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lunes, 2 de agosto de 2010

GREGORIO BENÍTEZ - ANALES DIPLOMÁTICO Y MILITAR DE LA GUERRA DEL PARAGUAY (TOMO I), Edición digital: BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY.


ANALES
DIPLOMÁTICO Y MILITAR
DE LA GUERRA DEL PARAGUAY
Tomo I
Por GREGORIO BENITES
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Ex plenipotenciario paraguayo
cerca de varias potencias de Europa y América
ASUNCIÓN
Establecimiento Tipográfico de MUÑOZ Hnos.
1906
Edición Digital
BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY
http://www.bvp.org.py
Setiembre 2005

.
INTRODUCCIÓN
I
En la historia militar de la guerra del Paraguay, escrita y publicada por varios autores, se nota el vacío de la parte política o diplomática, relativa a la acción oficial de la representación del Paraguay en aquella época, en Inglaterra, Francia y Alemania, donde tenía la República sus legaciones acreditadas; y como esa actuación trascendental permanece aún ignorada del pueblo paraguayo, que tiene derecho a conocerla, he creído de mi deber dar a la publicidad todos los datos oficiales, de carácter político, que están en mi conocimiento, relativos a la gran epopeya nacional.
Al llevar a efecto esta publicación no me anima. inútil es decirlo, la más mínima pretensión literaria, para la cual no me creo con la suficiente preparación, ni he cedido tampoco al impulso de ningún sentimiento mezquino hacía las personas que aparecen citadas en el curso de la relación de los hechos históricos, que contienen los volúmenes a que preceden estas líneas.
Mi actitud responde de una manera exclusiva, al cumplimiento estricto del deber que, como a todo buen paraguayo, me incumbe de contribuir con mi modesto óbolo a la construcción del gran edificio de la historia patria; solicitando desde ya, de la indulgencia de los lectores, quieran disculpar las incorrecciones que notaren en la forma y estilo de este trabajo.

II
La presente obra en dos tomos, contiene la relación sucinta de los antecedentes de la representación oficial del Paraguay, y la acción de su diplomacia en los países de Europa y América, antes y durante la guerra contra la triple alianza; así como de la política internacional adoptada por el Paraguay en sus relaciones con los países de América y Europa.
No se me escapa el que se pudiera decir que la publicación de este trabajo se hace en ausencia de algunos de los actores de los hechos relatados. Es cierto, y nadie tiene más respeto que el autor de esta líneas, por la memoria de los que han satisfecho ya su tributo a la naturaleza: por consiguiente si me he decidido a hacer esta publicación es porque me asiste la convicción íntima, de que los actos oficiales de los funcionarios públicos, como los que voy a consignar en estas páginas, pertenecen de un modo absoluto a la historia. En el presente caso, a la del Paraguay.
Además, alimento la creencia de que los actos del funcionario público, cualesquiera que ellas sean, y de quienes fueren, no se deben ocultar, por meros escrúpulos, máxime cuando esos actos hayan sido, quizás, las cansas de grandes infortunios.
Así, previendo las objeciones a que pudiera dar lugar esta publicación de los actos oficiales del antiguo representante diplomático del Paraguay en Inglaterra y Francia, en los momentos de tanta trascendencia para la nacionalidad paraguaya; y no queriendo constituirme solidario, o encubridor de actos que siempre he reprochado, me he planteado estas dos cuestiones:
1ª. ¿Debo entregar, desde ya, al dominio de la historia estos importantes datos desconocidos, que pertenecen a los anales históricos del Paraguay, sin tener en consideración a sus autores?
2ª. ¿O los debo conservar inéditos, para que otros los den a la publicidad después de mis días?
Sin vacilar he optado por la primera cuestión; he aquí la razón: porque faltando a mi vez, siendo como soy, el único conocedor de los hechos que voy a narrar, podría suceder que por cualquier motivo o causa, se suprimiesen y quedasen ignorados tan importantes materiales para la historia del Paraguay, como ha sucedido ya con numerosos documentos de importancia histórica, que fueron sustraídos de mi domicilio, con mis papeles privados, por mandato dictatorial de los que se adueñaron del gobierno del Paraguay, en 1874-75.
Otros, en cuyo poder se encuentran esos papeles arrebatados vandálicamente, los han de utilizar, tal vez, algún día, como producción literaria de su propio cacúmen.
Si los vándalos saquearon discrecionalmente mis papeles que encontraron en mis baúles, no han podido, o no se han animado a extraer de mi cerebro los elementos con que he vuelto a organizar estas páginas que ofrezco a mis compatriotas.

III
Es doctrina universalmente acatada, que la historia es el destino expiatorio de los que han delinquido, y la cátedra donde las nuevas generaciones aprenden a admirar y respetar las virtudes cívicas y a execrar los crímenes.
Impelido, pues, por esas reflexiones, y no queriendo, por otra parte conservar por más tiempo en mi conciencia, el conocimiento de hechos que siempre me han preocupado, he resuelto dar a luz los antecedentes del servicio diplomático del Paraguay en los países de Europa, durante el período de la guerra de 1864 . 1870, a fin de que la posteridad adjudique al César lo que es del César.

