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martes, 29 de junio de 2010

MANUEL RIQUELME - HÉROES. COMPENDIO DE LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA (Prólogo: LUÍS G. BENÍTEZ) / Texto: FIGURA DEL MARISCAL FRANCISCO SOLANO LOPEZ


HÉROES
COMPENDIO DE LA GUERRA
DE LA TRIPLE ALIANZA
Por MANUEL RIQUELME
(Enlace a datos biográficos y obras
En la GALERÍA DE LETRAS del
www.portalguarani.com )
Aclaración:
En esta reimpresión fueron corregidos
los errores y omisiones de la primera edición.
Abril del 2008
© SUCESORA DE MANUEL RIQUELME
HÉROES
Compendio de la Guerra de la Triple Alianza
EDITORIAL SERVILIBRO
Pabellón "Serafina Dávalos"
Telefax: (59521) 444 770
www.servilibro.com.py
Asunción, Paraguay
Dirección Editorial: Vidalia Sánchez
Diseño de Tapa: Claudia López - Bertha Jerusewich
Motivo de Tapa: Medalla Campaña del Amambay
instituido por el Mariscal Francisco Solano López
el 25 de febrero de 1870,
días antes de morir valientemente
en defensa de la patria en Cerro Corá.
Diagramado y Diseño inferior: Oscar Pineda
Asunción, Paraguay, Abril del 2008.
Hecho el depósito que marca la Ley Nº 1328/98
ISBN: 999251751-8

INDICE
Dedicatoria / Nota del Ministerio de Defensa Nacional / Opinión sobre la obra del historiador Prof. Luís G. Benítez / Carta del Presbítero Fidel Maíz / Carta del Cap. Carlos Alberto Fragoso Senra / Prólogo / Introducción: El sentido de la historia / Figura del mariscal Francisco Solano López / Semblanza del emperador don Pedro II de Alcántara / Semblanza del general Bartolomé Mitre / Semblanza del general Venancio Flores.
-. EXTENSIÓN TERRITORIAL Y POBLACIÓN DE LOS CUATRO PAÍSES EN GUERRA : Paraguay / Brasil / Argentina / Uruguay / Resumen / Fuerzas militares del Paraguay / Brasil / Argentina / Uruguay / Marina de Guerra del Paraguay. Su potencial bélico / Brasil / Argentina / Uruguay / Apuntes para muestra historia militar
-. PROLEGÓMENOS DE NUESTRAS RELACIONES DIPLOMÁTICAS CON EL BRASIL : Los pueblos sudamericanos / República y monarquía. Rivalidades / Aspiraciones del Brasil / La guerra de 1825 / Desmembración del Virreinato / Política del Brasil en el Río de la Plata / Política argentina en el Paraguay / Política del Brasil en el Paraguay / Rosas en el gobierno de Buenos Aires / Revolución de los Farrapos / Pimienta Bueno en Asunción / Aparición del "Paraguayo Independiente''' / El Paraguay se arma y se fortifica / La política del Brasil contra Rosas / Brasil y Urquiza
-. ORÍGENES DE LA GUERRA (I). ACTUACIONES DIPLOMÁTICAS ENTRE EL PARAGUAY Y LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY : Las primeras misiones / Misión Herrera / Misión Lapido / Los peligras latentes / Sistema de equilibrio / Medios a adoptar / Hipótesis prevista / La isla de Martín García / Delicada situación del Uruguay / Insistencia de Herrera / La alianza implícita / Llamado decisivo y angustioso del Uruguay / Serás acusaciones del Uruguay / Política peligrosa
-. ORÍGENES DE LA GUERRA (II). ACTUACIONES DIPLOMÁTICAS DE LA ARGENTINA Y URUGUAY CON EL PARAGUAY : Neutralidad argentina / La nota de Lapido / La nota de Elizalde / Recelos de Lapido / Herrera exige más decisión / Actitud del Brasil / Cartas cambiadas entre López y Mitre / Serias acusaciones del gobierno paraguayo / Nota de López al cuerpo diplomático / López no es aceptado como árbitro / Correspondencia explicativa entre el gobierno paraguayo y el argentino / El "Tacuarí" en aguas del Plata / Borges resume las notas anteriores / El Paraguay y la Argentina definen su posición / Martín García vuelve a enconar los ánimos / Llamado del Uruguay al Brasil / Actuación de Sagastume / Instrucciones a Sagastume / Incidente ocurrido al “Paraguarí” / Mediación del Paraguay / Tratativas de acuerdo / Misión especial de Carreras / Ultimátum de Saraiva / El paso definitivo hacia la guerra.
