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lunes, 30 de agosto de 2010

JUAN NATALICIO GONZÁLEZ - JUAN CRISÓSTOMO CENTURIÓN / Fuente: MEMORIAS O REMINISCENCIAS HISTÓRICAS SOBRE LA GUERRA DEL PARAGUAY.

MEMORIAS O REMINISCENCIAS HISTÓRICAS
SOBRE LA GUERRA DEL PARAGUAY.
de JUAN CRISÓSTOMO CENTURIÓN
Edición Guarania, 1944. 336 pp.
Prólogo de JUAN NATALICIO GONZÁLEZ.
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

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MEMORIAS O REMINISCENCIAS HISTÓRICAS SOBRE LA GUERRA DEL PARAGUAY.
Prólogo de J. NATALICIO GONZÁLEZ.

I

Juan Crisóstomo Centurión nació en Itauguá, el 27 de enero de 1840. Su progenitor, don Francisco Antonio Pérez de Centurión, no pudo conocer a este hijo póstumo llamado a dar nombradía al apellido, pues falleció en octubre de 1839, y por lo mismo, el niño creció bajo los exclusivos cuidados de la madre, una paraguaya que bajo sus delicadas maneras alentaba un alma vigorosa, y que en su hora sobrellevó con humilde energía pruebas sobrehumanas. En efecto, doña Rosalía Martínez y Rodas, que así se llamaba la virtuosa dama, compartió con su pueblo las inauditas penurias de la guerra de la Triple Alianza, y salvado aquel lustro dantesco de la historia paraguaya, su vida se prolongó plácidamente hasta 1879.
Centurión tuvo varios hermanos. Su progenitor, que se formo bajo la rígida dirección intelectual del padre Amancio González y Escobar, varón ilustre de recio fervor apostólico; y que después entró en un estudio de abogado y practicó en el foro asunceno; termino sus años patrocinando pleitos en la entonces prospera zona itaugueña. Parece que demostró propensión a la lectura y que gustaba ostentar con cierta pompa los conocimientos en ella acumulados, pues el caustico genio campesino, diestro en señalar flaquezas humanas, dio en apodarle Centurión arandú (Centurión el sabio), sobrenombre que menta el hijo en sus Memorias con cierto orgullo, ajeno al fondo irónico del mismo.
El niño creció en el seno de la naturaleza encantadora que meció su cuna, ora corriendo entre el corro infantil por los alcores circundantes, ora solitario y un poco triste, siguiendo el vuelo de sus ingenuos pensamientos entre las sonrisas del paisaje. Pronto se manifestó en él la propensión a la vida intelectual, y ese fondo de seriedad orgánica que da carácter a su estilo. En 1851 ingresó en la escuela de Quintana, de la que nos ofrece una evocación severa pero interesante en estas Memorias; al año siguiente le vemos en la Escuela de Aritmética de Zeballos-cue, que tuvo vida efímera bajo la dirección de don Miguel Rojas; y en 1853 forma fila entre los alumnos de la flamante Escuela de Matemáticas, que nace en aquel año bajo la dirección de don Pedro Dupuy (1). De aquí pasó al Aula de Filosofía, instituto de enseñanza secundaria dirigido por el literato español don Ildefonso Bermejo. Cuando, al fin, el país contó con jóvenes capacitados para emprender estudios superiores en el extranjero, el Gobierno envió a Europa a cinco de ellos -Cándido Bareiro, Juan Crisóstomo Centurión, Andrés Maciel, Gaspar López y Gerónimo Pérez-, para proseguir estudios de Derecho internacional, mercantil y administrativo, aparte de los que fueron destinados a otras carreras. De ese modo el Estado paraguayo inició un vasto esfuerzo para formar un equipo de hombres ilustrados, técnicamente idóneos para dirigir los negocios de la República.
Centurión nos refiere, en el presente tomo de sus Memorias, todo lo relativo a sus estudios en Inglaterra. Por lo mismo, podemos pasar por alto este periodo de su vida. A su retorno al país, en 1863, el Presidente de la República, general Francisco Solano López, confiriéndole una extraordinaria distinción -se trataba de un joven estudiante, excesivamente imbuido de su importancia pero sin ninguna practica en los negocios del Estado-, lo incorpora a su Gabinete privado y le abre las puertas de "El Semanario", en cuyas columnas expone con juvenil exuberancia un ingenuo liberalismo importado de las orillas del Támesis. Centurión -no creo que por convicción, sino por las razones que señalamos más adelante-, infiere en sus Memorias que estas distinciones de que era objeto, fueron actos de solapada persecución contra el revolucionario potencial que creía llevar dentro, pero que nunca existió en él.
