medicina y ascendido a Alférez, a la Escuela de Medicina en Humaitá, dirigida por los médicos ingleses.
         En 1862 fue nombrado Director del Hospital Militar de la Capital. En el mismo año se lo designó como médico del cañonero "Tacuarí" para la expedición a Montevideo. De regreso ocupó nuevamente su cargo de Director del Hospital. Hizo toda la campaña de Corrientes, como médico de la expedición y en 1866 fue ascendido al grado de Teniente, y el Mariscal lo hizo su médico personal. Cuando en el año l.867 apareció el cólera en las filas de nuestro ejército, cayó enfermo el Mariscal en el Cuartel General de Paso Pucú, y al respecto escribe Crisóstomo Centurión: "El agua cruda, como se sabe, es un veneno para esa enfermedad, siendo por otro lado uno de los síntomas característicos de ella, la sed devoradora. Por esta circunstancia, los médicos prohibían en absoluto a los atacados que tomaran un trago de agua, porque el que la bebía no se escapaba de la muerte.
         "El Mariscal, desesperado por la sed, no pudo contenerse más, y en un momento de descuido del facultativo que le asistía (Cirilo Solalinde), agarró una cantarilla de agua que había sobre la mesa, llevándola rápidamente a la boca; pero el médico lo vio y se la arrebató de las manos con violencia. El Mariscal, furioso, le increpó duramente al discípulo de Galeno. El Sr. Obispo (Palacios), que se encontraba en la pieza contigua, al oír la voz del Mariscal, entró precipitadamente en la pieza que ocupaba éste; y empezó a hacer severos cargos al médico por su crueldad en privar a S.E. hasta un trago de agua, sin parar mientes en que si la hubiera bebido, en seguida hubiera quedado cadáver.
         "Puede, asegurarse, sin quebranto de la verdad, que el Mariscal esa vez se salvó debido a la honradez y fidelidad del médico suyo, cuyas virtudes, sin dejar de constituir para éste un mérito personal…"
         El Mariscal, luego de recuperar la salud, y en mérito de los servicios profesionales prestados le otorgó la condecoración de la "Orden Nacional del Mérito" en el grado de Caballero. En Lomas Valentinas ascendió al grado de Capitán, en Cerro león recibió su ascenso al grado de Sargento Mayor y en el Cuartel General de San Estanislao fue ascendido a Teniente Coronel y fue nombrado al mismo tiempo Inspector General de la Sanidad del Ejército. Acompañó al Mariscal hasta el Chirigüelo donde cayó prisionero y fue llevado a Río de Janeiro.
         Vuelto al país se casó con la hija de don José Falcón, el Canciller de don Carlos Antonio López, quien redactó el alegato de nuestros derechos sobre la Villa Occidental. Ocupó cargos públicos elevados: Diputado, Senador, fue Convencional del 70, y Secretario de la Convención. Falleció en esta capital el 10 de enero de 1923 a los 91 años de edad y vivía en la casa de la Calle General Díaz entre las de Chile y Nuestra Señora de la Asunción, donde un tiempo estuvo la Florería "Boheme". Dejó descendientes: el Dr. Rodrigo Solalinde que fue diputado nacional, era su hijo.

         JUAN BAUTISTA GILL: Cuando joven fue a Buenos Aires a proseguir sus estudios secundarios y después estudió medicina en el año 1854. Cuando estalló la guerra revistó en el Batallón 40 y por su preparación y conocimientos del ramo pasó a la Sanidad Militar, a las órdenes del Dr. Stewart con quien cayó prisionero en Angostura. Terminada la guerra ocupó varios cargos: Ministro de Hacienda en varios períodos presidenciales, Vicepresidente y Presidente de la República en el período 25 de noviembre de 1874 al 12 de abril de 1877, día en que fue asesinado en la acera de la casa ubicada en Presidente Franco e Independencia Nacional, señalada en aquella época con el Nº 2. Esa casa de dos plantas perteneció al General Vicente Barrios y en ella funcionó mucho tiempo el "Ateneo Paraguayo".

         JUAN GUALBERTO GONZALEZ: Nació en la Asunción el 12 de julio de 1851. Se recibió de bachiller en esta Capital y cuando estalló la guerra sentó plaza en la Sanidad Militar como practicante. En una de  aquellas luchas fue hecho prisionero y siguió prestando servicios en la Sanidad del Ejército aliado. Cuando regresó a la Patria ocupó el cargo de Ministro de Justicia Culto e Instrucción Pública, también el de Hacienda, y en el período del 25 de noviembre de 1890 al 9 de julio de 1894 ocupó la Presidencia de la República.
         Se casó con la educacionista Rosa Peña, hija de de Manuel Pedro de lo Peña. A esta notable educacionista, Beatriz Rodríguez Alcalá de González Oddone llama: "Madre de la educación Paraguaya" y, Carlos R. Centurión: "Sacerdotisa de la Enseñanza". Una calle corta antes de la calle Perú, entre las de España y Río de Janeiro lleva el nombre de esta formadora de la educación paraguaya. Don Juan Gualberto González falleció en la Asunción el 20 de julio de 1912.

         JUAN B. EGUSQUIZA: Actuó como practicante en la guerra; llegó hasta el grado de Capitán. Terminada la contienda ocupó los cargos de Ministro del Interior y de Guerra y Marina, y la presidencia de la República en el período de 25 de noviembre de 1894 al 25 de noviembre de 1898. Falleció en la Asunción el 25 de junio de 1902.

         JUAN BAUTISTA GAONA: Nació en la Asunción el 29 de junio de 1845; fueron sus padres: Juan Pablo Gaona, del protomedicato paraguayo, y de doña Pastora Figueredo. Actuó en la Sanidad Militar juntamente con su hermano Lorenzo. El General José Eduvigis Díaz que hacía rato no visitaba los hospitales de sangre, luego de la batalla de Tuyutí -24 de mayo de 1866- se dirigió a uno de esos hospitales. Fue recibido por el Dr. Stewart, Jefe de la Sanidad, con quien se encontraban los practicantes con cargos de médicos: Juan B. Gill y Juan Bautista Gaona. Acto seguido preguntó el Héroe de Curupayty con la severidad que le caracterizaba: cómo se encontraban los enfermos y los heridos, y Stewart, contestó: -que ninguno estaba atendido ni medicado por falta de elementos. Disgustado el General, ordenó que al Jefe se le dieran veinte azotes, a los médicos quince, y a los practicantes diez; es decir un castigo de azotes en orden descendente jerárquicamente. Al día siguiente, por orden del mismo General, el Dr. Stewart preparó unas píldoras de "typyraty" y se las dio a todos los enfermos y heridos, y a los que posteriormente fueron ingresando en el Hospital. ¡Hemoterapia!, pregunto yo, ideada por el valiente hijo de Pirayú. Esta anécdota fue relatada por Juan Bautista Gill Aguinaga, nieto de don Juan Bautista Gill y corroborada a mí por don Severiano Zubizarreta, quien se casó con una hija de Juan Bautista Gaona: Cristina. Los castigos eran severísimos para con los de la Sanidad. Así se lee en las Memorias del General Francisco Isidoro Resquín, que firmó el cumplimiento del castigo: "De orden suprema castíguese con cincuenta palos en cuadro al practicante Felipe Talavera y désele de alta en el Batallón 40, a servir en clase de soldado".
         Juan B. Gaona fue hecho prisionero por los brasileños y conducido a Río de Janeiro, de donde posteriormente consiguió trasladarse a Buenos Aires, donde tenía parientes. Terminada la guerra regresó a la Asunción y ocupó cargos de Ministro de Hacienda y Presidente de la República desde el 19 de diciembre de 1904 hasta el 12 de diciembre de 1905. Falleció en esta capital el 17 de mayo de 1932, y vivía en la casa de la calle Oliva entre las de Chile y Alberdi, casa que fue demolida hace poco y en donde actualmente funciona una playa de estacionamiento de vehículos. Su descendiente es el Profesor Dr. Ramón Giménez Gaona.
         Caso curioso: los practicantes, Juan B. Gill, Juan G. González, Juan B. Egusquiza y Juan B. Gaona, los cuatro con el nombre de Juan, llegaron a desempeñar la presidencia de la República en la postguerra.

