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martes, 31 de agosto de 2010

JUAN CRISÓSTOMO CENTURIÓN - MEMORIAS O REMINISCENCIAS HISTÓRICAS SOBRE LA GUERRA DEL PARAGUAY -TOMO III / Ed. digital: BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY


MEMORIAS O REMINISCENCIAS HISTÓRICAS
SOBRE LA GUERRA DEL PARAGUAY. – TOMO III
Autor:
JUAN CRISÓSTOMO CENTURIÓN
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Prólogos de
RICARDO CABALLERO AQUINO y
J. NATALICIO CARDOZO.
Editorial El Lector,
Colección Histórica Nº 21,
Tapa : LUIS ALBERTO BOH
Asunción – Paraguay
1987 (288 páginas)
Edición digital :
BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY
Edición digital basada en la
Edición Guarania, 1944. 291 pp.
Enlace: IR AL INDICE


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ÍNDICE
TOMO TERCERO
NOTAS DEL MAYOR ANTONIO E. GONZÁLEZ

CAPÍTULO IMovimiento de flanco del Ejército Aliado. - Su marcha de Tuyutí a Tuyucué.- Regreso del General Mitre al Ejército Aliado.- La Escuadra brasilera pasa Curupaity.

CAPÍTULO II

Combate con tropas enemigas conduciendo un convoy a Tuyucué.- Combates de Isla Taiy y Tataybá.- Asalto e incendio del campamento aliado de Tuyutí.- Prisioneros de guerra y trofeos.- Reflexiones.

CAPÍTULO IIIEl comandante Núñez es enviado al Tebicuary a guarnecer el paso principal de este río y hacer pasaje de ganado al Chaco.- Los habitantes del Norte del Arroyo Hondo se trasladan al Norte del Tebicuary.- Expediciones enemigas al Departamento del Pilar.- Ataque y toma de esta villa por fuerzas brasileras.- Heroica defensa de la misma.- Simón Antonio Villamayor y D. I. Ayala.- Concentración de nuestras fuerzas en Paso-pucú.- Fundación del campamento y batería de Timbó.- Mrs. Cochelet y Cuverville cónsules de Francia.. Mr. Chaperon, cónsul de Italia.- Mi nueva caída.- Paso-po.i.- Obsequio del pueblo al Mariscal - Muerte del doctor D. Mareos Paz, Vicepresidente de la República Argentina.- Mitre deja el mando del ejército aliado y se ausenta para Buenos Aires.- Asesinato del General Flores en Montevideo.- Fundación del reducto de Cierva.

CAPÍTULO IVLa escuadra encorazada brasilera pasa Humaitá.- Asalto y toma del reducto Cierva.- Evacuación de la Asunción, trasladándose el Gobierno con todas las oficinas administrativas a Luque.- Los encorazados Bahía, Barroso y Río Grande do Sul, suben aguas arriba hasta la Capital al siguiente día que forzaron el paso de Humaitá.- Incidentes curiosos.- Asalto por una fuerza de caballería en canoas a los encorazados fondeados entre Humaitá y Curupayty.- El Mariscal se retira al Chaco y sigue viaje hasta Monte Lindo y de allí a San Fernando.- El enemigo ataca nuestra línea del Espinillo y la del Sauce.- Evacuación de estas posiciones por nuestras fuerzas, así como la de Curupayty.- Nuestra partida de Paso-pucú a Humaitá y viaje nocturno de aquí a Timbó y de este punto a San Fernando.

CAPÍTULO VSitio de Humaitá.- Combates en el Chaco - Osorio ataca Humaitá. - Acáyuasá.- Evacuación de Humaitá.- Pasaje de la laguna Iberá.- Ataque nocturno en canoas sobre los encorazados en Taíy.- Rendición del resto de la fuerza que formaba la guarnición de Humaitá.- Desocupación del Chaco.- Los aliados intentan ocupar el paso del Bermejo e impedir la retirada de Caballero y su incorporación con el grueso del ejército.

CAPÍTULO VISan Fernando - Evacuación de Matto-Grosso

CAPÍTULO VII
El Mariscal abandona San Fernando y se marcha con todo su ejército al Norte del arroyo Piky-syry. – Mi protesta de inocencia ante el Mariscal y su contestación. - Combate en el Paso del Tebicuary.- El Capitán Bado.- Abandono del Fortín.- Los encorazados.- Construcción de las trincheras de Pikysyry y de Angostura.- La escuadra brasilera opera contra ésta. - Combate sangriento de Surubi-y. - El ejército aliado acampa en Palma.

CAPÍTULO VIIILos aliados resolvieron dar un movimiento estratégico por el Chaco para atacar nuestra posición por la retaguardia.- Expedición al Chaco a las órdenes del Capitán Patricio Escobar.- Los encorazados pasan al Norte de Angostura.- Buques de guerra de potencias neutrales.- Llegada del General Mac Mahon.- Principio de mi rehabilitación.- Porter Cornelio Bliss, autor de un famoso y erudito folleto contra Washburn.- Libertad de Bliss, Mastermann y Libertat.- Formación de una reserva importante.- Reflexiones.

CAPÍTULO IXDesembarco del enemigo en San Antonio.- Batalla de Ytorõrõ.- Operaciones de la escuadra brasilera.- Sus averías.- El Barón del Pasaje procede a un reconocimiento prolijo desde San Antonio hasta la Asunción.- Bombardeo por 2ª vez a esta ciudad.- Batalla de Avay.- Las espuelas y poncho de Caballero.- Fuerza que tomó parte en la batalla.- Nuestras pérdidas y las del enemigo.- Abusos con las mujeres.

CAPÍTULO XEl ejército brasilero después de Abay se retira a Villeta.- Fortifican la parte occidental de ésta.- El General Mena Barreto practica un reconocimiento hasta Pirayú.- Construcción de nuevas fortificaciones.- Abandonadas.- Angostura transformada en reducto.- Itaybaté y sus trincheras.- El Coronel Vasco Alves sorprende al regimiento 45 de nuestra caballería.- Reconocimiento del marqués de Caxías el 18 de diciembre.- Toma posición frente de Itaybaté.- Los brasileros arrebatan y llevan los animales de nuestro abasto.- Muerte del Comandante Roa.- Ataque de Lomas Valentinas el 21 de Diciembre de 1868.- Siete días de combate.- Fusilamiento del Obispo Palacios, del General Barrios y de Benigno López.- Toma de la trinchera de Pikysyry - Intimación de los jefes aliados al Mariscal y elocuente contestación de éste.. Ataque del ejército argentino a Lomas Valentinas el 27 y derrota del Mariscal.- Llegada a Cerro-León.

CAPÍTULO XI
Sitio de Angostura

APÉNDICE
Carta del Vicepresidente don Francisco Sánchez al Mariscal don Francisco S. López levantando cargos que éste hacía pesar sobre él con motivo de la conspiración
Cartas justificativas
Nota del Ministro Caminos al Ministro Americano Mr. C. Washburn
Nota de Mr. Washburn dirigida al Mariscal desde a bordo del “Wasp”
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CAPÍTULO I
Movimiento de flanco del Ejército Aliado.. Su marcha de Tuyutí a Tuyucué.- Regreso del General Mitre al Ejército Aliado.- La Escuadra brasilera pasa Curupaity.