Un año después de reintegrarse al terruño, en los inicios de una brillante y pacifica vida pública, Centurión se vio envuelto en el torbellino de la guerra y hay que decir, en su honor, que sirvió con apasionada fidelidad la causa de la patria y al magnífico caudillo que encarno, con indomable voluntad, esa causa sagrada. No solo peleo como soldado, hasta ganarse sus presillas de Coronel, si que también fue juez inflexible, que en la hora negra de la desesperación y de la conjura, aplico sin misericordia la ley de su tiempo, las clausulas de fierro de las Siete Partidas y de las Ordenanzas Españolas. Pesquisó, hizo confesar al delincuente su delito, sin retroceder ni ante la tortura, porque en aquellos momentos, más que en el destino de su nombre, pensó en el destino de la patria invadida y en peligro de muerte. Su actuación como juez militar, como miembro severo de lo que se llamo Tribunales de Sangre, que a semejanza del Comité de Salud Pública se hicieron temibles fulminando aun a los que parecían intangibles por su alta posición, fue duramente explotado contra Centurión. Estas Memorias fueron escritas bajo el peso de aquellas acusaciones, con el fin principal de legar a sus hijos un nombre limpio de tachas. De ahí sus frecuentes ataques al Mariscal -el monstruo de la hora del vencimiento, puesto fuera de ley y declarado traidor por los traidores que pelearon contra su patria-; de ahí sus juicios injustos; de ahí el afán de aparecer como opositor y víctima de un régimen al que sirvió con entusiasmo y fidelidad. El cuarto tomo de las Memorias, escrito cuando ya Juan E. O'Leary iniciaba la gran reacción nacionalista, se halla por lo mismo redactado con otro espíritu y otro acento. Asoma en sus páginas el paraguayo de verdad, que si por largo tiempo trabajo por desnaturalizar su expresión, siempre subsistió sangrante pero vivo en las reconditeces de su ser. Idéntico fenómeno psicológico se operó en el padre Fidel Maíz, otro antiguo miembro de los Tribunales de Sangre, que arrojo al patíbulo a un Obispo de su religión que se alzo contra su patria. Pero Maíz vivió más que Centurión, y a los noventa años de edad, en presencia del Paraguay recuperado, se arranco la máscara de la contrición y escribió palabras tremendas. "Obre, dice, con las Partidas en las manos, en media de las batallas, frente al enemigo que nos empujaba en trágicas retiradas. La posteridad ha de juzgarme sin pasión, ha de mirarme en el cuadro de mi tiempo, y de acuerdo con las leyes del medio y del momento ha de buscar la clave de mis actos para ser justiciera. Serví a mi patria en medio de las tormentas de la muerte; y caí con los últimos sobre el último campo de batalla. Fui la fidelidad en el infortunio de mi país, y tuve que representar alguna vez el rigor inflexible de la ley. He aquí todo".
Centurión participó, entre las tropas de tierra, en el combate naval de Riachuelo. Actuó coma ayudante del coronel Alén en la batalla del 24 de mayo, ganándose con su comportamiento la estrella de Caballero de la Orden Nacional del Merito. Poco después obtuvo el grado de capitán honorario. Alternaba sus actividades militares con lecciones de francés e inglés, que daba a los oficiales bajo los naranjales de Paso Pucú. Juntamente con los padres Maíz y Bechi, don Domingo Ortiz, don Víctor Silvero y otros, redactaba "El Cabichuí", periódico satírico de extraordinaria popularidad en el ejercito. A igual de los demás periódicos paraguayos, "El Cabichui" salía en papel de fabricación paraguaya; un Sargento de ignorado nombre ilustraba los artículos con intencionados dibujos, que un improvisado equipo de grabadores los pasaba en madera para su impresión, sin más instrumentos que unos toscos cuchillos y unos clavos convertidos en gubias. Con admirable intuición artística, estos grabadores realizaron muchas veces verdaderas maravillas.
En calidad de Secretario de Solano López, Centurión participa en la retirada de Paso Pucú a San Fernando, y ya en este campamento, que iba a ser escenario de los más punzantes dramas de la historia, entro a integrar, con el capitán Silvestre Carmona, el 5º Tribunal Militar, uno de los que entendieron en la causa de los conjurados que delataron los secretos militares de la República al enemigo. Cumplió el duro deber de juzgar y condenar a los culpables, pues ¿qué otro camino le quedaba? "Este es el último día de mi clemencia", dijo con desgarradora elocuencia el Mariscal, y los ejecutores de la ley penal se vieron impelidos a colocarse en el mismo plano espiritual. No era la hora de la benignidad, sino la del castigo, la del rechinar de dientes. Esa hora quedo rabada para siempre en el alma de los protagonistas, y uno de ellos, el padre Fidel Maíz, la evocaba aún con cierto estremecimiento en el estilo, a más de medio siglo de distancia: "El pensamiento es la electricidad del alma, atraviesa tiempos, lugares y distancias instantáneamente; es el relámpago del espíritu que cruza el espacio infinito de polo a polo... Así, al escribir estas líneas, en este momento, me parece estar en San Fernando, allá sobre el Tebicuary, cuando López intimo en persona el arresto al Obispo Palacio. Yo, presente en el acto, sufrí una penosa emoción, de lo que se apercibió aquel hombre, y me dijo: ¿Qué es esto? En estos momentos hay que sobreponerse a todo sentimiento, y hacer que prime el deber de hacer justicia".