IV
El mundo entero contempló con admiración la lucha titánica que el pueblo paraguayo sostuvo con brío indómito y un patriotismo acrisolado, durante un lustro, contra enemigos más numerosos y mejor armados. Eso está en la conciencia de todos los paraguayos, y de los mismos que les han combatido y contemplado en lid tan desigual; pero lo que nadie conoce, ni siquiera podría sospechar, es lo que voy a consignar en estas páginas, en términos concretos y absolutamente exactos, pidiendo desde luego, a los lectores que no extrañen ni atribuyan a efectos de pasión política, ni a sentimientos de chauvinismo exagerado, los hechos que les voy a presentar con las reflexiones del caso.
Con fundamento serio afirmo que el heroico pueblo paraguayo hubiera triunfado espléndidamente de sus numerosos adversarios, si su legación en Inglaterra y Francia se hubiese inspirado en los sentimientos del deber, en momentos tan solemnes para el porvenir de la patria.
Hago jueces de mi afirmación a los mismos hombres de la triple alianza, que han actuado en la diplomacia y en la milicia, en aquella luctuosa época, así como a los paraguayos capaces de reflexionar y apreciar con cordura los hechos que les voy a referir.

V
Ah! si la República del Paraguay hubiese tenido en el extranjero una representación que secundase las proezas heroicas con que sus hijos han asombrado al mundo, ¡la triple alianza habría inevitablemente sucumbido en los ríos y en las campiñas del Paraguay! Es la verdad. Les voy a presentar las pruebas.
En efecto; si con la energía y el fecundo genio organizador, de que dio testimonios fehacientes el gobernante paraguayo, mariscal Francisco Solano López, desde la expedición a Matto-Grosso, en 1864, hasta la última jornada de Cerro-Corá en 1870, hubiese podido disponer, oportunamente, de los formidables elementos que su legación en Europa se encontraba en aptitud y con instrucciones expresas de proveerle, pues los tenía a su disposición, entonces, lo repito, el triunfo del Paraguay habría sido un hecho INFALIBLE.
Para que los lectores no atribuyan esta afirmación un móvil de ridículo fanatismo, les diré que los elementos a que me refiero, consistían en una escuadrilla de seis poderosos buques de guerra, en numerosos armamentos modernos, y en las simpatías é intervención colectiva de dos grandes potencias marítimas de Europa y América, en favor del Paraguay. Véase Capítulo XI de este volumen.
Pero lástima fue que al general en jefe de los ejércitos paraguayos le faltara la ciencia militar en la dirección de la guerra, para subsanar el defecto de la conducta de su Legación en Europa, que ha demostrado carecer de esos sentimientos nobles y generosos que enaltecen y dignifican al hombre o inmortalizan al ciudadano.
Así, la desgracia del pueblo paraguayo ha tenido varios factores: la infidelidad é inexperiencia de sus agentes civiles y militares; la impericia del general en jefe de sus ejércitos, y la felonía de sus pretendidos amigos y favorecidos.

VI
El presidente argentino, general don Bartolomé Mitre, pactó en su tratado secreto de Mayo 1865, la destrucción del Paraguay y del Presidente Mariscal López (1). Sin embargo, el jefe argentino sabía que era deudor al general López de la salvación de su honor militar, quizás de su vida, comprometidos seriamente a consecuencia de la desgraciada batalla de Cepeda. Véanse en el texto los documentos justificativos de este aserto. (Capítulo II).
El Paraguay había ofrecido sus buenos oficios a la Confederación Argentina y a la Provincia de Buenos Aires, en guerra civil en 1859. Aceptada la mediación paraguaya por ambos beligerantes, fue el general López el ministro mediador, en representación del Paraguay.
Cuando el ministro paraguayo llegó a Buenos Aires, la célebre batalla de Cepeda se había librado ya, y en ella fue derrotado el ejército de Buenos Aires, al mando del general Mitre. Este se había salvado a duras penas, retirándose en derrota completa a la capital porteña.
El general Urquiza, jefe del ejército entrerriano, vencedor, se dirigía a marchas forzadas sobre la Ciudad de Buenos Aires. Estableció su Cuartel general en San José de Flores. Allí se negoció y se firmó por los Comisionados del general Urquiza y de la Provincia de Buenos Aires el Convenio de 11 de Noviembre 1859, bajo la presidencia del mediador paraguayo, y la garantía del Paraguay.