-. LOS SUCESOS POLÍTICOS CON ARGENTINA Y BRASIL. RESUMEN
-. EL TRATADO SECRETO DE LA TRIPLE ALIANZA
: Juicios que suscitan
-. CAMPAÑAS PRELIMINARES : Campaña de Matto-Grosso / Combate en Paso Feo / Asalto al fuerte de Coimbra / Campaña de Corrientes / Incorporación del Gral. Resquín / El Gral. Robles es relevado / Combate del Batel / Combate de las Cuevas / Campaña de Río Grande / Combate naval del Riachuelo
-. CAMPAÑA DE HUMAITÁ : Combate de Itapirú / Pasaje del río Paraná / Batallas de Estero Bellaco-Tuyutí / Batalla del Potrero Sauce o Boquerón / Combate de Curuzú / Yatayty Corá: Conferencia entre López y Mitre / Batalla de Curupayty / Combate de Tajy y Tatajyba / Combate de Reducto o Paso de Cierva / Combate de las Canoas / Evacuación y rendición de Humaitá
-. CAMPAÑA DE PIKYSYRY : Combate de Ytororó / Combate de Abay / Combate de Lomas Valentinas e Itá-Ybaté / Combate de Angostura
-. CAMPAÑA DE LA CORDILLERA : Combate de Ybytimí / Pirapó o Yuty / Combate de Piribebuy / Combate de Acosta-Ñu
-. CAMPAÑA DE AMAMBAY : Combate de Itanarami
-. CERRO CORÁ : Últimos actos del mariscal López / Creación de la Medalla “Campaña de Amambay” / Muerte del mariscal López
-. BIOGRAFÍAS : El general José Eduvigis Díaz / El capitán José Matías Bado / El general José María Bruguez / El coronel José Vicente Mongelos / El coronel Valois Rivarola / Relato del niño José Gaspar Gómez (Acosta Ñú)
-. PUBLICACIONES & OPINIONES
-. APÉNDICES :
** Apéndice 1: Declaración de guerra al Brasil y a la República Argentina (Mensaje del Presidente Francisco Solano López) , (Nota del señor José Berges, ministro secretario de Estado en el Departamento de Relaciones Exteriores).
** Apéndice 2: Dictamen de la Comisión Doble Especial, al muy Honorable Congreso Nacional Extraordinario de l865
ACLARACIONES : Espías o Pomberos

OPINIÓN SOBRE LA OBRA DEL HISTORIADOR
PROF. LUÍS G. BENÍTEZ
Impensadamente, no tenía referencia alguna de su existencia, tuve la oportunidad de leer los originales de un trabajo del Prof. Manuel Riquelme escrito hace casi medio siglo, intitulado « HÉROES -COMPENDIO DE LA GUERRA DE LA TRIPLE ALIANZA».
Su condición de maestro, de las más altas jerarquías que tuvo el magistrado paraguayo, fue sin duda la fragua intelectual que le permitió, no siendo su campo específico la historia, escribir una obra de grandes logros en su relativa extensión.
Toda la obra está impregnada de su alta condición, a partir de su estructura metodológica, la semblanza de sus protagonistas rectores, sin elogios ni críticas desmedidas que desvirtúen el conjunto de la obra. Empeño nada fácil cuando en función de historiador y maestro se asume al alta responsabilidad de apreciar y transmitir en su justa medida el conflicto que a lo largo de cinco años desgarró las entrañas de cuatro países; uno de ellos la patria nativa de quien asume el compromiso de exponer con alta cátedra, aquel acontecimiento tan lleno de luces y sombras.
La rigurosidad con que el maestro Riquelme se abocó el tema, asoma desde las primeras páginas; para nosotros, acostumbrados a leer referencias fantasiosas en grado inverosímil, nos dio ya la pauta de su seriedad cuando en los datos comparativos de los países involucrado, otorgó al Paraguay una población de 550.000 habitantes, cuando en las publicaciones de la época, propias y extrañas, se hablaba de 600 mil a 1 millón doscientos mil habitantes. Y es precisamente aquella cantidad, la conclusión de un riguroso estudio abordado por investigadores extranjeros en nuestros días. Y así lo demás, una exposición acerada de las cuestiones políticas y diplomáticas y sus protagonistas que marcó a fuego el destino del país, sin faltar el juicio preciso, la crítica justa o el elogio merecido.
Con la Patria y su historia, el maestro Riquelme ha sido una vez más el «magíster» de alto vuelo dotado por la naturaleza y robustecido por el estudio. Claro está que como todo trabajo sobre un tema que tan hondamente caló en el alma paraguaya, satisfará a unos pero no a otros. Es que nunca se podrá tener el juicio irrefutable de que aquella guerra no era sino el corolario inexorable de la suma de cuestionamientos a la existencia misma del país; su independencia, soberanía e integridad territorial que el Paraguay venía sobrellevando desde hacía más de medio siglo, y no precisamente la egolatría de su gobernante en aquel momento preciso. Por lo demás, conforme a los términos del Tratado Secreto y la inflexible decisión con que el principal componente de la alianza manejó la situación, antes, durante y terminado el conflicto, no primo sino la innoble determinación de arrasar todo exponente material e inmaterial de la grandeza del país.