Tras de cumplir, no sin sentirse mordido par los cilicios de la sensibilidad, sus terribles funciones de juez, Centurión retorna a las batallas y participa en los épicos encuentros de Itá Ihvaté, en los que se gano el grado de Sargento Mayor efectivo de Infantería. Después de la derrota, reaparece en el campamento de Ascurra, donde asciende a Teniente Coronel el 24 de julio de 1869, y poco después, en Tandeih, se gana sus presillas de Coronel y reemplaza a Marcó en la jefatura de la Mayoría. Marcha con las últimas legiones que se aprestan en torno al Mariscal, en aquel desfile fantástico, de desnudez y hambre, por las lejanas serranías. ¡Fue de los que vencieron "`penurias y fatigas", de los que Regaron a Cerro Corá! En el último choque que tuvo por escenario aquel teatro desolado pero grandioso, Centurión, bajo las inmediatas ordenes del Mariscal, al frente de sus tropas desplegadas en guerrilla, sostuvo la envestida final del enemigo; y minutos antes que Solano López alcanzase su fin sobrehumano en las márgenes del Aquidaban, el joven estudiante de Londres desdoblado en soldado, rubricaba con su sangre el epilogo del drama, fiel hasta el último, grado a su pueblo y a su bandera, al ser derribado de su corcel por una bala que le atravesó ambas mejillas y parte de la lengua.
Herido y prisionero, tras una penosa marcha a pie de once días, el coronel Centurión llega a Concepción, pasa al Chaco, y luego a la angustiada Asunción, donde permanece conjuntamente con el padre Maíz en la sentina del cañonero brasilero "Ygatimi". "Allí, evoca en una página intima, bajaban a vernos algunos jefes y oficiales aliados, linterna en mano, exactamente como si fuéramos dos fieras enjauladas; y después de cambiar algunas palabras con nosotros sobre López, se retiraban, pero no sin llenarnos antes de injurias e improperios". Tres semanas más tarde le sacaron los grillos que tenía remachados; un transporte le conduce a Humaitá, juntamente con el general Caballero y otros prisioneros; de aquí sigue viaje a Rio de Janeiro, a bordo del "San José". En la capital imperial conoce la miseria y el desamparo, hasta que, gracias a la mediación de Paranhos, el futuro Barón de Rio Branco, obtiene su liberación y apartándose con pena de sus viejos compañeros de armas, viaja para Inglaterra en el paquete "Biela", cuyo capitán le brinda generosa protección. Ya en Londres, sus antiguos condiscípulos le agasajan y le rodean con su afecto. Pasa a Paris, invitado por don Gregorio Benítez, y cual si llevase la tragedia con su persona, allí le sorprende el último acto de la guerra franco-prusiana, asiste a la caída del segundo Imperio y presencia la proclamación de la República. A su retorno a Londres, satisface su pasión romántica visitando en Jersey la mansión de Víctor Hugo; luego, sus amores con una bella cubana, a la que pronto iba a unir su destino, guía sus pasos de peregrino a Santiago de Cuba. Aquí frecuenta los salones del Gobernador, quien le distingue; se vincula con la alta sociedad; ejerce, aunque sin título y haciendo firmar por otros sus escritos, la profesión de abogado. Finalmente se deja seducir por el periodismo, y participa con brillo en la discusión que en aquellos días provocara el hallazgo de los restos de Colón en la Catedral de Santo Domingo.
Pero la patria le llamaba a la distancia, y otra vez se echa por esos caminos del mundo. Se detiene algún tiempo, en Nueva York, pasa por Washington, arriba a Buenos Aires, donde le asedian desconsoladoras noticias de su tierra, y entonces emprende un nuevo viaje a las Antillas llevándose una tropilla de mulos, que logra vender en Saint Pierre, la antigua capital de Martinica. El negocio no resultó tan brillante como imaginó su optimismo, y ya en posesión de los precarios beneficios obtenidos, otra vez toma el camino del Rio de la Plata. Corría el año 1878 cuando se reintegro al seno de la patria, tras ocho años de ausencia.
Inicia sus actividades en el Paraguay desolado por la guerra, como acopiador de frutos. Más, no ha nacido para tales negocios. Vuelve a las tareas del foro y colabora en el diario "La Democracia". Acompaña al general Bernardino Caballero en la fundación y organización de la Asociación Nacional Republicana, la gran entidad democrática donde se refugian el espíritu nativista, la vieja concepción de vida de los paraguayos, y que por lo mismo atrae a sus filas a casi todos los ex-soldados de Solano López, a todos los que buscan el renacimiento del Paraguay sin enajenar los elementos de su poderío ni vender su alma. Centurión milito hasta el fin de sus días en este partido de los nacionalistas paraguayos, que logra marcar rumbos al destino del país hasta 1904. El presidente Caballero le designa, en 1882, Fiscal General del Estado, cargo que desempeña con ponderación durante seis años. Redacto, por este mismo tiempo, en colaboración con otros, el Código Militar de 1887, y por dos veces integró la Comisión del Colegio Nacional, en cuyo seno realizó una labor seria y fecunda, pues la formación intelectual de la juventud fue una de las pasiones de su vida.