VII
Como era natural, después de firmado el Convenio, el mediador paraguayo fue objeto de las demostraciones más entusiastas de gratitud por parte de los principales personajes políticos argentinos, y de la culta población de Buenos Aires, que le expresaban su reconocimiento por el servicio de haber reconciliado a la familia argentina anarquizada.
Pero, esa misma familia argentina, o más propiamente hablando, algunos de los hombres argentinos reconciliados por la generosa acción de la diplomacia paraguaya, y que habían colmado al general López con demostraciones de amistad y gratitud, tramaron y llevaron a ejecución, cuatro años más tarde, el desmembramiento de la Republica del Paraguay, y la destrucción de la persona del mismo personaje paraguayo, que, según la expresión oficial del doctor don Carlos Tejedor, había ejecutado tan digna y felizmente la acción diplomática de su país, acercando a los miembros de la familia argentina en guerra entre sí.
“Ese primer paso externo de la más joven do las Repúblicas Americanas, añadía el ilustrado estadista argentino, había sido en obsequio de la paz y de la unión de sus vecinos; que en ese primer paso interpretado por el general López, se había descubierto que la República del Paraguay, no sólo ofrecía a la América el contingente de su poder y de su riqueza, sino también el valioso homenaje de una política alta y circunspecta, expresada por una diplomacia hábil, cuanto ingenua y sincera.
Se complacía el Ministerio de Relaciones Exteriores de Buenos Aires en trasmitir al general López la expresión del reconocimiento del pueblo de Buenos Aires por el resultado feliz de la mediación practicada en representación del Paraguay. Le significaba que el gobierno de la Provincia de Buenos Aires, conservaría las impresiones agradables que la distinguida persona del representante paraguayo había sabido inspirarle, como complemento lisonjero de la noble y feliz misión que había desempeñado.
A su vez, el no menos ilustrado diplomático argentino, doctor Luis J. de la Peña, ministro de Relaciones Exteriores de la Confederación, comunicaba al mediador paraguayo, que el Poder Ejecutivo de la Confederación, avalorando la importancia del servicio prestado a la Confederación Argentina por la República hermana del Paraguay y por su digno representante , había ordenado por decreto, sea presentado un voto de gracias a nombre de la Confederación Argentina, al supremo gobierno de la República del Paraguay, y al Excmo. señor Brigadier general ministro mediador, don Francisco Solano López, que ha cumplido con noble y generoso empeño sus buenos fraternales oficios para acercar a la unión las partes disidentes de la Republica Argentina..
El eminente jurisconsulto argentino Dr. Salvador M. del Carril, Vice Presidente en ejercicio del Poder Ejecutivo, manifestaba al mediador paraguayo, que sus trabajos diplomáticos llevaban en sí la recompensa y la satisfacción íntima de haber conquistado una página gloriosa para la historia de la República del Paraguay. Que el Convenio que llevaba la firma del mediador paraguayo, era obra de la política más alta y previsora para ambos países y gobiernos, EN TODAS LAS POSIBLES EVENTUALIDADES.

VIII
El general López, mediador paraguayo, respondió a las manifestaciones lisonjeras de los ilustres estadistas argentinos, que sería siempre de grande importancia para el Paraguay el restablecimiento de la unión de la familia argentina, y que su gobierno se felicitaría siempre de haberle cabido la fortuna gloriosa para la nación paraguaya, de haber contribuido a esa unión, evitando a todos los pueblos confederados la efusión de sangre, que parecía imposible de evitar, en el estado a que habían llegado las diferencias. Que se sentía feliz de haber prestado a la Nación Argentina los servicios que daban lugar a las francas y amistosas declaraciones que le honraban.
Que aceptaba con interés y con la más viva emoción de gratitud las elocuentes felicitaciones que se le dirigían, y que hacía fervientes votos porque fueran permanentes y duraderos los bienes de la paz que reunía a la gran familia argentina.
Tales fueron las expresivas manifestaciones y felicitaciones que se cambiaron entre los hombres públicos argentinos y el mediador paraguayo, general López: véase las notas oficiales que más adelante publicamos.
Quien diría, o podría presumir, que cuatro años más tarde, ese mismo mediador paraguayo, que posteriormente llegó a ser Presidente de su país, y que tan calurosas ovaciones y declaraciones de profunda gratitud de parte del pueblo y estadistas argentinos había recibido, debía ser el objeto especial de una monstruosa alianza de aquellos misinos estadistas argentinos (no del pueblo argentino) con el imperio del Brasil, para destruir a la patria y a la persona, de ese mismo generoso mediador, que se había conquistado la entusiasta afección en el corazón de los hombres y de los magistrados argentinos?
Si la historia nos ofrece ejemplos de la ingratitud humana, difícilmente se encontrará en sus páginas uno de tan cruel elocuencia.

IX
Antes de iniciar las hostilidades entre la Confederación Argentina y la Provincia de Buenos Aires, el gobierno del general Urquiza había enviado a la Asunción al Dr. Luis José de la Peña en misión confidencial, para solicitar del Paraguay una acción común contra la Provincia rebelde de Buenos Aires.
Quien tenga sentido común no podría dudar de que a haberse satisfecho el objeto de la misión confidencial del Dr. de la Peña, se hubiera evitado la ruina del pueblo paraguayo, y la hecatombe de Cerro-Corá.
Tampoco es dudable que si el gobierno de la República del Paraguay hubiese apoyado militarmente a la Confederación Argentina contra la Provincia de Buenos Aires, la derrota y sometimiento por la fuerza de esta belicosa Provincia no habría ofrecido dificultad ninguna.
En efecto, basta tener presente lo que pasó a la triple alianza de la República Argentina, el Brasil y la República Oriental, para calcular con precisión matemática cuál hubiera sido el resultado de una lucha entre la sola Provincia de Buenos Aires y la alianza de la Confederación Argentina con el Paraguay.
Sin embargo, el gobierno del Paraguay se negó a condescender al objeto de la misión confidencial del doctor Luis de la Peña, y en cambio ofreció oportunamente sus buenos oficios a los hermanos argentinos en lucha fratricida; y es justo que la historia recoja este hecho real: que esa política noble, elevada y generosa, fue aconsejada al Presidente don Carlos Antonio López, por su hijo el general, estando ya casi prometido el contingente solicitado del Paraguay. La intervención personal y oportuna del general López hizo fracasar la misión del honorable diplomático argentino, doctor de la Peña. (2)
Así procedió el que llegó a ser el blanco de las iras implacables del general don Bartolomé Mitre, que en prosecución de sus miras absorbentes sobre el Paraguay, pactó la destrucción, no sólo de la persona de aquel mediador que había recibido las manifestaciones de amistad y gratitud del gobierno y pueblo argentino, sino también el desmembramiento y la ruina de la nación paraguaya, a cuya acción y representación diplomática debió su salvación de las consecuencias de su derrota militar en Cepeda.