Asunción, junio de 1999.-
LUÍS G. BENÍTEZ

PRÓLOGO
El propósito no es escribir un libro original sobre la Guerra de la Triple Alianza, ni indagar datos nuevos sobre tal o cuál aspecto de la misma. Quizás se vea en esta obra, y con acierto, el afán de divulgar algunos documentos poco mencionados en trabajos dispersos sobre esta guerra, sin descuidar por ello, la síntesis cronológica de los acontecimientos más conocidos.
Tanto se ha escrito sobre el particular que con sólo extractar los textos de la historia o de las monografías existentes, sobrarían materiales para una obra de varios tomos. Lejos está de pretender tamaño alcance o de singularidad en estas relaciones históricas.
Lo que llama la atención, y en eso se hace hincapié, es que en la profusión de autores y referencias testimoniales sobre este largo conflicto, hay un hecho insólito que desvirtúa la verdad histórica, y es que cada historiador de la guerra y de su dramaticidad trágica o sangrienta ve y juzga los acontecimientos y sus actores, desde su ángulo particular de visión, desde su interés personal o político o desde su tesis apriorística, sin un atisbo siquiera de un método científico que haga respetable y verosímil la autenticidad de lo narrado, afirmando hechos que ni siquiera les interesó verificar o comprobar. Así no se escribe la historia. En este libro no se exponen premisas lógicas que conduzcan a conclusiones precisas y anticipadamente previstas, ni se hace inclinar la balanza de la justicia hacia tal o cuál personaje. Tampoco se hace la más leve insinuación sobre el error o desacierto en la conducción y desarrollo de una campaña militar o una batalla. Se expone, clara y definidamente, todos los datos objetivos y apreciaciones que dan relieve a cada acontecimiento.
El propósito es que el lector conozca por sí mismo los hechos históricos y los juzgue con entera libertad, como mejor se avenga a su recto criterio, sin tendencias ni prejuicios que coaccionen sobre su albedrio. No encontrará tampoco el lector la imposición de una determinada tesis o la simple sugestión de su determinismo histórico. Por eso se compendia juicios favorables o desfavorables de los historiadores que actuaron en el escenario de tan grandioso teatro de la guerra; quienes merecen fe, en un sentido u otro en la veracidad de sus aciertos.
En las semblanzas de los personajes centrales que fueron protagonistas de la guerra, no obstante la norma metodológica, no se ha eludido la responsabilidad que connotan los perfiles vulnerables de sus figuras, aún cuando duela que la acentuación de esas cualidades negativas produzca desazón en el lector. Es ya consuetudinaria en nuestros escritores la antinomia de ensalzar o execrar a nuestros héroes. ¿No existiría, acaso, en los estudios históricos, un término medio que defina con más justeza la personalidad de los actores? La regla a seguir en historia es: primero la verdad y luego la tesis, y no al revés.
En estos relatos no hay un propósito de investigación alguna, al contrario, se ha detenido un tanto en el origen de la guerra, sobre el alcance y la oculta intención del Tratado Secreto, suscrito por los tres Estados de la Alianza, sobre la prolongación inexplicable de la contienda, sobre la adjudicación de los territorios limítrofes con la Argentina y el Brasil, a pesar de que la guerra, según ellos, se trajo contra el tirano y no contra el Paraguay.
Todo lo espigado en este sentido se da en forma indirecta y sugerente, como quien esboza una picada en la tupida maraña de nuestra historia. En el texto de la obra no se encontrará intereses egoístas, sentimientos de raza ni ideologías sustentadas por doctrinas preestablecidas. En este sentido, lo expuesto se ajusta a los cánones del método crítico, que es el único elemento que posee la historia.
Hoy, frente a esta obra terminada, me he detenido a meditar serenamente y, ante el soberbio espectáculo de la insuperable resistencia que han opuesto al enemigo, tic sentido como un arrodillarse de mi propio sentimiento.
¡Estirpe de bronce, héroes inmortales de la Patria!, que en los años azarosos de la guerra se irguieron con la estoica majestad del bravo guerrero que sostuvo la bandera rota en los combates, impregnados de recio patriotismo, con la energía inextingible de la abnegación, rebasando los límites de la heroicidad humana, de voluntad férrea y temeraria, magnífica en el supremo sacrificio de la vida en defensa de la patria arrasada. ¡Héroes!, porque en ellos se unió la conjunción milagrosa del valor que da la fuerza y la pujanza de los sentimientos del honor de los que murieron y de los pocos que sobrevivieron para salvaguardar la sagrada heredad de sus mayores.