Hemos visto que el General Mitre, antes de la toma de Curuzú, había aceptado de mal grado la idea de atacar nuestra posición por la derecha, y como prueba de que no había tenido predilección por ese plan, hemos aducido el hecho de que esa operación se había llevado a la práctica sin que en ella haya tomado parte un solo argentino; mas, después del éxito obtenido, parece haberse operado en su ánimo una reacción que le hizo cambiar de idea, concibiendo la posibilidad de que por Curupayty pudiese estrechar al Mariscal hasta obligarlo a refugiarse en la fortaleza de Humaitá, cuya caída constituía la más decidida aspiración de los aliados para la terminación de la guerra.
Pero el descalabro que sufrió el ejército aliado en el asalto de Curupayty, que tuvo, como dije, una resonancia terrible para la alianza, le hizo volver sobre su antigua idea, reasumiendo el plan de operar por nuestra izquierda, como el medio más seguro de conseguir la realización del objetivo en perspectiva.
En efecto, antes de ausentarse del ejército en el mes de Febrero de 1867, Mitre dejó al marqués de Caxías encargado, mientras durara su ausencia, del mando en jefe de todo el ejército aliado, acordando con él sobre la ejecución del plan de operaciones que había concebido, con promesa de enviarle desde Buenos Aires una memoria, para el caso en que se prolongase su ausencia del teatro de la guerra. No fue enviada la memoria; pero en cambio, dirigió al marqués una extensa carta con fecha 17 de Abril de 1867, en que resumía y explicaba todas las operaciones que deberían practicarse con arreglo al plan, urgiéndole al mismo tiempo para que las iniciara definitivamente. Al acusar recibo de dicha carta con fecha 30 de Abril del mismo año, y al mencionar las causas que habían retardado la práctica de las operaciones, el marqués expuso como la principal, los estragos del cólera morbus que hasta esa fecha había llevado del ejército brasilero 2000 hombres, entre éstos 100 oficiales, y que aún continuaba haciendo 30 víctimas diarias.
Consistía dicho plan en ejecutar con la mayor parte del ejército aliado un movimiento de circunvalación de Tuyutí a Tuyucué, de manera a completar por tierra el sitio de la fortaleza de Humaitá, o sea de todo el cuadrilátero que ocupaba nuestro ejército como avanzada de ésta. Una de las bases principales de este plan, era el pasaje de Curupayty y Humaitá por la escuadra brasilera, a fin de impedir la comunicación libre de nuestros vapores por el río Paraguay con esta última, y tener, en lo posible, garantida la suya por el mismo río, el cual llegaba a constituir una nueva base de las operaciones del ejército aliado.
El marqués de Caxías había comenzado los preparativos para el movimiento de flanco en todo el mes de mayo y junio de 1867; pero recién el 22 de julio emprendió la operación, marchando de Tuyutí para Tuyucué con una fuerza compuesta más o menos de 38.500 hombres de las tres armas.
El General Osorio, que había llegado con su columna a mediados de junio, llevaba la vanguardia. Quedó guarneciendo Tuyutí una fuerza de 13.000 hombres a las órdenes del General Porto-Alegre.
El ejército brasilero en marcha, siguió primero la costa del Paraná hacia arriba, y luego atravesó el Bellaco en Paso-Canoa, donde chocó su vanguardia con la nuestra acaudillada por los mayores Medina y Rolón, resultando de la escaramuza algunos muertos de una y otra parte.
Por una mala inteligencia entre los jefes aliados, el ejército argentino marchó por la derecha del Bellaco, sin que, debido a esta circunstancia, pudiese recibir ninguna protección del brasilero en caso de un ataque repentino de parte de los paraguayos. Al Mariscal López no podía ocultarse el designio del enemigo al ejecutar aquel movimiento, y a esta virtud, no deja de ser extraño que no haya hecho nada absolutamente para entorpecer aquella marcha que se prestaba a un golpe, dado el orden en que se hacía. Un ataque a la columna argentina en esa ocasión, hubiera producido tal vez desmoralización entre los aliados, cuya consecuencia hubiera sido funesta a
sus planes. (Al Mariscal no podía pasarle desapercibido el designio del alto mando enemigo, en esta ejecución del envolvimiento operativo del sistema fortificado de Humaitá. El conocer y sospechar los designios operativos del enemigo sólo constituyen una base para la conducción propia: las principales están en los propios medios y en el terreno.
En julio de 1867, cuando el marqués de Caxias ejecuta su marcha de flanco por el Este de la zona de operaciones, la situación de conjunto es la siguiente: a) el ejército paraguayo, desprovisto de medios ofensivos casi enteramente, y bajo la presión de una gran inferioridad en efectivos y en material, no puede hacer otra cosa que mantener a todo trance, quiera o no lo quiera su alto mando, la conducta de defensa pasiva, cuando menos desde el punto de vista operativo; b) el Ejército aliado, completado su alistamiento, poseyendo poderosos medios para cualquier empresa, puede ejecutar el envolvimiento proyectado tranquilamente. Puede, haciendo alarde de posibilidades, hasta dividir sus fuerzas, porque será suficientemente fuerte en todas partes.
De allí que ejecuta su marcha con toda tranquilidad en dos columnas: no teme al enemigo, pues está ampliamente informado sobre la incapacidad operativa ofensiva de éste. Además, Tuyutî, que es lo que entonces se llamaba la base de operaciones, queda fuertemente guarnecido por fuerzas cuya capacidad sobrepasa a todo el Ejército paraguayo, si no en efectivos, sí en material.
En consecuencia ¿cuál es la conducta que en semejante caso debe adoptar el Mariscal? ¿Hacer algo para entorpecer aquella marcha que se prestaba a un golpe, dado el orden en que se hacía, según quiere Centurión, o llamarse a silencio, momentáneamente, como procedió? A nuestro juicio, la conducta del Mariscal fue la más acertada que pudo asumir: observar la marcha del enemigo, limitarse a ganar tiempo, para proceder como ulteriormente procedió, si las circunstancias llegaran a crearle un momento favorable.
La marcha de flanco del Ejército aliado, crea una situación en cierto modo análoga a la originada por la invasión: el Mariscal no podrá impedir ni entorpecer la marcha en sí, en el momento de su ejecución. El entorpecimiento no se hará durante la ejecución de la operación, pero sí posteriormente, en el reabastecimiento de los núcleos alejados de su base, y mediante una ofensiva de envergadura tan amplia como lo permitiesen las circunstancias. Es precisamente esto lo que va a ocurrir, según se verá más adelante.
Suponiendo que el Mariscal se decidiera a entorpecer la marcha del enemigo, no cabría otra conducta táctica que la defensa retardante aprovechando los brazos del estero, todos
vadeables, y posteriormente la zona barrosa del Norte del Bellaco Norte, hasta San Solano o Tuyucué. Pero el efectivo a emplear nunca podría ser superior a unos 5.000 o 6.000 hombres de infantería y 2.000 a 3.000 de caballería. ¿Y artillería?: ya sabemos sobradamente que ni entonces ni antes el Ejército paraguayo contaba con artillería de campaña capaz de acompañar a las tropas en operaciones. ¡Si en el decisivo esfuerzo de Tuyuti no se pudo asignar sino 4 piezas volantes a un total de 17.000 combatientes! Pero con 7.000 a 9.000 hombres, sin artillería, el Mariscal no iba a entorpecer a los 38.000 aliados en marcha, con poderosa artillería y con 6.000 jinetes que montaban caballos de primera calidad...
Es decir: no sólo no iba a entorpecer, sino que precisamente hubiera hecho el juego que favorecía al enemigo: dividir sus fuerzas, y en consecuencia, sin duda alguna, hacerse batir en detalle: aferrado en Tuyuti, seria destruido hacia el Noroeste. Esto hubiera sido el final de la campaña).
El 25, o sea tres días después de haberse puesto en marcha el marqués, llegó el General Mitre y volvió a asumir el mando en jefe del ejército aliado; y, notando que se habían hecho algunas modificaciones al plan primitivo, hizo serios reclamos sobre el particular al marqués.
A medida que marchaba el ejército, iban colocando un telégrafo bajo de tierra, aislando el alambre por medio de un tubo de gutapercha, echado en el surco que dejaba un pequeño arado.
Una vez en Tuyucué, parte de las fuerzas se adelantó hasta ponerse al alcance de los cañones de nuestra trinchera del Espinillo. Estos rompieron un vivísimo fuego sobre ella, y en seguida se retiró hasta ponerse fuera del alcance de ellos, colocando su vanguardia en Puesto-Guaiayví, - distante más o menos media legua del Espinillo.- Sin pérdida de tiempo, comenzaron los trabajos de atrincheramiento, colocando en las trincheras piezas de a 32 Whitworth (fiú).
Previendo el movimiento del enemigo, el Mariscal ordenó la colocación de una nueva línea telegráfica desde Humaitá a Villa del Pilar, cruzando por el carrizal, de manera que cortada por el enemigo la del camino real, no quedase interrumpida su comunicación con la capital. Cuando el enemigo cortaba la del camino real, la mandaba componer en seguida, para hacerle creer que no tenía otra.
A poco de haberse acampado en Tuyucué, establecieron una guardia en San Solano, distante más o menos una legua del camino real de Humaitá a la Asunción, y desde allí lanzaron varias expediciones exploradoras al interior de nuestra campaña, recogiendo ganado y levantando planos científicos de los parajes que les convenían, a cuyo objeto acompañaban o iban con esas fuerzas ingenieros militares.
Antes de forzar el paso de Humaitá, nuestros vapores continuaban siendo dueños del río Paraguay desde esta fortaleza, y, de consiguiente, los aliados en Tuyucué no disponían de otro medio para proveerse de víveres que las arrías de mulas y carros que cada dos días partían de Tuyutí, escoltadas por una fuerza de infantería y caballería, tomando el camino del Bellaco. (Veinticinco a treinta mulas y otros tantos carros, componían cada convoy (N. del A.)) Estos convoyes pasaban tranquilamente a la vista de nuestras guardias avanzadas, distantes más o menos media legua. Un día, (10 de Agosto), el Mariscal ordenó al capitán José González que con su escuadrón de caballería se emboscase por la noche a la cabecera de uno de los esteros más difíciles de pasar y se apoderase del convoy enemigo. Así lo hizo, y a las 7 de la mañana del día 11 del citado mes vino apareciendo en el paraje donde se hallaba el capitán González, un numeroso e importante convoy custodiado por una fuerza militar. El capitán González, sin dar tiempo para nada, cayó con su escuadrón sobre él, matando a todos los conductores de las carretas, llevando a éstas dentro de nuestras líneas, y en cuanto a la fuerza que custodiaba, no quiso saber nada de pelea y pusieron pies en polvorosa, ¡los unos hacia Tuyutí y los otros hacia Tuyucué!
El capitán González, para evitar todo compromiso con fuerza que enviasen a dar protección al convoy, de Tuyutí o de Tuyucué, hizo acertadamente su retirada por el Paso-Satí, penetrando en nuestras líneas en Paso-pucú. El golpe, como se ve, fue coronado del más completo éxito, sin que hayamos tenido más que tres oficiales y doce de tropa levemente heridos.
El General Mitre, a fin de corregir la omisión en que había incurrido el marqués de Caxías, de no mandar forzar el paso de Curupayty, al iniciar su movimiento de flanco, el 5 de Agosto ordenó terminantemente por su intermedio, que el paso fuese forzado por la escuadra imperial.
Cuando el almirante Ignacio recibió esta orden, hizo algunas observaciones, calificando la operación del pasaje de peligrosísima y grandiosa, poniendo en duda su éxito y aún su utilidad. Sin embargo, declaró que estaba dispuesto a tentarla en cuanto humanamente le fuese posible.
Después de estas vacilaciones, y previos algunos informes periciales, el General Mitre declaró que la operación era posible, y la ordenó terminantemente bajo su responsabilidad con fecha 12 de Agosto de 1867; pero recién el 15 del mismo mes, día de la Asunción de Nuestra Señora, diez acorazados, con bandera desplegada, forzaron a todo vapor la batería de Curupayty a las 7.30 minutos a. m. Los buques, como en otras ocasiones, sufrieron daños de consideración en el pasaje, sobre todo el Tamandaré, que al abrir una de las troneras para hacer fuego, le metieron los nuestros una bala de á 68 que hirió al comandante y a 14 hombres de la tripulación; su máquina quedó inutilizada, teniendo que sacarlo a remolque el Silvado y el Herval.
Antes de efectuar esta operación, el almirante Ignacio dio la siguiente orden del día:
“¡Brasileros! Las santas protectoras de este día son Nuestra Señora de la Victoria, Nuestra Señora de la Gloria, Nuestra Señora de la Asunción. Con la victoria y con la gloria marchemos a la Asunción.”
Esta proclama fue vivamente criticada por los periódicos de la época que veían la luz en la Asunción y en el campamento, que decían que no hay más que una Madre de Dios que según la letanía lauretana, no sólo es llamada Virgen de la Gloria y Señora de la Victoria, sino también Torre de David y Auxilio de los Cristianos.
La carta (Esta carta fue publicada bajo el título de Revelaciones históricas. (N. del A.)) que, con fecha 11 de noviembre de 1869, dirigió el General Mitre al capitán de fragata, Arturo Silveira da Mota, con motivo de un escrito de éste publicado en la Reforma de Río de Janeiro el 29 de Octubre del mismo año, contiene algunos datos curiosos sobre el paso de Curupayty y de Humaitá, y por ser un documento histórico de alta importancia por la autoridad que le imprime el personaje de quien procede, nos vamos a permitir insertarlo aquí a fin de que el lector vea también que la opinión general que existía en la época respecto a la escuadra imperial, no dejaba de tener su fundamento, y que nuestras apreciaciones sobre aquel poderoso elemento de guerra, no se apartaban mucho de la verdad. Helo aquí:
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“Buenos Aires, noviembre 11 de 1869.
Sr. Capitán de fragata, Arturo Silveira da Mota.
Aunque no creo llegada la oportunidad de romper el silencio que me he impuesto respecto á las operaciones que he dirigido como General en Jefe de los Ejércitos Aliados, durante la guerra del Paraguay, un escrito suyo publicado en la Reforma de Río Janeiro del 29 del pasado, me obliga a quebrantar mi propósito por esta vez.
Siendo Vd. un oficial caracterizado de la marina brasilera, que ha sido actor en los sucesos á que se refiere, y que ha poseído la confianza de los generales aliados (incluso la mía) asistiendo algunas veces como testigo á sus juntas de guerra, y enunciando Vd. en su escrito hechos de que por la primera vez se hace mención, no puedo prescindir de dirigirle algunas observaciones sobre el particular.
En la publicación á que me he referido, con motivo de exponer Vd. algunas consideraciones respecto de un informe que dio en agosto de 1867, sobre la imposibilidad ó inconveniencia de forzar la escuadra el paso de Humaitá, después de haberse forzado el de Curupayty, dice Vd. lo siguiente: - De mis palabras: - Forzar el paso de Humaitá en el estado actual de sus defensas, sería un error injustificable . se ve claramente que yo no juzgaba imposible forzar el paso, y que me refería únicamente á la inoportunidad de la operación, y á los medios con que podría realizarse más ventajosamente.
Además de esto, cuando se sabía que el almirante se hallaba en una situación afligente á consecuencia de la intimación que le había hecho el General Mitre, desde su tienda de Tuyucué para que forzase á Humaitá, tocaba á nosotros, sus subordinados, reunirnos en torno de nuestros jefes para apoyarnos en la protesta con que debía repeler la intervención del general argentino en las operaciones de la escuadra brasilera.
Dejando de lado las apreciaciones militares de su escrito, y contrayéndome exclusivamente á los hechos, debo decirle que no es exacto que en la ocasión á que Ud. se refiere, el almirante Ignacio me dirigiese ninguna protesta, ni mucho menos respecto de mi participación en las operaciones de la escuadra, que dieron por resultado el paso de las baterías de Curupayty y el subsiguiente de Humaitá.
Para comprobar esta aserción me bastará decirle, que el paso de las baterías de Curupayty se efectuó por orden terminante que, previo acuerdo, transmití al almirante por conducto del marqués de Caxías, con fecha 5 de Agosto de 1867. Es cierto, que con fecha 7 del mismo, el almirante hizo algunas observaciones sobre la operación, calificándola de peligrosísima y grandiosa poniendo en duda su éxito y aún su utilidad, declarando, sin embargo, que estaba dispuesto á tentarla en cuanto humanamente le fuese posible; como es cierto también, que el marqués apoyó esas observaciones en comunicación del 9 de Agosto, insinuándome desistir de mi resolución. Pero habiendo exigido por el mismo conducto un informe facultativo al almirante, pidiendo fundase su opinión en los principios de la guerra, y declarando que la operación era posible, la ordené terminantemente bajo mi responsabilidad con fecha 12 efectuándose felizmente con fecha 15 del mismo mes, con la sola pérdida de diez muertos y dos heridos, subiendo y bajando posteriormente hasta los buques de madera, sin experimentar daño alguno por aquel pasaje, que casi se había declarado humanamente imposible para los encorazados.
Ocho días después de tan feliz y fácil operación, es decir, el 23 de Agosto, el almirante no sólo consideraba imposible el paso de Humaitá, sino que se consideraba casi perdido en su nueva posición, pidiendo en consecuencia, autorización para retirarse á su antiguo fondeadero de Curuzú. Esta opinión y esta solicitud era apoyada en la opinión de todos los jefes y comandantes de buques, entre los cuales se contaba Ud. Fue sin duda, en tal ocasión, que dio Ud. el informe á que se refiere en su escrito, y que siento no conocer; pero me basta su palabra para persuadirme que Ud., no declaró imposible el paso, como lo declararon por escrito casi todos los jefes de la escuadra, incluso el almirante, que se apoyaba en su opinión para no intentar la empresa, diciendo, que según el sentir de todos, la operación sería en pura perda, y caso de ser posible conseguirse, más sería perjudicial que ventajosa.
El marqués de Caxías, profundamente impresionado.(como él mismo me lo declaró por escrito) por la triste situación que le pintaba el almirante, dando crédito á la opinión de todos los jefes de la escuadra, y desesperando no sólo de forzar Humaitá, sino hasta de conservar la posición conquistada más arriba de Curupayty, (y aun la de Tuyucué) autorizó la retirada de la escuadra a su antiguo fondeadero y me lo participó con fecha 26 de Agosto.
En fecha 27 del mismo mes, protesté enérgicamente contra tal decisión, y convenciendo al marqués de lo funesta de la retirada y á despecho de la opinión en contrario de todos los jefes de la escuadra, la posición más arriba de Curupayty se conservó; y así se salvó el honor de las armas aliadas y el éxito definitivo de la campaña, preparando el paso subsiguiente de Humaitá, que fui por mucho tiempo el único que lo declaró no sólo posible sino fácil, como la experiencia lo probó.
En cuanto al paso de Humaitá, con fecha 9 de Septiembre, demostré facultativamente en una extensa memoria militar, no sólo la necesidad y conveniencia del paso, sino también su practicabilidad, en presencia del terreno y comparando los medios de ataque y defensa. Mi demostración, meditada por el mismo Emperador y obrando sobre el ánimo de sus consejeros, determinó la orden dada desde la corte á la escuadra, de forzar á todo trance el paso de Humaitá. El éxito más completo coronó seis meses después los esfuerzos de los mismos marinos brasileros que habían declarado imposible la operación, cuando Humaitá se hallaba menos fortificado y las baterías de Timbó no se habían levantado más arriba de aquella posición; y Humaitá fue forzada sin perder un sólo buque, como yo lo había demostrado, previsto y asegurado contrariando la opinión de los almirantes, de los generales, de los comandantes de buque, y la opinión acreditada en los ejércitos aliados.
Lo dicho basta por ahora, limitándome á la simple exposición de los hechos y determinación precisa de las fechas, prescindiendo de hacer uso del texto de los documentos que originales se hallan en mi poder, y que comprueban palabra por palabra todo cuanto dejo expuesto. Estos documentos están á su disposición en esta su casa donde en todo tiempo será recibido con la misma cordialidad, que en mi tienda en Tuyucué, cuando conversábamos bajo el fuego del enemigo común.
De Ud. afmo. y S. S.
(Firmado) Bartolomé Mitre.”
s/c. Octubre de 1869.
.El pasaje de Curupayty por la escuadra imperial puso de manifiesto de una manera palpable el hecho de que nuestra artillería era enteramente impotente contra los buques acorazados. El Mariscal trató, como era natural, de atenuar el efecto moral que pudiera producir aquella feliz operación en el ánimo de nuestro ejército. Dijo: que había dejado pasar a la escuadra para luego rendirla por hambre; pues colocada entre Curupayty y Humaitá, creyó o fingió, que no podría recibir provisiones, y que si intentaba repasar Curupayty, la echaría a pique!
Según se desprende del documento que antecede, el almirante Ignacio, incluso los comandantes de buque, no dejaban de participar de ese sentimiento, porque no sólo consideraba imposible el paso de Humaitá, sino que se creía casi perdido en su nueva posición. Tan fue así, que solicitó autorización del marqués de Caxías para retirarse a su antiguo fondeadero frente a Curuzú, cuya autorización le fue acordada, y si no fue llevada a cabo dicha retirada, era debido a la enérgica protesta del Generalísimo, que conceptuaba funesta semejante disposición.
El almirante Ignacio, viéndose así obligado a permanecer en su nueva posición, tomó algunas disposiciones para sostenerse y hostilizar a nuestras baterías. Mandó abrir un camino por el Chaco, el cual, partiendo del riacho Quyá, llegaba hasta el punto que media entre Curupayty y Humaitá, donde se hallaba fondeada la escuadra imperial, y por medio de un tramway que construyeron, llevaban y suministraban abundantes provisiones a los buques.
Hizo tomar posición a tres encorazados para bombardear por la retaguardia a Curupaity, y a otros cinco para bombardear como bombardearon durante cinco meses la iglesia de Humaitá, cuya torre era el único objeto visible que les servía de blanco en aquella fortaleza.
Todo lo que hace la ribera entre Humaitá y Curupaity es un carrizal intransitable, excepto una estrecha lonja de tierra firme que corre por la costa del río de un punto a otro; la que no permite desviarse de ella hasta internarse en Curupuity o Humaitá. Sin embargo, en la selva que puebla la izquierda de ésta y donde comienza el carrizal, existe un paraje que ofrece facilidad para verificar un desembarco de tropas conducidas por el camino del Chaco recientemente abierto. Y a fin de prevenir esa posible operación, el Mariscal mandó levantar allí una pequeña fortaleza con tres piezas de a 24, colocadas de manera que pudiesen hacer fuego por el frente y por la retaguardia, flanqueando en esa parte los fosos de Humaitá. El Mariscal pasó a visitarla una vez, cuando la obra estaba próxima a terminar, la cual fue llevada a cabo a las barbas de los encorazados, sin que éstos se hubiesen apercibido de ella.
En aquel entonces la fortaleza de Humaitá contaba con muy pocas piezas de artillería. Después que la escuadra forzó el paso de Curupaity, fue necesario sacar de ésta la mayor parte de los cañones de grueso calibre y llevarlos a colocar en aquélla. De esta manera, sucedió que los buques imperiales, debido a su excesiva lentitud, han tenido que sufrir dos veces el fuego de las mismas piezas: primero en Curupaity y luego más tarde en Humaitá. A medida que nuestro ejército se retiraba hacia el interior, esas piezas eran constantemente trasladadas a los puntos más ventajosos del río por donde debía pasar la escuadra, y ésta ha tenido, por tanto, que sufrir el fuego de las mismas varias
veces: en Timbó, en Fortín y en Angostura! (La penuria de artillería del Ejército paraguayo era muy grande. Si el total era aproximadamente de 400 piezas, hay que tener presente que todo ese total era de pequeñas piezas de campaña y volantes, y sólo 31 piezas de fortaleza. Las primeras sirvieron para reforzar las posiciones de tierra o para acompañar a las tropas en los combates, en insignificante cantidad, debido a la imposibilidad material del transporte de municiones en carretas.
Las segundas comprendían un buen número de piezas de segunda calidad y de modelo muy anticuado. El Paraguay tenía sólo 6 piezas 68 rayadas de primera clase y 2 rayadas fabricadas en Asunción, que disparaban las granadas “Whitworth” que nos enviaba el enemigo y que no hacían explosión.
Si se piensa que estas enormes piezas debían ser arrastradas por tres, cuatro y cinco yuntas de bueyes a través de la tierra enfangada y fofa de los esteros, la admiración que se siente por aquellos hombres de hierro es infinita: forzado el paso de Curupa.yty, los cañones pasaron a Humaitá, y posteriormente a Timbó y a Angostura...)
El Coronel Alén que había sucedido al finado General Díaz en el mando de Curupayty, fue enviado a tomar el mando de Humaitá, quedando en su reemplazo con el de Curupayty, el capitán Pedro V. Gill. La constante preocupación del Mariscal era indudablemente la escuadra brasilera. La cooperación de este poderoso elemento por el río con el ejército aliado, trastornaba sus planes, hasta que finalmente hizo impotentes sus esfuerzos contra la invasión de la triple alianza. Desde el principio de la guerra ha procurado destruirla o apoderarse de ella; pero nunca ha podido lograrlo. Los torpedos no daban resultado, porque casi todos ellos eran inservibles y no contaba con buenos ingenieros para mejorarlos. Cavilando sobre el particular, se le ocurrió la idea que tal vez construyendo secretamente una batería más abajo del fondeadero de la escuadra de madera, podría conseguir cambiar el curso de la guerra. En efecto, la idea tenía su fundamento; porque cortado el abasto de la escuadra, ésta se hubiera visto obligada a bajar pasando por la nueva batería, y los acorazados se hubiesen visto igualmente en la imprescindible necesidad de repasar Curupayty. Maduró el plan mentalmente, y en seguida pensó llevarlo a práctica. Ordenó en consecuencia al General Brugués que, acompañado del ingeniero Thompson, fuese a ver si se encontraba algún camino o picada, por donde fuese posible llevar piezas pesadas y aún mismo ligeras. El General Brugués a su regreso, informó que era absolutamente imposible sin hacer grandes trabajos, y careciéndose de los medios y del tiempo necesario para realizarlos; se tuvo que abandonar aquella feliz idea; y decimos feliz idea, porque tenemos la persuasión, de que si hubiese sido posible su realización, el resultado previsto era indudable.
El movimiento del enemigo de Tuyutí tomando la dirección a Parecué, indicaba claramente el plan que se proponía realizar, y por esta razón, creemos que el Mariscal no debió haber perdido el tiempo inútilmente librando pequeños combates aquí y allá, sin ningún resultado favorable. Había llegado el momento de pensar seriamente en aligerar su ejército para luego efectuar la evacuación de sus posiciones y aún de la misma Humaitá, haciendo transportar al Norte a algún otro punto estratégico que haya elegido, toda la artillería pesada por ejemplo, que, como se sabe, embaraza extraordinariamente el movimiento de un ejército, sobre todo cuando carece de elementos de movilidad. Por la experiencia de Curupayty, sabía que el paso de Humaitá era obra fácil para la escuadra, toda vez que no contaba sino con los mismos elementos de defensa que aquella, y que una vez sitiada, su caída era cuestión de tiempo más o menos prolongado.
El Mariscal, en vista de que sus comunicaciones estaban amenazadas, se concretó a mandar explorar el Chaco, abriendo un camino desde el Timbó, tres leguas más arriba de Humaitá hasta Monte Lindo, como dos leguas al Norte de la embocadura del Tebicuary. Timbó era el único punto donde podría hacerse un desembarco, porque todo el resto de la costa del río hacia el Norte es un carrizal irrompible. Allí se construyó una batería y se estableció un campamento al mando del Coronel D. Bernardino Caballero. El camino era bastante bueno, cortado de trecho en trecho por arroyos profundos y pedazos de estero; no era recto, sino internándose en el Chaco, formaba una curva, cruzando en su mayor parte por montes no muy espesos que pueblan todo el territorio del Chaco. El río más considerable que se atraviesa es el Bermejo, que tiene una gran correntada. El terreno es llano casi en toda la extensión del camino, y en cuanto éste estuvo concluido, se establecieron postas de distancia a distancia. (La medida que tomó el Mariscal mandando preparar un camino de comunicaciones y de reabastecimiento por el Chaco, revela su certera apreciación de la situación, y es, precisamente, lo que el Coronel Centurión no ve, cuando en la página anterior acusa al Mariscal por “haber perdido inútilmente el tiempo librando pequeños combates aquí y allá sin ningún resultado favorable”. Tal como lo dice después Centurión, había llegado el momento de pensar en la evacuación de Humaitá, o mejor dicho en eludir el cerco, salvando la masa principal del Ejército, con su material, y es esto mismo lo que hizo el Mariscal ya antes de la llegada del enemigo a Parecué y a Tayy: preparar la retirada, no sin disputar el terreno y sin tentar una operación por líneas interiores. Por otra parte, en todo el período entre julio del 67 y marzo del 68, hubo muchos combates, grandes y pequeños, pero ninguno que pueda ser incluido dentro de lo que el autor expresa: “pequeños combates aquí y allá sin resultado favorable”. No: algunos fueron defensivos, impuestos por el enemigo, y por lo tanto ineludibles. Los otros fueron o golpes de mano o acciones para interceptar el reabastecimiento, y por lo tanto, necesarios.
Hay que tener en cuenta que en setiembre y octubre del 67, aunque la marcha de flanco del enemigo ya de por sí delata que se trata de una operación de envergadura, no se han producido todavía dos hechos que en esos días pertenecen al futuro: el forzamiento de Humaitá y la intercepción del río Paraguay por la llegada del enemigo a Tajy.
El Mariscal, lo suponemos, cuenta ambos hechos como posibles y probables: apresurar la retirada de su sistema defensivo y el abandono de Humaitá, seria favorecer los planes del enemigo. Aferrarse al sistema y a la fortaleza, sería igualmente favorecer al enemigo. ¿Qué hacer, pues? Ambas cosas: preparar la retirada, con vista de eludir el cerco; continuar la defensa del sistema defensivo de Paso-pucú, con vista de aprovechar un momento favorable que acaso se le presente, para provocar el repliegue del enemigo: las dificultades de reabastecimiento de éste, su división en dos grandes núcleos, la actitud de la Escuadra, inactiva entre Humaitá y Curupayty, y finalmente las condiciones del terreno y de las obras de reforzamiento de él, dejaban esperar que ese momento favorable podría presentarse o podría ser creado.
.Tan luego como los aliados se atrincheraron en Tuyucué, a ejemplo de ellos, el Mariscal mandó levantar un gran terraplén para defender su cuartel general por aquel lado. Las balas de los cañones Whitworth de a 32 (fiú) desde la distancia de 7.000 metros, pasaban algunas veces por encima del cuartel general e iban a enterrarse a una gran distancia.
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Enlace a la Edición digital
(TOMO III)
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en la Biblioteca Virtual del Paraguay
basado en la edición 1944 de
EDITORIAL GUARANIA.
Asunción Paraguay
.
Con el auspicio de FONDEC
(Fondo Nacional de la Cultura y las Artes)
Viceministerio de Cultura
Ministerio de Educación y Cultura
Asunción, setiembre de 2005.