El 28 de setiembre de 1888 Centurión entra a formar parte del gabinete del presidente Escobar, quien le confía la cartera de Relaciones Exteriores. Defendió con brillo, en su carácter de Canciller, los derechos de su patria sobre el Chaco, produciendo algunos documentos diplomáticos que constituyen un modelo por su enjundia jurídica, su caudalosa erudición histórica, la sobria firmeza de su tono y la elegante severidad de su estilo. El país se dio cuenta de que aquella circunspecta y celosa diplomacia de los López, brotaba nuevamente de entre las cenizas del pasado, para amparar su destino con actos de sagaz vigilancia. La nota de 3 de noviembre de 1888, en la que Centurión enuncia la tesis paraguaya a raíz de los incidentes de Bahía Negra, delata la envergadura del estadista y marca un cauce definitivo a la política exterior de la República. El Paraguay nada pudo temer mientras se ciño a sus normas, y las veces que gobernantes incautos o corrompidos se apartaron de ellas, la nación marchó a la desventura, a la guerra, a la desmembración, con mengua de su personería internacional.
A pesar de su significación política y de las altas posiciones que escaló, Centurión nunca desdeño servir la causa de la cultura, aun desde cargos relativamente modestos, y así le vemos en 1895 actuar como miembro del Consejo Nacional de Educación. Un año después, entra a integrar, juntamente con Cecilio Báez, una comisión técnica que aborda el estudio del diferendo con Bolivia. Su partido le brinda una banca en el Senado en 1895, y reelecto en 1900, por fenecimiento de su mandato, permanece en ella hasta el fin de sus días. Como parlamentario, intervino en la dilucidación de los grandes problemas nacionales, y utilizó su gravitación para impulsar el progreso y reconstruir los extinguidos elementos del poderío de la República. Puede decirse que cuando la muerte le sorprendió, el 12 de marzo de 1902, Juan Crisóstomo Centurión era una figura ilustre, moderado en sus juicios, fino y cortés en los salones, a quien la vida condujo al estoicismo y le enseño que el perdón de las injurias forma parte de la Sabiduría. Había pasado por duros trances; había afrontado tormentas de odio, con su secuela de befas y calumniosos insultos; y humano al fin, para ser alguien en su propio país, disimuló sus viejos quereres, condenó lo que amaba en el fondo del corazón, y gracias a estas concesiones pudo sobrevivir y trabajar por la reconstrucción nacional. Las generaciones actuales no saben lo que significaba haber sido soldado de López, haber sido el brazo que castigó en la esquiliana tragedia de San Fernando, y vivir en aquel Paraguay postrado por el vencimiento, en cuyo ambiente dictaban ley los hijos descastados que se alzaron contra la patria: Centurión lo supo en carne viva; conoció todas las torturas con que el traidor castiga la fidelidad. Un solo hecho bastara para revelar la cotidiana tragedia de este hombre. El 10 de noviembre de 1893 es designado Ministro Plenipotenciario ante Inglaterra, Francia y España; pero quince días después asume la primera magistratura Juan B. González, que renegaba del Paraguay de López, y su primer acto de gobierno fue anular aquel nombramiento. De ese modo, veintitrés años después de la guerra, Centurión seguía purgando el crimen de haber caído al pie de su bandera, defendiéndola en el último combate, mientras sus persecutores procuraban abatirla.
Para suerte suya, vio alborear, antes de bajar a la tumba, el renacimiento espiritual de su patria. Desde comienzos del siglo O'Leary, con juvenil audacia, había emprendido su largo batallar contra la impostura. Centurión sintió el influjo de este movimiento, intuyó sus lejanas proyecciones, y tímidamente pudo rectificar lo que escribió extorsionando su conciencia, por sumisión al ambiente en que vivió. Por eso, en el cuarto tomo de sus Memorias ya asoma el verdadero Centurión, el juez inflexible de San Fernando, el soldado de Cerro Corá, el que "venció penurias y fatigas".
Juan Crisóstomo Centurión, sin ser un escritor de primer orden, ocupa un lugar distinguido en las letras paraguayas. Formó parte de una generación brillante, la generación de Natalicio Talavera, devorada en agraz por una guerra de exterminio. Su nombre se halla asociado con los primeros balbuceos de la novela paraguaya. Su "Viaje Nocturno", editado en Nueva York en 1877, le muestra como un precursor del genero, en su país. El autor suple la falta de imaginación con recuerdos personales, y por lo tanto cae en el cuento autobiográfico, cuyo interés novelesco se pierde entre consideraciones morales y políticas. El argumento se reduce a la evocación de la vida y de la tierra del protagonista en una noche de insomnio, y sobre sus páginas, liricas y reflexivas a la vez, flota acá y allá como una dorada bruma, la punzante melancolía de los desterrados.
Como historiador, Centurión se inicia con un opúsculo sobre "Los Estudiantes de López", insertado en "La Democracia" en 1882, y un estudio sobre la emancipación, intitulado "Una palabra sobre el Paraguay en la primera época de su Independencia". Su obra fundamental son estas Memorias, que deben ser leídas con vigilante espíritu crítico, por lo argüido en páginas anteriores. He ahí por que hemos encomendado al Mayor Antonio E. González, uno de los más brillantes escritores militares del Paraguay, la tarea de anotarlas, tarea que González ha cumplido con ejemplar responsabilidad intelectual y dominio absoluto de la materia (2).