MANUEL RIQUELME
Asunción, 21 de febrero de 1957

INTRODUCCIÓN
EL SENTIDO DE LA HISTORIA

Hasta el siglo XIX habíamos estudiado la historia de los pueblos antiguos, en relación con nuestro criterio actual, con nuestro juicio presente, con la valoración que teníamos de lo que es el hombre, sus ideas y sus preocupaciones. No habíamos advertido ni percibido el mundo antiguo sino en una dimensión plana, con visión infantil que requiere la experiencia para percibirla profundidad cóncava del mundo; para ver los objetos en perspectiva. Vale decir que, hasta ayer, los historiadores hacían lo propio; no tenían del hombre antiguo sino la versión plana; que los pueblos y las razas eran interpretados según el modo de nuestra conceptuación presente (Ortega y Gasset).
El estudio más serio que hacíamos de los griegos y romanos antiguos ofrecía una figura en su base, por la cual se nos escapaba la verdad. Ningún historiador salía de sí mismo para señalar o juzgar el pensamiento antiguo. De esta suerte, por falta de acomodación espiritual a la psicología de aquellas existencias lejanas, se nos ocultaban las diferencias que sus almas tenían con las nuestras, las cuales, acaso, eran la esencia de sus actos, de sus pensamientos y de su vida.
¿Estamos seguros de que los pensadores griegos, anteriores a la era cristiana dijeron en sus escritos lo que nosotros les atribuimos? ¿Es cierto, como afirma un eminente expositor doctrinario (M. García Morente), que los mitos de Platón nada significaban como conceptos y sólo tenían un valor ilustrativo? Una revisión reciente, de carácter crítico y exegético, ha descubierto que el substrato de las ideas fundamentales del gran idealista griego está precisamente en sus mitos (Willamowitz).
Es cierto, por otro lado, que esta falla de nuestra concepción actual aplicada como molde geométrico al pasado, no la podemos generalizar en forma absoluta. Hubo, y los hay, escritores que tu vieron la visión de esa diferencia anímica en los hombres de la antigüedad. Pero esa diferencia que ellos intuyeron sagazmente, no se refiere al verdadero sentido de lo antinómico en su género. Se refiere a que el hombre es igual en todo tiempo y lugar, y su modo de ser distinto es tan sólo en caracteres peculiares. Señalan diferencias secundarias e individuales, de vida, costumbres y temperamentos, pero la diferencia que se les escapa no es de lo individual, sino de lo genérico.
"El sentido histórico -dice el alto pensador hispano Ortega y Gasset- comienza cuando se sospecha que la vida humana, en otros tiempos y .pueblos, es diferente de lo que es en nuestra edad y en nuestro ámbito cultural. La diferencia es la distancia cualitativa. El sentido histórico percibe esta distancia psicológica que existe entre otros hombres y nosotros". El descubrimiento no está en ése carácter diferencial entre individuos de ayer con los individuos de hoy. Insistimos en ello, porque deseamos fijar bien los conceptos. Está en una diferencia de "tipo genérico de la vida"; es, pues, de profundidad, y al ser tal, lo es de esencia, de generalidad, de género.
El historiador necesita salir de su provincia ambiental, de su modo de pensar, de concebir y de juzgar las cosas con las cuales convive. Debe superar o suprimir, que es igual en este caso, la conciencia de su propia valoración. O en términos que usa el filósofo: “transportar el horizonte de su propia vida, desvalorar las convicciones y tendencias más radicales de su espíritu”. Algunos de los más celebrados historiadores dedicados ya a una especialidad (Mommsen), siguen tratando la cultura romana: su arte, su estilo, su religión, sus costumbres, como una subsunción de nuestra cultura actual. Pero ha llegado un momento, y esto sucedió no hace mucho; que asombrados descubrimos que nunca, en diversos aspectos, habíamos entendido al griego antiguo. Que tampoco entendemos a los chinos y en general a los orientales. Un pensador contemporáneo muy estudioso de la cultura de los pueblos orientales y crítico de la fina penetración para discriminar entre los caracteres de aquel la cultura y los de los pueblos occidentales (Keiserling), cree que el saber que lleva implícitas las funciones superiores del intelecto-análisis, juicio y definición, es el modo propio del occidental para conocer y juzgar las cosas. La comprensión, en cambio, es propia del oriental. La "comprensión" es esa facultad intuitiva, dice, que también tienen los espíritus simples para penetrar las cosas, aún sin necesidad de conocimientos; que se da cuenta de la naturaleza de los hechos yendo al fondo, no perdiéndose en los detalles ni en las apariencias.
Para los orientales las supersticiones tienen el valor de símbolos, y los símbolos dicen más sobre el alma de un pueblo que la expresión razonada de su sentir. El error de nuestros historiadores, para este filósofo, estriba en la creencia de que conociendo los hechos ya se tiene el significado de los mismos. Es que los hechos no son comprensibles por sí mismos. La ciencia física explica el cómo suceden los fenómenos, pero no el porqué. La calidad de las cosas es lo que más importa, es lo esencial. La lógica todo lo explica por tina sucesión de causas y efectos, pero los hechos tienen su lado irracional e ininteligible. El "sentido" de los hechos históricos no se alcanza por medio de estos sistemas abstractos. El origen de las especies como su explicación racional y evolutiva, no lo entiende el oriental, y si lo entiende lo juzga superficial y pueril. En cambio., la mera relación que de él nos hace el "Génesis", aún cuando no fuera verdad, como acaso 1o sea la teoría darwiniana, es fácilmente comprensible para su mente acostumbrada a la conceptuación unitaria del pensamiento creador.