X
En una comunicación dirigida a la Legación paraguaya en París, en los primeros meses de iniciada la guerra contra la triple alianza el mariscal López decía: “El general Urquiza me ha faltado a los espontáneos compromisos, que contrajo conmig”. (3)
Es otra causa de la derrota y ruina del Paraguay, por cuanto es lógico suponer que sin la combinación militar con el general Urquiza, que falló, el general López no habría quizás afrontado la lucha con la triple alianza, por más que se hubiese considerado con suficientes elementos propios para hacer frente, con éxito, a cualquiera eventualidad.
Quizás el general Urquiza se acordó de la negativa del Paraguay, o mejor dicho de su compadre el general López, a satisfacer el objeto de la mis ión confidencial del Doctor de la Peña, y sea esa reminiscencia la que influyó en su ánimo para no cumplir los compromisos que había contraído con el gobernante de un país vecino y amigo. Las fuerzas entrerrianas fueron, en verdad, desbandadas en los campamentos de Basualdo y Toledo; pero eso probó únicamente su resistencia a engrosar las filas del ejército de la triple alianza.
Se ha dicho, sin embargo, que los desbandes de las fuerzas entrerrianas, habían sido obras del general Urquiza: y en honor de este prestigioso caudillo argentino, podría admitirse que la disolución de los cuerpos entrerrianos obedeciese a su influencia.
Ese ejemplo disolvente de los cuerpos entrerrianos se había extendido a las demás provincias argentinas. Así, cuando el gobierno central o nacional argentino, ordenaba el enrolamiento de algunos reclutas, estos eran traídos de las provincias maniatados y bien custodiados.
Tal era la impopularidad de la guerra que el general Mitre había organizado contra el Paraguay, con la ayuda del imperio del Brasil y el gobierno oriental del general Flores.
El Paraguay aceptó la guerra a que fue provocado por la política maquiavélica del gobierno del general Mitre. Por eso se manifestaba siempre dispuesto a suscribir una paz honrosa. Los argumentos de sus rivales, buscados en lo pasado, de la pretendida ambición de conquista, no se fundaban en ningún hecho positivo o antecedentes de alguna seriedad. El Paraguay no ha hecho más, al aceptar y sostener la lucha armada, sino permanecer fiel a su política tradicional de independencia y libertad. (4)

XI
Si es verdad que el Mariscal López no tuvo la pericia necesaria para dirigir las acciones de guerra, tenía mucho genio organizador, y mucho más todavía, orgullo personal. Quería a su país; estaba listo a sacrificarse por él, como en efecto lo ha probado, jugando su propia existencia, en un partido, que llegó a ser ya excesivamente aventurado. Tenía en sus manos la fortuna y los destinos del Paraguay. Poseía una fuerza moral inquebrantable, y comprendía que su ejército, aunque joven é inexperto, la tenía también como él, quizá, más que él, para vencer o morir. Sus propios enemigos que le combatían, le rindieron culto homenaje por la bravura y abnegación.
Así, la impericia de los generales paraguayos facilitó el triunfo militar y político de la triple alianza contra el Paraguay. Además, la desastrosa conducta en el desempeño de sus delicadas funciones del representante diplomático del gobierno de López en Inglaterra y Francia, ha sido el factor principal de la catástrofe de 1º de marzo 1870.
La selección del Mariscal López de sus jefes militares y agentes civiles en el extranjero, no ha sido las más de las veces, acertada.
A pesar de la impericia con que se sostuvo la defensa militar del país y de la funesta esterilidad de la acción de sus agentes acreditados en el exterior, el pueblo paraguayo seguía dando el más noble espectáculo de una abnegación patriótica inquebrantable, de que todo paraguayo debe sentirse orgulloso.
Ese ejemplo de nuestros padres inculcará en las mentes de nuestros hijos la fe indeclinable que deben alimentar en los destinos de la patria, aún en los momentos más sombríos de su existencia; evocarán a, los ojos de todos la imagen purificada de este Paraguay, cuya conservación y seguridad debe ser el objeto de nuestra mayor vigilancia, y cuyo engrandecimiento debe inspirar nuestros constantes esfuerzos comunes.