         JUAN CRISOSTOMO RUIZ: Actuó desde el comienzo de la guerra y murió en la batalla de Acosta Ñú cuando prodigaba atenciones a los heridos y niños mártires quemados, como resultado de las bárbaras órdenes del Conde D'Eu, yerno del Emperador Pedro II, para el incendio de dicho campo de batalla. Entre los niños salvados del incendio se encontraba Emilio Aceval, que fue conducido prisionero a Río de Janeiro y en la postguerra llegó a ocupar la presidencia de la República.

         JUAN ANSELMO PATIÑO: Oriundo de San Lorenzo del Campo Grande, padre del que fuera el probo Juez don Nicanor Patiño. Actuó como practicante de cirugía. Acompañó al Coronel Valois Rivarola, herido de gravedad en las batallas de Avay y Lomas Valentinas. Patiño lo condujo en una carreta con destino al Campamento de Cerro León para su atención en el Hospital de Sangre. En la misma carreta iba el Coronel José Manuel Montiel, a quien le practicó las primeras curaciones el practicante Gaspar Centurión. En el trayecto en la noche del 25 de diciembre de 1868, en el lugar denominado "Encrucijada" sito entre Paraguarí y Cerro León, al cruzar la vía férrea, y en el momento de dar un barquinazo la carreta, murió el héroe legendario, a quien el poeta mexicano Juan de Dios Peza lo llamó el "jinete alado y fiero" en su hermoso canto al Paraguay, dedicado al Dr. Cecilio Báez.

         JULIAN VALIENTE: Comenzó de practicante cirujano, y llegó hasta Cerro Corá con el grado de Sargento Mayor; salvó del drama, hecho prisionero enviado a Río de Janeiro, regresó después al Paraguay.

         GASPAR CENTURIÓN: Nació el 6 de enero de 1843 en Santísima trinidad, en un antiguo caserón de uno de sus antepasados: don Juan Valeriano Zevallos. Ter minado sus estudios primarios, ingresó en la capital en el Aula de Filosofía dirigida por el Padre Fidel Maíz. De aquí los estudiantes de más edad fueron destinados a diferentes servicios: unos en el ejército, otros en la Sanidad, Centurión fue destinado al Cuerpo de Cirujanos, donde se formó al lado de los doctores Stewart y Skiner. Comenzó a actuar en los hospitales de sangre y en los puestos improvisados; así actuó en Paso Espinillo, como combatiente ayudante del Coronel Luis González. De aquí fue evacuado a Paso Pucú, por haber recibido una herida en la pierna derecha, como también fue herido su jefe el Coronel González. Dedicó unos días de atención permanente y personal al Coronel, de su herida, pues él ya estaba restablecido. Y, un día, cuando el Mariscal estuvo a visitar al Coronel González, llegó Centurión, y, al verlo, el Mariscal, dirigiéndose a González le dijo: -"Aquí llega su doctor, quien va a dejarle listo para otra refriega con los negros".
         Como combatiente actuó también Gaspar Centurión en el asalto a Tuyutí -3 de noviembre de 1867-. En Acosta Nú, 16 de agosto de 1.869, batalla en la cual recibió una herida en la pierna izquierda. A este respecto dice en sus Memorias: "Recibí allí, ya tarde, poco antes de la retirada, una bala de fusil en la pierna izquierda. Pude llegar hasta un arroyito, en cuya costa encontré a centenares de compañeros lavándose cada uno sus heridas. Era la única medicina del momento. Ya en la retirada y en las proximidades de Caraguatay, dice: "Durante la noche, y a la luz de una fogata, Rojas (su ordenanza) me ayudó, y me cortó con un cuchillo la piel de la pierna herida, para sacar la bala que había quedado casi a flor. Vendéme como pude, y al clarear el día nos juntamos con el grueso de la tropa que seguía viaje con rumbo que nadie sabía ni averiguaba".
         En la marcha al norte prestó servicios en una división de vanguardia, en Santa Rosa de Carimbatay, a las órdenes del Coronel Rosendo Romero. Llegó con esta división a las cercanías de Cerro Corá, con el grado de Sargento Mayor; sobrevivió al drama desarrollado el 1° de marzo de 1870. En la posguerra ocupó cargos, como jefe de una Sección del Hospital, y fue diputado, y varias veces Presidente de la Cámara de Diputados. Sus memorias fueron publicadas en un librito titulado: "Recuerdos de la Guerra del Paraguay" publicado en el año 1931. Editorial Ariel. Asunción. Falleció en esta Capital en el año 1898.

         CAPITÁN IGNACIO ALVISO: Oriundo de Paraguarí. Se formó en la Escuela de Medicina de Humaitá, al lado de los doctores Stewart y Skiner, actuó en toda la campaña guerrera como cirujano y llegó hasta Cerro Corá, sobrevivió a la espantosa tragedia. Regresó a la capital, donde formó su cristiano hogar y dejó descendientes. Su hijo del mismo nombre vive aún en esta Capital, bastante anciano. El Dr. Odontólogo Alcibiades Manuel E. Alviso, así como el Dr. Miguel Ángel Alviso son sus descendientes.

         JUSTO PASTOR CANDIA: Oriundo de Villa del Pilar. Se inició en la Escuela de Medicina de Humaitá que funcionaba bajo la dirección de los doctores: Stewart y Federico Skiner. Actuó como cirujano de tropas, realizó toda la campaña guerrera, cayó prisionero y fue llevado a Río de Janeiro. A su regreso al país, reingresó en la Sanidad Militar, ostentando el grado de Coronel de Sanidad, y ocupó por mucho tiempo la dirección del Hospital Militar Central y la dirección General de la Sanidad Militar de las F.F. A.A. de la Nación, cargo con que culminó su brillante carrera de sanitario. Falleció en esta capital.