El intelectual-científico observa los hechos, y los comprueba y los verifica, y al final se conforma con limitarlos o definirlos. Con este proceso mental termina su investigación porque ha alcanzado la meta de su propósito. El tipo "comprensivo" acepta la verdad, o sea su verdad, en un todo, en su unidad total, y cuya captación es esencialmente intuitiva. Pero esa verdad, que es verdad, deja en su espíritu, no una duda lógica porque le faltan datos, verificación o comprobación satisfactoria de los fenómenos estudiados, sino tina especie de disconformidad consigo mismo, no en la posesión de ésa verdad que .va la tiene, sino en el ahondamiento, en la penetración o profundización del misterio que anima o alienta a esa misma verdad. Por eso el oriental nunca es teleológico. No conoce el fin humano de las cosas ni de los acontecimientos. Sólo así nos explicamos el hecho de por qué un solo libro, el de Confucio, por ejemplo, sea leído por el discípulo chino durante toda su vida; siempre meditando, siempre en perpetua penetración de su "sentido".
Con estos postulados no queremos significar que hemos de hacer renunciamiento de nuestra lógica mental al tratar de comprender el sentido de las cosas y el sentido de los hechos históricos, sino que al lado de nuestro método de investigación, inherente a nuestro pensamiento discursivo y a nuestro modo científico de razonar, yendo de causas a efectos, debemos ensayar esa acomodación espiritual a la diferencia genérica del alma antigua, y a la diferencia que hasta hoy perdura en las razas orientales. De otro modo, seguiremos no comprendiendo sus ideas, sus sentimientos, sus costumbres. "La verdadera realidad de la historia, repite Keiserling, no es definitiva material sino psicológica".
La Política, ciencia creada y estructurada por el estagirita, con admirable ordenación lógica, nos muestra el prototipo del demócrata antiguo. En grave error incurríamos a nuestros políticos demócratas, con las mismas convicciones de aquel. La democracia ateniense está tan lejos de nosotros que sus principios y el sentido de su realidad circundante, tanto en el modo de gobernar como de actual-, no nos sirven hoy, ni siquiera, para fundamentar maestras inquietudes, frente a los problemas sociales y económicos que nos acucian y nos absorben. Este ejemplo, si bien es una ampliación, a contraris, de la historia de nuestro acaecer actual, nos da la importancia excepcional del sentido de la historia, para maestra ajustada interpretación del pasado, tanto en su reviviscencia, como en su estimación del proceso evolutivo del alma humana.
Y si es cierto que no sabemos penetrar la psiquis de los antiguos, porque es difícil la identificación de nuestro ciclo social con el espíritu de otros ciclos lejanos ya de nosotros, es aún más difícil comprender que el liberalismo del siglo XIX, por ejemplo, ya no es el liberalismo de nuestros días, no porque sus principios y su lucha por la libertad y el individualismo hayan cambiado; no, por tal cosa no ha sucedido. Lo que en verdad ha cambiado profundamente, en su significación y en sus problemas, es el sentido de esas mismas expresiones. Expresan hoy cosas, modos y pensamientos distintos.
Hay otras razones por las cuales se nos hace cuesta arriba, aceptar este desgajamiento en el "sentido" y en la naturaleza de las cosas, como si fuera un desgarramiento de nuestro propio ser. Aceptamos a regañadientes que los antiguos no sean, no hayan sido, como lo somos ahora, porque el tiempo transcurrido entre ellos y nosotros nos ha alejado ya tanto, pero que el siglo pasado no siga viviendo en nosotros; (¿acaso no somos continuadores de sus hombres y de sus evidencias mentales?)... eso no lo podemos aceptar. Lo que no podemos romper es esa continuidad de los acontecimientos. Nuestro entendimiento se adapta a la creencia constante de que el hombre es igual aquí, en Europa, en Asia, y lo sería también en otro planeta. No podemos comprender que la diferencia es profunda y esencial y que ella varía de ciclo social en ciclo social. Varía constantemente. El tiempo y el lugar cambian su modalidad, su cualidad.
Permítasenos creer que, antes de afanarnos en buscar la continuidad indisoluble de los hechos históricos, en una estructura rígida de leyes físicas o en un determinismo materialista, nos conviene, en consonancia con el devenir, buscar la discontinuidad de los mismos. Sólo así plantearemos y resolveremos nuestros problemas actuales, con nuestros medios y con nuestras propias circunstancias. El hombre de hoy, como el de siempre, es tradicionalista. Le duele desprenderse de las ideas y costumbres de ayer. Frente a esta tendencia, acaso instintiva de su ser, a prolongar el alma y la cultura de las generaciones anteriores en el alma de sus hijos, no cabe sino la rotura dolorosa del eslabón.
