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martes, 10 de agosto de 2010

GREGORIO BENÍTEZ - LA PRENSA EN LA GUERRA DEL PARAGUAY / Fuente: ANALES DIPLOMÁTICO Y MILITAR DE LA GUERRA DEL PARAGUAY (TOMO II)


LA PRENSA EN LA
GUERRA DEL PARAGUAY
Por
GREGORIO BENITES
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

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La prensa brasilera clama por la paz. El tratado se deshace pedazo por pedazo. Pedro II se preocupa poco de la grita pública. El precipicio a que se dirige. Orgullo ofuscado del derrotado de Cepeda. Artículo Importante de El Nacional de Buenos Aires. El Pueblo y La América. Cansados de la guerra. Al carro de una monarquía. Protesta contra las violaciones del derecho. De traición y cobardía. En lugar de ser Washington es Belgrano. La diferencia. Diario de Río Janeiro. Mitre única causa de la prolongación de la guerra. Extinción del contingente Oriental. El Siglo de Montevideo. El desastre de Curupaity abrió ojos. Prensa europea. La Opinión Nacional. Su artículo. Los diarios ingleses. Opinión de Florencio Varela. Carta del Dr. Algerich. Falta del general Mitre. El Times de Londres. Sin derecho para acusar de bárbaro. Atmósfera local. Blue Book. Plagados de falsedades. Lenguaje incompatible con el carácter público. Parcialidad del ministro Mathew. Sus informes falsos. Guerra de Crimea. Mensaje de Pedro II. El contagio de las ideas democráticas. Supresión del trono imperial. Aberración escandalosa. Sordos al clamor público. Guerra a todo trance. Buenos oficios rechazados sin razón. Humaitá en pié. Sino la conquista la desmembración del Paraguay.

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La prensa en Río de Janeiro, se quejaba y acusaba al gobierno imperial de errores e imprevisiones. El Diario do Río de Janeiro de 8 de abril 1867, decía:
“Se gastan los ministros y las situaciones, se gastan los diplómatas y los generales; y la guerra continúa, y continúa siempre con el cortejo de los desastres y de los dolores que le son inherentes, sin vigorizar más por eso la confianza pública y sin que nadie pueda prever la hora feliz del término necesario o sacrificios tan considerables..
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“Ese estado de cosas debe cesar”.
“Nos cumple hablar al pueblo, a la vez que al gobierno...”
“No conseguimos aun derrotar al enemigo que nos afrentó, y ya vamos viendo prácticamente que es imposible conservar la alianza y cooperación de los vecinos, que con nosotros tomaron parte en la guerra.”
“El tratado de la triple alianza con la solidaridad política y militar que de él se desprende, ha ido deshaciéndose pedazo por pedazo.”
“El país no puede apreciar este estado de cosas, porque el sufrimiento es general.”
“La política sufre, la administración sufre, el comercio sufre, la agricultura sufre, en fin, la sociedad entera está padeciendo.”
“He aquí lo que no puede ni debe continuar.”
“La paz o el fin de la guerra, he ahí lo que desea el país.”

Y sin embargo, don Pedro II, se preocupaba muy poco de la grita pública. Proseguía la desastrosa campaña, hasta dejar satisfecho su amor propio malísimamente entendido. No divisaba el infeliz monarca el precipicio a que se dirigía, dejando por largo tiempo a su ejército imperial en consorcio con ejércitos republicanos.
A su aliado et general Mitre tampoco le impresionaba la propaganda de la prensa de su país, ni la de otros, en obsequio de la paz. Parece que su orgullo, algún tanto ofuscado, por el recuerdo del éxito del mediador paraguayo en 1859 en su misión reconciliadora de los hermanos argentinos, anarquizados hacía siete años, le ha inspirado al derrotado de Cepeda, que llegó a ser generalísimo de los ejércitos de la triple alianza, el propósito de destruir al Paraguay, y a su benefactor el general López.