lunes, 30 de agosto de 2010

JUAN CRISÓSTOMO CENTURIÓN - MEMORIAS O REMINISCENCIAS HISTÓRICAS SOBRE LA GUERRA DEL PARAGUAY - TOMO II / Ed. digital: BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY


MEMORIAS O REMINISCENCIAS HISTÓRICAS
SOBRE LA GUERRA DEL PARAGUAY. - TOMO II
Autor:
JUAN CRISÓSTOMO CENTURIÓN
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Editorial El Lector,
Colección Histórica Nº 20,
NOTAS DEL MAYOR ANTONIO E. GONZÁLEZ
Tapa : LUIS ALBERTO BOH
Asunción – Paraguay
1987 (296 páginas)
Edición digital :
BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY
Edición digital basada en la
Edición Guarania, 1944. 229 pp.
Enlace:
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SEGUNDA PARTE

Prólogos de
1.- RICARDO CABALLERO AQUINO y
2.-
Prólogo de JUAN NATALICIO CARDOZO.

CAPÍTULO I
De Corrientes a Humaitá . Dispersión del personal de la Legación . Conjeturas sobre la causa probable de la mala voluntad de López hacia mí . Berges pasa a la Capital con licencia . Antonio Zayas de soldado a un batallón, y yo a la mayoría . Guarnición de Humaitá, y pérdidas de nuestro ejército al principio de la guerra . Bailes . Acusaciones de López a Mitre y contestación le éste . El Pirabebé y la escuadra brasilera . López se traslada al P. de la Patria . Mi enfermedad . Robles y sus cómplices . Entrevista con Mrs. Lynch . Miguel Rojas, calumniador . Carta a López . Expedición a Corrales y a Itatí . Apreciaciones.

CAPÍTULO II
La escuadra brasilera . Sus combates con las chatas y el fuerte Itapirú . Operaciones preparatorias para realizar el pasaje del ejército aliado . Asalto de la isla de Itapirú por los paraguayos . El General Osorio y el General Paunero se desembarcan con sus fuerzas una milla de las tres bocas a la costa del Paraguay . Bombardeo del campamento del Paso de la Patria . Retirada general del ejército . Cuartel General en Rojas . Porto Alegre . El combate de Fluvial . Discusiones y eclipse de luna.

CAPÍTULO III
Batalla del 2 de Mayo de 1866 . Reflexiones.

CAPÍTULO IV
Batalla del 24 de Mayo . La defensiva, el rol obligado y exclusivo del Mariscal López . Opinión del Coronel Wisner sobre la batalla del 24 . Mi rehabilitación . Reflexiones y críticas sobre la misma batalla . Heridos . Talavera.

CAPÍTULO V
Cuartel General . Maestranza . El Capitán Cabañas . La caña paraguaya y el General Roa . Divisiones y telégrafos . La escuadra brasilera . Tamandaré . Nuevos aparatos telegráficos . Wisner y López con motivo de esta invención . Plan de los jefes aliados acordado el 18 de Mayo . Curupaity y los torpedos . Reorganización del ejército . Nuevos contingentes . Bombardeo en Junio del campo enemigo . Nuestras avanzadas . Prisioneros y pasados . Rectificación . Porto Alegre.

CAPITULO VI
El Mariscal López termina la reorganización de su ejército, y provoca a los aliados a un ataque . Yataity-Corá . Reflexiones.

CAPÍTULO VII
Comisión exploradora para establecer una trinchera con artillería en Punta Ñaró . Combates en los días 16 y 17 . Batalla del Sauce el día 18 de Julio de 1866 . Triunfo de los paraguayos . Reflexiones.

CAPÍTULO VIII
Recriminaciones entre la Escuadra brasilera y el Ejército aliado en Tuyutí . Toma de Curuzú . Entrevista de Yataity-corá entre el Mariscal López y el General Mitre . Tregua o paralización de las operaciones . Escuela bajo el naranjal del Cuartel General . Mis discípulos.

CAPÍTULO IX
Batalla de Curupapty . Derrota de los aliados con inmensas pérdidas . Desinteligencia entre los Jefes aliados.

CAPÍTULO X
Inacción de los aliados . Perfeccionamiento de las fortificaciones de Curupayty y otros puntos . Fundición de cañones de diferentes calibres . El cólera El Mariscal enfermo . Lo salva su médico Dr. Cirilo Solalinde.

CAPÍTULO XI
Intervención diplomática a favor de la paz . Ofrecimientos de mediación del ministro americano, Mr. Washburn y del Secretario de la Legación Británica en Buenos Aires, Mr. Gould . Reflexiones.


APÉNDICE
PROCLAMA DEL MARISCAL LÓPEZ A LA DIVISIÓN DEL SUD
Soldados: mi ánimo y mis esperanzas fueron saludaros en la víspera de una batalla lejos de nuestras fronteras. No pude hacerlo porque no habéis encontrado enemigos que combatir.
En vano fuisteis a buscar en su propio territorio aquellos que tanto y por tantos años os habían provocado, y en vano fueron vuestras largas marchas, vuestras fatigas y vuestros sufrimientos. El enemigo nunca se presentó a vuestra vista sino para huir con más rapidez que los avestruces de sus campos.
En una campaña de más de medio año habéis buscado un día de gloria para la Patria, y de escarmiento para los tradicionales enemigos de la tranquilidad de vuestro hogar; pero los que tan osados y vituperadores se habían mostrado, cuando con el arado y la azada os veían ocupados en vuestras pacíficas labores, respetuosos y cobardes a mostraron cuando con las armas en la mano fuisteis a pedirles cuenta de sus atentados.
La triple alianza a quien impusisteis respeto en su propio país, ahora se siente envalentonada con la villana rendición de la Uruguayana, y con vuestra retirada; os cree débiles, y viene en pos de vosotros.
¿Y ese enemigo que nunca osó molestaros espera triunfar de vosotros?
Viene a ofreceros en el suelo querido de la Patria la corona de laurel que no pudisteis recoger en vuestra campaña.
Yo me congratulo con la Patria y con vosotros porque siempre hayáis probado al enemigo vuestra moralidad y disciplina cuando pisabais sus territorios y poblaciones, y confío que pronto daréis al mundo exuberantes pruebas de vuestra bravura y decisión en el combate, como hasta aquí lo habéis hecho de vuestra abnegación y constancia.
Cuartel General en el Paso de la Patria, Diciembre 1º de 1865.
(fir.) FRANCISCO S. LÓPEZ.
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***
PROTESTA DEL PERÚ Y DE SUS ALIADOS DEL PACÍFICO CONTRA LA TRIPLE ALIANZA
LIMA, 9 DE JULIO DE 1866 (Traducción de la versión francesa publicada en París, en un folleto el 1o de Octubre de 1886. (N. del A.)).