NOTAS
(1). - Este meritorio educacionista nació en Bretaña, en el Castillo de Cramezseul, el 1º de marzo de 1816; era vástago de una familia monárquica que conoció los implacables rigores de la Revolución francesa. Obtuvo su título de profesor en la Escuela Normal de Versalles. En 1850 llegó emigrado a Buenos Aires, con una carta que por mediación del
conde Suin le dio para Rosas el Cónsul argentino en Burdeos, señor Santa Coloma. Gracias a esta recomendación fue nombrado catedrático de francés y Matemáticas en el Colegio Federal que funcionaba en la ciudad porteña.
Después do Caseros, Urquiza quiso encomendarle la organización y dirección del Colegio del Uruguay, y así se lo hizo ofrecer por intermedio de M. Saint George, Encargado de Negocios de Francis; pero por escuchar los consejos de este diplomático, prefirió aceptar la propuesta que simultáneamente lo hizo llegar el Presidente del Paraguay, don Carlos Antonio López. De ese modo apareció en Asunción al frente de la Escuela de Matemáticas.
Después de la guerra, volvió al Paraguay y el Presidente don Juan Bautista Gill le confió, por decreto del 27 de febrero de 1875, la dirección del Colegio Nacional. Por esta época colaboraba con frecuencia en el diario asunceno La Reforma. Algún tiempo después volvió a la Argentina, donde publicó algunos estudios literarios y pedagógicos, principalmente sobre educación de la mujer. También escribió sobre inmigración y colonización. Murió en Buenos Aires el 14 de febrero de 1886.
Dupuy estaba casado con una espiritual dama, Ana Monnier, nacida en París el 21 de noviembre do 1825. Pintaba, escribía y practicaba la música. Queda de ella unas impresiones de viaje, donde se refiere largamente al Paraguay, consagrando cariñosos recuerdos a varias familias paraguayas con laa que trabó amistad.
La Escuela de Matemáticas, creada por decreto del 1º de octubre de 1853, inició su curso con 51 alumnos, cuya nómina era la siguiente: Pedro Gill, José María Mazó, Luis Báez, Claudio Astigarraga, Eloy Laguardia, Angel Fernández, Francisco Candia, José Félix Caminos, Timoteo Arce, Joaquín Mendoza, Manuel José Giménez, Vicente Giménez, Juan de la Cruz Giménez, José Dolores Valiente, José de la Cruz Fernández, Dejesús Espínola, Eduardo Cárdenas, Fidel Silva, Martín González, Indalecio Benítez, José Tomás Astigarraga, Policarpo Valdovinos, Eulogio Mazó, Aniceto López, Escolástico Legal, Regalado Moreno, Juan Andrés Olavarrieta, Dionisio Pintos, Nicolás Espínola, Luis Gómez, José Tomás Chaparro, Felipe Duarte, Daniel Aquino, Tomás Acosta, Pablo José Llanos, Miguel Haedo, José Benito Escabriza, Regis Neronis, Máximo Marín, Sebastián Días, Adriano Morales, Crisóstomo Centurión, Andrés Espínola, Deogracis Lugo, Serapio Candia, Gerónimo Silva, Zenón Notario, Natalicio Talavera, Ildefonso Pando, León Ignacio Villalba, Cándido Bareiro y Gaspar López.
El texto del Reglamento de la Escuela de Matemáticas era el siguiente:
Articulo 1º. . Queda nombrado a la fecha el catedrático del curso de matemáticas, mandado establecer por decreto de 1º. de Octubre último.
Art. 2º. . El catedrático enseñará las materias contenidas en el decreto citado en el artículo anterior, y aprovechará toda ocasión para inculcar en el espíritu de los estudiantes, los principios de moral social, y de los deberes de todo ciudadano para con Dios, para con su Patria, su familia y su gobierno.
Art. 3º. . Cada dos meses pasará a la Secretaría de Gobierno un informe circunstanciado sobre el estado moral y de instrucción de los estudiantes.
Art. 4º. . A cargo del catedrático está el mantener el orden, buena confortación y subordinación de los estudiantes en las horas del aula.
Art. 5º. . En caso de inasistencia reiterada, inaplicación rebelde o de insubordinación escandalosa de un estudiante, el Gobierno proveerá que sea despedido del curso, previo informe del catedrático.
CAPITULO II
Del tiempo del curso y horas de aula
Articulo 1º. . El curso de matemática será de dos años, como queda establecido en el decreto expresado de 1º de Octubre último.
Art. 2º. . El primer año escolar será desde el 2 de Enero del año próximo venidero de 1854, hasta el 10 de Noviembre. Por la mañana se tendrán dos horas de aula y otras dos a la tarde.
Art. 3º. . En Enero, Febrero, Marzo, Abril, Septiembre, Octubre y Noviembre se entrará al aula a las siete de la mañana, y a la tarde a las tres y media. En Mayo, Junio, Julio y Agosto a las ocho de parte de mañana y a la tarde a las dos y media.
Art. 4º. . El segundo año escolar será del 1º. de Febrero al 10 de Diciembre.
CAPITULO III
De los exámenes
Artículo 1º. . Del 1º. al 10 de Noviembre se harán los exámenes de los estudiantes de matemáticas, el año próximo venidero de 1854, y en el siguiente de 1855 del 1º. al 10 de Diciembre.
Art. 2º. . El examen será de un tercio de hora para cada estudiante.
Art. 3º. . El examen se hará en público por el catedrático asociado con dos personas que el Gobierno designe.
Art. 4º. . El estudiante que hubiese sido unánimemente reprobado, podrá prepararse para presentarse el día 1º. De Febrero del siguiente año y si otra vez fuese reprobado, cesará en el estudio.
Art. 5º. . El catedrático y los examinadores designados por el Supremo Gobierno, pasarán, terminados los exámenes, un informe sobre el estado de instrucción de los estudiantes, haciendo mención especial de los que se hubiesen distinguido.
CAPITULO IV
De los estudiantes
Artículo 1º. . Concurrirán al estudio de matemáticas, los que se hubieren inscripto en la matricula abierta en la Secretaría de Gobierno
Art. 2º. . Los estudiantes deben concurrir al aula, vestidos y calzados en forma decente.
Art. 3º. . Los estudiantes deben al catedrático toda subordinación y conservarse en las horas del aula, con atención, decencia y compostura.
Asunción, Diciembre de 1853. CARLOS ANTONIO LÓPEZ.
(2). - Las notas de Centurión van marcadas con la indicación (N. del A.) , nota del autor. Las demás pertenecen al mayor Antonio E. González.