Aquí viene bien aquello de; así paga el diablo al que bien le ha servido.
El Nacional de Buenos Aires diario serio e independiente, se expresaba en su núm. de 12 de Marzo 1866, en estos términos:

“Qué es en realidad, lo que nosotros y nuestros aliados podemos exigir satisfactoriamente del gobierno del Paraguay? Que éste reconozca los errores de la insensata política para con los aliados y se retraiga de ellos.
“Pero para obtener este resultado, no necesitamos aniquilarnos, años enteros, en una lucha tan encarnizada como larga.
“La existencia del Paraguay y su independencia, no sólo no son incompatibles con la política de los aliados, sino que aun son indispensables para su mutua tranquilidad.
“Así, pues, el interés de los aliados está, en no enconar ni prolongar la lucha, en que hoy se hallan empeñados, sino en zanjarla lo más pronto posible...
“Pero se dirá que López y su gobierno son una amenaza permanente contra los Estados vecinos. Sin embargo, nosotros pensamos de muy diverso modo a este respecto.
“Sólo los necios se meten a redimir para salir crucificados. Mejor se redime con el ejemplo...
“Los pueblos rencillosos son de poca vida. Véase sino la suerte de la Polonia. Los pueblos mansos y laboriosos logran larga vida y prosperidad. Ejemplo Norte América...
“Nuestra política debe, pues, ser política de paz, de conciliación.
“Un buen gobierno empuña las riendas, y no las deja flotar. No hay paz ni guerra, sino cuando él quiere.
“SALGAMOS DEL PANTANO CON CAUTELA. NO SACRIFIQUEMOS LOS
NUESTROS, EN PROVECHO DE LOS EXTRAÑOS”.

Otro diario importante de la Capital Argentina, El Pueblo, decía a su vez:

“Si queremos conjurar el peligro, si queremos ahogar la rebelión, si queremos evitar que la República se desquicie, y que la sangre de sus hijos esterilice los campos donde el labrador siembra su riqueza si queramos alejar al país de los días de luto y de vergüenza que se acercan, desliguémonos de los humillantes compromisos que nos tienen ignominiosamente sometidos a la influencia del Imperio esclavócrata, aceptemos la mediación ofrecida por el Ministro Americano, rompamos la alianza, salvando nuestro honor y nuestros derechos, y entonces, y sólo así, estaremos en aptitud de conjurar las inmensas desgracias que dejan ya columbrar un triste porvenir a la República Argentina.
“El momento no puede ser más oportuno, aceptemos la mediación. Estos pueblos están cansados de guerras, y más cuando esas guerras son impopulares, como la presente.
“Caiga, pues, la venda de los ojos de los gobernantes que aun es tiempo de que hagan algo, en beneficio del presente y porvenir de estos países.
“El gobierno argentino no está en el caso de acceder a las exigencias del Imperio. No demos, por Dios, al mundo el triste espectáculo de tener por siempre amarrada la
República al carro de una monarquía.
“El gobierno debe escuchar el eco de la prensa independiente, que pide la paz; es el eco del pueblo argentino. Ese es el deber de los que dirigen los destinos de la patria.
“Paz, paz, quieren los pueblos argentinos, extenuados ya y horrorosamente empobrecidos por una guerra tan sangrienta..

El mismo diario en su número de 5 de Mayo 1866, se expresaba en estos términos:

“Su Majestad la Reina Victoria, se ha dignado hacer conocer a las Repúblicas Argentina y Oriental - el misterioso tratado de la triple alianza.
Nos limitamos por hoy, a protestar enérgicamente contra las violaciones del derecho que encierra ese documento. Protestamos en nombre de la democracia y de los sanos principios groseramente escarnecidos por los tres magistrados aliados”.

Todo fue protesta platónica, el gobernante argentino se hacía el sordo al clamoreo incesante de su país. ¡Demostraba más respetuosa obediencia al monarca brasilero, que a la opinión del pueblo argentino!
La América; de 15 de Mayo 1866, refiriéndose al tratado de la triple alianza publica lo que sigue:

“Ese tratado, por el tiempo y forma en que ha sido confeccionado, acusará perdurablemente a sus autores de traición y cobardía.
“La sangre argentina y oriental derramada en la guerra injusta que se ha llevado al Paraguay, debiera caer gota a gota sobre las cabezas de los autores de la alianza.
“¿Qué es el tratado de alianza, sino un plan simulado para saltear el territorio de una República independiente, y repartirse el botín de sus despojos?
“¡Y al pié de ese documento se lee el nombre de un miembro del gobierno argentino!.

El mismo diario argentino decía con fecha 12 de Julio 1866, que “el general Mitre podía haber llegado a ser un Washington en la América del Sur, pero que no ha pasado ni pasará de ser un Belgrano, con la diferencia de que éste quería conquistar el Paraguay, para Fernando VII, y el presidente Mitre para Pedro II.”

El importante diario de publicidad del Brasil, el Diario do Río Janeiro de 4 de Setiembre 1867, se expresaba en esta forma:

“El general Mitre, ha sido la única causa de la prolongación de la guerra y de tantos sacrificios inútiles hechos por el Brasil. En cuanto llegó al ejército, la actividad cedió el puesto a la inercia, el entusiasmo al abatimiento, y a la armonía sucedió el desacuerdo más completo.”