         CIRILO ANTONIO RIVAROLA: En los comienzos de la contienda bélica actuó en la Sanidad como practicante. Como combatiente y con el grado de sargento actuó en las batallas de Ytororó y Avay, cayendo prisionero, logró escaparse con otros compañeros y en Lomas Valentinas se presentó al Mariscal. Actuó como practicante en la Fundición de Ybycuí, de donde pasó a formar parte de la columna del Mayor Cárdenas; de aquí por ciertas faltas pasó en calidad de castigado al Campamento de Cerro León. Aquí realizaba servicios en la Enfermería. Estando en esta parte apareció en los bajos de Azcurra una partida de caballería brasileña que de improviso cayó sobre las tropas paraguayas, tomando a casi todos prisioneros, entre ellos Cirilo Antonio Rivarola el 25 de mayo de 1869. El 15 de agosto de 1869, cuando la capital ya se encontraba ocupada por los aliados, Cirilo Antonio Rivarola formó parte del Gobierno Provisorio -Triunvirato- juntamente con Carlos Loizaga y José Díaz de Bedoya.

         CIRUJANO TÉLLEZ: Actuó en el curso de toda la guerra y fue el que extrajo la bala y curó las heridas agusanadas del Mayor Patricio Escobar en Azcurra, después del pasaje del estero Ypecuá. También citamos a Lorenzo Aquino que era cirujano, y a Roque Céspedes que actuó de cirujano del barco "Salto del Guairá".

         JOSE GASPAR ESTIGARRIBIA: Oriundo de Villarrica, sobrino del médico Vicente Estigarribia. Se formó al lado del Dr. Stewart. Actuó en toda la campaña guerrera en la Sanidad y llegó hasta Cerro Corá, donde el 1º de marzo de 1870 fue lanceado por los brasileños, siendo muerto a pocos metros del cadáver del Mariscal.
         La disposición de la Sanidad Militar para las operaciones del Norte -Invasión a Mato Grosso-que partió de la Asunción el 15 de diciembre de 1864, era la siguiente: para el efectivo que debía operar en el Alto Paraguay, que constaba de 2.400 hombres, había cuatro médicos-cirujanos, 16 asistentes de Hospital y 14 enfermeros. Para Miranda con un efectivo de 1450 hombres, la Sanidad constaba de 4 cirujanos y 16 practicantes de Hospitales, y la tropa destinada a Dorados, con un efectivo de 365 hombres no llevaba ni cirujanos ni asistentes.



MEDICAMENTOS

         En cuanto a los medicamentos recibidos de Europa durante los años 1862,  63, 64 hasta febrero de 1865, se hallan consignados en documentos del Archivo Nacional, con los días y los meses de adquisición por intermedio de los doctores Fox y Barton, y otros llegados de Buenos Aires. Los medicamentos eran comprados por nuestros agentes consulares: Rufo Caminos, Juan José Brizuela, Cándido Bareiro y Félix Egusquiza. En dichas listas se hallan especificadas hasta las vacunas.
         El farmacéutico Mastermann dirigió la siguiente nota en fecha 12 de junio de 1863 al Sr. Ministro de Guerra y Marina, coronel Venancio López: "Excmo. Señor: Tengo el honor de poner presente a V. E. que los mejoramientos en la Botica Central del Hospital Militar son concluidos, hasta el punto que me permiten los recursos a mi disposición. La Botica a mi cargo se halla hoy en estado de suministrar a todas las urgencias del Hospital General, como igualmente a las de los demás Hospitales del Estado.
         "Todos los remedios y la mayor parte de los productos químicos, son preparados o compuestos en la Botica, y salen no solamente más baratos pero también (lo que es de mucho más importancia en la medicina) de una calidad superior y conocida. Cuando el Laboratorio esté provisto de todos sus accesorios, no será preciso comprar más que las drogas y químicos crudos.
         "Se ha levantado un horno en el Laboratorio; y llegando algunos aparatos de Europa, me puedo ofrecer a dar lecciones y dirigir los estudios de una clase de química y Fisiología Natural; teniendo en mi posesión un microscopio de primera clase, lo he aprovechado ya para instruir a los estudiantes en el uso de aquel instrumento que en el día ha tomado una gran importancia en la medicina. Se ha introducido en la Botica un nuevo sistema de fabricar las tinturas que da una economía de 25 % del aguardiente; en el año pasado se han empleado de aguardiente 214 frascos, y de vino 24 frascos solamente para las tinturas, lo que da lugar a efectuar una economía considerable. Hace tiempo que he tratado de sacar aceite de castor, cuando mis ocupaciones me dan lugar para examinar detenidamente las plantas del país. Tengo esperanzas de poder introducir algunas de ellas en reemplazo de las drogas que vienen de Europa. Si a más fuese cuestión de refinar la sal del país, se puede fabricar al mismo tiempo la magnesia y sal de Inglaterra a un precio módico.
         "Igualmente el consumo de aguardiente dará lugar para establecer un alambique cerca de la Botica, que dará un aguardiente superior en la calidad y a un precio más barato que el que recibe hoy el Hospital. Soy de S. E. con toda consideración, su humilde y seguro servidor. G. T. Mastermann. Boticario. Archivo Nacional. Volumen 2278.
         En "El Semanario" apareció un aviso curioso que decía: "MEDICO DR. CARLOS T. NERVKIRK. M. D. Se le hallará a cualquier hora del día, buscándole en la Botica Inglesa, calle de la Palma, N° 21. Desde las 12 a la una de la tarde recibe consulta gratis para los pobres. Además como médico de Policía, administra la vacuna gratis también para todos sin excepción. Y, en el número 615 de "El Semanario" de fecha 3 de mayo de 1866, se lee: "En la Asunción el Dr. Benigno Gutiérrez, médico boliviano, obsequió a los hospitales de un botiquín con 21 artículos medicinales, que son: alcanfor, sulfato de quinina, calomelano, ipecuana, álcali volátil, ácido sulfúrico, éter sulfuroso, laúdano, opio en bruto, áloe sacotrino, sal de Saturno, vitriolo, sulfato de cobre, sulfato de zinc, emplastos de rana, cardenillo, precipitado rojo, sal de Inglaterra, maná, sublimado corrosivo y sangre de dragón".
         Ahora, una especial mención para la fabricación del hielo, y que llegaba a Humaitá en menos de 48 horas con los barcos de la Armada. Febrero de 1867. "Notable aporte para la atención de heridos y enfermos en los hospitales era la fábrica de hielo que comenzó a funcionar en la ciudad de la Asunción bajo la dirección de su propietario el doctor Domingo Parodi. No solamente proveía de hielo a los hospitales de la Asunción, sino también a los de Paso Pucú, hasta donde se enviaba el producto a razón de cinco cajones por día. El doctor Parodi no aceptó retribución por este servicio, diciendo al Ministerio de Guerra y Marina que "mucho debe al Estado y que mediante el auxilio que ha recibido ha podido levantar el establecimiento que tiene". Solamente admitió dos inválidos y seis peones para el servicio de las máquinas.