II

Había otra razón para dar una edición anotada de estas Memorias. Centurión, si bien actor del drama terrible, ignora muchas circunstancias de la guerra del 65, pues no desempeñó en ella ninguna función directiva prominente. Y en vez de investigar en los Archivos para colmar los vacios de sus recuerdos, y someter estas a la confrontación documental, encontró más cómodo seguir a Thompson, el mistificador, guía de cuantos después desbarraron sobre la epopeya paraguaya.
El mayor González, en sus notas, ha rectificado los errores más notorios de Centurión, y dentro de la obligada brevedad que le impone la falta de espacio, ha dilucidado puntos de capital interés, como el relativo al poderío militar del Paraguay. A este propósito, quiero ofrecer aquí algunos documentos de valor probatorio decisivo.
Al día siguiente de la invasión de Matto Grosso, el efectivo del ejército paraguayo, incluyendo jefes y oficiales, llegaba apenas a 38.173 hombres (Original en el Archivo de Asunción. Lo publicó O.Leary en el número de "La Unión", del 19 de abril de 1931.).

LISTA DE LOS COMANDANTES DE LOS CUERPOS SIGUIENTES CUERPOS:
INFANTERÍA
Grado / Nombre / Comisión

Capitán / Carlos Silva / Cte. de la Legión de Artillería ligera
Capitán / Francisco Roa / Cte. de Artillería ligera
Sto. Mayor / José Dolores Vallovera / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza (escolta)
Sto. Mayor / Juan Gómez / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 1
Coronel / Pantaleón Balmaceda / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 2
Sargento Mayor / José Martínez / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 3
Capitán / Cipriano Dávalos / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 4
Tte. Coronel / Francisco González / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 6
Sto. Mayor / Antonio Luis González / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 7
Sub. Teniente / Arévalo / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 8
Capitán / Marcelino Coronel / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 9
Capitán / Juan José Godoy / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 10
Capitán / Eugenio López / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 12
Capitán / José María Zelada / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 13
Teniente 1ro. / Saturnino Mereles / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 14
Capitán / Ignacio Campusano / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 15
Teniente 2do. / José Zorrilla / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 16
Capitán / Diego Alvarenga / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 17
Teniente / Gregorio Giménez / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 18
Capitán / Juan B. Arévalo / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 19
Capitán / Justo Pastor Penayos / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 20
Tte. Primero / Gabriel Sosa / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 21
Teniente 1ro. / Salvador Sánchez / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 22
Alférez 1ro. / Pedro Trochez / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 23
Teniente 2do. / Vicente López / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 24
Capitán / Vicente Meza / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 25
Teniente 2do. / Francisco Céspedes / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 26
Teniente 2do. / Bernardino Paraná / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 27
Teniente 1ro. / Cirilo Patiño / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 28
Capitán / Santiago Florentín / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 29
Sargento Mayor / Cándido Mora / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 30
Capitán / Juan B. Ibáñez / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 31
Capitán / Francisco Cárdena / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 32
Capitán / José del Rosario Pérez / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 33
Teniente 1ro. / Venancio Ortíz / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 34
Teniente 2do. / Manuel Benítez / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 35
Teniente Coronel / Hermógenes Cabral / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 36 y 37

CABALLERÍA
Capitán / Pedro Uliambre / Comandante del Regimiento No. 1
Sargento Mayor / Miguel T. Lescano / Comandante del Regimiento No. 3
Capitán / Prudencio Centurión / Comandante del Regimiento No. 4
Teniente 2do. / Gregorio Arguello / Comandante del Regimiento No. 5
Capitán / Blas Ovando / Comandante del Regimiento No. 7
Teniente 2do. / Pedro Medina / Comandante del Regimiento No. 9
Sargento Mayor / Avelino Cabral / Comandante del Regimiento No. 10
Capitán / Vicente Florentín / Comandante del Regimiento No. 11
Capitán / Miguel González / Comandante del Regimiento No. 12
Capitán / José M. Delgado / Comandante del Regimiento No. 13
Capitán / Toribio Martínez / Comandante del Regimiento No. 14
Capitán / Manuel Lescano / Comandante del Regimiento No. 15
Teniente 2do. / Santiago Arévalo / Comandante del Regimiento No. 16
Teniente 2do. / Antonio Olavarrieta / Comandante del Regimiento No. 17
Teniente 2do. / Marcelino Vázquez / Comandante del Regimiento No. 18
Sargento Mayor / Manuel Núñez / Comandante del Regimiento No. 19, 20, 21 y 25
Teniente 2do. / Gregorio Escobar / Comandante del Regimiento No. 22
Teniente 2do. / Romualdo Prieto / Comandante del Regimiento No. 23
Sargento Mayor / Pedro Duarte / Comandante del Regimiento No. 24
Teniente 2do. / Elías Cabrera / Comandante del Regimiento No. 26
Capitán / José López / Comandante del Regimiento No. 27
Alférez 1ro. / Paulino Franco / Comandante del Regimiento No. 28
Teniente 1ro. / Manuel Coronel / Comandante del Regimiento No. 29
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Los documentos que siguen (La división del Sur no constituyó una fuerza poderosa. Originales en Biblioteca Nacional de Río de Janeiro. Col. Río Branco.), dan los efectivos de la División Sur, que tampoco constituyó una fuerza poderosa:
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¡VIVA LA REPÚBLICA DEL PARAGUAY!
Ejército Nacional de la División del Sud
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Campamento de Empedrado,
Provincia de Corrientes, Julio 13 de 1865
Paulino Allen


ESTADO QUE MANIFIESTA LA FUERZA EFECTIVA DE LOS CUERPOS QUE
FORMAN LOS EJÉRCITOS DE LA REPÚBLICA DEL PARAGUAY.