Entiéndase que esta creencia nuestra no la extendemos a todos los valores que rigen la vida de una comunidad social. Nos referimos tan solo a aquellos fenómenos cuyo sentido ha variado y varía constantemente. Hay valores absolutos, como los éticos y religiosos, que perduran, porque son inherentes a nuestra naturaleza específica. Sin ellos nos perderíamos en la bruma de una desorientación total que podría llevarnos a la más lacerante anarquía. ¿Cómo no censurar en los hombres su falta de lealtad a un principio íntegramente aceptado? ¿Cómo alabar la indignidad de un proceder, la bajeza en los hechos o en las ideas, como ser la traición a la amistad o la claudicación de un ideal de Patria?
Consecuentes con estas consideraciones generales sobre lo que debe entenderse por orientación actual de la historia, hemos escrito este opúsculo referente a los hechos que caracterizan y definen la Guerra de la Triple Alianza.
Por nuestra parte no imponemos en este compendio un solo parecer o una sola interpretación que nos llevaría a un dogmatismo extremado e intransigente que, desde luego, rechazamos de plano, en nombre de la libertad de conciencia, que es y debe ser siempre respetada si en algo se estima la seriedad o la autenticidad de los juicios históricos.
MANUEL RIQUELME
Asunción, 21 de febrero de 1957

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FIGURA DEL MARISCAL FRANCISCO SOLANO LOPEZ
FRANCISCO SOLANO LÓPEZ CARRILLO es el hombre que en nuestra historia y en América ha suscitado las más diversas opiniones y las más enconadas controversias. Nació en Asunción el 24 de julio de 1827.
Su carácter rígido y reservado, su voluntad férrea y su natural orgullo fueron las aristas sobresalientes de su personalidad.
En todas las líneas de su dimensión espiritual resaltan sus aptitudes y sus deficiencias. Su irreversible concepto de amor propio, su acendrado sentimiento de patria, su recto sentido del respeto a la soberanía de los pueblos libres y su acentuado paroxismo por la disciplina obediente y ciega, hablan de sus condiciones de varón severo y fuerte.
Su egoísmo obstinado, su prepotencia vanidosa aunque contenida al principio, sus impulsos de mando sin reserva y su temperamento susceptible a la ira, son sus defectos capitales. Este caudal confuso de su psicología resulta explicable, pero no excusable, cuando se lo estudia conforme al medio, a la época y a las circunstancias difíciles que afrontara.
Fue educado para el absolutismo. Su padre, don CARLOS ANTONIO LÓPEZ, Presidente de la República, de poder omnímodo, lo hizo brigadier a los 18 años. Fue siempre altivo y dominador. De familia opulenta de acuerdo a la época, no conoció la adversidad en su juventud, pero la sufrió con estoicismo singular durante la guerra, y la superó con entereza de ánimo y templanza de carácter. Por eso se hace difícil, a nuestra comprensión actual, juzgar unilateralmente la integridad moral de su figura.
No sobresalió mucho en sus estudios iniciales. Su instrucción precaria no fue más allá de las lecciones de docentes privados, algunos extranjeros. La complementó con lecturas dispersas y la orientó con inteligente penetración durante la misión diplomática cumplida ampliamente en Europa iniciada en 1853. Recorrió las principales capitales del viejo continente como Inglaterra, Francia, España e Italia en su carácter de ministro plenipotenciario y aprendió varios idiomas con cierta corrección. (1)
A su regreso a la patria, el 21 de enero de 1855, se hace cargo del Ministerio de Guerra y Marina. Es nombrado General en Jefe del Ejército, en donde da pruebas de capacidad, talento e incansable diligencia. Su primera y fundamental preocupación fije la organización de un gran ejército. De esta suerte el Paraguay llegó a infundir respeto a los países limítrofes.
Muerto don Carlos Antonio López el 10 DE SEPTIEMBRE DE 1862, el Congreso ratifica el nombramiento de su hijo, a los 35 años, en la PRIMERA MAGISTRATURA, el 16 DE OCTUBRE por un periodo de 10 años, conforme al testamento político de aquel. Desde un principio, se hace notar el cambio de gobierno. El Gral. Solano López, con su juventud y su ilustración, dio fundadas esperanzas a su pueblo de que sería un magistrado correcto y ecuánime, pero sus primeros actos las desmintieron. (2)
Sigue en sus relaciones con las potencias vecinas el mismo derrotero de su padre. Imprime a su gobierno un sello de prudente cautela. Frente al encendido escenario a las luchas de predominio en el Río de la Plata y las visibles intenciones del Brasil y la Argentina de la Banda Oriental, adopta una vigilante neutralidad. Su actitud muestra una lógica congruencia en la cuestión de límites para el reconocimiento de los derechos ajenos. Exige los derechos de su patria con moderación, que se traduce con claridad en sus respetuosas y bien escritas notas.