En Montevideo, después del regreso definitivo del general Flores, a la Capital de su país, y habiéndose exterminado el contingente Oriental de 5000 hombres de su mando, en los combates con los paraguayos, la aspiración por la paz, fue aun más expresiva y más general, que en Buenos Aires. El Siglo, el más respetable de los órganos de publicidad de la República Oriental que al principio era partidario decidido de la guerra con el Paraguay, se convirtió en leal y entusiasta amigo de la paz. En su número del 21 de Mayo 1867, se expresaba en estos términos:

“Las sangrientas jornadas de 2 y 24 de Mayo, debieron hacer comprender a los gobiernos brasilero, argentino y oriental, que proseguir la lucha en territorio paraguayo, no podría traer otro resultado, sino el sacrificio de innumerables víctimas y la prolongación indefinida de la guerra.
“Fue necesario el desastre de Curupaity, para abrir los ojos a los políticos y a los mariscales de salones, que se figuraban que esa lucha titánica en que el enemigo ha defendido su territorio palmo a palmo, había de ser una marcha triunfal que terminaría en la Asunción...
“Considerada moralmente la cuestión, es todavía mayor la urgencia de la paz, tanto porque sin ella los pueblos del Plata, no pueden consagrarse decididamente a su organización interna, cuanto porque la situación indefinida en que nos mantenemos, nos quita toda representación en el exterior...
“Nos afiliamos entre los que sostienen la necesidad de la paz, y creemos que la prensa ilustrada de ambas orillas del Plata, debe insistir en este tópico, y formar tanto la opinión pública, como las de los gobiernos.
“Hace un año, cuando se agitó en la prensa argentina y en la oriental, la cuestión de la paz, y desde entonces hemos venido sosteniendo su urgencia contra la opinión de los principales diarios de Buenos Aires, que mostraban un carácter belicoso, del cual están ahora muy distantes...
“Si en la época en que vertíamos estas mismas ideas, la paz era una conveniencia, en la actualidad ha tomado un carácter de una necesidad premiosa.”

La prensa europea secundaba dignamente los esfuerzos hechos por los diarios y la población del Río de la Plata, en favor de la paz. Los comerciantes, ligados por vínculos comerciales con los países de América, condenaban la terquedad con que los aliados rechazaban las proposiciones de paz que les hicieran países amigos de América y Europa, como Estados Unidos, Chile, Perú, Inglaterra y otros.
El importante diario de París, La Opinión Nacional de 22 de Agosto 1868, decía, refiriéndose a las noticias relativas a la paz con el Paraguay, lo que sigue:

“Otras consideraciones han debido alejar a las Repúblicas del Plata, de la alianza (contre nature) con el Imperio. Un Emperador aunque fuera Constitucional, no podría contemplar sin aprehensión, agruparse, desarrollar y prosperar Estados republicanos; y hubo imprudencia de parte de los pueblos del Plata, en unirse a un gobierno monárquico para destruir a una República.
“El Paraguay, ha presentado, felizmente para él y para las Repúblicas de su vecindad, una fuerza de resistencia inesperada en Río de Janeiro. A fuerza de heroísmo y de abnegación, hizo frente a todos sus adversarios, derrotándoles en varias batallas, y finalmente les ha abatido, con su admirable perseverancia, y su inquebrantable resolución de resistir hasta el extremo.
“Las Repúblicas aliadas del Brasil, han comprendido, por fin, la falta que habían cometido, y el gobierno imperial, aconsejada quizás por la Inglaterra, comprendió que la guerra podría ser para él un desastre, (El “desastre” previsto por el diario francés, ha sido la supresión del trono Imperial, por el ejército republicanizado, para sustituirle con el gorro frigio.) si ella se prolongase por más largo tiempo. Se inclina, pues, hacia la paz, y una resolución en este sentido, no tardará indudablemente a ser tomada en consideración. Sin embargo, parece que los brasileros quieren aun tentar un último esfuerzo. La guerra ha durado demasiado, y no ha producido, hasta aquí, ningún resultado, y si se prolonga más, no hará sino causar ruinas en los países del Plata, paralizando el comercio, y el desarrollo de los países comprometidos en ella. La Inglaterra hará una obra eminentemente útil, si consigue determinar al Imperio del Brasil a retirar su flota y su ejército del Paraguay.”