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Para las operaciones en el Norte, se destinaron los siguientes efectivos (Archivo de Río de Janeiro.):
Berges, exagerando un tanto, pues tenía en vista la propaganda en el extranjero, suministra a Brizuela cifras globales de los efectivos del Ejército paraguayo, en diciembre de 1864. He aquí la carta de Berges (.Copiador de Cartas Confidenciales del Ministerio de Relaciones Exteriores., en el Archivo de Río de Janeiro.):

Asunción, Diciembre 22 de 1864.
Señor Don Juan José Brizuela
Mi apreciado amigo,
He tenido el placer de recibir su estimada 7 de Diciembre corriente, en que se limita a acusar recibo de mis dos cartas del 29 de Noviembre ppdo., y a anunciarme que al siguiente día me escribiría más detalladamente las noticias de la quincena.
A falta de esta última comunicación, que no ha llegado, me contraeré a darle noticias de los sucesos que han tenido lugar en esta Capital.
El 14 del corriente marcho una división paraguaya al Alto Paraguay, al mando de los Sres. Coroneles Don Vicente Barrios y Don Francisco Resquín, que debe atacar simultáneamente varios puntos de la Provincia brasilera de Matto Grosso. A la hora en que le escribo estas líneas, las columnas paraguayas deben acercarse a sus respectivos destinos, así es que pronto tendremos un resultado, que yo tendré el cuidado de comunicar a V. prontamente.
La expedición al mando del Sr. Coronel Barrios marcha por rio en ocho vapores, cuatro buques de vela y tres cañoneras pequeñas de a 80, y deben operar sobre Coimbra, Albuquerque, Corumbá y Cuyabá.
La división por tierra al mando del Coronel Resquín, compuesta de las tres armas, debe atacar el presidio de Miranda y la fortaleza de Ñoaqui.
Una tercera división mandada por el Capn. Don Martin Urbieta se dirige sobre las colonias de los Dorados y Diamantina, que están situados en territorio paraguayo, o al menos en territorio disputado, el que no debía ocuparse según lo estipulado en los Tratados de Abril de 1856.
Todos estos puntos deben ser atacados simultáneamente, y es más que probable que el pánico se apodere de los brasileros, y la empresa se torne fácil y sin sacrificios.
Aunque Coimbra pasa por fortaleza de primer orden y tiene cánones de calibre desde 24 a 68, espero dentro de pocos días (y lo digo con fe) flameara el pabellón paraguayo sobre esos muros, donde el año de 1801 se estrellaron las fuerzas españolas al mando del Gobernador del Paraguay Don Lázaro de Ribera.
Mucho confiamos en el entusiasmo y la calidad de nuestras tropas para el buen éxito de la empresa. Marchan a ese punto los Batallones 6o. y 7o. de zapadores, el 10o. de instructores de Cerro León, que ya no tienen que hacer en ese campo, y el 30o. de línea de Humaitá. Si nuestra artillería no puede dominar la fortaleza, estos valientes la tomaran por asalto.
Por los periódicos que le envió vera V. más detalladamente esta importante resolución de nuestro Gobierno, que ha llevado a efecto, comenzando por la detención del " Márquez de Olinda", tan luego como se ha sabido que la vanguardia del Ejército Imperial al mando del Genl. Mena Barreto se ha apoderado de la villa de Melo, Capital del Departamento oriental del Cerro Largo.
Adelantare a V. las noticias siguientes. Un ejército de 10 mil hombres, retirados y reclutas, se está organizando en San José a la izquierda del Paraná.
Los 20 mil reclutas del Cerro de León están en perfecto estado de disciplina y muy adelantada la instrucción. Este considerable número de militares puede transportarse por el ferrocarril con toda facilidad a la Asunción para dirigirlos donde sea necesario encaminar su marcha. En Humaitá a más de la formidable artillería que V. conoce, hay doce mil hombres de las tres armas, esperando deseosos la ocasión de probarse el brazo, y, envidiando a sus camaradas que han marchado formando la división expedicionaria al Alto Paraguay.
El espíritu público y el entusiasmo militar es inmejorable, y V. sabe lo que puede hacerse con esa clase de tropas.
Corrientes y Entre Ríos no secundan la marcha del Gobierno Nacional, y es muy dudosa su posición. Si estas dos Provincias se pronuncian a favor de la causa que sostiene el Paraguay contra el Imperio, como es posible suceda, terminara todo sin sacrificio alguno y el Brasil habrá perdido su prestigio de potencia fuerte en América.
Ultima hora. - En momentos de cerrar la presente, me anuncian que el Batallón No. 27 ha marchado a engrosar las filas del Ejercito expedicionario al Alto Paraguay.

Soy de V. como siempre afmo. amigo y S. S.

firmado - José Berges.

¿De dónde viene el mito de los ochenta mil hombres, atribuidos al Ejército paraguayo en el momento de comenzar las hostilidades? De considerar como parte de ese efectivo, a los urbanos, que carecían de preparación militar adecuada, y a los jefes y oficiales en situación de retiro, en su mayor parte ancianos que sirvieron bajo la dictadura de Francia y en los primeros tiempos de la presidencia de Carlos Antonio López. El documento siguiente (Archivo de Río de Janeiro.), mal interpretado, es el origen de dicha fabula:

Resumen del estado que manifiesta la milicia efectiva de las villas y partidos de todo el territorio de la República, en el mes de Enero de 1863.

Servicio Activo: Gefes, 22; Oficiales, 373; Tropa, 12.945.
Retirados: Gefes, 3; Oficiales, 255; Tropa, 16.482.
Urbanos: Oficiales, 109; Tropa, 43.846.
Total: Gefes, 25; Oficiales, 737; Tropa, 73.273.



III

¿Y con qué armas contaba el Paraguay al iniciarse la contienda?
Con muy pocas, y casi todas anticuadas. La resistencia paraguaya pudo prolongarse, pese al bloqueo, gracias a estos factores:
a) La rígida y eficacísima organización del país, que se debe al genio fértil y voluntarioso del Mariscal López.
b) La obra inmensa cumplida por los arsenales y las fundiciones de hierro con los que contaba la nación.
c) A algunos partidas de armas modernas que fueron introducidas al comienzo de las hostilidades.
d) Los botines tomados al enemigo, que nutrieron muchas veces los parques paraguayos.