ESCUELAS DE MEDICINA

         En Humaitá, durante el gobierno de don Carlos Antonio López, se estableció la Escuela de Medicina, en razón de que entonces, el campamento más importante de nuestro país se encontraba en Paso de La Patria, donde llegaron a revistar 12.000 hombres. Desde esa época existió allí un Hospital Militar, que continuó siendo el principal, hasta producida la desocupación de Corrientes, por nuestras tropas. El edificio de la Escuela de Aplicación, como también se denominaba, estaba próximo al del Hospital, y se lo conocía con el nombre de "Casa de los Médicos", y allí se mantenía, día y noche, todos los estudiantes. Se escogían entre los que sabían leer y escribir correctamente, para desempeñar los cargos de practicantes, los que después de demostrar contracción a la carrera, vocación y laboriosidad, eran nombrados cirujanos. Figuran entre ellos: Justo Pastor Candia, Francisco Galeano, Marcelo Faría, Domingo Vásquez, Francisco Ferreira, Bernardo Carvallo, Benito Franco, Felipe Talavera, Justo Pastor Fretes. Entre los estudiantes citaremos a Carlos Céspedes, Pascual Toledo, Zoilo González, Anselmo Aquino, Lorenzo González, Manuel Morales, De la Cruz Armoa, Pablo Palacio, Gabriel Cabrera, Patrocinio Cáceres, Fermín Melgarejo, Baldomero Franco González, Bautista Ria, Vicente Villalba, Ceferino Brítez, Rafael Echagüe, Ramón Pereira, Miguel Marecos, Clemente Giménez, Blas Máximo Ríos, Pastor Marín, Félix Quiñónez, Blas Rosa, Miguel Samaniego, Antonio Fabio y Daniel Roa. Total 36 estudiantes.
         Cabe señalar que el 6 de junio de 1864, se le hicieron pedidos al Encargado de Negocios en París, Cándido Bareiro de algunas obras de medicina y cirugía en castellano para estudios de los practicantes.


HOSPITALES

         En Luque en el año 1861 en una casa colonial, donde después funcionó una escuela y que se conocía con el nombre de "Escuela Vieja", funcionaba el Hospital Militar de Luque, que recibía elementos y medicamentos del Cuartel del Hospital Militar de la Asunción a cargo del Dr. Stewart. Esta casa que tenía 42 varas de frente por 50 de fondo fue demolida allá por el año 1930.
         A partir del año 1866, y dadas las necesidades de la guerra, comenzaron a funcionar en la Asunción los hospitales militares.
         Ya hemos mencionado que en la época de don Carlos Antonio López se estableció el Hospital Militar de Humaitá. Cuando las luchas en la Campaña del Sur, el Hospital de Humaitá trabajó intensamente bajo la dirección del Dr. Stewart que actuaba de clínico, y el Dr. F. Skiner que era el cirujano, ayudados por los médicos, cirujanos y practicantes nacionales. El Teniente Honorario Miguel Rojas actuó como Director del Hospital Militar de Humaitá en el año 1866. Desde el Hospital de Humaitá se evacuaban los enfermos y heridos a los hospitales de la Asunción. El Hospital Militar de Humaitá fue clausurado cuando se abandonó la Fortaleza de Humaitá el 24 de julio de 1868. En el Cuartel General de Paso Pucú -Cuadrilátero- funcionaba también un hospital de sangre.
         El 24 de julio de 1866, el Mariscal luego de los festejos del día de su onomástico visitó los hospitales de sangre de Paso Pucú y de Humaitá, y premió con ascensos la abnegada actuación de los médicos y enfermeros militares. Fue conferido el grado de Cirujano de 1ª. Clase a don Cirilo Solalinde, y recibió la condecoración de Caballero de la "Orden Nacional del Mérito", y de Alféreces Honorarios a los practicantes Pío Brítez, Esteban Gorostiaga, José María Castillo, Pedro Duarte, Lázaro Quevedo, Lorenzo Giménez y Julián Quevedo.
         Cuando la concentración en los centros indicados para ello, se establecieron Hospitales en la Asunción, Cerro León, Concepción, Villarrica y Encarnación. Comenzaba la contienda bélica, el Campamento de Cerro León fue convertido en Hospital de enfermos y convalecientes que eran remitidos de la Capital. "El Fuerte de San Carlos" a orillas del Río Apa fue tomado como base por las tropas paraguayas invasoras de Mato Grosso; San Carlos se convirtió entonces en centro de abastecimiento de las tropas y Hospital para enfermos y heridos. Otro hospital fue habilitado en Corumbá.
         También durante la expedición a Uruguayana se establecieron hospitales en aquellos lejanos lugares. En el año 1863 fue creado en Concepción un Hospital, con cargo de atender a los del Campamento de Bella Vista, y afines de 1864, cuando las tropas paraguayas invadieron Mato Grosso fueron evacuados a este Hospital los heridos y enfermos. En la Fundición de Ybycuí también funcionó un pequeño Hospital, de cuyos médicos hemos ya hablado.

HOSPITALES DE LA ASUNCIÓN

         Desde fines de la época colonial existió un Hospital, conocido con el nombre de "Hospital Potrero", que continuó en la época del Supremo que hizo instalar en sus inmediaciones, hacia el arroyo Jardín, un Cuartel de Caballería, conocido con el nombre de Cuartel del Hospital, ocupado por el Regimiento de Caballería, designado con el nombre de "Los Colorados", por el uniforme rojo que usaban. El Hospital Militar Central se hallaba ubicado en el mismo lugar o sea en la misma manzana que ocupa actualmente, formada por las calles General Díaz, Don Bosco, Guillermo Arias (antes Estero Bellaco) y Humaitá. En la actualidad existen aún en los fondos, cuadras coloniales de aquella época. Un techo de esas cuadras fue construido por el Arquitecto italiano Alejandro Ravizza, así como el Obelisco, ya desaparecido y del cual únicamente queda la base, que está intacta, con esta inscripción: Hospital - Asunción, 1866; pero cuando se construyó dicho Obelisco, por el citado Arquitecto, llevaba, además del año de la inscripción, estas palabras: "Hospital Potrero". Cuando la ocupación de la Capital por los aliados, la dirección del mismo hospital la ejerció el Mayor de Sanidad argentino Cirujano Dr. Miguel Gallegos.
         Antes de la guerra, en Santísima Trinidad, en el edificio de la casa baja del Jardín Botánico, hoy ocupado por el Museo, funcionaba el "Hospital de Caridad". Después de la retirada de San Fernando, y preparando la Campaña de Pikysyry, la iglesia de Villeta fue habilitada como Hospital de Sangre, y en él fueron atendidos los heridos de Ytororó, Avay, Itá Ybaté y Lomas Valentinas.