Sr. Encargado de Negocios de la República cerca de los Gobiernos de Buenos
Aires, de Montevideo y de Río Janeiro.
El actual gobierno provisorio, a pesar de las graves preocupaciones de que [se] halla rodeado constantemente desde su instalación, ha seguido con gran interés el curso de los sucesos que se desarrollaban en los Estados del Plata, y no ha cesado de hacer los más fervientes votas por la terminación de una lucha que necesariamente ha de ocasionar deplorables males, no sólo a los Estados en ella comprometidos, sino también a toda la América del Sud. El Jefe Supremo se ha abstenido de analizar las causas que han motivado esa lucha, porque sólo los Estados beligerantes pueden ser jueces competentes para juzgar de su justicia y necesidad; pero ha tenido que prestar su atención a los resultados desastrosos que tendría, máxime cuando se hace la guerra en momento en que la parte occidental del continente es víctima de una inicua agresión europea, que en la hipótesis de que ella haya sido coronada de éxito, podía muy bien repetirse sobre sus costas orientales. Le bastó al Jefe Supremo considerar que la guerra se hacía entre Estados Americanos para que desease con la más viva solicitud ver la terminación de ella. Esta solicitud tiene que ser mayor, si se tiene en cuenta la circunstancia de que, hallándose amenazada toda la América por un enemigo común, era de necesidad concentrar las fuerzas de todos sus Estados para sostener en cualquier evento la libertad e independencia que todas reunidas conquistaron hace cuarenta años.
El Gobierno peruano veía con pena que al mismo tiempo que se formaba una alianza ofensiva y defensiva entre las Repúblicas del Pacífico, para rechazar los violentos ataques y las arrogantes pretensiones de España, existiese otra alianza entre naciones americanas del Atlántico para combatir no contra una potencia extranjera, sino contra una nación igualmente americana, ligada a las naciones aliadas por vínculos tan caros y estrechos, que en una época no lejana, ella formaba parte integrante de uno de los mismos Estados con quienes se encuentra actualmente en guerra...
Estas consideraciones, y otras fáciles de imaginar, han decidido al Gobierno peruano a buscar los medios más propios para poner término a la querella entre las aliados y el Paraguay, y se había apresurado, en efecto, a dirigiros, con fecha 20 de Diciembre de 1865, las instrucciones necesarias para ofrecer sus buenos oficios y aún la mediación del Perú. Posteriormente y después de realizada la alianza entre Bolivia, Chile, Ecuador y el Perú, fue celebrada una convención entre el ministro de relaciones exteriores del gobierno chileno y los representantes de Bolivia y del Perú en Santiago, fortalecidos todos tres, con el asentimiento del Gobierno de Quito, para ofrecer de nuevo la mediación colectiva de los cuatro Estados, acuerdo que obtuvo la aprobación de todos los gobiernos.
Pero antes que el Gobierno de Lima supiese el resultado producido por las proposiciones que debían hacerse en las márgenes del Plata a nombre de los cuatro gobiernos, ha tenido conocimiento del texto del tratado de 1º de Mayo de 1865 que hasta últimamente ha permanecido secreto.
No es mi ánimo entrar a estudiar los motivos que hayan podido tener las naciones aliadas contra el Paraguay para guardar secreto dicho pacto; esos motivos sin duda serán muy poderosos, puesto que la revelación de ese secreto ha dado lugar a sucesos que demuestran de una manera palpable que no convenía a las gobiernos aliados que las estipulaciones que ellos habían formulado fuesen conocidas. Si el derecho que cada nación tiene de declarar y hacer la guerra y de concluir pactos de alianza con otras naciones, es indiscutible, no se comprende por qué los Estados Aliados que, de hecho, habían declarado la guerra al Paraguay, y la habían llevado al propio territorio del mismo, y que no ocultan que ellos han procedido así en virtud de una alianza, no se comprende, digo, que hayan tenido el cuidado de conservar secreto el pacto en el que esa alianza había sido formulada, y cuya existencia no era ni podía ser desde entonces desconocida.
Es costumbre guardar silencio sobre las tratados de alianza hasta que llegue la época de ponerlos en ejecución; pero siempre se les han dado a la publicidad cuando comienza la alianza a surtir sus efectos. Sin embargo, en el art. 18 del tratado del 1º de Marzo de 1.865 se ha estipulado expresamente que el tratado quedará secreto hasta que el objeto principal de la alianza se haya obtenido; y como del preámbulo y de otras cláusulas del mismo tratado se deduce que al principal objeto de la alianza es hacer desaparecer el Gobierno del Paraguay, el tratado debía, pues, quedar secreto hasta la conclusión definitiva de la querella, y hasta que el Paraguay, vencido, quedase completamente a la merced de los aliados victoriosos, porque la desaparición del Gobierno del Paraguay implicaría eso y no otra cosa.
De suerte que virtualmente el tratado de alianza debía quedar secreto por el tiempo que dura e el conflicto, sin que las otras naciones y principalmente las de América, conociesen la suerte que estaba reservada al Paraguay si llegase a sucumbir.
Parece que el Gobierno de Gran Bretaña había concebido a ese respecto algunos temores, que los manifestó por conducto de su representante en Montevideo. Para tranquilizarlo, el ministro de relaciones exteriores del Uruguay, dio una copia del tratado al ministro inglés; pero había que suponer que esos mismos temores tenían que despertarse un día entre los otros gobiernos, sobre todo entre los americanos, y era deber de los aliados publicar, no sólo las causas de la guerra, sino las intenciones que los animaban y el objeto que ellos se proponían conseguir, a fin de disipar toda duda y de alejar todo motivo de miedo respecto a la independencia y soberanía de uno de los Estados americanos.
La declaración que hacen los aliados es ciertamente digna de elogio, cuando dicen en la primera parte del art. 8 que ellos se obligan a respetar la independencia, la soberanía y la integridad territorial de la República del Paraguay; pero esa obligación está destruida por otras estipulaciones, tan explícitas como éstas, como lo demostrará un breve análisis de las principales.
En el art. 7, los aliados establecen que la guerra no era contra el pueblo del Paraguay, sino contra su Gobierno. Por más plausible que pudiese ser en teoría, de que uno pueda hacer guerra al gobierno de una nación y no a la nación misma, en el terreno de la práctica, no es tan fácil separar la nación del gobierno que la representa, cuando se trata de una guerra exterior. El derecho de gentes no admite semejante distinción: lejos de ello, considera la nación y el gobierno que la rige como una sola entidad, como un todo inseparable, puesto que considera como hechos al gobierno los males ocasionados, no solamente a la nación en masa sino a uno o a varios de sus súbditos o ciudadanos. Si fuese admitido en toda su latitud el principio establecido en el art. 7 del tratado, la guerra sería en muchos casos difícil, y en algunos imposible. Habría gobierno a quien no podrían alcanzar a dañar las represalias ú hostilidades del enemigo, porque ellas deberían ejercerse primero contra la nación reputada inocente.
Además: por legítimo que pudiese ser el derecho de los aliados para hacer la guerra al Paraguay, ese derecho puede únicamente extenderse hasta obtener una completa victoria e imponer al vencido las condiciones necesarias para reparar las ofensas y los daños causados, y obtener, si se quiere, garantías para el porvenir; pero no es admisible que la alianza tenga por objeto principal derrocar al gobierno paraguayo, porque el derecho de deponer un gobierno, no pertenece sino a la nación misma que lo ha erigido.
Aún admitiendo que, la nación paraguaya tuviese que sufrir los pretendidos errores de su gobierno, mientras ella sostenga a ese gobierno, ninguna potencia extranjera podrá arrogarse la facultad de hacer, a favor de los paraguayos, lo que éstos no hacen por sí mismos. Proceder de otra manera, seria minar los principios del derecho público moderno que son los de todos los Estados Americanos, y establecer una doctrina que, aplicada hoy al Paraguay... pondría a los otros Estados de América a la merced de lo que una o más potencias vecinas o lejanos, quisiesen resolver sobre sus destinos presentes y futuros. ¿Y qué seguridad habría entonces para que una nación pueda conservar su soberanía, su independencia, su integridad territorial, sus instituciones, todos y cada uno de esos elementos que constituyen su autonomía? La existencia de los gobiernos y por consecuencia la de las naciones mismas, en adelante no dependería únicamente y exclusivamente de la voluntad del pueblo, sino de los juicios, de las apreciaciones y quizá de las conveniencias de otros gobiernos y otras naciones. Admitir semejante doctrina, sería renunciar a los principios de la soberanía nacional que son el fundamento de los Estados Americanos; guardar silencio cuando uno ve ponerse en práctica esta doctrina por alguna o algunas de las naciones americanas, sería aceptar para las otras un sistema que tarde o temprano podría aplicárseles con buen derecho.
De la obligación de respetar la independencia, la soberanía y la integridad territorial de la República, los aliados deducen como consecuencia forzosa la facultad que tiene el pueblo paraguayo de elegir su gobierno y de darse las instituciones que le convengan, sin incorporación ni ningún protectorado por consecuencia de la guerra.
Aún cuando en esta estipulación, que es la del art. 8 del tratado, aparece la firme voluntad de los aliados de respetar la soberanía del Paraguay, no es menos evidente que esa soberanía sufre un gran detrimento, toda vez que se pretende imponer al pueblo paraguayo, como condición de la paz, la obligación de elegir un nuevo gobierno, por más conforme que estuviese con el que posee actualmente. Y en cuanto al cambió de instituciones sugerido en el tratado, por más que en apariencia queda sujeta a la voluntad del pueblo paraguayo, no es menos cierto que, en la mente de los aliados, ese cambio es conveniente.
Habiendo estos juzgado que las instituciones del Paraguay, apesar del asentimiento actual del pueblo, no deben subsistir sino que ellas deben ser sustituidas por otras, en cuya formación los aliados pondrían la parte legítima de influencia que les conceda la victoria.
Y que esa sea la mente de los gobiernos aliados, se deduce claramente del art. 9 del tratado, en cuya virtud, los tres gobiernos se comprometen a garantir colectivamente la soberanía e integridad territorial del Paraguay por el período de 5 años. Se comprende que esa garantía se refiere a un país regido por un nuevo gobierno, nombrado por la voluntad de los aliados con arreglo a la estipulación del art. 7, y sumiso a instituciones que se resentirían naturalmente de la influencia de la alianza. . Que uno celebre un tratado de alianza ofensiva y defensiva para hacer la guerra con el objeto de obtener por este medio la reparación de un agravio, nada más justo ni más razonable; pero que la alianza se proponga por objeto principal derrocar un gobierno para reemplazarlo con otro, agregando a este hecho el cambio de instituciones, es dar a la guerra otro carácter; entonces ya no es una guerra para restablecer los derechos desconocidos y para reparar las injurias inferidas, es una guerra pura y simplemente de intervención, en presencia de la cual las otras naciones no pueden permanecer como meras espectadoras, sobre todo cuando esas naciones tienen que velar, no sólo por la conservación de los principios que forman su derecho público, sino por la del equilibrio continental y también por su propia seguridad.
El respeto que los aliados prometen guardar a la soberanía, independencia e integridad territorial del Paraguay, declarando además que este país no se incorporaría a ninguno de los aliados ni se solicitaría su protectorado, se hace de todo punto ilusorio, por el compromiso que ellos han contraído de garantir colectivamente esa soberanía, independencia e integridad territorial por el período de cinco años. Según esto, el Paraguay no estará a la verdad sometido al protectorado de uno de los Estados aliados; pero lo estará al de los tres. La existencia del Paraguay, como nación, dependerá, a lo menos durante cinco años, del compromiso que han contraído los aliados, y no de la voluntad del pueblo paraguayo, que ha querido constituirse y desea ser por siempre estado soberano e independiente. Y si los aliados tenían la facultad de garantir la independencia y soberanía del Paraguay; claro está que tendrían también la facultad de no prestar semejante garantía, y de disponer libremente de la nación. Por más sensible que nos sea decir, semejantes principios no podrán ser jamás aceptados por los otros Estados de América. Una vez vencidos los cinco años y terminada la garantía ¿qué llegará a ser del Paraguay?
Los aliados desligados del compromiso que han contraído, ¿pretenderán alguno de ellos o todos conjuntamente absorber al Paraguay, anexándolo íntegramente, o dividiéndolo en partes más o menos proporcionales que se agregarían a los Estados vecinos? El tratado nada dice ciertamente a este respecto; pero cada una de estas hipótesis, es la consecuencia lógica de la cláusula que establece el triple protectorado, ofreciendo una garantía solidaria sólo por cinco años.
Es de tal modo cierto que el tratado de alianza contiene el pensamiento de la desaparición posible de la nacionalidad paraguaya, al extremo que no se ha contado con ésta para nada en el establecimiento de los futuros límites de demarcación de los territorios respectivos. El tratado no dice que una vez terminada la guerra, las naciones aliadas y el Paraguay procederían de común acuerdo a fijar dichos límites, sino que ellos obligarían al nuevo gobierno a tomar por bases los límites que el tratado establece en su artículo 16.
En presencia de una estipulación tan perentoria, es indiscutible que, si el Gobierno paraguayo hiciese resistencia a esta exigencia, como estaría en su derecho de hacerlo, nacería infaliblemente un nuevo motivo de guerra, y que esta sería reputada más justa y legítima que aquélla que se emprende para derrocar un gobierno e introducir cambios en las instituciones de un país. Y el Paraguay no se vería nunca libre de las pretensiones de los aliados, pues éstos han tenido el cuidado de dar a la alianza, para la actual guerra ofensiva y defensiva, un carácter perpetuo y permanente, por el art. 17 del tratado, en el cual los aliados no se han reservado siquiera el derecho de examinar la justicia o injusticia de las demandas que cada uno de ellos podría formular en el porvenir contra el Paraguay.
Para que no quedara duda sobre lo que la triple alianza se propone hacer del Paraguay, se ha agregado al tratado un Protocolo con cuatro artículos en los cuales, según parece, se ha querido disipar las incertidumbres que podrían nacer de las estipulaciones del tratado. Se ha establecido en estos artículos que, en cumplimiento del tratado de alianza, las fortificaciones de Humaitá serán demolidas, y que no se permitirá que otra ú otras de aquella naturaleza se levanten; que como condición, para garantir la paz con el nuevo gobierno del Paraguay, no se dejaría ni armas ni elementos de guerra y que todos los que posea, serán divididos en partes iguales entre los aliados, etc.
Exigir de una nación que ella demuela sus fortificaciones y no levante otras en adelante; obligarla a que entregue todas sus armas y su material deguerra, para dejarla completamente desarmada, en la imposibilidad de proveerse a su seguridad exterior y a la conservación del orden interior, es una pretensión de que no hay tal vez ejemplo en la historia, y es el más explícito desconocimiento de la soberanía e independencia del Paraguay, que los aliados se comprometieron respetar, y no sólo respetar, sino garantir. Cuando la obra emprendida por los aliados estuviese consumada, ¿dirán los mismos aliados que el Paraguay continua siendo una nación soberana e independiente, dueña exclusiva de sus destinos?
Los aliados no han podido pensar por un momento que el sistema que se proponían adoptar respecto del Paraguay, obtendría la aquiescencia de los otros Estados de América. Hacer del Paraguay una Polonia Americana sería un escándalo que la América no podría presenciar sin cubrirse de vergüenza.
Los sentimientos y las ideas que acabo de exponer, no son únicamente de la nación peruana y de su gobierno; ellos son, estoy seguro, las ideas y los sentimientos de todas las naciones y de todos los gobiernos de América.
Finalmente, puedo afirmar que las reflexiones emitidas en esta Nota reproducen fielmente el pensamiento de las naciones del Pacífico que, para conservar su independencia y soberanía, se han aliado contra España, y desean hacer permanente su alianza, precisamente para garantir y asegurar en el porvenir la independencia y soberanía de todas las naciones de América.
Por eso mismo las Repúblicas de Bolivia, de Chile, del Ecuador y del Perú no pueden consentir a los Estados americanos que hagan lo que no consentirían a las naciones más poderosas del mundo que hiciesen, a menos que fuesen envueltas en la calamidad común y sus esfuerzos no fuesen suficientes para preservarlas de ella.
El gobierno peruano cuenta con el asentimiento de sus aliados, pues ya se le ha manifestado explícitamente por uno de sus respetivos representantes en Lima, a quienes ha dado conocimiento de esta Nota, y en breve, la voz de cada uno de los gobiernos se hará oír directamente en defensa de la soberanía y de la independencia del Paraguay.
Bolivia, Chile, Ecuador y Perú, no dirán una sola palabra, sino en el sentido de la conciliación para cortar la guerra desastrosa que riega hoy con torrentes de sangre humana los campos del Paraguay; pero desde que esa guerra no se limita a reclamar un derecho, a vengar una injuria, a reparar un daño, y que se extienda hasta desconocer la soberanía y la independencia de una nación americana, a establecer sobre ella un protectorado y a disponer de su suerte futura, el Perú y sus aliados no pueden guardar silencio, y el más sagrado e imperioso de los deberes, les impelen a protestar de la manera más solemne contra la guerra que se hace con semejantes tendencias, y contra todos los actos que, en consecuencia de esta guerra, amengüen la soberanía, la independencia e integridad de la Republica del Paraguay.
Para que los gobiernos cerca de quienes V. S. está acreditado, y que son precisamente los que firmaron el tratado de 1º de Mayo de 1865, conozcan el juicio que el gobierno peruano ha formado respecto al tratado y sus tendencias, lo mismo que la protesta que se ha visto en la necesidad de formular contra uno y otros, el Jefe Supremo me ha encargado de ordenar a V.
S. trasmita esta Nota a los gobiernos de Buenos Aires, de Montevideo y de Río Janeiro.
Dios guarde a V. S. (fir.) TORIBIO PACHECO
.
***
CARTA DEL GENERAL MELGAREJO AL MARISCAL LÓPEZ
LA PAZ, AGOSTO 30 DE 1866.