A titulo ilustrativo, adelantaremos algunos datos. Ya en plena guerra, fueron introducidos los siguientes materiales (Los originales de todos los documentos que insertamos a continuación, obran en el Archivo de Río de
Janeiro.):

¡VIVA LA REPUBLICA DEL PARAGUAY!
Razón del Armamento recibido por el Vapor "Salto Oriental" con especificación de clases, calibres y cajones.
498 Fusiles fulminantes rayados de a 16 en 17 cajones.
329 Tercerolas rayadas de a 16 en 11 cajones.
694 Sables cortos con mango amarillo en 7 cajones.
30000 Cartuchos de a 10 en 30 cajones.
Un cajón conteniendo
600 cuadros de Chimenea. 600 Destornilladores.
540 Chimeneas.
Cuartel del 1er. Batallón Abril 1° 1865.

(f) Carlos Orsbrall.

¡VIVA LA REPUBLICA DEL PARAGUAY!
Razón de los armamentos recibidos del Vapor nacional Paraná y depositado en el Almacén del Parque, con especificación de sus calibres:
294 Fusiles con bayoneta calibre de a 18.
399 Idem con bayoneta calibre de a 16.
332 Id. a la Minie calibre de a 10.
206 Id. Cortos con bayoneta calibre de a 10.
Suma 1231.
4 cajones con espoletas para fusil.
100 Chimeneas de resago para id.
12 Destornilladores.

Cuartel del 1er. Batallón Febrero 21 de 1865.

(f) Carlos Osbrall.

¡VIVA LA REPUBLICA DEL PARAGUAY!
Razón de las Municiones y demás útiles de Guerra recibidos en el depósito de San Francisco que fue cargamento de la Goleta Nacional Manuelita.
45000 Paquetes de Fusiles Rifles a la minie acomodados en 450 Cajones, y en cada cajón a 100 paquetes.
500000 Espoletas de Fusiles Rifles a la minie acomodados en 5 cajones, y en cada cajón a 100.000 Espoletas.
2450 Paquetes de Tercerolas rifles acomodados en 49 cajones, y en cada cajón a 50., paquetes y 1000 Espoletas.
25000 Espoletas de Tercerolas Rifles en un cajón.
558 Cohetes a la congreve acomodados en 62 cajones, y en cada cajon a 9 cohetes.
567 Rabos de cohetes a la congreve acomodados en 21 atados, y en cada atado a 27 Rabos.
3 Tubos de tirar Cohetes a la congreve en su position natural.
Cuartel del 1er. Bn. Diciembre 17 de 1864.

(f) Carlos Osbrall.

Sería imposible ofrecer un cuadro completo y detallado de todo el material bélico que los paraguayos tomaron en sus primeras campanas. Pero por la parte se puede juzgar el todo.
¡VIVA LA REPÚBLICA DEL PARAGUAY!
Estado que manifiesta el armamento, municiones y demás haberes pertenecientes al Fuerte de Coimbra.
(Encontrará el gráfico en la edición digital de la BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY



IV

Y cerramos estas páginas, volviendo al autor del libro. La figura del Coronel Juan Crisóstomo Centurión, simple y recia, con medula de campesino y un fondo de sanas preocupaciones morales, se torna compleja y contradictoria por obra de las circunstancias. Sobre su inconmovible contextura paraguaya, aparece el leve y puritano barniz de la cultura inglesa, asimilada en sus años mozos. Este aporte le sirvió, en un comienzo, para avigorar muchas intrínsecas cualidades nativas, que requerían para su exaltación el impulso que comunica el contacto con las adquisiciones universales de la ciencia. Infelizmente, al hombre inmaduro le sacude la guerra, le impele fuera para lanzarlo otra vez sobre su tierra en ruinas, donde voces airadas vilipendian cuanto amo su corazón de paraguayo. En el afán, en gran parte subconsciente, de sobrevivir, Centurión exhibe vanidosamente el barniz ingles de su cultura, a fin de que nadie fije la atención en su autenticidad nativista, que se recoge y oculta en el fondo inescrutable de su personalidad. De ahí la ostentosa manera de aludir, con forzada frecuencia, a su breve experiencia europea. Pero en la misma medida en que el Paraguay renace de sus ruinas, el autentico Centurión vuelve a la luz, y pasa a segundo plano lo foráneo que es como la careta de su personalidad. El incidente de Bahía Negra, durante su presencia en la Cancillería, ilumina con una luz cruda este proceso psicológico: el viejo patriota salta al primer plano, y con el entusiasmo y hasta con el fanatismo de la juventud, defiende su tierra y su bandera sin miedo y sin titubeos.
¿Cómo no respetar, entonces, su figura contradictoria?'. ¿Cómo no ser benévolo con sus desgarrantes invectivas contra ese pasado que es parte de su alma? Hay mucho dolor oculto debajo de cuanto arguye contra el magnífico caudillo de la Defensa, pues en numerosas ocasiones dijo lo que no sintió ni creyó para seguir viviendo y trabajar, por vías invisibles y sinuosas, a favor de la continuidad histórica brutalmente interrumpida por la derrota. Ante todo y sobre todo, Juan Crisóstomo Centurión fue un héroe de la Resistencia y un obrero eminente de la Reconstrucción. Sus blasfemias suenan a falso, porque su corazón nunca dejo de ser totalmente paraguayo.
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J. Natalicio GONZÁLEZ.
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Enlace a la Edición digital
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en la Biblioteca Virtual del Paraguay
basado en la edición 1944
de EDITORIAL GUARANIA
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Asunción Paraguay
Con el auspicio de FONDEC .
Fondo Nacional de la Cultura y las Artes
Viceministerio de Cultura
Ministerio de Educación y Cultura
Asunción, setiembre de 2005.

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