Ni un atisbo de prepotencia o vanidad se descubre en ellas. Por el contrario, trasuntan un espíritu de equilibrio serio y reposado, seguro de lo que dice y fiel en su actitud. Su buen sentido era proverbial. A pesar de ello, no supo escuchar los sabios consejos que al morir le dio su padre; "Todo conflicto internacional con los países vecinos has de resolver con la pluma y no con la espada" (3)
Cuando el ejército y la armada del Brasil intervienen violentamente en el Uruguay, apoyando sin disimulo la revolución del caudillo Flores, a quien también ayuda Mitre, el Gral. Solano López, por primera vez, hace uso de un tono enérgico y conmina implícitamente en su nota del 30 de agosto de 1865 al Imperio del Brasil a retirar sus tropas regulares del Uruguay, de lo contrario su gobierno se vería obligado a contender con las armas. El Presidente paraguayo no podía obtener, por vía de las negociaciones diplomáticas ni por intervenciones arbitrales, una solución a favor de la soberanía e independencia del pequeño país hollado.
Y advino la guerra, que fue provocada indiscutiblemente por el Brasil el 11 de noviembre de 1864, y la Argentina el 18 de marzo de 1864. Intereses distintos pero fundamentales les habían llevado al mismo fin. El primero por su sed de conquista y el segundo por su decisión de reconstruir la unidad del antiguo -Virreinato del Río de la Plata. El 6 de marzo de 1865 fue nombrado Mariscal de los Ejércitos de la República por el Congreso.
¿Se puede atribuir a Solano López, como pretenden los países coaligados, el origen de la contienda?
JOAQUÍN NABUCO, sabio estadista e ilustre historiador brasileño, actuante en la dirección política del imperio, dice que el pacto secreto de la alianza entre Brasil, Argentina y Uruguay, comenzó a gestionarse en el mes de octubre de 1864 (4). José Marmol, Ministro Plenipotenciario, Ministro Plenipotenciario de la Argentina en Río de Janeiro, poeta y escritor de renombre continental dice "La alianza con el Brasil dota desde mayo de 1864". (5). Por último, Saravia comisionado imperial dice públicamente y por escrito que la alianza contra el Paraguay surgió en “Las Puntas del Rosario” en junio de 1864, vale decir, antes de que el Paraguay accionara militarmente.
El Gral. Solano López confiaba ya poco en soluciones pacíficas, por lo mismo que no era extraño a los propósitos y ambiciones de los dos países pre-aliados.
El hecho de que el Presidente paraguayo se precautelara, en el año precedente a la guerra, con la reorganización de su ejército, no implica que pensase provocarla. López conocía bien la predisposición política de la Argentina y especialmente de su ministro Refino de Elizalde, el enconado enemigo del Paraguay. Mitre, juntamente con Elizalde, soñaba con un nuevo Virreinato del Plata. En los años anteriores, se había hecho públicamente alarde de ello. (6)
En lo que respecta al Brasil, igualmente Solano López tenía pruebas de sus intenciones beligerantes. El Imperio solo esperaba la ocasión propicia para manifestarse violentamente. Ejemplo patente de este propósito era aquel avance silencioso, en la zona litigada, hasta el Pan de Azúcar.
Otra prueba fue la expedición naval de Oliveira, frustrada por la enérgica actitud de don Carlos Antonio López. (7)
Es cierto, por otra parte, que el Presidente paraguayo inició la acción militar. Pero cabe tener presente que las disposiciones genéricas de la Alianza estaban virtualmente en pie y con el designio de despedazar la integridad territorial del Paraguay, tal como consta en las cláusulas del pacto secreto. Lo que con justa razón se le censura es que, conociendo López muy bien lo que se tramaba contra el Paraguay, obró tan contrariamente a los principios más elementales de toda estrategia. Con acciones bélicas, las más brillantes y heroicas, pero ineficaces, no hizo sino agotar estérilmente la gigantesca energía inicial de su gran ejército.
Este error y la falta de preparación técnica de sus altos jefes, que no tenían libertad de acción, llevaron a su ejército a sucesivas derrotas. Durante la guerra no tuvo una dimensión cabal de los acontecimientos. Su falla está acaso en haber confundido el honor de su patria y la justa cansa que defendía, con su orgullo personal. Su temperamento le llevó a sacrificar la vida de sus soldados más valientes, leales y vigorosos de su heroico ejército.
Que sean justificables sus acciones, no lo discutimos, pero que ellos deben ser reprobados por una recta conciencia, tampoco lo discutimos. Nuestros historiadores militares están obligados, moral e históricamente a brindarnos estudios de esta naturaleza, en vez de darnos bosquejos descriptivos o biográficos, por muy notables y originales que fueran.