De mi más alto aprecio:
Acredito ante V. E. como mi enviado particular y del Sr. General Saa, al ciudadano argentino D. Juan Padilla. El mismo Sr. Padilla explicará a V. E. mi adhesión a la justa causa que sostiene la República del Paraguay contra tres naciones aliadas y que no enarbolan otra bandera sino la de conquista y exterminio.
Pero esa acción innoble jamás consentirán las demás naciones americanas.
En efecto, acaban de protestar contra el vandálico avance de conquista, cuatro importantes Repúblicas del Pacífico, como Chile, Perú, Bolivia y Colombia, y puedo asegurar a V. E. que en caso que no llevase a efecto la protesta hecha a la faz del mundo por las referidas naciones, yo con mi ejército iré en ayuda de V. E.
Estoy, pues, esperando noticias de V. E. para acudir presuroso a compartir al lado de V. E. las fatigas del soldado.
Tengo pronta una columna de 12.000 bolivianos, que, unidos a los heroicos paraguayos, harán proezas de valor.
Cualquier comunicación espero recibir de V. E. por conducto del caballero Padilla. Mientras tanto, me es grato ofrecer a V. E. las seguridades de mi aprecio y distinguida consideración. (fir.) MELGAREJO.
.
***
DOCUMENTOS QUE COMPRUEBAN MÁS O MENOS LA GUARNICIÓN QUE TENÍA LA FORTALEZA DE HUMAITÁ EL 24 DE MAYO DE 1866

Asunción, Noviembre 9 de 1894.
Señor Capitán de fragata Don Remigio Cabral.
Yaguarón
Distinguido amigo:
Ocupado en escribir algunos apuntes históricos sobre nuestra pasada guerra, me dirijo a Vd. pidiéndole quiera hacerme el servicio de contestarme a la siguiente pregunta:
¿Le consta o ha sabido de qué número más o menos se componía la fuerza que guarnecía Humaitá antes o inmediatamente después de la batalla del 24 de Mayo de 1866?
Con disculpa por la molestia y anticipándole las gracias, me es grato saludarlo atentamente.
Su afmo. amigo y atº S. S.
(fir.) JUAN C. CENTURIÓN
P. S. Agradeceré que su contestación sea al pié de la presente.

***.
Yaguarón, Noviembre 13 de 1894.
Sr. D. Juan C. Centurión
Mi estimado amigo:
Contestando a la antecedente pregunta que Vd. se ha servido hacerme, debo decirle, aunque no estoy muy cierto, pero supongo que, inmediatamente después del 24 de Mayo habrá existido en Humaitá como un mil y doscientas plazas de guarnición.
Es cuanto tiene que decir a Vd. su atº y S. S.
(fir.) REMIGIO CABRAL (Era 2o. Comandante el Humaitá. (N. del A.)).

***.
Asunción, Julio 23 de 1894.
Señor Coronel Don Julián Godoy
Presente
Distinguido compañero y amigo:
Teniendo conocimiento de que Vd. en su carácter da Ayudante del Mariscal López fue enviado a Humaitá, después de la batalla del 24 de Mayo, con la comisión de pasar una inspección a las tropas que guarnecían entonces aquella fortificación, vengo a pedirle quiera decirme de qué número más o menos se componía dicha guarnición en la referida época. Anticipándole las gracias, me es grato ofrecerme como siempre su atº S. S. y amigo
(fir.) JUAN C. CENTURIÓN

***.
Sr. Coronel Don Juan C. Centurión
Muy Sr. mío y distinguido amigo:
Impuesto de la apreciable de Vd. que precede debo decirle, que tengo presente la comisión que el Mariscal López me dió después de la batalla del 24 de Mayo, para que pasara a Humaitá e hiciera una inspección general, como si fuera una revista a todos los cuerpos que componía la guarnición de aquel punto; y en efecto, lo hice tal cual me había ordenado; más no puedo decirle ni asegurarle el número total de que se componía la guarnición de aquel punto en aquella fecha; pero sí un cálculo aproximativo, pues tuve que estar en todos los cuerpos de las tres armas y recorrer todas las baterías, para poder contar con alguna certeza la fuerza con que se podía contar en caso de necesidad, pronta para los combates, y conforme le tengo dicho más arriba para mi cálculo no podía pasar de dos mil a dos mil y quinientos hombres, poco más o menos, inclusos los convalecientes, sin contar la porción de heridos que había.
Es cuanto al respecto puedo decirle.
Sin más, soy de Ud. invariable amigo y compañero.
(fir.) LUIS N. GODOY. (En la época era ayudante de campo del Mariscal López. (N. del A.))

***.
Asunción, Enero 12 de 1895.
Sr. Comandante Don Justo Pastor Cándia
Presente
Distinguido amigo:
Ocupado en escribir algunos apuntes históricos sobre nuestra pasada guerra, me dirijo a Vd. pidiéndole quiera hacerme el servicio de contestarme al pié a la siguiente pregunta: ¿Le consta o ha sabido de qué numero más o menos se componía la fuerza que guarnecía Humaitá antes o inmediatamente después de la batalla del 24 de Mayo de 1866?
Con gracias anticipadas y pidiendo disculpa por la molestia, lo saluda con
su particular aprecio,
Su atº S. S. y amigo
(fir.) JUAN C. CENTURIÓN

***.
Sr. Coronel Don Juan C. Centurión
Estimado amigo:
En contestación a la pregunta que Vd. me hace, cúmpleme decirle que efectivamente en la época a que se refiere Vd. me encontraba en Humaitá prestando servicio en mi profesión de médico cirujano, y la guarnición que tenía entonces aquella, más o menos sería de unos 2.000 hombres de infantería y artillería.
Dejando así contestada su atenta carta, me es grato saludarlo con aprecio.
Su atº y amigo
(fir.) PASTOR CANDIA
fcha ut supra.
.
***

ACTA CELEBRADA ENTRE LOS GENERALES DE LA ALIANZA, CON MOTIVO DEL CONSEJO DE GUERRA EN QUE SE RESOLVIÓ EL ASALTO DE CURUYAYTY, ASÍ COMO OTRAS OPERACIONES AL MISMO TIEMPO REUNIDOS LOS SEÑORES GENERALES DEL EJÉRCITO ALIADO QUE SUSCRIBEN, A SABER:

General en Jefe del Ejército Aliado Bartolomé Mitre; General en Jefe del Ejército de Vanguardia, Venancio Flores y General en Jefe del primer cuerpo del Ejército brasilero Polidoro da F. Q. Jordao, y constituidos en junta de guerra, este último expuso: Que en virtud del encargo de los demás Generales y en representación de ellos, había pasado hasta Curuzú para conferenciar con el señor Barón de Porto Alegre, General en Jefe del segundo cuerpo del Ejército brasilero, y con el Sr. Almirante Tamandaré, a fin de continuar operaciones llevando adelante el ataque de Curupayty anteriormente acordado y resuelto en las juntas de Guerra que tuvieron lugar en los días 18 y 28 del mes ppdo., y que en consecuencia de ello, el Sr. Barón de Porto Alegre había formulado su opinión por escrito en los términos siguientes: “Curuzú Banadaro General em 5 Setembro 12 h. 30 m. O Sr. Baráo de Porto Alegre é de opiñao (ñao esige) que se deve fazer pela extrema directa da línha dos aliados um movimento de cavallería com a maior forza posivel, com a intenção de sustentarse caso seja preciso ou de penetrar até Curuzú a fazer junção, havendo comunicação previa da certeza é fará d.este movimento com au devidas cautelas, sendo este movimento de cavallería acompanhado por um movimento geral em tuda a linha para poderse successivamente tomar Curupayty e Humaitá. Nesse caso o Barão fará una demostração contra Curupayty ou irá alem da demostração, si as circunstancias o aconsellarem”.

Impuestos de esta comunicación, se concretó la discusión, a los dos puntos siguientes:
1º Cooperación por parte de las fuerzas del Ejército aliado que se hallan al frente de las líneas de Rojas para concurrir al ataque de Curupayty, tomando en consideración la opinión del Sr. Barón de Porto Alegre.
2º Posibilidad, conveniencia y necesidad de dar mayor ensanche a las operaciones militares para estrechar y vencer al enemigo en el menor espacio posible de tiempo y del modo más completo, obrando en combinación con la escuadra.

Discutidos detenidamente estos dos puntos capitales, los tres Generales aliados convinieron unánimemente en lo siguiente:
1º Que por lo que respecta a lo propuesto por el Sr. Barón de Porto Alegre, no hay inconveniente alguno en hacer con la caballería aliada el movimiento que él indica, no sólo por la izquierda del enemigo, sino penetrando hasta su retaguardia por ese flanco según fuese posible, y no únicamente para sustentarse, sino para dominar la campaña por esa parte y batir la caballería enemiga si se presentare, y aún buscándola si permaneciese fuera de sus líneas fortificadas.
En cuanto a la junción de que habla el señor Barón, no la creen posible ni conveniente por ahora, sino en el caso de un ataque combinado de las tres fuerzas sobre las líneas de Rojas, operando a la vez por el frente y por la retaguardia de ellas.
Por lo que respecta al movimiento general en toda la línea, desde que éste no pueda ser por ahora un ataque parcial o general sobre la línea enemiga, se comprende que debe limitarse a una demostración o a una diversión, o un reconocimiento, pues no es conveniente comprometer dos ataques divergentes.
2º Por lo que respecta a dar mayor ensanche a las operaciones aprovechando las ventajas adquiridas por el segundo Cuerpo del Ejército Imperial, a la vez que la concurrencia de la Escuadra y los elementos de movilidad que hemos reunido para nuestra caballería, consideran que podrá hacerse lo siguiente:

1º Formar un ejército de operaciones sobre la base del segundo cuerpo del Ejército Imperial elevándolo hasta el duplo de fuerza con nuevas tropas de los ejércitos aliados, es decir, de 18 a 20 mil hombres, trasladándose allí el General en Jefe si fuese conveniente.
2º Desprender oportunamente la caballería por nuestra derecha, llevándola por la retaguardia del enemigo hasta donde fuese posible a las órdenes del Sr. General Flores, con el objeto de cooperar a las operaciones del Ejército expedicionario por la parte del Paraguay.
3º Con el nuevo ejército así formado sobre la costa del Paraguay, atacar Curupayty en combinación con la escuadra y amagar al ejército enemigo por la retaguardia, interceptando el camino de Humaitá a efecto de provocarlo a una batalla tomando por la espalda para lo cual deberá llevar todos los elementos, obrando según queda dicho en combinación con la caballería destacada.
4º Mantener mientras tanto a la defensiva el campo atrincherado de los aliados, frente a las líneas del enemigo, para lo cual pueden quedar con el Sr. Mariscal Polidoro de 18 a 20 mil hombres; que en un caso dado y oportunamente previsto, puedan concurrir a operar por la derecha a por el frente de las líneas fortificadas del enemigo.
En consecuencia de todo esto, los expresados Generales acordaron que el Sr. General en Jefe se trasladará personalmente hasta Curuzú para conferenciar con el Sr. Barón de Porto Alegre y Sr. Almirante Tamandaré a efecto de resolver definitivamente sobre el particular. Y habiéndose efectuado así en el día de ayer 7 de Septiembre, y reunidos nuevamente en el día de hoy 8 de Septiembre, el Sr. General en Jefe manifestó que había conferenciado con los referidos Generales, y que después de exponerles verbalmente lo ocurrido y leerles la opinión de la Junta formulada en los términos anteriores sobre los puntos capitales que ella comprende, tanto el Sr. Almirante Tamandaré como el Sr. Barón de Porto Alegre, habían aprobado el plan acordado para dar mayor ensanche a las operaciones, aceptándolo con empeño. Manifestó, además, que se había tratado de lo que mejor convendría hacer para atacar por la retaguardia las líneas y Ejército del enemigo, poniéndose en el caso de atacar previamente a Curuyayty o de prescindir de esta posición dejándola a la izquierda para marchar desde luego, y que prevaleció la opinión de que la ocupación de Curupayty era una ocupación previa e indispensable y muy importante, tanto para el desarrollo completo del plan acordado, como para proseguir sucesivamente las ventajas que nos ofrece la posición del enemigo.
Manifestó igualmente que el Sr. Almirante Tamandaré había ofrecido la más eficaz cooperación de la Escuadra para concurrir al ataque de Curupayty, para lo cual declaró tenía elementos suficientes, comprometiéndose en tal caso a obrar sobre esa posición desde el río, batiendo a tiro de metralla sus fortificaciones e inutilizando por este medio su artillería para facilitar el asalto con la menor efusión posible de sangre por parte de las tropas expedicionarias; las que una vez dueñas de Curuyayty le permitirían seguir inmediatamente hasta Humaitá, mientras esas tropas obraban sobre la espalda del enemigo según queda ya explicado. Por último expuso que el Sr. Barón de Porto Alegre le había manifestado que la cooperación que creía necesitar por parte de las fuerzas aliadas situadas en este punto, era un ataque general sobre las líneas fortificadas del enemigo para evitar que sus reservas acudiesen a Curupayty mientras él se empeñase en su ataque, pero que habiéndose hecho cargo de los motivos de los Generales Aliados para no poder hacer esto por el momento, había declarado que no era esa una condición indispensable para el ataque de Curupayty, sino una mera opinión fundada en la mayor conveniencia, pues de todos modos estaba dispuesto a ejercer lo que más conviniese al honor de las armas aliadas, con lo cual había quedado de perfecto acuerdo, esperando tan solo el aviso oportuno para mover los transportes y tomar todas las medidas necesarias al logro de la expedición.