         HOSPITAL DE SAN FRANCISCO: Se estableció en el edificio que ocupaba el Convento de San Francisco hasta el año 1824. Desde entonces fue convertido en Cuartel de Infantería. Se hallaba ubicado en la calle Iturbe, 25 de Mayo, Eligio Ayala y México.

         HOSPITAL DEL ESTANCO: Se estableció en la estación del FerroCarril "San Francisco" -hoy "Carlos Antonio López"- y todas sus dependencias. Después de la batalla del 24 de mayo de 1866, se resolvió trasladar a la Asunción una gran parte de los heridos, habilitándose para el efecto el edificio del antiguo Colegio Nacional -desaparecido- que se hallaba ubicado en la calle Eligio Ayala entre las de Yegros e Iturbe. -Convento "La Merced"- el 28 de mayo de 1866, siendo su director el Dr. Santos y allí ingresaron 83 heridos de la campaña de Corrientes. El Convento de Las Mercedes se hallaba ubicado en la manzana que hoy ocupa el Hotel "Guaraní".
         También fueron habilitados como hospitales de sangre, la casa del Coronel Venancio López, Estrella y Colón, actual "Asunción Palace". En el número de "El Semanario" del 14 de mayo de 1866, se lee: "La residencia particular del Mariscal López en la Asunción, se convierte, por orden del mismo, en hospital militar, para la atención de heridos de las últimas acciones. Son alojados en la misma 34 oficiales, 64 sargentos, cabos y soldados, elegidos entre quienes más heroica actuación tuvieron en los combates de Purutué, Fluvial y Estero Bellaco. La casa se hallaba ubicada en la calle Palma y Nuestra Señora de la Asunción (antes 25 de Noviembre), ocupada después por la Armería Otto Zinner, en la manzana del Panteón Nacional de los Héroes.
         El Club Nacional de la Asunción, edificio que se hallaba ubicado en la calle Palma entre las de Alberdi y Chile. Su frente daba sobre la primera calle nombrada y en la entrada al edificio ostentaba un escudo nacional hecho a mano con mezcla de cal y portland. Posteriormente estuvo ocupado por el Tribunal de Jurados -Tribunal-í - y ahora allí está ubicado el hermoso edificio del Banco de la Nación Argentina.
         Cuando el cortejo fúnebre del valiente General José Eduvigis Días arribó por la calle de la estación, los heridos alojados en dicho improvisado hospital, pidieron un alto del sagrado cortejo, y estos heridos, algunos lisiados, otros amputados, apoyados en las puertas y ventanas contemplaron con lágrimas la caja funeraria que contenía el cadáver del coloso hijo de Pirayú. Así, estos gloriosos heridos que en su mayoría habían actuado a sus órdenes en las acciones de Corrales, Purutué, Fluvial, Garzape, Estero Bellaco, Tuyutí, Boquerón y Curupayty, rindieron su postrer homenaje al llorado jefe y elevaron sus oraciones por su alma. Del hospital de Caacupé ya nos hemos ocupado, así como del de Piribebuy.


ENFERMERAS

         De la Capital, en la Parroquia de la Catedral, citamos a: Casiana Decoud, Dolores Angela Ayala, Concepción Espínola, De los Ángeles Romero, Dolores Cáceres, Bonifacia Almirón, Francisca Acosta, Francisca Sosa, Raimunda Pérez, Juana Duarte, Basilia Acosta, Dolores Ibarra, Lucía Torres, Josefina Antonia Mendoza, Bienvenida Cáceres, Del Carmen Vázquez, Candelaria Durán, Petrona Encina, Magdalena Gayoso, María Soto, Dolores Caballero, María Antonia Domínguez, Candelaria Valiente, Leona Soria, Carlota Mendoza, Trifona Caballero, Serapia Gill, Claudia Benítez, Antonia Moreno, Brígida Marecos, Ignacia Gómez, De los Ángeles López, Dolores Fernández, Teodora Mongelós, Aniceta Acevedo, De los Ángeles Silva, Petrona Amarilla, Germana Riquelme, Teodora Bogado, Dejesús Alfaro, María Ana Benítez, Emeteria Cañete, Eufrasia Castillo y Micaela Samaniego. Total 44.

         Parroquia de la Encarnación: Juana Cañete, Natividad Gill, Juana María Céspedes, Juana Villalba, Candelaria Morales, Felipa Ramos, Del Carmen Olmedo, Escolástica Balbuena, De Los Ángeles García, Hermenegilda Pereira, Manuela Ganzó, Gertrudis Arce, Tomasa González, Facunda Verdún, María Salinas, Juana Romero, Josefa Arce, Magdalena Ruis Días, Andreza Aquino, Benita Santos, Juana Beatriz Ramírez, Cándida Sánchez, Pascuala Vera, Polonia Serrano, Brígida González, Bernarda Oliva, Estanislaa Encina, Rosalía Mongelós, Pascuala Echagüe, Rosa Isabel Frutos, Patrocinia Mongelós, Tomasa Medina, Salvadora Encina, Justa Rejala, Nicanora Aguirre, Elizarda Maldonado, Leonora Chaparro, Rafaela González, Asunción Ayala, Antonia Ocampos, Josefa Recalde, Dolores Benítez, Angela Giménez, Francisca Aramburú y Luisa Antúnez. Total 45.

         Parroquia de San Roque: Juana López, Serapia Bogado, Isidora Rivas, Inocencia Vallovera, Salvadora Caballero, Petrona Castelví, Juana Machaín, Mercedes Tobal, Saturnina Montiel, De los Santos Regis, Simeona Riquelme, Petrona Chamorro, Teresa Sánchez, Eusebia Jaquet, Victoria Riquelme, Encarnación Insfrán, Petrona Miéres, Tránsito Aramburú y Salvadora Caballero. Total 22.

         Paso Pucú, Cerro León, Caacupé y Piribebuy: Francisca Yegros de Yegros, Francisca Ortiz, Ventura Aquino, Teresa Díaz, Manuela Enciso, Cleofa Fernández, Leocadia Cáceres, María Cardozo, Ninfa Ortiz, Rosa Marecos, Cecilia Pavón, Ramona González, María José Delgado, Petrona Servín, Isabel Rodríguez, Estefana Rolón, Dolores Garay, Magdalena Urán, De Jesús Cáceres, María Inés Godoy, Isabel González, Anastasia Sanabria, Trinidad Alcaráz, Jacinta Centurión, Del Pilar Marecos, Toribia Vallejos, Petrona Benítez, Lucía López, Ana Amarilla, Eugenia Quintana, Genoveva Paredes, Felicia Filártiga, Gregoria Guerreño, Rosario Coronel, Josefa Rolón, Dolores Lombardo, Tránsito Ferreira y Dominga Encina. Total 39.