El diario inglés, Dayly Telegraph, decía a su vez, al hablar de las noticias del Plata referentes a la paz con el Paraguay, lo siguiente:

“Hace tiempo que se ha perdido de vista la causa principal de la guerra del Paraguay; la población de esta república aceptaría de buena gana las condiciones que la dejasen en posesión de un territorio que tan valientemente defiende. Las demás potencias emplearán sus buenos oficios con el mismo objeto. Gracias a su mediación, el Brasil puede aceptar, sin que su amor propio se ofenda, las condiciones de paz que no querría acoger de parte de López. No podemos menos que desear la pronta realización de esta esperanza, a fin de que el drama sangriento que se representa desde mucho tiempo ya, en uno de los más bellos países, llegue, al fin, a su término..

El ilustre argentino, Dr. Florencio Varela refiriéndose al Paraguay, estampaba en las columnas de su diario, Comercio del Plata de 12 de Enero 1866, estas palabras:

“Todos esos puntos del manifiesto del Paraguay, todos esos principios de su política, expuestos en digno y templado lenguaje, a presencia de las naciones, encierran, a juicio nuestro, todos los elementos de un sistema de organización futura, fundado esencialmente en la justicia, en el respeto a los derechos del extranjero, en la bien entendida y oportuna libertad de navegación y comercio; en la observación y respeto de los principios constitucionales y orgánicos de los pueblos argentinos, en la oposición a pretensiones ambiciosas, que tratan de fundarse en mentidos derechos, derivados del régimen colonial, y finalmente en el establecimiento de gobiernos de libre elección, y de responsabilidad constitucional..

El Dr. Manuel Algerich, digno compatriota de la víctima de las libertades públicas de su patria, el citado Florencio Varela, se ha expresado en una carta dirigida al diario La América de Buenos Aires en estos términos:

“El mal de la política del general Mitre ha estado en no haber impedido la guerra, como pudo impedirla con un poco de buena voluntad; y esta es su más grande falta...”

El coloso de Londres, el Times de Junio 1868 en vista de las acusaciones violentas de la prensa de Buenos Aires, y de los agentes de la triple alianza residentes en Europa, al Mariscal López, decía:

“No sabemos hasta qué punto tienen derecho los enemigos del Paraguay para acusar a López, de bárbaro. No les queda a los paraguayos otro recurso que la resistencia, y el hombre que se encuentra al frente de su gobierno, no podría pedir a los hombres y a las mujeres tan onerosos sacrificios, como los que ha obtenido, si el instinto del sacrificio no fuera tan profundo en el corazón del último paraguayo, como en el del hombre a quien sus enemigos le llaman: .el cobarde y cruel López.” (La Gazette de France de París lo reprodujo el 30 de Junio de 1868.)

Los representantes diplomáticos de Inglaterra, acreditados en Buenos Aires, se inspiraban generalmente en los sentimientos de parcialidad y de hostilidad hacía el Paraguay, que se infiltraban de la atmósfera del lugar de su residencia. Así, las correspondencias diplomáticas del ministro Mathew, residente en la capital Argentina, publicadas en el Blue Book del ministerio de Relaciones Exteriores (Foreing Office,) iban plagadas de falsedades y de predisposición contra el gobernante paraguayo Mariscal López. A este calificaba de “gobierno despótico, contrario a todo principio, una amenaza permanente y una fuente de peligros para la República Argentina...”
Este lenguaje del agente diplomático de una nación amiga del Paraguay, que tenía acreditada una legación en Londres, es de todo punto incompatible con el carácter público que investía el señor Mathew, y contrario a los principios de neutralidad que las leyes internacionales establecen, como regla de la conducta de las naciones civilizadas.
Para demostrar hasta qué punto ha llevado el señor Mathew la parcialidad y la falsedad de sus informes diplomáticos, reproducimos a continuación algunas líneas de sus notas dirigidas a su gobierno, el 18 y 27 de Mayo 1867:

“El Mariscal López ha hecho sus estudios militares en la Escuela Politécnica de París, en calidad de alumno externo, durante los años 1853-54, y tomó parte en las filas del ejército francés en la guerra de Crimea.”

Tal ha sido la veracidad de los informes del diplomático inglés acreditado cerca del gobierno rival del Paraguay. Ojalá que, como afirma falsamente el señor Mathew, el Mariscal López hubiera hecho sus estudios militares en la renombrada Escuela Politécnica de Francia; entonces la dirección, y el resultado de la guerra de la triple alianza contra el Paraguay, habría sido distinto al que tuvo en 1870.
Tampoco el general López tuvo el honor de tomar parte en las filas del ejército francés, en la guerra de Crimea. Fue sí a Europa en la época a que se refería el señor Mathew, pero en calidad de plenipotenciario del gobierno del Paraguay, cerca de varias Cortes de Europa.
En el mensaje de apertura del parlamento brasilero en 1868 el Emperador Pedro II, se expresaba en estos términos.