XII
A los poderes que constituyen el gobierno de la República, les incumbe la bella y patriótica misión de preparar la seguridad y afianzamiento del porvenir de su patria, estableciendo fomentando la educación del pueblo, el respeto a las instituciones patrias, la reorganización de su ejército para la defensa de sus derechos soberanos de su territorio desmantelado.
Para completar la realización de nuestros anhelos, cicatrizar las heridas dolorosas que todos los paraguayos sentimos en el corazón. Necesario es no olvidar la lección, triste lección, que se desprende del pasado, que nos dicta una ley imperiosa. Basta de querellas odiosas, estériles y estúpidas, que debilitan a la patria, exponiéndola indefensa a la concupiscencia de sus tradicionales rivales. Demos el ejemplo de un pueblo sensato, pacífico; marchemos resueltos y unidos en la vía del progreso, de la libertad y de la justicia, en fin, de nuestra regeneración social; conquistemos al lado del poder material, el poder moral, que es más fuerte, más irresistible, que en el mundo moderno, no permitirá ya que la ley brutal de la fuerza violar impunemente el derecho imprescriptible de la sociedad.
Las acciones gloriosas de abnegación y lealtad de nuestros mayores, de los ejércitos de Paraguarí, Tacuarí, Corrales, Curupaity, Estero Bellaco, Humaitá, Villeta, etc., se han de reproducir eternamente en los corazones de las generaciones venideras.
Es necesario que haya en la tierra clásica del Paraguay, que ha producido tantos heroicos defensores de la patria, algo duradero en que se traduzca o se reproduzca el culto sagrado que conservamos a sus héroes, el recuerdo de la víctimas que han luchado en los días nefastos, teniendo el presentimiento de que defendían el porvenir de la patria con la derrota del presente.
¡Cuántos cayeron en los campos de batalla, derramando preciosa sangre paraguaya, desde Yataí a Cerro Corá!
La heroica defensa se prolongó con soldados improvisados, bisoños, con niños hasta de diez años de edad, mal armados, mal vestidos, careciendo de todo, menos de valor.
En los combates de Corrientes, Riachuelo, Yataí, Itapirú, Estero Bellaco, Sauce, Curupaity, Humaitá, Ytorotó, Avahy y tantos otros lugares, han quedado ejemplos de lo que son capaces los caracteres viriles y patrióticos, cuando se inspiran en la causa sacrosanta de la patria, y en sus propios sentimientos cívicos.

XIII
El Paraguay conoce por propia experiencia en su pasada guerra cómo un diplomático mediocre o nulo, complica y agrava las situaciones. Sabe que un mal agente pierde una causa buena, y que un diplomático improvisado compromete los intereses a él confiados.
Jamás tendrá la diplomacia paraguaya oportunidad más apremiante, ni intereses más sagrados para desplegar su celo, su actividad y patriotismo en la defensa que la que tuvo durante la guerra de un lustro.
Cuando se reflexiona en los resultados que se han obtenido en las numerosas y cruentas batallas que se han librado sin el genio pericial del general en jefe, se comprende lo que hubieran hecho los paraguayos, si hubiesen sido dirigidos por un jefe de suficiente ciencia militar. Batallones y regimientos de reclutas, sin organización, sin instrucción militar, mal armados, peor vestidos y alimentados, peleaban con bríos indómitos.
“El error militar digno de atención que se observa, en esta guerra improvisada, dice el consejero Nabuco, es haberla empezado con fuerzas inferiores a las del enemigo. Si este hubiese sabido aprovechar la superioridad que en los primeros momentos tuvo, nadie podrá calcular las consecuencias, por lo menos las políticas, del pánico que se hubiera producido... Ningún enemigo tuvo López tan funesto como sus propios actos, tan mal encaminados, que parecían combatidos por un poder oculto que se entretenía en desbaratarlos. Sus ataques nos sorprendían siempre, mas perdían su eficacia por exceso de temeridad optimista....

XIV
Vuelta otra vez al concierto de las naciones civilizadas, con dignidad y nuevos merecimientos, la nación paraguaya se ha hecho acreedora a la consideración y simpatías de las demás naciones del viejo y nuevo continente.
La abnegación de los invictos patricios no será estéril, ni la sangre con que fue regada la superficie del suelo patrio, no se habrá vertido en vano; a lo menos esos antecedentes de imperecedera gloria trazarán sus deberes a las nuevas generaciones del porvenir, rememorando las lecciones y los ejemplos de sus antepasados. Nos dirán, a la vez, con la elocuencia de los hechos pasados, cuán peligrosas son las ilusiones temerarias y la ineptitud pretenciosa, que conducen a las más fatales consecuencias.
Empero, es consolador contemplar al Paraguay rehecho fortificándose otra vez, moral y materialmente, para poder sostener en cualesquiera circunstancias sus intereses y sus derechos de pueblo independiente y soberano.
El generalísimo de los ejércitos aliados se equivocó al rechazar la paz que mle ofreciera López el 12 de Noviembre en la conferencia de Yataity-Corá, y se engañó más todavía al apoyar esa negativa en la fuerza bruta de que disponía.
A ningún pueblo le agrada el que se le haga vibrar las cuerdas de la amenaza y de la infatuación.
El Paraguay dio testimonios prácticos de que prefería un proceder noble y honroso, a la ostentación ridícula de la fuerza bruta. (5).