         Además, se citan los nombres de las siguientes, que actuaron también como enfermeras: Francisca Leguizamón, Matilde Morínigo, Ricarda Fernández, Del Carmen Almada, Martina López, Leonarda Benítez, Nicolasa Alvarez, Cándida Verón, Dorotea Martínez, Celestina Arza, Margarita Molinas, Joaquina Benítez, Lucía Fernández, Agustina Martínez, Pascuala Fernández, Ignacia Martínez, Petrona Arellano, Inocencia Ocampo, Rosario Vera, Fermina Espínola, Del Rosario Samaniego, Silveria Penayo, Andrea Rojas, Valentina Beloso, Mercedes Veloso, Pabla Payourin, Rosario Ayala, Bernarda Ayala, Rita Samaniego, Del Pilar Salinas, Rosa Barrios, Dionisia Vargas, Liberata Vargas, Tomasa Giménez, María Careaga, Isabel Coronel, Valentina Ruíz Díaz, Ramona Arellano, Eduvigis Duré, Concepción Chaves, Evarista Gómez, Ramona Coronel, Del Tránsito Gómez, Nicolasa Piris, Luisa Piris, Dionisia Fernández, Antonia Martínez, Felicia Gómez, Isidora Contreras, Juliana Fuentes, y Cecilia Giménez. Total: 52. Pero el total de enfermeras alcanzaba a 202, cuyos nombres se citaron.

         Merece destacarse la actuación de la Enfermera FRANCISCA YEGROS DE YEGROS, que actuaba en el Hospital de Sangre de Piribebuy, que fue incendiado, como dijimos, por orden del bárbaro Conde D' Eu, como represalia por la muerte, en la acción del General Manuel Mena Barreto. Esta abnegada enfermera, pereció dentro del hospital incendiado con los heridos, enfermos y convalecientes. Únicamente se salvó su hijo de siete años de edad, nieto del Prócer Capitán Antonio Tomás Yegros. Igual conducta tuvieron los aliados con el hospital de Caacupé.
         El 19 de enero de 1870, "la decisión brasileña de abandonar la persecución del ejército paraguayo por la ruta del Mbaracayú, para concentrar el esfuerzo militar sobre las zonas del Aquidabán y del Apa, hacia donde se presumía marchaba el Mariscal López, tuvo una derivación inesperada, que agregó un horror más a los muchos que ya martirizaban al pueblo paraguayo en su agonía. Los 700 enfermos y heridos que quedaron en Zanja Jhú, librados a su suerte y a la generosidad del enemigo, sucumbieron todos de inanición, según refiere O'Leary. Alejada la guerra de esa zona inhóspita, nada se supo de ellos, hasta que en 1873 la comisión demarcadora de límites paraguayo-brasileña, descubrió el horrible osario de esos infortunados héroes. No hay noticias de las mujeres que quedaron para asistirlos, por lo cual cabe presumir que también perecieron de hambre".
         De Yaguarón, con destino a Pirayú viajaba en una carreta doña Joaquina Castelví de Ayala, y al costado del camino vio a un hombre lleno de sangre que aún estaba con vida y con el miembro inferior destrozado por balas enemigas. Detuvo la marcha, bajó de la carreta, y al acercarse al herido encontró que era el Teniente Cohetero Hilario Amarilla, su amigo y vecino de la Capital. Lo condujo al Hospital de Cerro León, donde le amputaron la pierna y fue ascendido a Capitán cuando fue dado de alta. En la batalla de Piribebuy, actuó el Capitán Amarilla como Comandante de la Artillería; allí recibió dos lanzazos en el pecho, pero se salvó nuevamente. Siguió con el resto de las tropas hasta llegar a Cerro Corá, con el grado de Sargento Mayor. Sus dignos descendientes son los Amarilla-Fretes.


LAS ENFERMEDADES REINANTES

         Según la versión aliada, la disentería apareció al día siguiente de la batalla de Yataí (Campaña de Uruguayana), en Paso de los Libres, el 17 de agosto de
1865, y ocasionó estragos entre los prisioneros de Yataí y entre los rendidos de Uruguayana. Para combatirla, administraban el siguiente tratamiento: reducción de la dieta, el uso de cocimiento blanco de Sydenhan, bebidas mucilaginosas, lavativas de almidón laudanizado y cataplasma sobre el abdomen en rociado de láudano. Al disminuir los síntomas, se les administraba ipecacuana asociada al opio, cocimiento de simaruba, de ratania o su extracto, el ácido tánico, cáscara de granada y lavativa de almidón con láudano y nitrato de plata cristalizado.
         Otra afección que apareció en el curso de la guerra: Fiebres intermitentes que tenían varios tipos sumamente variables: fiebre anticipante, fiebre retardante, sub-intrante. De esta manera llegaba al tipo de remitente, y aún, podía hacerse continua, perniciosa y mortal. Fiebre cuotidiana con dos días de accesos, y así se denominaba doble terciana, cuartana, y también la doble cuartana. La fiebre intermitente se dividía en regulares, perniciosas y anómalas. Como medicación se suministraba: sulfato de quinina, purgantes, vomitivos, dieta severa durante el acceso, bebidas aciduladas y atemperantes: frías y aún heladas durante el período del calor; durante el frío: infusiones calientes, diaforéticas, bebidas alcohólicas en agua hirviendo, ponches de cognac, de aguardiente, etc.
         El 1 ° de septiembre de 1865 apareció el sarampión en varias Unidades de la División Sur con marcada virulencia, y el 14 de marzo de 1866 apareció la viruela. En cuanto al tratamiento: se prescribió: "Los que habrán de inocularse la vacuna, se debían purgarse para limpiarlos de los humores grasos que puedan agravar el mal, "y después de vacunados mantenerlos a pasto con el cocimiento de cebada, achicoria y gramilla u otros refrigerantes y diluyentes, y diariamente ayudas intestinales de cocimiento de malva blanca con un poco de sal y una cucharada de vinagre".