Impuestos de todo, los Generales Aliados resolvieron definitivamente, como complemento de lo acordado anteriormente y del acuerdo subsiguiente con el Sr. Barón de Porto Alegre y Almirante Tamandaré, lo siguiente:
.
1º Que el General en Jefe del Ejército Aliado con nueve mil hombres de infantería y doce piezas de Artillería del Ejército Argentino, se trasladase a Curuzú para formar la columna expedicionaria por esa parte, abriendo operaciones según lo convenido, dándose un plazo de tres días para su ejecución.
2º Que el resto del Ejército quedase en este campo a órdenes del Sr. General Flores, hasta tanto que éste se moviese con la caballería en la oportunidad ya indicada, en cuyo caso el Sr. Mariscal Polidoro quedaría a cargo del Ejército.
Y así acordado lo firman en el campamento General de Tuyuty a ocho de Septiembre de mil ochocientos sesenta y seis.
(firmado) BARTOLOMÉ MITRE
VENANCIO FLORES.
POLIDORO DA F. Q. JORDÃO. (Del Semanario Militar .El Ejército Uruguayo. Nº 42º (Montevideo) (N. del A.)).
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(TOMO II)
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basado en la edición 1944 de
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Con el auspicio de FONDEC
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Viceministerio de Cultura
Ministerio de Educación y Cultura
Asunción, setiembre de 2005

JUAN NATALICIO GONZÁLEZ - JUAN CRISÓSTOMO CENTURIÓN / Fuente: MEMORIAS O REMINISCENCIAS HISTÓRICAS SOBRE LA GUERRA DEL PARAGUAY.

MEMORIAS O REMINISCENCIAS HISTÓRICAS
SOBRE LA GUERRA DEL PARAGUAY.
de JUAN CRISÓSTOMO CENTURIÓN
Edición Guarania, 1944. 336 pp.
Prólogo de JUAN NATALICIO GONZÁLEZ.
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )

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MEMORIAS O REMINISCENCIAS HISTÓRICAS SOBRE LA GUERRA DEL PARAGUAY.
Prólogo de J. NATALICIO GONZÁLEZ.

I

Juan Crisóstomo Centurión nació en Itauguá, el 27 de enero de 1840. Su progenitor, don Francisco Antonio Pérez de Centurión, no pudo conocer a este hijo póstumo llamado a dar nombradía al apellido, pues falleció en octubre de 1839, y por lo mismo, el niño creció bajo los exclusivos cuidados de la madre, una paraguaya que bajo sus delicadas maneras alentaba un alma vigorosa, y que en su hora sobrellevó con humilde energía pruebas sobrehumanas. En efecto, doña Rosalía Martínez y Rodas, que así se llamaba la virtuosa dama, compartió con su pueblo las inauditas penurias de la guerra de la Triple Alianza, y salvado aquel lustro dantesco de la historia paraguaya, su vida se prolongó plácidamente hasta 1879.
Centurión tuvo varios hermanos. Su progenitor, que se formo bajo la rígida dirección intelectual del padre Amancio González y Escobar, varón ilustre de recio fervor apostólico; y que después entró en un estudio de abogado y practicó en el foro asunceno; termino sus años patrocinando pleitos en la entonces prospera zona itaugueña. Parece que demostró propensión a la lectura y que gustaba ostentar con cierta pompa los conocimientos en ella acumulados, pues el caustico genio campesino, diestro en señalar flaquezas humanas, dio en apodarle Centurión arandú (Centurión el sabio), sobrenombre que menta el hijo en sus Memorias con cierto orgullo, ajeno al fondo irónico del mismo.
El niño creció en el seno de la naturaleza encantadora que meció su cuna, ora corriendo entre el corro infantil por los alcores circundantes, ora solitario y un poco triste, siguiendo el vuelo de sus ingenuos pensamientos entre las sonrisas del paisaje. Pronto se manifestó en él la propensión a la vida intelectual, y ese fondo de seriedad orgánica que da carácter a su estilo. En 1851 ingresó en la escuela de Quintana, de la que nos ofrece una evocación severa pero interesante en estas Memorias; al año siguiente le vemos en la Escuela de Aritmética de Zeballos-cue, que tuvo vida efímera bajo la dirección de don Miguel Rojas; y en 1853 forma fila entre los alumnos de la flamante Escuela de Matemáticas, que nace en aquel año bajo la dirección de don Pedro Dupuy (1). De aquí pasó al Aula de Filosofía, instituto de enseñanza secundaria dirigido por el literato español don Ildefonso Bermejo. Cuando, al fin, el país contó con jóvenes capacitados para emprender estudios superiores en el extranjero, el Gobierno envió a Europa a cinco de ellos -Cándido Bareiro, Juan Crisóstomo Centurión, Andrés Maciel, Gaspar López y Gerónimo Pérez-, para proseguir estudios de Derecho internacional, mercantil y administrativo, aparte de los que fueron destinados a otras carreras. De ese modo el Estado paraguayo inició un vasto esfuerzo para formar un equipo de hombres ilustrados, técnicamente idóneos para dirigir los negocios de la República.
Centurión nos refiere, en el presente tomo de sus Memorias, todo lo relativo a sus estudios en Inglaterra. Por lo mismo, podemos pasar por alto este periodo de su vida. A su retorno al país, en 1863, el Presidente de la República, general Francisco Solano López, confiriéndole una extraordinaria distinción -se trataba de un joven estudiante, excesivamente imbuido de su importancia pero sin ninguna practica en los negocios del Estado-, lo incorpora a su Gabinete privado y le abre las puertas de "El Semanario", en cuyas columnas expone con juvenil exuberancia un ingenuo liberalismo importado de las orillas del Támesis. Centurión -no creo que por convicción, sino por las razones que señalamos más adelante-, infiere en sus Memorias que estas distinciones de que era objeto, fueron actos de solapada persecución contra el revolucionario potencial que creía llevar dentro, pero que nunca existió en él.
Un año después de reintegrarse al terruño, en los inicios de una brillante y pacifica vida pública, Centurión se vio envuelto en el torbellino de la guerra y hay que decir, en su honor, que sirvió con apasionada fidelidad la causa de la patria y al magnífico caudillo que encarno, con indomable voluntad, esa causa sagrada. No solo peleo como soldado, hasta ganarse sus presillas de Coronel, si que también fue juez inflexible, que en la hora negra de la desesperación y de la conjura, aplico sin misericordia la ley de su tiempo, las clausulas de fierro de las Siete Partidas y de las Ordenanzas Españolas. Pesquisó, hizo confesar al delincuente su delito, sin retroceder ni ante la tortura, porque en aquellos momentos, más que en el destino de su nombre, pensó en el destino de la patria invadida y en peligro de muerte. Su actuación como juez militar, como miembro severo de lo que se llamo Tribunales de Sangre, que a semejanza del Comité de Salud Pública se hicieron temibles fulminando aun a los que parecían intangibles por su alta posición, fue duramente explotado contra Centurión. Estas Memorias fueron escritas bajo el peso de aquellas acusaciones, con el fin principal de legar a sus hijos un nombre limpio de tachas. De ahí sus frecuentes ataques al Mariscal -el monstruo de la hora del vencimiento, puesto fuera de ley y declarado traidor por los traidores que pelearon contra su patria-; de ahí sus juicios injustos; de ahí el afán de aparecer como opositor y víctima de un régimen al que sirvió con entusiasmo y fidelidad. El cuarto tomo de las Memorias, escrito cuando ya Juan E. O'Leary iniciaba la gran reacción nacionalista, se halla por lo mismo redactado con otro espíritu y otro acento. Asoma en sus páginas el paraguayo de verdad, que si por largo tiempo trabajo por desnaturalizar su expresión, siempre subsistió sangrante pero vivo en las reconditeces de su ser. Idéntico fenómeno psicológico se operó en el padre Fidel Maíz, otro antiguo miembro de los Tribunales de Sangre, que arrojo al patíbulo a un Obispo de su religión que se alzo contra su patria. Pero Maíz vivió más que Centurión, y a los noventa años de edad, en presencia del Paraguay recuperado, se arranco la máscara de la contrición y escribió palabras tremendas. "Obre, dice, con las Partidas en las manos, en media de las batallas, frente al enemigo que nos empujaba en trágicas retiradas. La posteridad ha de juzgarme sin pasión, ha de mirarme en el cuadro de mi tiempo, y de acuerdo con las leyes del medio y del momento ha de buscar la clave de mis actos para ser justiciera. Serví a mi patria en medio de las tormentas de la muerte; y caí con los últimos sobre el último campo de batalla. Fui la fidelidad en el infortunio de mi país, y tuve que representar alguna vez el rigor inflexible de la ley. He aquí todo".
Centurión participó, entre las tropas de tierra, en el combate naval de Riachuelo. Actuó coma ayudante del coronel Alén en la batalla del 24 de mayo, ganándose con su comportamiento la estrella de Caballero de la Orden Nacional del Merito. Poco después obtuvo el grado de capitán honorario. Alternaba sus actividades militares con lecciones de francés e inglés, que daba a los oficiales bajo los naranjales de Paso Pucú. Juntamente con los padres Maíz y Bechi, don Domingo Ortiz, don Víctor Silvero y otros, redactaba "El Cabichuí", periódico satírico de extraordinaria popularidad en el ejercito. A igual de los demás periódicos paraguayos, "El Cabichui" salía en papel de fabricación paraguaya; un Sargento de ignorado nombre ilustraba los artículos con intencionados dibujos, que un improvisado equipo de grabadores los pasaba en madera para su impresión, sin más instrumentos que unos toscos cuchillos y unos clavos convertidos en gubias. Con admirable intuición artística, estos grabadores realizaron muchas veces verdaderas maravillas.
En calidad de Secretario de Solano López, Centurión participa en la retirada de Paso Pucú a San Fernando, y ya en este campamento, que iba a ser escenario de los más punzantes dramas de la historia, entro a integrar, con el capitán Silvestre Carmona, el 5º Tribunal Militar, uno de los que entendieron en la causa de los conjurados que delataron los secretos militares de la República al enemigo. Cumplió el duro deber de juzgar y condenar a los culpables, pues ¿qué otro camino le quedaba? "Este es el último día de mi clemencia", dijo con desgarradora elocuencia el Mariscal, y los ejecutores de la ley penal se vieron impelidos a colocarse en el mismo plano espiritual. No era la hora de la benignidad, sino la del castigo, la del rechinar de dientes. Esa hora quedo rabada para siempre en el alma de los protagonistas, y uno de ellos, el padre Fidel Maíz, la evocaba aún con cierto estremecimiento en el estilo, a más de medio siglo de distancia: "El pensamiento es la electricidad del alma, atraviesa tiempos, lugares y distancias instantáneamente; es el relámpago del espíritu que cruza el espacio infinito de polo a polo... Así, al escribir estas líneas, en este momento, me parece estar en San Fernando, allá sobre el Tebicuary, cuando López intimo en persona el arresto al Obispo Palacio. Yo, presente en el acto, sufrí una penosa emoción, de lo que se apercibió aquel hombre, y me dijo: ¿Qué es esto? En estos momentos hay que sobreponerse a todo sentimiento, y hacer que prime el deber de hacer justicia".
Tras de cumplir, no sin sentirse mordido par los cilicios de la sensibilidad, sus terribles funciones de juez, Centurión retorna a las batallas y participa en los épicos encuentros de Itá Ihvaté, en los que se gano el grado de Sargento Mayor efectivo de Infantería. Después de la derrota, reaparece en el campamento de Ascurra, donde asciende a Teniente Coronel el 24 de julio de 1869, y poco después, en Tandeih, se gana sus presillas de Coronel y reemplaza a Marcó en la jefatura de la Mayoría. Marcha con las últimas legiones que se aprestan en torno al Mariscal, en aquel desfile fantástico, de desnudez y hambre, por las lejanas serranías. ¡Fue de los que vencieron "`penurias y fatigas", de los que Regaron a Cerro Corá! En el último choque que tuvo por escenario aquel teatro desolado pero grandioso, Centurión, bajo las inmediatas ordenes del Mariscal, al frente de sus tropas desplegadas en guerrilla, sostuvo la envestida final del enemigo; y minutos antes que Solano López alcanzase su fin sobrehumano en las márgenes del Aquidaban, el joven estudiante de Londres desdoblado en soldado, rubricaba con su sangre el epilogo del drama, fiel hasta el último, grado a su pueblo y a su bandera, al ser derribado de su corcel por una bala que le atravesó ambas mejillas y parte de la lengua.
Herido y prisionero, tras una penosa marcha a pie de once días, el coronel Centurión llega a Concepción, pasa al Chaco, y luego a la angustiada Asunción, donde permanece conjuntamente con el padre Maíz en la sentina del cañonero brasilero "Ygatimi". "Allí, evoca en una página intima, bajaban a vernos algunos jefes y oficiales aliados, linterna en mano, exactamente como si fuéramos dos fieras enjauladas; y después de cambiar algunas palabras con nosotros sobre López, se retiraban, pero no sin llenarnos antes de injurias e improperios". Tres semanas más tarde le sacaron los grillos que tenía remachados; un transporte le conduce a Humaitá, juntamente con el general Caballero y otros prisioneros; de aquí sigue viaje a Rio de Janeiro, a bordo del "San José". En la capital imperial conoce la miseria y el desamparo, hasta que, gracias a la mediación de Paranhos, el futuro Barón de Rio Branco, obtiene su liberación y apartándose con pena de sus viejos compañeros de armas, viaja para Inglaterra en el paquete "Biela", cuyo capitán le brinda generosa protección. Ya en Londres, sus antiguos condiscípulos le agasajan y le rodean con su afecto. Pasa a Paris, invitado por don Gregorio Benítez, y cual si llevase la tragedia con su persona, allí le sorprende el último acto de la guerra franco-prusiana, asiste a la caída del segundo Imperio y presencia la proclamación de la República. A su retorno a Londres, satisface su pasión romántica visitando en Jersey la mansión de Víctor Hugo; luego, sus amores con una bella cubana, a la que pronto iba a unir su destino, guía sus pasos de peregrino a Santiago de Cuba. Aquí frecuenta los salones del Gobernador, quien le distingue; se vincula con la alta sociedad; ejerce, aunque sin título y haciendo firmar por otros sus escritos, la profesión de abogado. Finalmente se deja seducir por el periodismo, y participa con brillo en la discusión que en aquellos días provocara el hallazgo de los restos de Colón en la Catedral de Santo Domingo.
Pero la patria le llamaba a la distancia, y otra vez se echa por esos caminos del mundo. Se detiene algún tiempo, en Nueva York, pasa por Washington, arriba a Buenos Aires, donde le asedian desconsoladoras noticias de su tierra, y entonces emprende un nuevo viaje a las Antillas llevándose una tropilla de mulos, que logra vender en Saint Pierre, la antigua capital de Martinica. El negocio no resultó tan brillante como imaginó su optimismo, y ya en posesión de los precarios beneficios obtenidos, otra vez toma el camino del Rio de la Plata. Corría el año 1878 cuando se reintegro al seno de la patria, tras ocho años de ausencia.
Inicia sus actividades en el Paraguay desolado por la guerra, como acopiador de frutos. Más, no ha nacido para tales negocios. Vuelve a las tareas del foro y colabora en el diario "La Democracia". Acompaña al general Bernardino Caballero en la fundación y organización de la Asociación Nacional Republicana, la gran entidad democrática donde se refugian el espíritu nativista, la vieja concepción de vida de los paraguayos, y que por lo mismo atrae a sus filas a casi todos los ex-soldados de Solano López, a todos los que buscan el renacimiento del Paraguay sin enajenar los elementos de su poderío ni vender su alma. Centurión milito hasta el fin de sus días en este partido de los nacionalistas paraguayos, que logra marcar rumbos al destino del país hasta 1904. El presidente Caballero le designa, en 1882, Fiscal General del Estado, cargo que desempeña con ponderación durante seis años. Redacto, por este mismo tiempo, en colaboración con otros, el Código Militar de 1887, y por dos veces integró la Comisión del Colegio Nacional, en cuyo seno realizó una labor seria y fecunda, pues la formación intelectual de la juventud fue una de las pasiones de su vida.
El 28 de setiembre de 1888 Centurión entra a formar parte del gabinete del presidente Escobar, quien le confía la cartera de Relaciones Exteriores. Defendió con brillo, en su carácter de Canciller, los derechos de su patria sobre el Chaco, produciendo algunos documentos diplomáticos que constituyen un modelo por su enjundia jurídica, su caudalosa erudición histórica, la sobria firmeza de su tono y la elegante severidad de su estilo. El país se dio cuenta de que aquella circunspecta y celosa diplomacia de los López, brotaba nuevamente de entre las cenizas del pasado, para amparar su destino con actos de sagaz vigilancia. La nota de 3 de noviembre de 1888, en la que Centurión enuncia la tesis paraguaya a raíz de los incidentes de Bahía Negra, delata la envergadura del estadista y marca un cauce definitivo a la política exterior de la República. El Paraguay nada pudo temer mientras se ciño a sus normas, y las veces que gobernantes incautos o corrompidos se apartaron de ellas, la nación marchó a la desventura, a la guerra, a la desmembración, con mengua de su personería internacional.
A pesar de su significación política y de las altas posiciones que escaló, Centurión nunca desdeño servir la causa de la cultura, aun desde cargos relativamente modestos, y así le vemos en 1895 actuar como miembro del Consejo Nacional de Educación. Un año después, entra a integrar, juntamente con Cecilio Báez, una comisión técnica que aborda el estudio del diferendo con Bolivia. Su partido le brinda una banca en el Senado en 1895, y reelecto en 1900, por fenecimiento de su mandato, permanece en ella hasta el fin de sus días. Como parlamentario, intervino en la dilucidación de los grandes problemas nacionales, y utilizó su gravitación para impulsar el progreso y reconstruir los extinguidos elementos del poderío de la República. Puede decirse que cuando la muerte le sorprendió, el 12 de marzo de 1902, Juan Crisóstomo Centurión era una figura ilustre, moderado en sus juicios, fino y cortés en los salones, a quien la vida condujo al estoicismo y le enseño que el perdón de las injurias forma parte de la Sabiduría. Había pasado por duros trances; había afrontado tormentas de odio, con su secuela de befas y calumniosos insultos; y humano al fin, para ser alguien en su propio país, disimuló sus viejos quereres, condenó lo que amaba en el fondo del corazón, y gracias a estas concesiones pudo sobrevivir y trabajar por la reconstrucción nacional. Las generaciones actuales no saben lo que significaba haber sido soldado de López, haber sido el brazo que castigó en la esquiliana tragedia de San Fernando, y vivir en aquel Paraguay postrado por el vencimiento, en cuyo ambiente dictaban ley los hijos descastados que se alzaron contra la patria: Centurión lo supo en carne viva; conoció todas las torturas con que el traidor castiga la fidelidad. Un solo hecho bastara para revelar la cotidiana tragedia de este hombre. El 10 de noviembre de 1893 es designado Ministro Plenipotenciario ante Inglaterra, Francia y España; pero quince días después asume la primera magistratura Juan B. González, que renegaba del Paraguay de López, y su primer acto de gobierno fue anular aquel nombramiento. De ese modo, veintitrés años después de la guerra, Centurión seguía purgando el crimen de haber caído al pie de su bandera, defendiéndola en el último combate, mientras sus persecutores procuraban abatirla.
Para suerte suya, vio alborear, antes de bajar a la tumba, el renacimiento espiritual de su patria. Desde comienzos del siglo O'Leary, con juvenil audacia, había emprendido su largo batallar contra la impostura. Centurión sintió el influjo de este movimiento, intuyó sus lejanas proyecciones, y tímidamente pudo rectificar lo que escribió extorsionando su conciencia, por sumisión al ambiente en que vivió. Por eso, en el cuarto tomo de sus Memorias ya asoma el verdadero Centurión, el juez inflexible de San Fernando, el soldado de Cerro Corá, el que "venció penurias y fatigas".
Juan Crisóstomo Centurión, sin ser un escritor de primer orden, ocupa un lugar distinguido en las letras paraguayas. Formó parte de una generación brillante, la generación de Natalicio Talavera, devorada en agraz por una guerra de exterminio. Su nombre se halla asociado con los primeros balbuceos de la novela paraguaya. Su "Viaje Nocturno", editado en Nueva York en 1877, le muestra como un precursor del genero, en su país. El autor suple la falta de imaginación con recuerdos personales, y por lo tanto cae en el cuento autobiográfico, cuyo interés novelesco se pierde entre consideraciones morales y políticas. El argumento se reduce a la evocación de la vida y de la tierra del protagonista en una noche de insomnio, y sobre sus páginas, liricas y reflexivas a la vez, flota acá y allá como una dorada bruma, la punzante melancolía de los desterrados.
Como historiador, Centurión se inicia con un opúsculo sobre "Los Estudiantes de López", insertado en "La Democracia" en 1882, y un estudio sobre la emancipación, intitulado "Una palabra sobre el Paraguay en la primera época de su Independencia". Su obra fundamental son estas Memorias, que deben ser leídas con vigilante espíritu crítico, por lo argüido en páginas anteriores. He ahí por que hemos encomendado al Mayor Antonio E. González, uno de los más brillantes escritores militares del Paraguay, la tarea de anotarlas, tarea que González ha cumplido con ejemplar responsabilidad intelectual y dominio absoluto de la materia (2).