XV
Aunque la guerra ha llegado a ser en nuestros días cada vez más impopular entre las naciones, sin embargo, la base en que reposa la paz del mundo, es frágil. Tan es así que cualquier telegrama de pocas líneas, es capaz de producir el pánico financiero y la consternación política en todos los países del mundo, ligados por círculos comerciales y políticos.
La palabra guerra justa, envuelve un contrasentido salvaje, dice Alberdi; es lo mismo que decir, crimen justo, crimen santo, crimen legal. No puede haber guerra justa, porque no hay guerra sensata. No es cierto que el fin justifica los medios; son los medios que justifican el fin, más todavía en la guerra que en política. (6)
La guerra es en cierto modo un sistema o expediente de procedimiento o enjuiciamiento, en que cada parte litigante tiene necesidad de ser su propio juez, y a la vez juez de su adversario, a falta de un juez extraño en el debate.
Por eso la diplomacia es preferible a la guerra, como medio de resolver los conflictos internacionales; pero no es más eficaz que la guerra de resolverlos en el sentido de la justicia, porque al fin la diplomacia no es más que la acción de las partes interesadas. La buena voluntad en que descansa la paz de hombre a hombre, es la base de la paz entre Estado y Estado. (7)
Lo que la razón no resuelve por la discusión no puede ser resuelto por la espada. Lejos de ser la espada la última expresión del derecho, es la primera razón del crimen. Es el absurdo más grande el pretender que el exterminio en masa de millares de hombres útiles, la devastación de las ciudades y de los campos, el incendio, la ruina, el engaño, el fraude, la profanación, puedan ser medios de educar, civilizar y mejorar la especie humana. (8)
La gloria de Washington no es la de la guerra sino la de la libertad. Un pueblo en que cada nuevo ciudadano se fundiese en el molde de Washington, no sería un pueblo de soldados, sino un pueblo de grandes ciudadanos, de verdaderos modelos de patriotismo. (9)
No son la política y la guerra las que han de sacar a los pueblos de su aislamiento, para constituir esa sociedad de pueblos, que se llama género humano. Serán los intereses, el comercio y las necesidades de la civilización de los pueblos mismos, como acontece sucesivamente.
López, al retirarse de la conferencia de Yataity-Corá, sin haber podido conseguir ningún arreglo de paz, le decía al general Mitre: .Los ejércitos de su mando conquistarán los escombros del Paraguay..
Discutir largamente, es pura pedantería, es darse el aire de estar animado de sentimientos conciliatorios, y mantener a todo trance sus pretensiones y exigencias, es propio de generales poeta-diplomáticos.
La guerra siguió su lúgubre curso hasta la jornada de Cerro Corá; los heridos prisioneros arrancaban sus vendajes; los vencidos procuraban reconquistar su libertad; la Nación entera quería caer como habían caído Numancia y Zaragoza.
Desde siglos atrás no se había visto tan espantosa carnicería, y la humanidad no había sufrido una lucha tan encarnizada, una defensa tan heroica, una destrucción tan atroz. Humaitá es la Troya paraguaya, que resistió durante dos años . 1866 . 1868 . a los ejércitos de tierra y a las fuerzas marítimas de las potencias aliadas.
La historia es el análisis de las virtudes ciudadanas, y la expiación de los grandes delincuentes. En ella aprenden las generaciones a venerar la virtud y a execrar los crímenes. Así, pedir o guardar silencio respecto de los muertos, sería pedir el silencio a la historia, o mejor dicho la supresión de la historia.
Los medios contemplativos son malas cataplasmas aplicadas a las llagas vivas, se ha dicho.
GREGORIO BENÍTEZ
Villa Rica, Mayo 1904
.
NOTAS
(1) El estadista brasilero señor Nabuco establece en su libro, la guerra del Paraguay que “sino fuera la actitud del general Mitre, las simpatías de todos los americanistas de toda la América del Sur, del Plata, del Perú, de Colombia etc., todas contrarias al imperio, no habrían permanecido en manifestaciones platónicas al acudir el Paraguay en socorro de
Montevideo. El Consejero Nabuco ha sido uno de los más conspicuos personajes que han actuado en los más altos puestos del imperio. Su opinión es autorizada.
(2) La lección del pueblo paraguayo les enseñaba (a los partidos políticos argentinos) que en las cuestiones internas no deben ir a buscar armas y vapores al Paraguay y al Brasil, sacrificando territorios y honra, como lo hizo Urquiza, buscando la alianza del Brasil primero, y la del Paraguay después, para vencer la resistencia de Buenos Aires. (carta del General Mitre)