Aquella actitud serena y paciente del Mariscal o aquel respeto por los derechos internacionales que le caracterizaran en sus relaciones diplomáticas, cambió en su conducta posterior, a raíz de la evidencia que los aliados solo tenían un objetivo, convertir un país próspero y libre en un montón de escombros. Lastimosamente, durante la contienda López no usó un tratamiento justiciero, ni tolerancia o clemencia con sus compatriotas más ilustres y los condenó por perder todo control de sus actos.
Después de la victoria resonante de Curupayty, que se debe mucho al talento intuitivo y aguerrido del Gral. Díaz, el ejército paraguayo ya no pudo obtener éxito alguno. El Mariscal comenzaba a sentir los efectos del aislamiento. En la lucha desigual, lo perdido se perdía irreparablemente.
Toda la República no era sino una fortaleza cercada que debía sucumbir por la acción conjunta de las armas, del tiempo y del hambre. El camino del sacrificio se oscurecía a su paso, pero él seguía sombrío e impertérrito. Ni una luz de esperanza rasgó las tinieblas de la desolación. No quedaba al absorto observador, otra cosa que mirar, asombrado, cada jalón épico de aquel puñado de hombres, resto de un ejército admirable, camino del martirologio.
Con su muerte en Cerro Corá, Solano López pagó sus graves errores, aún cuando al morir tenía en la sangre el fervor estoico de sus soldados fieles; impregnados de valentía y patriotismo sublime.
Su muerte a los 43 años, fue un prolongado y dramático grito, grito de inmenso dolor y de intensa protesta por la patria aniquilada. Lo indiscutible en esa epopeya es que hay victorias que infaman y derrotas que glorifican, como fue la nuestra.

(1). Blas Garay. "Compendio elemental de Historia del Paraguay". Edic. IV. Pag. 30. Imprenta militar, 1929. El Congreso en fecha 3 de noviembre de 1856, le concedió a don Carlos Antonio López la facultad de designar, en pliego de reserva, quién le sucedería en concepto de Vice-Presidente de la República, hasta que el Presidente efectivo fuese electo.
(2). Blas Garay. Pág. 230. Grandes esperanzas se fundaron en la ilustración y talento del nuevo gobernante, pero desgraciadamente sus primeros actos la desmintieron; pues persiguió y encarceló a cuantos opusieron alguna resistencia a su elección.
(3). Padre Fidel Maíz, quien lo conocía desde niño a Solano López. Don Carlos murió en los brazos del Presbítero Maíz.
(4). La expedición a Matto-Grosso partió de Asunción el 15 de diciembre de 1864.
(5). Nota a la Cancillería del Perú. 1851.
(6). Garay. Obra citada. El Brasil rehusaba resolver la cuestión de límites septentrionales al oeste del río Paraguay. El tratado del 7 de octubre de 1844, que adoptaba los mismo términos que el de San Idelfonso, no mereció la aprobación del gobierno imperial, el proyecto presentado el 15 de enero de 1847 por nuestro ministro en Río de Janeiro, don Juan Andrés Gelly, para neutralizar el territorio comprendido entre el río Apa y el río Blanco, tampoco fue aceptado, si bien es cierto que no se la rechazó, a pesar de los derechos alegados por nuestra Cancillería, empezó el Brasil a construir en él algunos establecimientos, como los de "Fecho de Morro" y "Pan de Azúcar".
(7). De esta usurpación protestó López enérgicamente en oficio dirigido el 28 de mayo de 185o al ministro brasileño en la Asunción, señor Bellegarde, anunciando desde luego la disposición firme de expulsar por la fuerza a los usurpadores del territorio discutido si no lo abandonan en buen grado, pero no obtuvo las contestaciones satisfactorias que exigía hasta que se hicieron notorios los preparativos de una expedición dirigida a realizar las amenazas del gobierno paraguayo. Apresuróse entonces a calmarlo el representante del emperador, aceptando en nota del 27 de agosto las anteriores proposiciones, consistentes en que el ministro ordene a las autoridades brasileñas que los que ocupaban la evacuen de inmediato de aquello territorios, sin renunciar por eso el Paraguay de apelar a la fuerza, si la desocupación se retardaba, y que interpondría sus buenos oficios para que el gabinete Imperial suscribiese el proyecto sometido a su consideración por el Paraguay. Idem.
El presidente de la provincia de Matto-Grosso no secundó las intenciones pacíficas del Sr. Bellegarde, manifestando que el llevar a cabo aquellos establecimientos obedecía a anteriores órdenes expresas de su Gobierno. El Paraguay declaró entonces cerrada la correspondencia sobre la materia y oficio al comandante de la expedición ya organizada, detenida en Villa Concepción -por las negociaciones de Bellegarde- que cumpliese las instrucciones recibidas. Estas fuerzas se presentaron en el cerro fortificado del “Pan de Azúcar” e intimó a la guardia brasileña que lo desalojase y, no accediendo a hacerlo, la atacó y venció en menos de una hora de combate, obligándola a huir y refugiarse en los bosques vecinos. Idem.
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