NOTAS
(1). - Este meritorio educacionista nació en Bretaña, en el Castillo de Cramezseul, el 1º de marzo de 1816; era vástago de una familia monárquica que conoció los implacables rigores de la Revolución francesa. Obtuvo su título de profesor en la Escuela Normal de Versalles. En 1850 llegó emigrado a Buenos Aires, con una carta que por mediación del
conde Suin le dio para Rosas el Cónsul argentino en Burdeos, señor Santa Coloma. Gracias a esta recomendación fue nombrado catedrático de francés y Matemáticas en el Colegio Federal que funcionaba en la ciudad porteña.
Después do Caseros, Urquiza quiso encomendarle la organización y dirección del Colegio del Uruguay, y así se lo hizo ofrecer por intermedio de M. Saint George, Encargado de Negocios de Francis; pero por escuchar los consejos de este diplomático, prefirió aceptar la propuesta que simultáneamente lo hizo llegar el Presidente del Paraguay, don Carlos Antonio López. De ese modo apareció en Asunción al frente de la Escuela de Matemáticas.
Después de la guerra, volvió al Paraguay y el Presidente don Juan Bautista Gill le confió, por decreto del 27 de febrero de 1875, la dirección del Colegio Nacional. Por esta época colaboraba con frecuencia en el diario asunceno La Reforma. Algún tiempo después volvió a la Argentina, donde publicó algunos estudios literarios y pedagógicos, principalmente sobre educación de la mujer. También escribió sobre inmigración y colonización. Murió en Buenos Aires el 14 de febrero de 1886.
Dupuy estaba casado con una espiritual dama, Ana Monnier, nacida en París el 21 de noviembre do 1825. Pintaba, escribía y practicaba la música. Queda de ella unas impresiones de viaje, donde se refiere largamente al Paraguay, consagrando cariñosos recuerdos a varias familias paraguayas con laa que trabó amistad.
La Escuela de Matemáticas, creada por decreto del 1º de octubre de 1853, inició su curso con 51 alumnos, cuya nómina era la siguiente: Pedro Gill, José María Mazó, Luis Báez, Claudio Astigarraga, Eloy Laguardia, Angel Fernández, Francisco Candia, José Félix Caminos, Timoteo Arce, Joaquín Mendoza, Manuel José Giménez, Vicente Giménez, Juan de la Cruz Giménez, José Dolores Valiente, José de la Cruz Fernández, Dejesús Espínola, Eduardo Cárdenas, Fidel Silva, Martín González, Indalecio Benítez, José Tomás Astigarraga, Policarpo Valdovinos, Eulogio Mazó, Aniceto López, Escolástico Legal, Regalado Moreno, Juan Andrés Olavarrieta, Dionisio Pintos, Nicolás Espínola, Luis Gómez, José Tomás Chaparro, Felipe Duarte, Daniel Aquino, Tomás Acosta, Pablo José Llanos, Miguel Haedo, José Benito Escabriza, Regis Neronis, Máximo Marín, Sebastián Días, Adriano Morales, Crisóstomo Centurión, Andrés Espínola, Deogracis Lugo, Serapio Candia, Gerónimo Silva, Zenón Notario, Natalicio Talavera, Ildefonso Pando, León Ignacio Villalba, Cándido Bareiro y Gaspar López.
El texto del Reglamento de la Escuela de Matemáticas era el siguiente:
Articulo 1º. . Queda nombrado a la fecha el catedrático del curso de matemáticas, mandado establecer por decreto de 1º. de Octubre último.
Art. 2º. . El catedrático enseñará las materias contenidas en el decreto citado en el artículo anterior, y aprovechará toda ocasión para inculcar en el espíritu de los estudiantes, los principios de moral social, y de los deberes de todo ciudadano para con Dios, para con su Patria, su familia y su gobierno.
Art. 3º. . Cada dos meses pasará a la Secretaría de Gobierno un informe circunstanciado sobre el estado moral y de instrucción de los estudiantes.
Art. 4º. . A cargo del catedrático está el mantener el orden, buena confortación y subordinación de los estudiantes en las horas del aula.
Art. 5º. . En caso de inasistencia reiterada, inaplicación rebelde o de insubordinación escandalosa de un estudiante, el Gobierno proveerá que sea despedido del curso, previo informe del catedrático.
CAPITULO II
Del tiempo del curso y horas de aula
Articulo 1º. . El curso de matemática será de dos años, como queda establecido en el decreto expresado de 1º de Octubre último.
Art. 2º. . El primer año escolar será desde el 2 de Enero del año próximo venidero de 1854, hasta el 10 de Noviembre. Por la mañana se tendrán dos horas de aula y otras dos a la tarde.
Art. 3º. . En Enero, Febrero, Marzo, Abril, Septiembre, Octubre y Noviembre se entrará al aula a las siete de la mañana, y a la tarde a las tres y media. En Mayo, Junio, Julio y Agosto a las ocho de parte de mañana y a la tarde a las dos y media.
Art. 4º. . El segundo año escolar será del 1º. de Febrero al 10 de Diciembre.
CAPITULO III
De los exámenes
Artículo 1º. . Del 1º. al 10 de Noviembre se harán los exámenes de los estudiantes de matemáticas, el año próximo venidero de 1854, y en el siguiente de 1855 del 1º. al 10 de Diciembre.
Art. 2º. . El examen será de un tercio de hora para cada estudiante.
Art. 3º. . El examen se hará en público por el catedrático asociado con dos personas que el Gobierno designe.
Art. 4º. . El estudiante que hubiese sido unánimemente reprobado, podrá prepararse para presentarse el día 1º. De Febrero del siguiente año y si otra vez fuese reprobado, cesará en el estudio.
Art. 5º. . El catedrático y los examinadores designados por el Supremo Gobierno, pasarán, terminados los exámenes, un informe sobre el estado de instrucción de los estudiantes, haciendo mención especial de los que se hubiesen distinguido.
CAPITULO IV
De los estudiantes
Artículo 1º. . Concurrirán al estudio de matemáticas, los que se hubieren inscripto en la matricula abierta en la Secretaría de Gobierno
Art. 2º. . Los estudiantes deben concurrir al aula, vestidos y calzados en forma decente.
Art. 3º. . Los estudiantes deben al catedrático toda subordinación y conservarse en las horas del aula, con atención, decencia y compostura.
Asunción, Diciembre de 1853. CARLOS ANTONIO LÓPEZ.
(2). - Las notas de Centurión van marcadas con la indicación (N. del A.) , nota del autor. Las demás pertenecen al mayor Antonio E. González.


II

Había otra razón para dar una edición anotada de estas Memorias. Centurión, si bien actor del drama terrible, ignora muchas circunstancias de la guerra del 65, pues no desempeñó en ella ninguna función directiva prominente. Y en vez de investigar en los Archivos para colmar los vacios de sus recuerdos, y someter estas a la confrontación documental, encontró más cómodo seguir a Thompson, el mistificador, guía de cuantos después desbarraron sobre la epopeya paraguaya.
El mayor González, en sus notas, ha rectificado los errores más notorios de Centurión, y dentro de la obligada brevedad que le impone la falta de espacio, ha dilucidado puntos de capital interés, como el relativo al poderío militar del Paraguay. A este propósito, quiero ofrecer aquí algunos documentos de valor probatorio decisivo.
Al día siguiente de la invasión de Matto Grosso, el efectivo del ejército paraguayo, incluyendo jefes y oficiales, llegaba apenas a 38.173 hombres (Original en el Archivo de Asunción. Lo publicó O.Leary en el número de "La Unión", del 19 de abril de 1931.).