Pregúntese al general Mitre, (*) qué hubiera sido y qué consecuencia hubiera tenido la resistencia de Buenos Aires, al ejército entrerriano, fuerte de 20 mil hombres de las tres armas al mando de Urquiza, que tenía en un círculo de acero a la Capital bonaerense, a raíz de la batalla de Cepeda, donde fue derrotado el ejército porteño, a su mando (de Mitre), si no fuera la negativa del presidente Carlos Antonio López, inspirado por su hijo el general Solano López, de aliarse a Urquiza contra la provincia de Buenos Aires, permanentemente hostil al Paraguay; y sobre todo, cuál hubiera sido la consecuencia de la resistencia de la Ciudad de Buenos Aires al ejército entrerriano que la tenía sitiada en 1859, si no hubiese sido la oportuna y feliz mediación diplomática del Paraguay, ejercida por el general López, con la habilidad e ilustración reconocidas por el mismo gobierno provincial de
Buenos Aires, en notas oficiales, que se encuentran íntegras en las páginas de este tomo.
* Cuando el autor escribió esta obra, aún no había fallecido el general Mitre (N. de los E)
(3) Francisco Solano López será siempre una de las más singulares figuras de la América del Sur. Aún está dudosa la verdad sobre sus intenciones y ambiciones al empezar la guerra. Parece cierto que contaba con Urquiza en la Argentina, con los blancos en el Uruguay, y con la esclavitud en el Brasil. ¿Pero cuáles eran sus planes? Se le atribuye la aspiración de hacerse proclamar emperador. Las obras de López en Asunción indican la endencia imperial de sus ideas (Nabuco. La Guerra del Paraguay)
El autor de la obra titulada Guerra del Paraguay. pág. 161, el subtítulo alemán, L. Schneider, al referirse a la actitud felona del general Urquiza, se expresa en estos términos: .Cuando Urquiza, después de firmarse el tratado de la triple alianza, salió de Buenos Aires para reunir sus milicias en Entre-Ríos, el presidente Mitre le acompañó hasta el punto de embarque y, despidiéndose de él muy cortésmente, exclamó: .Apresuraos general. En ese momento se presentó un mensajero del presidente López y entregó a Urquiza una carta de S. E., el Mariscal. Urquiza, por la letra del sobre, reconoció de quién era, y la entregó cerrada al presidente Mitre”.
Las líneas que preceden, corroboran materialmente la aseveración del mariscal López respecto a la conducta de Urquiza para con él.
(4) El proyecto de Rosas era lo que aún hoy alimentan todos los políticos argentinos, a saber: absorber el Estado Oriental del Uruguay, y la República del Paraguay, reconstruyendo el antiguo Virreinato español del Río de la Plata. La política internacional del Brasil creada por el partido conservador, y principalmente por el ilustre ministro Paulino de Souza, Vizconde del Uruguay, consistía entonces, como consiste aún hoy, en mantener la independencia de los dos Estados amenazados por la ambición argentina. .Las desinteligencias con el general Rosas y el tono insolente que este adoptó con relación al imperio, empezaron desde que promovimos el reconocimiento del Paraguay como Nación Soberana e independiente. El representante argentino en Río de Janeiro reclamó enérgicamente contra este reconocimiento, alegando que el Paraguay era una provincia rebelde de la Confederación Argentina.. Schneider. Guerra del Paraguay . bita 4ª, pág. 17, de José María Parahos.
Otro estadista notable del Brasil, el Vizconde de Jequitinhonha, se expresa en estos términos: .Es un hecho nunca desmentido el deseo siempre manifestado por el gobierno argentino de unir a la Confederación la República del Paraguay, y de nuestra parte la política siempre seguida de mantenerlos separados. Una vez mermada la existencia política del Paraguay en provecho de la Confederación, sea cual sea el procedimiento, no habrá diques que contenga las ambiciones argentinas. Considerado el Paraguay con relación a la moral, puede no parecer muy interesante el tenerle consideración en el orden político, pero importa al Brasil, quizás más que a cualquiera otra potencia, el conservarle como es. Para vivir en paz y tener buena vecindad con el Paraguay, nos basta un buen tratado de paz bien consolidado y ejecutado de buena fe”.
(5) Si el general Mitre hubiese adoptado la política de un gobernante neutral y verdaderamente imparcial en las querellas intestinas de sus vecinos, como la que adoptó el Paraguay en 1859, no hubiera favorecido tan ostensible y escandalosamente a la rebelión del general Flores, y sobre todo no habría negociado y firmado el inicuo tratado secreto de la triple alianza de 1º de Mayo 1865, contra el Paraguay y su benefactor el general López, según queda bien establecido por el análisis de la negociación diplomática del mediador paraguayo, y por las notas de los doctores Tejedor, de la Peña y del Carril. Sin la política maquiavélica del general Mitre, la hecatombe del Paraguay se hubiera evitado.
Si el general Mitre hubiese procedido como un gobernante imparcial y recto, habría mediado entre el Brasil y el Paraguay, con motivo de la protesta de este último, de fecha 30 de Agosto 1864. De este modo correcto habría retribuido al Paraguay, el servicio que éste prestó a la República Argentina con su mediación, en 1859, de cuyo resultado fecundo, el que primero recogió beneficios, fue el mismo general don Bartolomé Mitre.
(6) El crimen de la guerra.
(7) ALBERDI, Juan Bautista. El crimen de la guerra.
(8) Ibídem.
(9) Ibídem.