EL COLERA

         "El 26 de marzo de 1867 aparecieron los primeros casos en el ejército aliado, en Itapirú y Paso de la Patria; el 29 de marzo, en Corrientes, el 7 de abril, en la escuadra imperial, y el 18 de abril, los dos primeros casos en el campo paraguayo, en Paso Gómez". Crisóstomo Centurión, el Ingeniero George Thompson, el Dr. Stewart, el General Francisco I. Resquín, el General Cerqueira, Jourdán, Taunay, Pallejas y José Ignacio Garmendia, todos ellos se referían a repetidas epidemias de viruelas, sarampión, paludismo, diarreas, disentería, cólera y algunos casos de tifus.
         En aquella época, la aparición de la enfermedad se la describía en esta forma: la aparición no era precedida de pródromos en su mayor parte; aparecía en forma dramática con desórdenes de las vías y aparatos digestivos: vómitos, diarreas, unidos a los dolores atroces: estos constituían el carácter principal de la enfermedad en su forma epidémica. La lengua fría, húmeda, pegajosa y azulada. Todos estos síntomas eran acompañados de atroces dolores en la región del epigastrio, dolor que nunca estaba ausente y estaba acompañado de un doloroso calambre. Los calambres de los músculos abdominales eran de una intensidad extrema que no les permitía respirar. Este doloroso calambre le impedía al enfermo acostarse, y entonces tomaba la posición de costado con las rodillas flexionadas y dando la cabeza con ellas, por el mecanismo de la contracción de los músculos. Y esta actitud determinó al paraguayo denominar al cólera con el sugestivo nombre de "Chaí", arrugado: la denominación no pudo ser más expresiva.
         Los enfermos conservaban su lucidez y se daban exacta cuenta que entraba en la muerte sin que la ciencia médica pudiera mitigar en algo, el terrible mal. Los médicos se declaraban impotentes para calmar el dolor y los atroces calambres. La enfermedad mataba entre las 30 o 40 horas de su aparición.
         En la segunda época de su aparición, tuvieron más intensidad los signos y síntomas. En Piribebuy y Caacupé, entre las tropas y la población civil, en el comienzo de la Campaña de las Cordilleras, tuvo su aparición; pero fue de corta duración. Las medidas indicadas por el Dr. Stewart fueron las siguientes: 1º Aislamiento de la Unidad donde aparecieron los casos; 2º Prohibición absoluta de comunicación entre las diversas unidades del ejército, tuvieran o no entre ellas enfermos del cólera; 3º Extremada higiene en todo el Campamento, y la prohibición estricta de dejar basuras o restos de alimentos en cualquier parte del Campamento.
         El Mariscal López comunicó la aparición del cólera al Ministro de Relaciones Exteriores don José Berges, y ordenó al Vicepresidente Francisco Sánchez que tomara en la Asunción las siguientes medidas preventivas: 1º Cuarentena de todos los barcos llegados de Humaitá; 2º Necesidad del aseo de la ciudad y de las casas.
         Se citan entre los muertos por este flagelo: el valiente Coronel Francisco Pereira, Jefe de la Caballería de la Vanguardia; Coronel Francisco González –mangú- Jefe del Batallón Nº 6, fallecido el 29 de mayo de 1867; Natalicio de María Talavera, fallecido el 11 de octubre de 1867, primer poeta paraguayo y cronista de las gestas guerreras, guaireño. Fue enterrado en el Cementerio de Paso Pucú al lado de la tumba del General Elizardo Aquino. El Profesor Dr. Vicente Chase Sosa es su descendiente: era su tío abuelo.
         La hija del Mariscal, Adelina Costanza, habida de Juanita Pesoa, y que residía con su hermano José Félix de siete años, con la madre en Tobatí, donde apareció el cólera; fueron también víctimas; Adelina Costanza, tenía 17 años. Se salvaron entre otros, el Mariscal, el General José María Bruguez, el General Francisco Isidoro Resquín, Benigno López y otros oficiales.
         En la Asunción, en Tacumbú se estableció un hospital de infecciosos. He aquí la historia clínica referente al cólera, de un soldado aliado, el texto dice: "H. C. JUAN ROSALES, soldado de infantería, de nacionalidad argentina, de 23 años de edad, estado soltero, temperamento sanguíneo-nervioso, constitución robusta. Entró al lazareto con todos los síntomas del cólera, tenía vómitos, evacuaciones albinas que al principio habían sido ligeramente biliosas, degenerando más tarde en blanquecinas y acompañadas de los materiales brumosos coleriformes; sufría una sed devoradora, tenía un dolor profundo en el epigastrio, acompañado de hipo, fuertes calambres en las extremidades de los dedos de las manos, el pulso bastante deprimido, pues era casi imperceptible, una frialdad casi general reinaba en todo el cuerpo; las uñas eran lívidas casi negras, los ojos hundidos, las facciones cadavéricas, el cuerpo estaba cubierto de manchas cianóticas; sufría una extremada agitación; la respiración era angustiosa, el aliento y las extremidades frías; una sensación de constricción comprimía la garganta y la voz estaba sumamente apagada, un copiosísimo sudor viscoso bañaba el rostro y el cuerpo del enfermo. Como tratamiento figura: fricciones con escobillas empapadas en una mixtura compuesta de cloroformo, alcohol alcanforado y láudano, cubrieron el cuerpo de sinapismo, infusión de menta con un poco de cognac caliente, lavativas amiláceas laudanizadas".

TETANOS

         En nuestra Sanidad no se habló de tétanos; en cambio, los argentinos afirman que no ha sido tan frecuente como debía esperarse por el clima cálido de este país.

GANGRENA DE HOSPITAL

         Casi no respetaba ni la puntura de una espina. Al presentarse una herida, era casi seguro que no iría a la cicatrización de primera intención. Establecida la supuración, había un 20% de posibilidades, contra el 1%, que se llegaba a mortificación, por la extensión de la gangrena con una rapidez asombrosa. Esta afección denominada en aquella época "gangrena de Hospital", es la gangrena gaseosa. No existía suero anti gangrenoso.