“Al gobierno del Brasil y al de las Repúblicas Argentina y Uruguay, ofreció de nuevo el gobierno de los Estados Unidos de América, su amistosa mediación, para el restablecimiento de la paz con el Paraguay.
“Agradeciendo declaró de nuevo el gobierno del Brasil, de acuerdo con los de las Repúblicas aliadas, que subsistiendo fundadas, por los últimos triunfos, las mismas razones que impidieron la aceptación del primer ofrecimiento no podía tener en esta ocasión diverso parecer.”

Cuan errado andaba entonces, repetimos, Su Majestad don Pedro de Alcántara al dejar por más tiempo a sus ejércitos imperiales en peligroso consorcio fraternal con los ejércitos republicanos del Plata. Parece que el monarca brasilero ignoraba cuán contagiosas son las ideas democráticas. Además no tenía en cuenta el ejemplo de la conducta del almirante español Topete; a su regresó a España, de su expedición marítima contra los Estados republicanos del Pacífico.
De manera que había el riesgo de que esos mismos ejércitos imperiales que mediante su fuerza numérica, y las ventajas de su contacto permanente con el mundo científico y comercial pudieran, al fin, vencer a los valientes hijos del Paraguay, se encargaran, en seguida, de la supresión del trono imperial de don Pedro II y de dar a éste su pasaporte para el viejo mundo, donde terminara sus días.
Era, en efecto, una aberración escandalosa de don Pedro y de sus aliados el rechazo, por más de una vez, sin examen, sin reflexión la mediación ofrecida por el gobierno de los Estados Unidos.
¿Qué motivos tenían para no tomar siquiera en consideración, la oferta de la mediación de una poderosa nación amiga?
En la práctica de las naciones cultas del siglo XIX, las luchas armadas y las diferencias terminan cuando las partes disidentes se satisfacen de los motivos que las llevaron a la guerra.
Si se obtiene esa satisfacción por medio de arreglos conciliatorios y pacíficos, todo el mundo se felicita de haber escapado a las calamidades de la guerra.
Don Pedro y sus aliados se hicieron sordos al clamor público por la paz. No se hace, y no se prosigue la guerra, sino cuando no hay medio de reducir a la razón al adversario empedernido. En cuanto al Paraguay, estaba siempre dispuesto a tratar de la paz.
Resucitando los tiempos de edades bárbaras, los aliados desecharon los buenos oficios de naciones amigas, que se esforzaban en facilitar los arreglos pacíficos entre pueblos vecinos y amigos. Optaron por la guerra a todo trance, y como único medio de obtener satisfacción.
Pocos son los ejemplos en nuestro siglo de los países del mundo, que den ese escándalo de barbarie que dieron los gobernantes de la triple alianza, segregándose de la comunidad civilizada.
¿Qué razones tenían para rechazar los buenos oficios de Chile y sus aliados, de Estados Unidos, de Inglaterra, de Francia?
Los aliados dieron pretextos, pero no razones.
Al gobierno de Chile se le contestó que el honor nacional impedía el aceptarla, porque era necesaria la guerra, para vindicar la invasión a Corrientes.
Al gobierno de los Estados Unidos se le respondió en 1867, que la guerra tocaba a su término, y que era inoportuna la mediación. Posteriormente se le contestó a este mismo gobierno, por segunda vez, que la guerra terminaba por triunfos obtenidos, y que así la mediación no tenía razón de ser.
Sin embargo, la guerra seguía; Humaitá estaba en pié con todas sus fortificaciones, y todo el país se manifestaba inconquistable, y estaba defendida por un ejército invencible del fanatismo patrio, de todos los paraguayos.
Las excusas que daban como razones, eran farsas indignas de gobiernos pretendidos serios.
Bien claro se veía que los aliados no querían la mediación, porque se habían propuesto sino la conquista al menos la desmembración y ruina del Paraguay, y es por eso que prosiguieron la guerra hasta el exterminio completo del pueblo paraguayo.
Era una crueldad, una barbarie, sin ejemplo, en las guerras modernas.
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Fuente :
ASUNCIÓN
Establecimiento Tipográfico de
MUÑOZ Hnos. - 1906
Edición Digital
BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY
Setiembre 2005.
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