NOTICIA PRELIMINAR
En el Paraguay, desde su emancipación política en 1810, el servicio militar ha sido obligatorio para todos los ciudadanos paraguayos; así, todos los hijos del país, sin distinción de clases, desde la edad de 17 años, eran llamados al servicio de las armas por un tiempo que de ordinario duraba lo necesario para adquirir la instrucción militar, y la práctica de la disciplina.
Con este sistema de enrolamiento se había dado a toda la población masculina de la República, bajo los gobiernos del doctor Francia y de los López, una organización y disciplina militares, que hubieran sido de una eficacia trascendental en la guerra que la triple alianza del imperio del Brasil y de las repúblicas Argentina y Oriental, hizo al Paraguay en 1865-70, si los conocimientos teóricos y la pericia militar del general en jefe de sus ejércitos, hubiesen coincidido con el genio y la enérgica constancia que desplegara durante un lustro, contra fuerzas muy superiores del enemigo.
Eso está en la conciencia de todos los que han presenciado de cerca o de lejos la lucha titánica que han sostenido los paraguayos en los campos de batalla.
De manera que en el año 1851, a la edad de 17 años, me tocó mi turno de ser llamado al ejército de la República, establecido a la sazón en el campamento de Paso de Patria. Senté plaza en el batallón Nº 1, al mando del entonces coronel, más tarde general, Vicente Barrios.
El general en jefe del ejército, Francisco Solano López se encontraba en el campamento. Su jefe de estado mayor General, era el sargento mayor Wenceslao Robles, después general, y fusilado en el mismo punto al principio de la guerra con la triple alianza, por delitos que le fueron imputados de infidelidad a sus deberes militares, en frente del enemigo.
Tomé parte en la formación del campamento de Humaitá y de sus fortificaciones en 1855. Asistí a los preparativos bélicos hechos en dicho punto el mismo año, con motivo de la amenaza de la escuadra brasilera compuesta de 20 cañoneras de guerra de subir el río Paraguay, forzando el paso de Humaitá, lo que indudablemente no hubiera conseguido, estando ya entonces la vuelta de Humaitá, fortificada y artillada con minas flotantes en varios puntos del canal del Río Paraguay. Además, todas las baterías tenían sus hornallas subterráneas, donde se caldeaban las balas de los cañones, destinadas a incendiar a los buques enemigos, que eran de madera.
A principios del año 1856, el general López, estando en el campamento de Humaitá, mandó a llamarme con el ayudante teniente Cándido Mora. Después de una larga y variada conversación, me propuso que escogiera entre quedarme con él en calidad de escribiente en el ministerio de guerra y marina, de que era titular, o volver a mi batallón con un ascenso militar.
La proposición era ventajosa para mí, pues en lugar de seguir sirviendo en el batallón, era preferible pasar al ministerio de guerra en las condiciones indicadas, por lo que no vacilé en optar por la primera proposición. Desde entonces quedé al lado del general López, puede decirse en el doble carácter de secretario particular y oficial, pues a la vez que tenía a mi cargo su archivo privado y su bien surtida biblioteca, tenía también el manejo de los papeles oficiales del ministerio de guerra y marina. Además, corrían por sus manos, y por tanto por las mías, numerosos papeles y documentos de las diferentes reparticiones del gobierno, que su padre el presidente don Carlos Antonio López le daba para estudiarlos, o en consulta.
Al poner a mi cargo su voluminoso archivo particular y su Biblioteca, me recomendó con encarecimiento verdaderamente paternal, que jamás olvidaré, que aprovechara la oportunidad de tener a mi disposición los libros de su biblioteca para estudiar y adquirir los conocimientos necesarios al hombre en la sociedad. El mismo me indicaba las obras que debía leer y estudiar de preferencia.
Es obvio decir, que me apresuré a acatar las nobles indicaciones de mi generoso protector, que dicho sea de paso, tenía influencia real en los consejos de su padre el Presidente de la República.
A la vez que me dedicaba a la lectura de las obras más instructivas de la biblioteca a mi cargo, estudiaba también el francés con mi compañero el secretario teniente Paulino Alén, que lo poseía. El señor don Carlos Saguier que frecuentaba la casa del general López, de quien era amigo personal y protegido en sus negocios comerciales, tenía también la galantería de darme algunas lecciones del idioma de Voltaire.
Según queda dicho, la biblioteca era bien surtida, y el archivo particular voluminoso. Sus corresponsales eran varios en el exterior. De los que me acuerdo en Europa, eran J. A. Blyth, Benjamín Green, Alejandro Laplace; y en Buenos Aires, Montevideo, Entre-Ríos y Corrientes, los señores Nicolás A. Calvo, Juan J. Soto, doctor Lorenzo Torres, Héctor Varela, doctor Valentín Alsina, doctor Benjamín Victorica, doctor Rolón y los generales Tomás Guido, Mansilla, Urquiza, B. Mitre etc.

ÍNDICE
Introducción (225 Kb.). Noticia Preliminar ,
CAPITULO I - Política exterior del Paraguay. (227 Kb.)
CAPITULO II - Mediación diplomática del Paraguay. (260 Kb.)
CAPITULO III - Agresión de buques ingleses al .Tacuarí. (128 Kb.)
CAPITULO IV - Expedición marítima del Brasil. (180 Kb.)
CAPITULO V - Misión diplomática del Paraguay a Europa. (135 Kb.)
CAPITULO VI - Gestión diplomática ante el gobierno inglés. (219 Kb.)
CAPITULO VII - Misión a Berlín. (179 Kb.)
CAPITULO VIII - Antecedentes de la guerra contra la triple alianza. (221 Kb.)
CAPITULO IX - Ruptura de Relaciones. (326 Kb.)
CAPITULO X - Preparativos Bélicos. (243 Kb.)
CAPITULO XI - Las hostilidades. (567 Kb.)
CAPITULO XII - Defensa legítima. (364 Kb.)
EL LIBRO ENTERO (1450 Kb).
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