COMISIONES, AYUDAS Y DONACIONES
       
         Se habían formado comisiones de beneficencia y de ayuda a heridos y enfermos, lisiados y mutilados, hijos de combatientes menores, madres y esposas, las que recibían las donaciones de toda índole venidas de toda la República; dentro de las posibilidades fueron atendidos, y al frente de las respectivas directivas se hallaban damas y señoritas de la sociedad asuncena. Las donaciones consistían en el envío de almidón, maíz, porotos, yerba mate, frutas, dulces, etc. A este respecto, decía "El Semanario" del 15 de junio de 1865: "Destaca la patriótica actitud de muchas damas de la sociedad que "por largos meses y días se vienen dedicando a trabajar vestuarios para las tropas y a hilar vendas para los hospitales. Menciona a la señora de Santos e hijas, señora de Balestra e hijas, doña Agustina de Azcona, doña Carlota Decoud de Echeverría, doña Dolores Sion de Pereira, doña Escolástica Barrios de Gill e hijas; la señorita Ana Ortellado y Manuela Sion, hijas de don Andrés Urdapilleta, doña Tomasa de Bedoya de Fernández, señora del Valle Cordal, señora de Ortiz e hijas, señora de Cáceres e hijas, señora de Troya Escalada y Lamas, señoritas Manuela y Carmen Serrano, y Eudosia y Blasia Bedoya".
         "El 16 de febrero de 1865, el Vicepresidente Sánchez, invocando el nombre del Presidente de la República, dirigió una nota a Juan Andrés Gill, Presidente del Tribunal Superior, felicitando a su esposa María Escolástica Barrios de Gill y a sus hijas solteras Emerenciana de la Paz y María Carolina, en nombre del gobierno, "por su patriótica, generosa y penosa visita a los hospitales de Corumbá, adonde habían ido por propia y generosa determinación, a llevar, a su costa, elementos, limosnas y consuelos a los heridos paraguayos". Por idéntico motivo: Elisa Alicia Lynch hizo llegar como recuerdo, a doña María Escolástica y a sus hijas Emerenciana de la Paz y Carolina, un artístico costurerito, con sus piezas de oro".
         Es oportuno y justiciero recordar aquí al Dr. Francisco Morra, abuelo paterno de nuestro distinguido colega, Dr. Miguel Angel Morra. Bien, el Dr. Francisco Morra nació en Cerignola (Italia meridional), el 27 de mayo de 1841. Fueron sus padres, el Dr. Sabino Morra, médico, y doña María Chimenti, ambos de nacionalidad italiana. Sus estudios universitarios los realizó en la Universidad de Nápoles, en la cual obtuvo su título de médico-cirujano el 7 de junio de 1866, a los 25 años. Viajó a la América del Sud, se radicó en la Argentina, y se integró en el Cuerpo Médico, Médico Militar del Ejército Argentino. Hizo la campaña del sur, especialmente en Curupayty, aquí atendió al hijo de Sarmiento, que murió a consecuencia de la herida en la batalla, el 22 de setiembre de 1866. Actuó en Lomas Valentinas, especialmente en Cumbarity, atendiendo a heridos de ambos bandos y refiere el General argentino José Ignacio Garmendia respecto del Dr. Francisco Morra: "Las fuerzas de mi mando tomaron campo en el centro de las dos baterías, donde por mi desgracia existía un hospital con gran número de heridos que estaban hacía algunos días sin curar. En suelo yacían otros muertos: aquello era espantoso, ver a esos infelices casi moribundos, mezclados a los cadáveres, y, sobre todo, a una infeliz joven, de hermosa faz, a la que un casco de granada le había arrasado los dos pechos; vivía aún en una agonía infernal. El Dr. Morra hizo todos los esfuerzos imaginables por salvarla, y no pudo conseguirlo".
         Este noble galeno italiano, que trató de salvar la vida de aquella heroína paraguaya, terminada la guerra se radicó en nuestra capital. Se había casado con una distinguida dama argentina, Carolina Zambonini y fruto de ese matrimonio es el hijo Sabino, quien abrazó la carrera del padre, esto es la medicina. Dejó nobles recuerdos en el corazón de los asuncenos, y el hijo de éste, Miguel Angel, también médico, en la especialidad de pediatría, tiene un vástago que se halla próximo a laurearse también de médico; es decir que hay cinco generaciones de médicos en la familia Morra.
         El Dr. Francisco Morra era amigo del maestro sanjuanino Domingo F. Sarmiento, y cuando éste se refugió en nuestro país en el año 1886, le dio hospedaje en su casa "Villa Caprera", y en 1887 le dispensó sus atenciones profesionales, hasta producirse su fallecimiento en uno de los departamentos de la histórica casona del Dr. Silvio Andreuzzi, en "Cancha Sociedad", en las cercanías del Gran Hotel del Paraguay, casa que está convertida en museo y se denomina la "Casa de Sarmiento".
         El mismo Dr. Morra fue médico del Hospital de Caridad "San Vicente de Paul", hoy Hospital de Clínicas, Médico del Colegio Nacional, del Seminario Conciliar, de la Policía de la Capital, del Manicomio y Asilo Nacional y del Leprocomio "Santa Isabel"; fundador de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos, y desempeñó otros innumerables cargos. Sus actividades no solamente fueron las que atañen a la medicina, sino que se dedicó a tareas urbanísticas, en el afán de mejorar la ciudad capital. Para hablar del Dr. Francisco Morra necesitaríamos un capítulo especial o serían el motivo de otra disertación sobre este médico filántropo, hombre emprendedor que mucho hizo por la Asunción en lo que se refiere al adelanto y embellecimiento, lo que se puede condensar en estas frases: la creación de Villa Morra y la primera empresa de tranvías de tracción animal. Es este recuerdo a su ilustre antepasado un pequeño homenaje a mi dilecto amigo Miguel Ángel, con quien, en ya lejanos días he compartido la responsabilidad, como profesionales en el Servicio de Cirugía de Urgencia y Traumatología - Primeros Auxilios.
         Voy a terminar la exposición con una anécdota dolorosa y triste, referente a algo ocurrido en el campo aliado, de la cual fue protagonista el Dr. Francisco  Muñiz, Cirujano Mayor-Coronel, y que se halla inserta en una página dominical de "La Prensa" de Buenos Aires, del 28 de marzo de 1971. Dicha página se debe a la brillante pluma de Osvaldo Loudet.

         "FRANCISCO JAVIER MUÒIZ (1795-1871). Heroísmo y descubrimiento de un médico naturalista: "La intervención de Muñiz en la guerra del Paraguay motivó los elogios de Mitre, de Marcos Paz, de Gelly y Obes y de otros eminentes ciudadanos. Estuvo dos veces en Corrientes, en 1865 y en 1866. En el intervalo organizó hospitales militares en Concordia y en Buenos Aires. La segunda vez fue acompañado por un cuerpo de médicos, farmacéuticos y practicantes que combatieron el cólera que diezmaba la población.
         "La mejor condecoración que podía ostentar Muñiz por su obra heroica y salvadora es el mensaje que le envió Mitre con fecha de octubre de 1868 con dos bultos de vendas y de hilas hechas por su mujer y su hija. Dice así: "Cuando el ejército argentino haga batir medallas en señal de gratitud y en honor de su cuerpo médico que en tan corto número ha sido su providencia en esta campaña, el nombre de usted figurará entre los facultativos que mejor ha servido y para mayor gloria. Como no son muchos esos nombres, todos ellos podrán ser grabados en letras bien claras en el círculo de esa medalla pequeña.
         "La más grande tragedia de su vida la vivió Muñiz en el campo de batalla. Cuando recorría las líneas de fuego oyó los gritos de su hijo horriblemente mutilado que pedía desesperadamente la muerte. El pobre muchacho clama que por piedad lo ultimen de un balazo. No era posible salvarlo y el dolor era peor que la muerte. ¡Cuántas veces había disertado el maestro en su cátedra de Medicina Legal sobre la eutanasia! ¡Cuántas veces había predicado el respeto a la vida humana aún en los casos más extremos! ¡Cuántas veces ante el dolor más desesperado aconsejaba esperar porque la vida no depende únicamente del hombre! ¿Llevaría a cabo la piedad homicida? Sí, estaba condenado a vivir una tragedia griega. Se arrodilla junto a su hijo, le pide el revólver a su ayudante y lo coloca próximo a la mano del desesperado. Luego, monta en su caballo y desaparece. Dios o el Diablo lo conducirían a través de una tempestad de pólvora y de sangre, aunque pidiese, como él hijo, que la muerte lo llevara".



BIBLIOGRAFÍA

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