LISTA DE LOS COMANDANTES DE LOS CUERPOS SIGUIENTES CUERPOS:
INFANTERÍA
Grado / Nombre / Comisión

Capitán / Carlos Silva / Cte. de la Legión de Artillería ligera
Capitán / Francisco Roa / Cte. de Artillería ligera
Sto. Mayor / José Dolores Vallovera / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza (escolta)
Sto. Mayor / Juan Gómez / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 1
Coronel / Pantaleón Balmaceda / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 2
Sargento Mayor / José Martínez / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 3
Capitán / Cipriano Dávalos / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 4
Tte. Coronel / Francisco González / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 6
Sto. Mayor / Antonio Luis González / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 7
Sub. Teniente / Arévalo / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 8
Capitán / Marcelino Coronel / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 9
Capitán / Juan José Godoy / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 10
Capitán / Eugenio López / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 12
Capitán / José María Zelada / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 13
Teniente 1ro. / Saturnino Mereles / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 14
Capitán / Ignacio Campusano / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 15
Teniente 2do. / José Zorrilla / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 16
Capitán / Diego Alvarenga / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 17
Teniente / Gregorio Giménez / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 18
Capitán / Juan B. Arévalo / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 19
Capitán / Justo Pastor Penayos / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 20
Tte. Primero / Gabriel Sosa / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 21
Teniente 1ro. / Salvador Sánchez / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 22
Alférez 1ro. / Pedro Trochez / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 23
Teniente 2do. / Vicente López / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 24
Capitán / Vicente Meza / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 25
Teniente 2do. / Francisco Céspedes / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 26
Teniente 2do. / Bernardino Paraná / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 27
Teniente 1ro. / Cirilo Patiño / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 28
Capitán / Santiago Florentín / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 29
Sargento Mayor / Cándido Mora / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 30
Capitán / Juan B. Ibáñez / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 31
Capitán / Francisco Cárdena / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 32
Capitán / José del Rosario Pérez / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 33
Teniente 1ro. / Venancio Ortíz / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 34
Teniente 2do. / Manuel Benítez / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 35
Teniente Coronel / Hermógenes Cabral / Cte. del batallón Artillería de sitio y plaza No. 36 y 37

CABALLERÍA
Capitán / Pedro Uliambre / Comandante del Regimiento No. 1
Sargento Mayor / Miguel T. Lescano / Comandante del Regimiento No. 3
Capitán / Prudencio Centurión / Comandante del Regimiento No. 4
Teniente 2do. / Gregorio Arguello / Comandante del Regimiento No. 5
Capitán / Blas Ovando / Comandante del Regimiento No. 7
Teniente 2do. / Pedro Medina / Comandante del Regimiento No. 9
Sargento Mayor / Avelino Cabral / Comandante del Regimiento No. 10
Capitán / Vicente Florentín / Comandante del Regimiento No. 11
Capitán / Miguel González / Comandante del Regimiento No. 12
Capitán / José M. Delgado / Comandante del Regimiento No. 13
Capitán / Toribio Martínez / Comandante del Regimiento No. 14
Capitán / Manuel Lescano / Comandante del Regimiento No. 15
Teniente 2do. / Santiago Arévalo / Comandante del Regimiento No. 16
Teniente 2do. / Antonio Olavarrieta / Comandante del Regimiento No. 17
Teniente 2do. / Marcelino Vázquez / Comandante del Regimiento No. 18
Sargento Mayor / Manuel Núñez / Comandante del Regimiento No. 19, 20, 21 y 25
Teniente 2do. / Gregorio Escobar / Comandante del Regimiento No. 22
Teniente 2do. / Romualdo Prieto / Comandante del Regimiento No. 23
Sargento Mayor / Pedro Duarte / Comandante del Regimiento No. 24
Teniente 2do. / Elías Cabrera / Comandante del Regimiento No. 26
Capitán / José López / Comandante del Regimiento No. 27
Alférez 1ro. / Paulino Franco / Comandante del Regimiento No. 28
Teniente 1ro. / Manuel Coronel / Comandante del Regimiento No. 29
.
Los documentos que siguen (La división del Sur no constituyó una fuerza poderosa. Originales en Biblioteca Nacional de Río de Janeiro. Col. Río Branco.), dan los efectivos de la División Sur, que tampoco constituyó una fuerza poderosa:
.
¡VIVA LA REPÚBLICA DEL PARAGUAY!
Ejército Nacional de la División del Sud
.
Campamento de Empedrado,
Provincia de Corrientes, Julio 13 de 1865
Paulino Allen


ESTADO QUE MANIFIESTA LA FUERZA EFECTIVA DE LOS CUERPOS QUE
FORMAN LOS EJÉRCITOS DE LA REPÚBLICA DEL PARAGUAY.

.
Para las operaciones en el Norte, se destinaron los siguientes efectivos (Archivo de Río de Janeiro.):
Berges, exagerando un tanto, pues tenía en vista la propaganda en el extranjero, suministra a Brizuela cifras globales de los efectivos del Ejército paraguayo, en diciembre de 1864. He aquí la carta de Berges (.Copiador de Cartas Confidenciales del Ministerio de Relaciones Exteriores., en el Archivo de Río de Janeiro.):

Asunción, Diciembre 22 de 1864.
Señor Don Juan José Brizuela
Mi apreciado amigo,
He tenido el placer de recibir su estimada 7 de Diciembre corriente, en que se limita a acusar recibo de mis dos cartas del 29 de Noviembre ppdo., y a anunciarme que al siguiente día me escribiría más detalladamente las noticias de la quincena.
A falta de esta última comunicación, que no ha llegado, me contraeré a darle noticias de los sucesos que han tenido lugar en esta Capital.
El 14 del corriente marcho una división paraguaya al Alto Paraguay, al mando de los Sres. Coroneles Don Vicente Barrios y Don Francisco Resquín, que debe atacar simultáneamente varios puntos de la Provincia brasilera de Matto Grosso. A la hora en que le escribo estas líneas, las columnas paraguayas deben acercarse a sus respectivos destinos, así es que pronto tendremos un resultado, que yo tendré el cuidado de comunicar a V. prontamente.
La expedición al mando del Sr. Coronel Barrios marcha por rio en ocho vapores, cuatro buques de vela y tres cañoneras pequeñas de a 80, y deben operar sobre Coimbra, Albuquerque, Corumbá y Cuyabá.
La división por tierra al mando del Coronel Resquín, compuesta de las tres armas, debe atacar el presidio de Miranda y la fortaleza de Ñoaqui.
Una tercera división mandada por el Capn. Don Martin Urbieta se dirige sobre las colonias de los Dorados y Diamantina, que están situados en territorio paraguayo, o al menos en territorio disputado, el que no debía ocuparse según lo estipulado en los Tratados de Abril de 1856.
Todos estos puntos deben ser atacados simultáneamente, y es más que probable que el pánico se apodere de los brasileros, y la empresa se torne fácil y sin sacrificios.
Aunque Coimbra pasa por fortaleza de primer orden y tiene cánones de calibre desde 24 a 68, espero dentro de pocos días (y lo digo con fe) flameara el pabellón paraguayo sobre esos muros, donde el año de 1801 se estrellaron las fuerzas españolas al mando del Gobernador del Paraguay Don Lázaro de Ribera.
Mucho confiamos en el entusiasmo y la calidad de nuestras tropas para el buen éxito de la empresa. Marchan a ese punto los Batallones 6o. y 7o. de zapadores, el 10o. de instructores de Cerro León, que ya no tienen que hacer en ese campo, y el 30o. de línea de Humaitá. Si nuestra artillería no puede dominar la fortaleza, estos valientes la tomaran por asalto.
Por los periódicos que le envió vera V. más detalladamente esta importante resolución de nuestro Gobierno, que ha llevado a efecto, comenzando por la detención del " Márquez de Olinda", tan luego como se ha sabido que la vanguardia del Ejército Imperial al mando del Genl. Mena Barreto se ha apoderado de la villa de Melo, Capital del Departamento oriental del Cerro Largo.
Adelantare a V. las noticias siguientes. Un ejército de 10 mil hombres, retirados y reclutas, se está organizando en San José a la izquierda del Paraná.
Los 20 mil reclutas del Cerro de León están en perfecto estado de disciplina y muy adelantada la instrucción. Este considerable número de militares puede transportarse por el ferrocarril con toda facilidad a la Asunción para dirigirlos donde sea necesario encaminar su marcha. En Humaitá a más de la formidable artillería que V. conoce, hay doce mil hombres de las tres armas, esperando deseosos la ocasión de probarse el brazo, y, envidiando a sus camaradas que han marchado formando la división expedicionaria al Alto Paraguay.
El espíritu público y el entusiasmo militar es inmejorable, y V. sabe lo que puede hacerse con esa clase de tropas.
Corrientes y Entre Ríos no secundan la marcha del Gobierno Nacional, y es muy dudosa su posición. Si estas dos Provincias se pronuncian a favor de la causa que sostiene el Paraguay contra el Imperio, como es posible suceda, terminara todo sin sacrificio alguno y el Brasil habrá perdido su prestigio de potencia fuerte en América.
Ultima hora. - En momentos de cerrar la presente, me anuncian que el Batallón No. 27 ha marchado a engrosar las filas del Ejercito expedicionario al Alto Paraguay.

Soy de V. como siempre afmo. amigo y S. S.

firmado - José Berges.

¿De dónde viene el mito de los ochenta mil hombres, atribuidos al Ejército paraguayo en el momento de comenzar las hostilidades? De considerar como parte de ese efectivo, a los urbanos, que carecían de preparación militar adecuada, y a los jefes y oficiales en situación de retiro, en su mayor parte ancianos que sirvieron bajo la dictadura de Francia y en los primeros tiempos de la presidencia de Carlos Antonio López. El documento siguiente (Archivo de Río de Janeiro.), mal interpretado, es el origen de dicha fabula:

Resumen del estado que manifiesta la milicia efectiva de las villas y partidos de todo el territorio de la República, en el mes de Enero de 1863.

Servicio Activo: Gefes, 22; Oficiales, 373; Tropa, 12.945.
Retirados: Gefes, 3; Oficiales, 255; Tropa, 16.482.
Urbanos: Oficiales, 109; Tropa, 43.846.
Total: Gefes, 25; Oficiales, 737; Tropa, 73.273.



III

¿Y con qué armas contaba el Paraguay al iniciarse la contienda?
Con muy pocas, y casi todas anticuadas. La resistencia paraguaya pudo prolongarse, pese al bloqueo, gracias a estos factores:
a) La rígida y eficacísima organización del país, que se debe al genio fértil y voluntarioso del Mariscal López.
b) La obra inmensa cumplida por los arsenales y las fundiciones de hierro con los que contaba la nación.
c) A algunos partidas de armas modernas que fueron introducidas al comienzo de las hostilidades.
d) Los botines tomados al enemigo, que nutrieron muchas veces los parques paraguayos.

A titulo ilustrativo, adelantaremos algunos datos. Ya en plena guerra, fueron introducidos los siguientes materiales (Los originales de todos los documentos que insertamos a continuación, obran en el Archivo de Río de
Janeiro.):

¡VIVA LA REPUBLICA DEL PARAGUAY!
Razón del Armamento recibido por el Vapor "Salto Oriental" con especificación de clases, calibres y cajones.
498 Fusiles fulminantes rayados de a 16 en 17 cajones.
329 Tercerolas rayadas de a 16 en 11 cajones.
694 Sables cortos con mango amarillo en 7 cajones.
30000 Cartuchos de a 10 en 30 cajones.
Un cajón conteniendo
600 cuadros de Chimenea. 600 Destornilladores.
540 Chimeneas.
Cuartel del 1er. Batallón Abril 1° 1865.

(f) Carlos Orsbrall.

¡VIVA LA REPUBLICA DEL PARAGUAY!
Razón de los armamentos recibidos del Vapor nacional Paraná y depositado en el Almacén del Parque, con especificación de sus calibres:
294 Fusiles con bayoneta calibre de a 18.
399 Idem con bayoneta calibre de a 16.
332 Id. a la Minie calibre de a 10.
206 Id. Cortos con bayoneta calibre de a 10.
Suma 1231.
4 cajones con espoletas para fusil.
100 Chimeneas de resago para id.
12 Destornilladores.

Cuartel del 1er. Batallón Febrero 21 de 1865.

(f) Carlos Osbrall.

¡VIVA LA REPUBLICA DEL PARAGUAY!
Razón de las Municiones y demás útiles de Guerra recibidos en el depósito de San Francisco que fue cargamento de la Goleta Nacional Manuelita.
45000 Paquetes de Fusiles Rifles a la minie acomodados en 450 Cajones, y en cada cajón a 100 paquetes.
500000 Espoletas de Fusiles Rifles a la minie acomodados en 5 cajones, y en cada cajón a 100.000 Espoletas.
2450 Paquetes de Tercerolas rifles acomodados en 49 cajones, y en cada cajón a 50., paquetes y 1000 Espoletas.
25000 Espoletas de Tercerolas Rifles en un cajón.
558 Cohetes a la congreve acomodados en 62 cajones, y en cada cajon a 9 cohetes.
567 Rabos de cohetes a la congreve acomodados en 21 atados, y en cada atado a 27 Rabos.
3 Tubos de tirar Cohetes a la congreve en su position natural.
Cuartel del 1er. Bn. Diciembre 17 de 1864.

(f) Carlos Osbrall.

Sería imposible ofrecer un cuadro completo y detallado de todo el material bélico que los paraguayos tomaron en sus primeras campanas. Pero por la parte se puede juzgar el todo.
¡VIVA LA REPÚBLICA DEL PARAGUAY!
Estado que manifiesta el armamento, municiones y demás haberes pertenecientes al Fuerte de Coimbra.
(Encontrará el gráfico en la edición digital de la BIBLIOTECA VIRTUAL DEL PARAGUAY



IV

Y cerramos estas páginas, volviendo al autor del libro. La figura del Coronel Juan Crisóstomo Centurión, simple y recia, con medula de campesino y un fondo de sanas preocupaciones morales, se torna compleja y contradictoria por obra de las circunstancias. Sobre su inconmovible contextura paraguaya, aparece el leve y puritano barniz de la cultura inglesa, asimilada en sus años mozos. Este aporte le sirvió, en un comienzo, para avigorar muchas intrínsecas cualidades nativas, que requerían para su exaltación el impulso que comunica el contacto con las adquisiciones universales de la ciencia. Infelizmente, al hombre inmaduro le sacude la guerra, le impele fuera para lanzarlo otra vez sobre su tierra en ruinas, donde voces airadas vilipendian cuanto amo su corazón de paraguayo. En el afán, en gran parte subconsciente, de sobrevivir, Centurión exhibe vanidosamente el barniz ingles de su cultura, a fin de que nadie fije la atención en su autenticidad nativista, que se recoge y oculta en el fondo inescrutable de su personalidad. De ahí la ostentosa manera de aludir, con forzada frecuencia, a su breve experiencia europea. Pero en la misma medida en que el Paraguay renace de sus ruinas, el autentico Centurión vuelve a la luz, y pasa a segundo plano lo foráneo que es como la careta de su personalidad. El incidente de Bahía Negra, durante su presencia en la Cancillería, ilumina con una luz cruda este proceso psicológico: el viejo patriota salta al primer plano, y con el entusiasmo y hasta con el fanatismo de la juventud, defiende su tierra y su bandera sin miedo y sin titubeos.
¿Cómo no respetar, entonces, su figura contradictoria?'. ¿Cómo no ser benévolo con sus desgarrantes invectivas contra ese pasado que es parte de su alma? Hay mucho dolor oculto debajo de cuanto arguye contra el magnífico caudillo de la Defensa, pues en numerosas ocasiones dijo lo que no sintió ni creyó para seguir viviendo y trabajar, por vías invisibles y sinuosas, a favor de la continuidad histórica brutalmente interrumpida por la derrota. Ante todo y sobre todo, Juan Crisóstomo Centurión fue un héroe de la Resistencia y un obrero eminente de la Reconstrucción. Sus blasfemias suenan a falso, porque su corazón nunca dejo de ser totalmente paraguayo.
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J. Natalicio GONZÁLEZ.
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.
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Con el auspicio de FONDEC .
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Asunción, setiembre de 2005.